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viernes, 30 de marzo de 2012
La asquerosa política
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Carola
Pasó un amigo opositor por la Feria del Libro y sólo supo decir con asquito: “Mucho libro de política.” Aquello, se suponía, era una descalificación.
Cuando hablan de política mis amigos opositores fruncen la cara con grima y aclaran que ellos -¡Líbrelos Dios!- no son políticos sino simples ciudadanos ejerciendo su derecho a opinar. Y amanecen enchufados a Globovisión, buscando una tragedia nacional, una hecatombe siempre fallida, algo que les mantenga intacto el terror. Así desayunan, almuerzan y cenan hablando, con la boca llena, mal del gobierno... apolíticamente, claro.
La política, para la gente pensante de este país, es poco menos que una obscenidad. “La política es sucia, embarra todo lo que toca.” -Afirma cada ladrón juzgando por su condición.
Y es que, claro, si su punto de referencia son los adecos, copeyanos sus neo partidos derivados, UNT y Primero Justicia, no pueden menos que sentirte asqueados al punto de Alka Seltzer. Pero es que en este caso estamos hablando de la degradación de la política, de su uso retorcido en beneficio del poder económico, de esa minoría siempre beneficiada que acostumbra a ganarse el pan con el sudor de frentes ajenas.
Fueron ellos nos que, convenientemente, nos condicionaron a repudiar a la política. Mientras más asco nos diera menos nos íbamos a meter a curucutear e inevitablemente a descubrir que la política es la herramienta matriz para la construcción de la Patria.
Hoy somos un país politizado, culpechavez, por supuesto. Unos lo asumimos orgullosos y otros, tiralapiedraescondelamanomente, se distancian, con fingido pudor, de la política de guarimbas, sabotaje, guerra sucia, mentiras globotizantes: hijos no te han quitado, bombillos espías que solo dan luz, agua tóxica que no intoxica. Y el odio que no respeta ni a los muertos, y el racismo, y las pruebas por llegar de un fraude que no fue, y “se van a tener que comer las alfombras”... la espoleta…
Así, apolíticamente, se oponen a todo lo que haga el gobierno quejándose, con especial esmero, de lo que ellos llaman paternalismo de estado, “porque eso de darle casas, educación, salud, a la gente solo fomenta la flojera, no crea ciudadanos sino mendigos, aunque mi papá me dio todo, hasta mi apartamento y mi camionetota, pero mi papá no es el estado y yo ni tengo la culpa de tener un papá con billete, o sea…” En cambio, aplauden a los gobiernos que, cual padres desnaturalizados, rescatan bancos quebrados sacando el pan de la boca a sus pueblos para dárselo a los banqueros causantes del descalabro. Es decir, que el estado solo debe ayudar a quien no lo necesita. A los demás si no los ayuda su papá, que se jodan, nadie los mandó a ser pobres. Apolíticamente hablando, claro.
Con razón el asquito...
viernes, 23 de marzo de 2012
La oposición pasada por agua
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Carola
La MUD hace aguas. Su candidato, ese que aglutinaría a todos los sectores de la sociedad. Ese que pondría al chavismo en jaque, la joven promesa, el futuro que mira el pasado, el vendedor de progreso -porque nada es gratis en la vida-, el salvador de la gente decente y pensante, se diluye en su propia salsa inodora, incolora, insípida... aguada, pues…
Se vende como chocolate dulcito, como fingido jugador de basket en canchas de barrios, como víctima de su propio tiroteo, como piropeador atorrante de esos que parecen pensar solo con el pene, como mal comediante, pésimo orador que libra una batalla siempre perdida, de largos silencios entre frase y frase, -¡Virgen Dorada de la plaza Altamira ilumínalo!- inevitable metedor de patas que hace a la MUD añorar “los cantos de ballena” de Manuel Rosales. Todo esto mientras trata de pasar agachado, “calladito te ves más bonito”, “sin confrontar”, porque la realidad aplasta, el pasado reciente condena, y la cabecita no da.
