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viernes, 30 de diciembre de 2011

La vida oscura de Clara: ¿Mensajitos a mi?




Clara, la de la vida oscura desenvuelve, desganada, uno de los tanto regalos que tiene bajo su pino canadiense natural y carísimo. Carísimo perfume, carísimo anillo solitario que acompañará al solitario del la navidad pasada, carísimos zapatos, carísimo iphone... ¡Plin plon! ¿Un mensajito de texto? El primero, porque estamos de estreno…
“Cada diciembre, durante todo este tiempo, hemos celebrado victoriosos nuestra marcha indetenible hacia la patria buena y bonita… -To be continued... ¡Plin plon!- …plena  de alegría, justicia y de igualdad social. Feliz navidad, compañeras y compañeros. Hugo Chávez.”
Clara, más oscura que nunca, dejó caer el Iphone como si le quemara las manos, ante la mirada inmutable de su familia, ya acostumbrada a estos episodios. El teléfono, inteligentísimo, más inteligente que ella, cayó sano y salvo tras dos pequeños rebotes sobre la mullida alfombra que cubre el salón de punta a punta.
¿Mensajitos a mi? ¡No es no!
Responder ¡Plin!: Sr. dictador de Sabaneta, -y agradezca que mi educación esmerada me impida llamarlo como quisiera-. ¿Con qué derecho penetra usted en la intimidad de mi casa, en plena navidad, aprovechando que no pude viajar a mayami por falta de cupos; típica escasez a la que nos tiene acostumbrado su comunismo bananero con sigatoca negra, sí, no se haga el loco, esa terrible plaga que denunció a saco roto el diputado Willian Dávila y que, si bien las fotos que mostró fueron de una mata de plátano en Santo Domingo, todos sabemos que su denuncia era verdadera… Decía, con qué derecho estrena usted MI Iphone, -léase bien mi, mío, de mi propiedad aunque ya sabemos, la gente decente y pensante de este país, lo que este comunismo hace con la propiedad: arrebata bancos a honorables millonarios y luego disimula con un derroche de dinero público malbaratado en viviendas para pobres incentivando la flojera… Decía, con qué derecho estrena usted mi Iphone con ese mensaje lleno de violencia y odio, restregándome en la cara sus victorias, nuestras derrotas… dolorosas, fraudulentas derrotas, porque siempre ganamos, Ramos Allup tiene las pruebas… Pobre Henry, hasta la espoleta que le lanzaron tiene y no hay fiscalía que le haga caso… es que este país es una ruina comunista, y usted con ese cinismo mandando mensajitos de patria “buena y bonita”, ¡solo le faltó decir barata! pero barato no hay nada por culpa de la inflación que ustedes llaman especulación -sí comonié- a menos sean esos perniles con burundanga que venden en PDVAL, y es que lo barato sale caro y si es caro lo congelan para que sea barato y ya no soporto más!… Con qué derecho?
¡Plin! Enviado.
Lanzando un grito de karateca, Clara estrelló, con asco y rabia, su Iphone contra el piso de mármol del comedor.

viernes, 23 de diciembre de 2011

La vida oscura de Clara: ¡Qué triste navidad!




Clara, la de la vida oscura, solloza frente a su arbolito. Miles de lucecitas parpadean festivas iluminando a un árbol que pareciera estar empollando decenas de regalos, estúpidas lucecitas, estúpido árbol que no saben que aquí no hay navidad.
Clara se enfrenta a la peor de las pesadillas: una navidad nacional. Una Nochebuena muy mala porque en Venezuela no puede ser de otra manera.
Horrenda burla del destino: en pleno comunismo no ha conseguido cupo para pasar sus tradicionales navidades en Disney, con Mickey disfrazado de Santa, el Pato Donald de reno, y Goofy de bastón de navidad, la dulce navidad donde nada es lo que parece, lo que parece bueno es mentira y lo que parece malo es peor.
No hay cupo desde agosto, ¿Y a Nueva York? Nada. ¿Cancún? menos. ¿Madrid, Barcelona, Londres, Roma? nop, nop, nop. ¿Santo Domingo, pues? No hay. ¿Bogotá por favorcito? Tampoco… ¡Barichole! Nos quedan 4 cupos porque hoy tuve una cancelación de última hora. -Contesta con aire triunfal la eficiente agente de viajes.
¿Bariloche? Pero si eso queda en Argentina y allá son amigos del que te conté. Ya lo sé, muchos de ellos son rubios, de ojos claros, y a los que llaman negros son como de mi color, pero no me engañan, son chavistas, yo lo vi en Globovisión. ¡De allá es Maradona con su tatuaje de Fidel!
Tranquila que no todo es como parece. -Se apresura a aclarar la agente de viajes. Allá hay gente decente y pensante como nosotras. Tienen unos periódicos que dicen las cosas que queremos leer y hablan malísimo de Venezuela, gracias a Dios, para que los argentinos decentes no crean que aquí somos todos unos comunistas niches. Hay hasta un canal de tele donde esta semana dijeron que Chávez nacionalizó Margarita, ¡muérete!, y uno de esas cosas aquí no se entera porque, claro, no hay libertad de expresión. Si no fuera por ese canal ya te habría ofrecido pasajes para la Isla, aunque de todos modos no hay cupo, pero me imagino que cuando se enteren, un gentío va a cancelar…
Clara no puede contener el llanto. Margarita es una lágrima, bien dice la canción… ¡Hasta eso me ha robado el rrrégimen! ¿Y ahora quiere que vaya a Bariloche? ¡No es no! 
Armaré un parapeto de navidad feliz para desafiar a este petrocomunismo, con arbolito canadiense natural y carísimo. Vestiremos de gran gala. Habrá pavo, paté, nueces y turrones para hartarnos; licores exquisitos para olvidar, aunque “prohibido olvidar”, que la navidad verdadera queda en mayami. 
¡Jingle bells, jingle bells…! -Cacerolea Clara a medianoche, mientras el cielo caraqueño se colorea festivo con miles de fuegos artificiales. 
¡Artificiales! -Recalca Clara desencajada.
¡Feliz Chavidad! -Le deseo yo

