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viernes, 26 de marzo de 2010

¿Comparaciones a mi?




Con mis amigos opositores no se puede. Hablando de libertades mutiladas, el otro día les explicaba que en el Reino Unido están por pasar una ley que prohibe publicar noticias del Príncipe Carlos, el orejón, y que nadie ha dicho ni ñe. También les señalaba cómo en España, otro de esos reinos que ellos llaman civilizados y democráticos, se acaba de pasar una ley que permite a las autoridades cerrar cualquier página web que, según ellos, viole alguno de sus artículos. Y les recordé, de paso, la Ley Patriota y todas sus violaciones a las libertades civiles. Todo esto para que vieran que en Venezuela disfrutamos de libertades que, allá, en el primer mundo de sus sueños, ni soñar se atreven. La respuesta opositora fue un reclamo con signos de interrogación: ¿Por qué siempre la referencia externa? ¿Tienen sentido las comparaciones?

Me hizo gracia. Resulta que las comparaciones no son necias cuando se trata de poner a un venezolano, siempre mugriento, al lado de un impecable, ordenado y blanquísimo gringo que jamás bota un papelito a la calle, que nunca se colea en las filas y que sólo hace cosas malas cuando la nadie lo ve. Las comparaciones les parecen fabulosas cuando se refieren al desarrollo de Dubai, con sus joyas de la arquitectura moderna levantadas con petrodólares “bien invertidos”, ignorando, eso sí, que los ladrillos de esas joyas los amasaron y pegaron manos esclavas que nunca saldrán en la foto. Cualquier comparación que nos deje un mal gusto en la boca con respecto a nuestro país, nuestra gente y nuestro gobierno, no sólo es válida sino necesaria.

Ellos, que con ojitos acomplejados y masoquistas viven mirando hacia afuera para confirmar su certeza de que están condenados, sin merecerlo, a una nacionalidad de tercera, amarrados a un país cuyas posibilidades de civilización son nulas gracias al genética defectuosa de sus habitantes: gentuza ignorante y resentida que, a punta de votos, arruina el destino de la gente pensante y productiva, atrapada en este cruel fin de mundo llamado Venezuela.

Ellos, que modelan sus casas, sus vidas, sus sueños, de acuerdo al referente mayamero. Ellos, que desprecian la sombra de jabillos y apamates a cambio de setos podaditos de jardín inglés. Ellos que cambiaron nuestro decidor chévere por los insípidos cool, nice, fashion y hot. Ellos que conocen la realidad nacional por CNN, El ABC y hasta El Tiempo de Bogotá. Ellos que no quieren ser de aquí porque esto no se parece a allá. Justo a ellos les molestan las referencias externas.

Así estamos: no valen las comparaciones, a menos que valgan.




domingo, 21 de marzo de 2010

El derecho al terror.







Después de una larguísima y frustrante espera, después de derramar incontables lagrimones de ira y miedo, después de ver pasar de largo los mejores años de sus vidas a la espera del garrotazo que nunca llegó. Después del cansancio que dejan las luchas con fantasmas, después de levantarse otra mañana más y comprobar que sus hijos están en casa, en sus cuartos decorados de muñequitos, sin familia cubana que los hubiera desplazado a la fuerza; que sus apartamentos de playa siguen allí cerraditos y lindos, esperando otro sábado familiar; que los bombillos no espían, que ninguna de las amenazas globodirigidas se ha hecho realidad. Padeciendo un profundo síndrome de abstinencia, hoy se aferran a un nuevo terror: Internet.

Internet es un invento capitalista. Esa es la razón que esgrimen cuando nos aseguran que no nos pertenece, que estamos de más los revolucionarios en la red, que Twitter es de ellos solitos, como querían que fuera de ellos todo el país, que para los niches teléfono monedero en la esquina, que internet es para la gente que piensa, y que puede dirigir un dedo hacia una tecla y hacer clic. Porque clic se hace en inglés, idioma capitalista que chapucean salivosos deseando que no se les note mucho lo spic, o latino, o niche, si lo decimos en nuestro idioma materno, ese que no les suena tan bonito cuando teclean en el facebook.