Zozobra la MUD y crea zozobra. Otra torpeza que pagará caro.
“El agua, mis globotizados amigos, está podrida como podrido está el gobierno”. Todita, en todos lados, contaminada de un solo golpe, a pesar de que, según la ONU, nuestro país alcanzó la meta del milenio con respecto a lo que los periodistas prefieren llamar ”el vital líquido”. Pues el vital líquido en Venezuela es mortal, culpechavez, además. Y así no más, porque lo digo yo y esta boca es mía y en esta férrea dictadura hay libertad de expresión.
Ni una prueba, solo los mismo expertos en catástrofes que nunca cuajan, asegurándonos desde la pantalla que el agua está envenenada, pero solo el agua que llega a su casa, señora que llora aterrada, nunca el agua con que se fabrican la Pepsi y la CocaCola, ni el agua con la que se lavan las lechugas del Mc Donald’s, -si es que las lavan.- Sufra usted señora, más no deje de comprar nuestros productos patrocinantes.
La oposición se hunde y en su desespero buscará hundirlo todo. Los límites de lo aceptable ya están siendo llevados a lo grotesco, lo inhumano, buscando, desesperadamente la reacción del ofendido, la sanción de la ley, para jugar a ser víctimas de un régimen que no les deja ejercer su racismo, ni comparar a los pobres con insectos, monos o perros, ni incitar a la violencia, al magnicidio... un régimen que atenta contra su libertad defender privilegios de pocos pisoteando derechos todos.
Dicen que el humor se hace contra el poder y, hechos los locos, limitan el poder a lo político. Hoy escupen su odio, que no da risa, porque el poder está en manos de las mayorías siempre excluidas, precisamente, por otro poder más grande, el económico, al que estos humoristas, por no morder la mano que los alimenta, jamás se atreverán a tocar.
Y esto apenas empieza...
lunes, 19 de marzo de 2012
Soy feliz en Caracas
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Carola
Foto: Roberto Hernández Montoya
Y uno llega a Caracas y la vida se hace intensa. Taxi, a FILVEN por favor, y me encuentro en plena autopista de Prados del Este conversando con mi amigo taxista sobre La Caverna de Platón y luego un poco de Gramsci, cortesía de la Universidad Bolivariana. Así empieza la plenitud de mis días caraqueños.
No ha abierto FILVEN y decenas de niños de distintas escuelas se preparan para recorrer la feria con sus maestras. Pasa una muchacha disfrazada de oso seguida de una abeja y un extraño payaso, los niños ríen alegres y yo, contagiada y conmovida, me río con ellos. Faltan diez minutos para las diez y ya hay gente esperando encontrarse con sus libros, sus autores, sus amigos, porque en la feria todos somos amigos, y uno habla, y se toma un cafecito con uno de esos viejos amigos que hasta ahora no conocía.
En FILVEN un encargado de mantenimiento y limpieza me invita un café y habla de libros de los que leyó y los que espera leer. Me guía por la feria, me recomienda lecturas y la Kiki, siempre caminando a mi lado, no puede creer que el señor que limpia sepa tanto, cosa peligrosa, pensaría la Kiki si la Kiki pensara como Doña Marifer Popof, pero la Kiki no piensa, ella imita.
Es un peligro que el pueblo lea. Un señor de limpieza lector ya no será un barrendero llenándole el bolsillo al dueño de la empresa de mantenimiento. Un señor de limpieza lector hace una cooperativa y consigue el contrato para mantener su Feria del Libro limpiecita y lo hace con gusto. El señor de limpieza lector entiende y ya no se deja explotar… ¡Oligarcas temblad!
