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viernes, 28 de enero de 2011

Dos noticias que mejor que no








Esta semana, en una misma tarde intensa, se originaron dos noticias que debían ocupar las primeras planas, aquí y allá, y no lo hicieron. 
La receta perfecta: Palacio de Miraflores, mi Presidente en su salsa junto a quienes, organizados en un movimiento contra las estafas inmobiliarias y otras injusticias, se niegan a ser víctimas. Escarlatina Rojas Bermellón presidiendo una vital institución del estado, y el presidente de un banco con ínfulas de presidente de banco. 
Hablaban los estafados, “directamente con usted Sr. Presidente, porque nadie nos escucha…” y señalaban a sus torturadores: constructoras, bancos, promotoras y -¡Oh sorpresa!- el Indepabis y -¡Oh sorpresa otra vez!- su presidenta.
Agregue un presidente de banco que cree que banco mata República Soberana, cosa que tal vez sea cierta en su monárquica España natal, pero que en esta tierra rebelde como que nanai nanai. Mézclelo con una conversación telefónica  con un presidente zambo, sudaca que, para colmo, le diga lo que tiene que hacer… y lo tiene que hacer.
¡Listo!: Titular escandaloso, foto retocada con llamaradas desde la cuales emerge un Chávez maligno -valga la redundancia-. El grupo Prisa descubrió de trancazo que la paciencia del lector tiene un límite, y esta vez, quienes solían dedicar comentarios llenos de grima a cada nota que aludiera al “impresentable dictatorzuelo bananero” -como civilizadamente le llaman-, se voltearon y celebraron la acción soberana de Chávez, exigiendo a su vez que el gobierno español hiciera otro tanto. Incendiaria información que amenazaba con prender por lo que fue sepultada de “Prisa” en remotas páginas internas donde vegetan las noticias que nadie lee.
La segunda noticia que no fue se trata -¡Oh sorpresa!- de la ineptitud -por no ser severa en mi juicio- de la presidenta del Indepabis. Una funcionaria con vocación de impedimento que se dedicó a ignorar, en el mejor de los casos, y a acusar de “saboteadores de oficio”, en el peorcito, a las mismas personas a quienes ella y su institución debían proteger. 
La vimos balbucear, mi Comandante Presidente, en el marco de las tres erres, poder popular, en un vano intento por ocultar fracaso de una institución que, en su inquebrantable indisposición para atender denuncias, permitió que, no una, ni veinte, sino miles de familias venezolanas quedaran a merced de delincuentes desalmados.
Ahí había una noticia tan suculenta que no entiendo cómo pudo pasar agachada tanto en los salivantes medios privados como en nuestros medios revolucionarios, dejándome un desagradable gustico a inadecuada coincidencia.
Tristemente Escarlatina sigue ahí, y de algún modo seremos sus cómplices mientras tapemos esta noticia con otra que otros quisieron tapar. 


viernes, 21 de enero de 2011

¡Borrada, block y spam!



