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viernes, 20 de enero de 2012
Entre la vida y la muerte
Publicadas por
Carola
Entre la vida y la muerte siempre escogemos la vida… ¿Verdad?. Pues no. Hay mentes aturdidas, globotizadas, enfocadas en preservar un mundo de cartón piedra, insípido, sintético, que se enchumba de realidad y se resquebraja, floreciendo en sus grietas suicidas prejuicios raciales, de clase, autoatentados para quienes no se ven a si mismos sino a través de una pantalla que les miente, que sustenta su adicción a la irrealidad de ser “distintos”, tirando más María Corina que a su propia vecina de quito piso de un edificio clase media de El Cafetal. Los militantes de la muerte.
Buenas personas -dentro de los estándares de sus juntas condominio- que ciegas de odio, tantas veces contra sí mismos, salivaron ante la posibilidad de ver estallar aquel tanquero contra Maracaibo; señoras que desde la orilla suplicaban llegara el fuego purificador y arrasara con todo, con ella misma, sí, y con los niños, madres, abuelos, con lo que que estuviera al alcance de esa muerte atroz, todo en nombre del fuera Chávez.
Gente, que a la voz de su amo, aplaude golpes de estado, invasiones, masacres, saqueos, linchamientos, fosas comunes, “seguridad democrática”, ¿Porque no te callas?,¡Viva el Rey! -grita desorbitado el nieto sudaka de un republicano, en nombre del orden, la democracia, las barras y las estrellas, la M gigante, amarilla y grasienta, el sello de garantía del progreso y la civilización. Gente común y corriente, que cree dejar de serlo, suplicando a la Dorada Virgen de la Plaza Altamira un “Venga a nos la OTAN”.
Militantes de la muerte que convierten el cáncer en castigo divino de un Dios depravado que solo puede existir en la cabeza de quien no tiene ni sesos ni alma. Y el duelo es pachanga, el dolor es placer y todo esto es “decencia y razón”.
Frente a tal locura, otros militamos por la vida, al lado del débil, del niño que ve llover plomo fundido sobre los sueños que no puede soñar, de los pueblos acosados por el tipo grande que patea el culo en el recreo y te quita la lonchera desde que el mundo es mundo y te callas; porque somos de esos pueblos y defendemos el derecho a nuestra merienda, a nuestros recursos, a nuestro futuro.
Y agarramos la lonchera, la abrimos, repartimos lo que tiene dentro, y hay educación, libros, lectores, ideas, y eso jode, sin que sepa bien por qué, a la señora de La Urbina que solo lee Vanidades; la jode tanto como la arruga perenne en su entrecejo. Y hay módulos de salud, superando problemas, sí, salvando vidas, y hay trabajo, esperanza y alegría... Eso es lo que más jode a los militantes de la muerte: La alegría.
Entonces, en nombre de la decencia que no tienen, hablan de reconciliación, de diálogo -de sordos-, de consenso, nebuloso término medio que, entre la vida y la muerte, solo puede ser agonía.

3 comentarios:
No soy chavista pero tampoco de oposición. He leído su blog y hay cosas que me han gustado mucho.
Sin embargo, además del discurso político, existe aquel social donde no se está eligiendo vivir, donde la violencia es soberana, una violencia del venezolano contra el venezolano, que no tiene nada que ver con el Imperio, la Oposición o el Chavismo. Creo que viene de mucho antes y no creo que antes de este Gobierno no existiese. Pero sí es cierto que el mal se ha ido agravando con el tiempo.
No me parecen malas todas las ideas de Chávez pero el fanatismo, por cualquier cosa, hace que nos ceguemos y no permite mejorarnos. Me gusta que haya una respuesta en América como la ha habido con esta Venezuela. Pero me fastidia que seamos un país tan peligroso y lleno de inflación. Sería maravilloso hacer la revolución y dar envidia al mundo, como por ejemplo se hizo en Libia, donde toda África podía trabajar y el nivel de vida era realmente bueno. Me gustaría una revolución con verdadera prosperidad y no una que conforma y se justifica.
En todo caso, quería felicitarla porque lo paso muy bien leyendo sus reflexiones.
Estimado Tuqueque,
Aquí nadie se conforma, vamos avanzando pero nadie dijo que ya llegamos. Por eso escribo, para ayudar, modestamente, a seguir adelante.
El cuanto a Libia, sí, es doloroso ver cómo se arruinó la vida a todo un pueblo, es terrible pensar en que aquellos que por no saber apoyaron la invasión a su patria ahora sufran desconcertados lo mismo que los que salieron a defenderla. Piensa que Gadafi gobernó a Libia durante 40 años, habría que ver como era libia hace 30. También hay que tener en cuenta otras variables, Libia tiene solo 6 millones de habitantes.
En fin, que vamos avanzando, que mis hijas puedan recoger y brindar a sus hijos el fruto de nuestra lucha.
Un abrazo.
Esta gente del este, tan desubicados en la oposición como en la revolución. Son las garitas y cercas de sus urbanizacionesque no les permitieron madurar para leer sensatamente la realidad...
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