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viernes, 25 de febrero de 2011
Cosas que dan como cosa
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Carola
Entiendo que no todo en la revolución brilla como el oro, lo entiendo y lo digo en voz alta, lo escribo en un diario revolucionario que no pone reparos en publicar mis críticas, lo cuelgo en internet y de ahí a volar a tantos otros blogs, diarios y buzones de correo, gracias a los compañeros que difunden, sin tapujos, lo que sin tapujos escribo.
Es que a los revolucionarios no nos gustan los guiones. No sabemos aceptar estupideces como “voy por las pruebas del fraude y ya regreso”, para volver luego, sí, pero con una espoleta y una fractura en un piso que no se fracturó, o el mechón de Delsa arrancado y devuelto por la mano amiga de Stalin González, un estudiante que no estudia, un ecologista que quema chaguaramos: el súmmum de la coherencia opositora.
Nosotros, las focas tarifadas, llamados así por quienes, modestamente se autodenominan la gente pensante de este país, no dejamos de asombrarnos con la capacidad de estos seres superiores que, en medio de una crisis crónica de furor antichavista, tragan gustosos desde peras al horno hasta violadores de mujeres policías al grito de ¡bestias somos todos!, y siguen tragando grueso con sus nuevos y flamantes diputados: uno que ronca, otro que pía y otro que toca la sinfonía… perdón me fui…
Ismael García vociferando de espaldas, Ricardo Sánchez jugando al payaso gafo de una clase siempre repetida, Julio Borges, vía twitter, destilando su frustración capilar y su falta de hombría con chistes que no dan risa sobre la melena de la diputada Varela. El patotero Marquina, y su cobarde espaldero, nunca mejor dicho, Eduardo Gómez Sigala. El platanazo dominicano de William Dávila. María Corina Machado oscilando entre la furia pétrea y el llanto sobreactuado de quien finge interés por el bienestar de un pueblo que nunca le interesó.
Y van a la Asamblea Nacional a lanzar preguntas teledirigidas cuya respuesta no importa porque siempre estará Globovisión para decirle a la gente que piensa que piensa que su vida es una ruina, culpechavez, a pesar de que las fotos que cuelgan con sus Iphones en Facebook digan todo lo contrario.
Y cada sesión una sorpresa que no sorprende, la negación obstinada de lo innegable, la insensatez de los políticos de oposición que florecen en la locura y el cinismo con la anuencia de sus electores que, por oponerse a Chávez, terminan clamando “Mazuco somos todos” o, como la mayoría de los que conozco, callando pero otorgando, que si bien no es lo mismo, el resultado es igual.
Y a mi le da cosa porque, presos en la intolerancia que ellos mismos cultivaron, hoy no dicen ni pío, por no perder el glamour, y por el terror que supone ser blanco del desprecio que suelen dirigir a quienes no nos dejamos llevar por “cantos de ballenas”.
viernes, 18 de febrero de 2011
El cliché mediatico y otras angustias apremiantes
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Carola
Ultimamente tengo la sensación de que ver VTV es, por momentos, como leer mil veces un silabario, librito para ingenuos principiantes que repite, una y otra vez, las mismas frases redonditas, masticaditas, explicaditas…
No sé hasta cuándo nos van a explicar que Globovisión manipula y miente, porque nosotros hace tiempo que entendimos. Lo que muchos no entendemos es por qué nuestro canal retransmite al canal mentiroso que nosotros decidimos no sintonizar. ¿Que te perdiste lo que dijo un peruano fracasado en un canal de Miami que nadie ve? Tranquila que aquí le hacemos el favor al fracasado y lo pasamos, mientras que en el país pasan tantas cosas que, por cuestiones de tiempo, no te vamos a pasar.
Por otra parte, en ese afán por desmontar las mentiras mediáticas que, a final, solo se creen quienes las quieren creer, silenciamos denuncias, relegamos el periodismo de investigación a un solo lado de la historia, donde los malos de siempre siempre son los malos, y ya sabemos de que lado están. Es así como en el caso de las estafas inmobiliarias los malucos son las constructoras y otras empresas privadas, pero nunca las instituciones del estado que durante años, quien sabe si por indolencia, ineptitud o complicidad, ignoraron los reclamos de las víctimas abonando así el terreno para que la epidemia estafadora prosperara vigorosa. En este afán por desmotar mentiras olvidamos que también se miente por omisión.
Tenemos una televisión donde el cliché florece como una voraz enredadera que manosea palabras, conceptos, autores al punto que “el mundo al revés” de Galeano, por desgaste, termina siendo hueco.
Y Vladimir Acosta ya no nos cuenta la historia más allá de unas reducidas efemérides, y de la cabeza de Luís Britto, con suerte, vemos un pelo una vez al año, y ya nadie recuerda al profesor Francisco Rivero que salió repentinamente del aire “sin contemplaciones” y sin respuestas porqué ni el mismísimo Chávez supo qué fue lo que pasó.
Mientras tanto prosperan audaces analistas sabelotodo que no saben nada, verdaderos gurúes de la mediocridad que saltan de la pantalla a la tribuna presidencial donde nadie los llamó, y ahí se enquistan siempre enfocados por la cámara para que se sepa, para que veas que el pantallero llega lejos. Entonces te carcome la angustiosa certeza de que algo anda muy mal.
Y si esta tele deficiente se convierte en factoría de candidatos y recicladora dirigentes del PSUV, la angustiosa certeza se convierte en insoportable retortijón, sobre todo cuando, a estas cruciales alturas del juego, uno encuentra compañeros que, cual gente de la MUD, creen que la revolución se hace en la tele como quien hace un reality show.
viernes, 11 de febrero de 2011
¿La hora menguada de Escarlatina?