La verdad es que me cuesta, en estos supuestos tiempos de diálogo, entender a mis amigos opositores. Es que hay que ser medio gafo -y perdonen, amigos, si los ofendo- para caer en el mismo engaño una y otra vez, sin patalear un poquito, sin arquear siquiera una ceja en un sutil gesto de duda, sin titubeos, así de platanazo… En serio, hay que ser medio gafo.
Son tantos años con el alma en vilo, dolorido su pecho por la certeza del despojo, del sudor de su frente derramado en vano, de la pesadilla globoinducida, del futuro de sus hijos por truncarse, y otra vez un buen y lucrativo año, otra vez vacaciones con Mickey Mouse, pero creyendo fervorosos, casi deseando que se desencadene el renuente desastre que les daría -¡por fin!- la razón.
Y otra vez yo deshilachando este delirio, en tantos casos envenenado. Locura rabiosa que ha llevado a tanta gente querida a cometer amiguicidio borrándome de sus abultadísimas listas de amigos de facebook: ¡Te borro, block y spam!
¿Y yo qué les hice? Pues casi nada: desbarato sus esquemas globoestructurados. Soy la prueba viva de que sus cerebros de “gente pensante de este país” dejan que otros piensen por ellos.
Porque un chavista, para mis queridos opositores, no puede parecerse a una amiga de la infancia. Un chavista “es una persona resentida que carece de educación formal, es decir colegio privado y universidad, y de la otra educación que no sé como llamarla, Carola, osea tu sabes, esa que tiene que ver con comer el pescado con el tenedor de pescado. Ese saber estar, ese saber inglés, ese yo conozco Key Biscayne… Un chavista -te lo voy a decir sin tapujos- es niche y tu... ¡Coño, Carola, tu ibas a nuestro club! 
Un chavista es un delincuente, flojo, pero sobre todas las cosas es bruto, negro y sin dientes. Los papás de los chavistas son borrachos irresponsables que abandonan a sus hijos, hoy por hoy resentidos, y tu, Carola, no me digas que tu papá era chavista porque ¡no es no!
Los chavistas no saben hablar, así que no me hables que me confundes. Mira que yo lo tengo clarito, yo si estoy informada porque leo El Nacional. Un chavista no es como tu, pedazo de traidora, porque eso no se la hace a una amiga. Nosotros íbamos al mismo colegio y ¡coño! a ti te pusieron más estrellitas doradas que a mi. No, Carola, no tienes derecho a enfrentarme a mi locura, no tienen derecho a exponerme a mi estupidez… Es más, no pierdo mi tiempo contigo, me voy, aprovechando que todavía no me lo han quitado, a mi apartamento de playa, ese que compré con un crédito hipotecario de vivienda principal, y te dejo con tus chavistas asesinos y corruptos, con la tranquilidad de que Adriana Azzi predijo, otra vez este año, que el magnicidio sí va.”
En serio ¿Dialogamos?

viernes, 14 de enero de 2011

El imposible papel en blanco







Cuántas veces leí a mis escritores quejarse ante la inhóspita blancura de la hoja en blanco. Cuántas veces me maravillé con su capacidad de llenarlas de ideas que, según ellos, se negaban a acudir. Cuántas veces soñé con escribir, y escribí tanto y tanto, hasta que hoy me encuentro muda frente a mi propia hoja en blanco.

Y reviso la prensa y veo a Miguel Angel Rodríguez estrenar su diputación gritando al mejor estilo de Ismael García, quien, a su vez, sale congelado para la posteridad en la foto vergonzosa de quienes creen que la soberanía venezolana reside en Washington; allá donde Bill coronó a Hillary con una cornamenta que era secreto de estado hasta que a alguien se le chispoteó sobre un vestido azul. 

Azul tirando a morado como el hematoma que debió quedar en la rodilla de la ex primera dama, hoy Secretaria de Estado, que cayó de platanazo en Yemen mientras abordaba el avión que la lleva a vigilar por aquí, a intrigar por allá, a expresar, cada vez que despierta un pueblo oprimido, su “profunda preocupación” y a reiterar, en nombre de su belicoso gobierno, su apoyo a eso que ellos llaman democracia y libertad. Hillary, con esa cara de Madre Superiora, que con razón Mónica... pobrecito Bill.

Y donde haya conspiraciones, cipayos, líos de faldas, ahí estárán sacudiento sus sotanas los obispos de la Conferencia Episcopal, atentando contra los mandamientos de su propia iglesia, usando el nombre del pueblo en vano, negando siempre la voz del pueblo que, como todos sabemos, es la voz de Dios. 