Pero ni FILVEN dura todo el año ni Caracas es solo FILVEN, además que la responsabilidad me obliga a salir del paraíso literario y correr a la Plaza Bolívar, a mi periódico querido, a escribir la crónica que ahora están leyendo. Menos mal que existen obligaciones como esta, que además de ser deliciosas, te llevan a caminar por el Centro de Caracas, a ser un poquito irresponsable y demorar la llegada tomando un chocolate espesito, de esos que se beben con los ojos cerrados, como para retener el momento, como para atrapar la felicidad con las pestañas apretadas.
Una risa de niño me hace abrir los ojos chocolatosos y entiendo que la felicidad no se va, está ahí en plena plaza, en las calles, en la gente que camina por sus calles hoy preciosas, caminables, por su Caracas amable.
Caracas cambia y recupera la belleza que le robó la desidia, la mezquindad de quienes pretendieron venderla como chatarra para luego resentirla y soñar con vivir en Miami. Pero Caracas, como siempre, resistió, los caraqueños resistimos, y nos levantamos. Y yo caraqueña, que nunca ha podido vivir demasiado tiempo en mi ciudad adorada, celebro estos poquitos días intensos tecleando mi felicidad con la piel de gallina, y los ojos aguados escondidos detrás de una sonrisa.
Soy feliz en Caracas.
viernes, 9 de marzo de 2012
Yo leo, él lee, nosotros leemos ¿Tú lees?
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Carola
Recordaba al Gabo en su cumple esta semana. Pensar en él es emocionarme, es regresar al asombro de la muchachita que era cuando descubrí a Macondo, pueblo movedizo, mil veces leído mil veces distinto. Pensar en Cien años de soledad es sentir una cosa que me estruja el pecho, más que el pecho, el alma.
Y con el alma estrujada he vivido desde entonces, persiguiendo frases que me pongan la piel de gallina, que me obliguen a hacer una pausa, cerrar los ojos y sentir profundamente ese estrujón que provocan las palabras cuando las palabras están bien escritas. Mis libros, mis libros adorados, mis escritores, mis amigos.
Es que no puedo no sentir que quiero mucho quienes llenaron mi vida de ideas, de ganas contar cosas y contarlas, y encontrarme comprendiendo al Gabo cuando afirma que escribir por el puro placer de narrar es quizá el estado humano más parecido a la levitación. Y levitar…
Y levitando voy a Caracas a la octava edición de la Feria Internacional del Libro. Parece mentira pero mientras gobernó la gente decente y pensante de este país, en todos esos años, a nadie le importó hacer un evento de este tipo, y menos tan accesible, tan... -¿como decirlo sin que le de un patatús a los que, por no dejarnos nada, también secuestraron a la cultura?- un evento tan popular.
Nunca como ahora se leyó tanto en Venezuela y es que claro, si mi Presi es un lector y ha sentido el alma estrujada, y a quien se le estruja el alma de esa manera no puede menos que querer que otros sientan el placer del estrujón, del chispazo del saber, la mirada clarita del entendimiento. Un presidente lector es un presidente de ideas. Lo mismo pasa con un pueblo que lee.
Un pueblo de ideas es un atentado contra el (des)orden establecido, lo que convierte a los libros -¡susto!- en armas de construcción masiva, que habilitan neuronas antes tullidas a punta de tele, revistas de moda y “La culpa es la de vaca”. Voilà! “Un pueblo ignorante es el instrumento ciego de su propia destrucción.”
Y así nos querían: ignorantes, y hoy resienten furibundos que no lo seamos. Que abarrotemos la Feria, que los libros estén al alcance de todos, que las ideas se rieguen, que la gente entienda y ya no se deje. Chaburros nos dicen quienes -“instrumento ciego de su propia destrucción”- votarán por un candidato que considera polémico e inapropiado hablar sobre los libros que está leyendo, porque no los está leyendo, no leyó nada nunca. Lo que confirma nuestra sospecha de que el autobús del progreso no hará parada en FILVEN.