sábado, 17 de diciembre de 2011

Ojos que no ven



Hay quienes hablan horrorizados de un país dividido, rememorando con añoranza un “país de todos” que nunca fue. Gente decente y pensante, militantes del ojos que no ven corazón que no siente… Corazón que de no sentir termina pareciendo un hígado bilioso.
Amargos intentan en vano hablarnos de un país para todos, las mismas voces que siempre todo lo negaron y, como a palabras necias oídos sordos, recurren a sus armas habituales: la trampa, la conspiración, la mentira, la violencia, el estorbo, el secuestro, sí, el secuestro.
Víctimas de un síndrome de Estocolmo colectivo, personas buenas bailan al son macabro que toca Globovisión. Mamás conjurando invasiones, bombardeos, linchamientos tipo Libia, aquí mismo, donde crecen sus hijos. Abuelitas que piden fervorosas a la Virgen por la invisibilización de los hoy visibles, y peor: rezan por la muerte del “negro de mierda -Perdón virgencita pero tu sabes que es un negro de mierda-” que los alborotó. Papás juguetones que enseñan a sus niños a odiar a otros niños, por pobres, por chavistas… 
Cadenas de mensajes siniestros celebrando una muerte que nunca llega. Anónimos que juran venganza, que no tendremos donde escondernos, que pagaremos caro por la osadía de querer que los derechos no sean privilegios. 
Ya ha pasado otras veces, demasiadas veces como para no haber aprendido, pero la gente pensante no tiene nada que aprender. Por eso aplauden golpes de estado, imploran que venga a nosotros Pinochet. Plan Condor, plis, que la gente decente callaría y otorgaría hasta que Globovisión les indique que ya la pesadilla chavista pasó.
Trece años con los colmillos afuera y hoy se muerden los labios, invitándonos a votar por ellos, disimulando muy mal el odio al que se han consagrado. Hoy nos hablan, con sonrisas acalambradas, de “revolución emprendedora”, de “país tricolor”, de “la mejor Venezuela”, llegando incluso al delirio amnésico de ondear, “y a mucha honra”, banderas blancas de “con AD se vive mejor”.
Abrazan viejitas, siempre sufridas, siempre llamadas Petra; cargan con grima a negritos mocosos; con gestos de cine mudo denuncian injusticias que ellos mismos patrocinan, crímenes que no han querido evitar. Y Maricori, primeriza en el Metro, viaja rodeada de periodistas, que nos dicen que ella es como nosotros, y que si no lo usa más es porque el comunismo excluyente no le hizo una parada en el Country Club.
Prometen preservar los logros de este gobierno que según ellos no ha hecho nada. Ojos que no ven, se frotan las manos y les late el bolsillo, imaginando el momento de desmantelar las misiones y unir al país como ellos saben: borrando otra vez a quienes hoy, culpechavez, son molestamente visibles.
Y tienen el tupé de pedirnos el voto. Ojos que no ven que no somos idiotas.