Ellos, los oscuros aristócratas de la Iglesia, quienes han encubierto abominables actos contra los más inocentes, quienes a la hora de cobijar al prójimo prefieren a un violador que a una familia de damnificados, los mismos que bendijeron a Carmona el 11 de abril, hoy, ante la liberación del pueblo gritan: ¡Dictadura, atropello a las libertades! con el mismo cinismo gélido de la sonrisa de Ismael disimulando los pisotones del torpe Inzulsa mientras intentan bailar al son que les toque Hillary, la de la rodilla magullada, y esa infame orquesta de “Los socios internacionales de la oposición” como los llamo Luz Mely Reyes, en medio de un delator arrebato de ilusión cipaya.

A todas estas, en el PSUV la novedad es que no hay novedad, que se ha cambiado todo para que no cambie nada. Y Francisco Garcés se desvive por revivir al Metro que un inepto dejó moribundo, y el Ministerio de Ambiente no se entera de la huella de los “rustiqueros” en La Gran Sabana, y Caracas avanza bonita, y Margarita se hunde en la indiferencia adeco-revolucionaria, y tenemos tanto que hacer, tanto que resolver y mi papel en blanco se acaba dejando una terrible sensación de urgencia atragantada en la punta de mis dedos.






sábado, 1 de enero de 2011

Exilio con “taima”






Extraña esta malvada dictadura que padecemos los venezolanos, extraña y desconcertante. Imaginen un rrrégimen represivo de tal calibre que se gana, casi a diario, horrendos titulares en la prensa mundial. Un terrorífico gobierno que viola constantemente los privilegios humanos, que expulsa a sus detractores a un raro, novedoso y voluntario  tipo de exilio: uno que hace taima en Navidad.
 ¡Taima, taima! Dicen a los esbirros en Maiquetía medio millón de sonrientes y oprimidos viajeros que zarpan de vacaciones. ¡Taima taima!  Y regresan los exiliados trayendo modestos detallitos para sus parientes que viven como reyes en este cruel comunismo. Detallitos, nada muy rififí porque la cosa allá, tu sabes, los bancos, la burbuja inmobiliaria, el desempleo galopante, los recortes presupuestarios, pues como que la masa no está para empanada gallega.
Pero vuelven, y ahí está el meollo de esta historia, a la dictadura que los hizo huir a países con brillantes futuros de cartón piedra mojado. Vuelven para encontrar sopotocientos nuevos restaurantes súper cool que no te puedes perder, amigui, y no sé cuántos centros comerciales atiborrados de compradores imposibles porque este país está quebrado. 
Vuelven y suben de La Guaira a Caracas por el mismo viaducto que juraron jamás transitar cuando vieron en Globovisión a los fallidos expertos de siempre afirmar sin pudor que alé limón, alé limón... Pero no: el rrrégimen como que recurrió a la santería cubana para sostener una obra insostenible hecha por un gobierno que no ha hecho nada. 
Vuelven y miran el Metro Cable sin verlo porque eso no puede estar ahí. Como nunca vieron el Cardiológico Infantil, ni los CDI, ni el Salvador Allende que les queda en las narices, porque ver más allá de sus narices sería doloroso para unos ojos ciegos de mezquindad. 
Claro que no irán al Bulevar de Sabana Grande y morirían antes de pisar la Plaza Bolívar y el Centro de Caracas, que no puede estar bien bonito porque sólo los centros de las ciudades europeas tienen derecho a ser preservados. El de Caracas, tiene que estar cundido de dudosos negocios, de edificios históricos ultrajados por la indolecia y la codicia, caos, suciedad, ruido… Caracas, para estos exiliados, no merece nada mejor.
 Pero vuelven por un rato al lugar donde su forma de hablar no levanta sospechas, donde el color de sus piel no los acusa, donde no hay que disimular. Vuelven al comunismo a darse la vida que el primer mundo les niega mientras calientan sus huesos fríos de ausencia.
Y al final retornan al exilio, eso sí, con un bronceado envidiable, varias cajas de Toronto y dispuestos a luchar por el retorno de la democracia con sus vidas -perdón- con sus twiters y a larga distancia.
Au revoir.