En lo que fue un espacio exclusivo -que viene de exclusión, mire usted- donde la cultura era para “entendidos” -que hoy, mire usted otra vez, no entienden nada-; hacemos una fiesta libros de para todos. Cuando lo extraordinario se hace cotidiano… Culpechavez
viernes, 2 de marzo de 2012
Lo que la gente pensante piensa
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Carola
Suelo recibir mensajes recurrentes, decentes y pensantes de este país. Se trata de un caletre venenoso, con pretensiones de argumento, con el que muchos opositores justifican lo que, más que una postura política, parece ser un auto atentado.
El estilo delata a sus autores como muy clase media; muy cara común; de esos que, a falta de Louis Vuitton, vociferan su antichavismo a modo de símbolo de status, y en un alarde de arrogante ignorancia muestran el odio que, a gritos o en silencio cómplice, supura la oposición venezolana.
En un ataque de incontinencia, se desbocan con una perorata llena de generalidades sin fundamentos: “Los articulistas deberían ser ecuánimes, no dejarse llevar por las emociones, quizás no haya un gobierno más ineficiente y corrupto que éste.” -Y yo me pregunto si estas personas sufren de amnesia o de simple ignorancia, mientras sigo leyendo lo que repiten como loros- “Ha dilapidado un billón de dólares en 13 años creando misiones que lo que generan es miseria porque al venezolano lastimosamente no le gusta trabajar.” -Y es que, invariablemente, la gente decente y pensante de este país, a la hora de descalificar, se refiere a los venezolanos en tercera persona, así, como si esto los alejara de esa chusma fea y fo.-
Y en un grotesco derroche filosófico me escupen en la cara uno de los pilares del ¿pensamiento? opositor, la anestesia para la conciencia del explotador -si es que tal cosa existe-, la gasolina del explotado con aspiraciones a explotar: Los pobres son culpables de su propia miseria: “La pobreza no es la falta de bienes materiales, es la ineficiencia mental del individuo para crear bienestar, es irresponsabilidad, usted no se da cuenta de que los pájaros hacen su nido para procrearse? por qué el hombre no hace igual?, sino que se llena de hijos sin tener techo, eso es irresponsabilidad.” -La superficialidad argumentativa de la gente decente y pensante permite el simplismo de comparar nidos y pajaritos con seres humanos aplastados por las leyes del mercado. Visto lo visto, no me cuesta imaginarlos justificando lo injustificable con una encogida de hombros y un “Por eso es que los matan”.
Y en un grotesco derroche filosófico me escupen en la cara uno de los pilares del ¿pensamiento? opositor, la anestesia para la conciencia del explotador -si es que tal cosa existe-, la gasolina del explotado con aspiraciones a explotar: Los pobres son culpables de su propia miseria: “La pobreza no es la falta de bienes materiales, es la ineficiencia mental del individuo para crear bienestar, es irresponsabilidad, usted no se da cuenta de que los pájaros hacen su nido para procrearse? por qué el hombre no hace igual?, sino que se llena de hijos sin tener techo, eso es irresponsabilidad.” -La superficialidad argumentativa de la gente decente y pensante permite el simplismo de comparar nidos y pajaritos con seres humanos aplastados por las leyes del mercado. Visto lo visto, no me cuesta imaginarlos justificando lo injustificable con una encogida de hombros y un “Por eso es que los matan”.
Por no dejar nada en el tintero añaden cosas como esta: “...no producimos sino delincuentes y prostitutas...” -Olvidando esta vez conjugar en tercera persona, escupiendo para arriba, pues. Y es que su odio nace del desprecio a sí mismos.
Y finalizan con triste intento de autoengaño, como si así se acercaran a los Machado, Zuloaga y Capriles, firmando con un nombre siempre común y corriente, de esos que nunca dejan entrar en el Caracas Country Club.
Leo, ya sin asombro, y estiro los brazos como quien se despereza, mientras me brota del alma un sabroso y convencido: ¡Soy chavista, carajo!