viernes, 9 de diciembre de 2011

La vida oscura de Clara: Sufrir de diciembre a diciembre






Clara, la de la vida oscura, mira la lluvia desde su ventana. Por primera vez en meses sonríe. Piensa en un deslave, en miles, tal vez millones de damnificados, muertes, muchas muertes, siempre en los barrios, claro, nunca en su urbanización.
Pegada a Globovisión sigue el goteo de avances: el río se desborda, el rrrégimen tiembla, tráfico, la ciudad colapsa, la catástrofe que tanto ha rogado a la Virgen Dorada de Altamira, patrona de los privilegios humanos, parece estar llegando… Diciembre, precisamente, para que la felicidad obligatoria de las fiestas haga más dolorosa la tragedia que Clara invoca.
Que llueva, que llueva, canta Clara con voz de niña malcriada.
“¿Cómo que se suspenden las clases? ¿Y entonces de dónde vamos a sacar la tragedia? ¿Cómo se va a desplomar una escuela y ser noticia si no tiene niños adentro? ¿Cómo va a avanzar este país si los niños no van a la escuela a riesgo de sus propias vidas? ¿Dónde está el espíritu de sacrificio por la patria?” Clara tiembla de rabia ante la posibilidad perdida y recuerda, con un nudo en la garganta, su última Navidad feliz.
Diciembre de 2002: Clara, la de la vida oscura, brilla llena de esperanza. La Navidad se pinta gloriosa si el paro que apenas comienza rinde sus inevitables frutos: La caída del castro-chavismo-petrodemagogo-populista.
“No, mis niños, no hay fiesta de Navidad en el cole con Santa Claus, y no lloren que estamos salvando a la patria y eso requiere sacrificios. Si tienen que perder el año, lo perderán, si se tienen que quedar brutos cual chavistas, pues, todo sea en nombre de la libertad…”
Libertad que no llega porque el pueblo se empeña en resistir y el sol se empeña en salir. “Suerte de chavistas… debe ser la santería y esas cosas cubanas que parecen más potentes que la Virgen Dorada de Altamira…”
Dorada… como el oro que regresa a Venezuela debajo de un palo de agua que Clara auguraba definitorio y que no fue. La diferencia entre los goterones de lluvia y sus lágrimas es el sabor saladito.
Salado como lo que la MUD llamó debate y que Clara aplaudió sorda y fervorosamente fuera Chávez, “porque hay que recuperar la democracia, esa que apenas rozamos el 11 de abril…” Salado como el cacerolazo contra la historia, contra el sueño de Bolívar… “¿Acaso importa? Lo que importa es que se vaya… ¡claca, tlaca, claca…!”
Hiperventila Clara con los puños apretados de ira e impotencia: Chávez no revienta de rabia con el beso publicitario a Obama, sino que monta una rochela y dice que fue solo un piquito… “¿De qué se ríen chavistas idiotas? ¿No entienden que el país se está cayendo a pedazos? ¡Dejen de ser felices que eso nos de mala imagen! ¿Acaso no ven Globovisión?”
Pobre Clara, no es fácil ser la gente decente y pensante de este país.

sábado, 3 de diciembre de 2011

La merienda de los sueños locos



Esta tarde de jueves, justo cuando me siento a escribir mi artículo, mi Presi y Cristina, se me atraviesan inaugurando el Salón Nestor Kirchner en el Palacio de Miraflores. Y claro, yo iba a escribir sobre el CELAC, razón de la visita de Cristina y tantos otros presidentes de Nuestra America, y mi Presi y la Presi de mis amigotes argentinos, ahí en la tele, conversandito, con Nestor mirándolos desde donde miran los amigos que nunca se van, y yo tecleando a la deriva con el corazón en la punta de los dedos.
Nunca habría soñado ver una cadena presidencial con cafecito, como en una merienda de amigos; pero hay sueños que uno no se atreve a soñar y se convierten en realidades, así, como para decirte: Carola, gafa, nunca, nunca deja uno de imaginar lo imposible, de desearlo, de buscarlo porque lo imposible está ahí esperando ser imaginado por algún loco bonito. 
Y hablando de locos bonitos mencionaron mi Presi y la Presi a mis locos favoritos, que eran también los suyos, y en cadena nacional me encontré merendando con Bolívar y San Martín, con Dorrego el loco - no faltaba más-, Belgrano, y con la locura de revisar la historia para contárnosla desde nosotros mismos, y hablábamos de Caracas, Salta y Tucumán como si fueran la misma cosa, ¡qué locura! porque son la misma cosa.
Cristina, y mi Presi se quitan la palabra uno al otro y yo le quito la palabra a los dos mientras envío un email emocionado mi amigote en Buenos Aires que shora como un niño  porque es loco también. 
Y la locura bicentenaria de nuestros libertadores parece dar frutos en nuestras manos, como si por fin hubiésemos encontrado las piezas del rompecabezas, como si hubiésemos resuelto algún complejo acertijo que siempre fue tan simple, como si el viento soplara a favor, y aunque soplara en contra, porque los locos no le paramos al viento cuando tenemos un sueño entre ceja y ceja.
En nuestras manos está la ineludible responsabilidad de construir sueños porque es la hora, porque están casi maduros, porque dudar sería perdernos. Y yo, mientras meriendo desde mi casa con Cristina, mi Presi, con mi amigo Goro shorando de sueños posibles allá en Buenos Aires, celebro estar viva en estos momentos y poder escribir parte de esta historia con mi puño y tecla.
Iba a escribir sobre la importancia del CELAC y termino celebrando la locura de perseguir sueños. Y es que justamente de eso se trata, de la locura, la maravillosa locura de vernos a nosotros mismos, desde nosotros mismos. Que las alegrías en Salta o Tampico, nos alegren en Margarita...
 Y empezar como empezamos: declarando esta tierra tantas veces violentada territorio de paz. Y desde la paz, desde lo que nos une, tomar las riendas de nuestro destino.
Y seguiremos soñando porque lo malo es no atreverse a soñar.






Nota: Pueden descargar  “La Historia de la Nación Latinoamericana” de Jorge Abelardo Ramos, el libro maravilloso que mi Presi ha venido recomendando en estos días y que hay que leer