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Carola
Vivimos momentos incómodos para quienes creyeron, y no sin parte de razón, que bastaba una gorra roja y un montón de frases hechas para lograr altos cargos, llenitos de privilegios, dentro del partido del pueblo y de la revolución.
Venimos luchando por darle vida a un partido que por momentos, muchos momentos, sentimos que nació barrigón y ni que lo fajen chiquito. Un partido que, cual rebatiña de piñata, fue acaparado por dirigentes que de populares tienen lo que yo de bailarina rusa. Personajes rojísimos que se aferran a sus cargos como quien se aferra a la vida, y no para hacer la revolución, sino para asuntos menos heroicos. Ha sido doloroso ver a mi Presi levantar las manos de esos secuestradores del poder popular, y ha sido nauseabundo votar por candidatos que parecían adecos del clan de Rosales, tanto por su conducta como por su opacidad intelectual. Ha sido duro pero seguimos de pie porque sabemos que sabemos y que Chávez sabrá.
Y de pie recibimos las cinco líneas estratégicas que lanza mi Presi quien, después de otras elecciones no tan gloriosas y de un aguacero que tantos ranchos y velos tumbó, parece empezar a comprender lo que hace rato el pueblo comprendió y de muchas formas le trató de expresar.
Si para la militancia de base las lineas estrategicas son la reivindicación de sus reclamos siempre ignorados por dirigentes sordos, ciegos, pero nunca mudos; para estos últimos, las mismas son lo que llamaría mi abuela: “cuchillo pa’ sus pescuezos”.
Esta semana gocé con Escarlatina Rojas Bermellón, hecha un ocho, hablando de cómo había que acabar con el personalismo y el burocratismo, es decir, acabar con ella misma: la de la vallas gigantes en las que recuesta su rostro terso contra el cachete varonil de mi Presi por obra y gracia del photoshop, que no solo borra arrugas sino que acerca al poder. La de los autobuses que no se llaman autobuses del Municipio Tal sino que se llaman “Escarlatina, la revolución hecha mujer”. La dueña del revolucionómetro, la que no dudaba, hasta ayer, en caerle en cayapas institucionales a quien osara mascullar una crítica, por muy constructiva que esta fuera.
Esta audaz neo Blanca Ibáñez, con las cinco líneas estratégicas apuntándola como flechas, pretende hoy interpretar para el pueblo -siempre bruto, sabrán ustedes- las palabras de mi Presi, cuando han sido ella y sus secuaces quienes nunca entendieron, o prefirieron no entender. La vemos repetir al caletre frases que la acusan sin poder evitarlo porque de no hacerlo, cree ella, se le notarían costuras que hace siglos todos vimos.
Así como sucedió con los dinosaurios y los adecos, parece haber llegado la hora de Escarlatina y su especie. Eso, o le llegará la hora a la revolución.
sábado, 5 de febrero de 2011
Aquel país que nunca fuimos
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Carola
A veces me cuesta creer que algunas personas crean las cosas que ellos mismos dicen. Resulta que ahora Venezuela está dividida, cosa que no conocíamos los venezolanos, que siempre vivimos en armonía en un país que era una fiesta, o una Bailanta Sensacional, donde todos éramos hermanos y como tales nos portábamos. Claro que hay hermanos egoístas, insensibles, arrogantes, esos hermanos que arrebatan, empujan, que ignoran el dolor del otro, pero hermanos, pues… ¿Qué culpa tienen Abel?
Vivíamos en la cruel armonía del opresor y el oprimido, del explotador y el explotado y desde Prados del Este no se veía Petare, aunque de allí vinieran miles de convenientes petareños limpiar nuestras casas, a servir nuestras mesas, a podar nuestros jardines, con su desesperanza asumida a fuerza de ancestrales injusticias.
Éramos un país con una sola voz: la de cuatro gatos poderosos. Ese país que añoran las viejas caceroleras del este, la Venezuela de la abundancia de algunos y la miseria de casi todos; donde bastaba chasquear los dedos para encontrar mujer de servicio con marido jardinero y chofer todo por el precio de uno. ¡Ay Virgen Dorada de Altamira! Y ahora, culpechavez, todos dizque estudiando y nadie quiere trabajar.
Un país maravilloso bajo la sombra inquietante de unos cerros que podían bajar, aunque no puedo imaginarme por qué si todos éramos felices, ¿O acaso algunos, digamos muchos, no lo eran tanto?
Éramos un solo país, un remanso de paz mezquina con murallas con Multilock, con vigilantes en las garitas, sí, con 70 muertos de cada fin de semana caraqueño que descansan, no sé si en paz, en polvorientas hemerotecas que nadie va a revisar, y la impotencia, el engaño, el futuro hipotecado al FMI, y Carlos Andrés Perez pidiendo sacrificio a los siempre sacrificados, y el Caracazo ¿Eso tampoco pasó?… Un solo país.
Por eso me asombro cuando alguien, amparándose en el ojos que no ven corazón que no siente, evoca añorante un pasado que nunca fue. Me asombro y me indigno porque quienes hoy lamentan desgarrados la división de la sociedad venezolana son los mismos que se dedicaron con esmero a partir, a conveniencia, al país en dos desiguales e injustísimos pedazos: uno inmenso, excluido a palazos, condenado al hacinamiento en barriadas imposibles de infinitas escaleras de tierra, y el otro, un escogidito grupo con voz y voto, membrecía dorada y derecho de admisión.
Así que para la gente decente, pensante, amnésica y súbitamente horrorizada con lo que pasa en este país, el problema nunca han sido las divisiones, sino, por el contrario, el problema es la inclusión.
Y pensar que nada han perdido mientras tantos han ganado tanto. Da como pena ajena ¿No?