Internet, para nosotros, es un arma indispensable en esta guerra asimétrica en la que los poderosos que enfrentamos son dueños absolutos de los titulares que dictan, a fuerza de tinta negra, lo que tiene que ser verdad. Internet de blogs, noticieros alternativos, de información al segundo sin límites fronterizos. Internet de grandes mentiras desmentidas, de enlaces y archivos que derrotan al olvido. Un espacio donde nos encontramos revolucionarios de todo el mundo y de alguna manera nos organizamos, tejemos redes, nos apoyamos, nos enteramos… ¿Y Chávez lo va a prohibir? Mejor esperen sentados.

Ese mismo espacio que otros usan para hacer cacerolazos virtuales, twitazos contra el gobierno, contra el pueblo que lo eligió. Allí, donde nuestros compatriotas suscriben campañas antinacionales made in la Hermana República. Ese mismo medio por el cual han invocado invasiones gringas, la entrega de PDVSA a Exxon, plis. Allí, donde se revelan monárquicos ingratos hijos de Bolívar, y algunos descendientes de republicanos españoles quienes, desde su Venezuela natal, se cagan en sus padres, en su historia, en si mismos, aplaudiendo y repitiendo, como loros frenéticos, aquel vacío, desafortunado y borbónico -valga la redundancia- “Por qué no te callas”. Esa ventana donde pierden el pudor y muestran los dientes porque creen que no los vemos, donde les tomamos la medida ¿En serio creen que la vamos a cerrar?

Ellos temen a una prohibición de internet que leyeron en El País, CNN, y el Washington Post, todos punto com. Pero no vieron más allá de su pantalla, no se asomaron por la ventana, ni preguntaron a nadie, ni siquiera razonaron. Porque de hacerlo estarían cometiendo un autoatentado contra su derecho al terror.




viernes, 19 de marzo de 2010

Nuestros propios desalmados.







La semana pasada escribí sobre opositores desalmados que pretenden enamorar al pueblo sin tener idea de lo que amor al pueblo significa. Esta semana le toca a nuestros propios desalmados: personajes de terrible calaña que de amor y pueblo sólo saben que este último es el mejor escalón para subir a donde puedan engordar el amor propio, la cuenta bancaria y otras menudencias.

Expertos en socialismo de boquilla, desde cualquier tarima nos muestran elocuentes cuál es el camino a seguir, mientras su audiencia ilusionada aplaude a manos batientes, que pronto serán manos vacías.

Nuestros desalmados aman las contiendas electorales, no para medirse honestamente con otros aspirantes, sino para dejarlos tendidos en el camino a punta de zancadillas, puñaladas traperas y hasta serruchadas de tacones al mejor estilo del Miss Venezuela.

Juegan un ajedrez retorcido en el que colocan sus piezas desafiando las reglas que ellos mismos inventaron en un momento de necesario disimulo. Ocupan espacios que no les pertenecen más que por la fuerza de la manipulación y, desde ahí, emprenden campañas con las que intentan convencernos de que, sin ellos, Chávez no va pa’l baile.

Hay un orden en esta cofradía de desalmados: Está el desalmado regional que generalmente no pertenece a la región a la que pretende exprimirle hasta el alma. Este jerarca del embuste suele sembrar los organismos públicos a su alcance con cómplices incondicionales afianzando así su poder en la zona que depreda. Los cómplices son fáciles de reconocer: generalmente están poco o nada calificados para los cargos que ostentan, visten de estricto rojo rojito para que no se les note el blanco que los motiva, se revelan ante los incautos como enviados directos del mismísimo Presidente y, por último, se lanzan como candidatos a lo que sea, guapos y apoyados por su desalmado superior.

Pues ahí están, a codazo limpio, encarnados en cónyuges de alcaldes o gobernadores, jefes de la oficina de no sé que cosa, director de la misión no sé que más, secretarias de no sé quién, toditos apoyados por carteras que no son de ellos.

Envalentonados por el auge de la mentira, con sus caras tan lavadas, se lanzan hoy contra nuestra Asamblea Nacional en nombre de la revolución, de la voluntad de las bases y del dedo sagrado de la Dirección Nacional.

Ya se abrazaron los compadres, ya hay buenos combatientes mal heridos, ya están alzando las copas para brindar por el reguero de ilusiones muertas que dejarán sus mentiras. Se ríen con la risa grotesca de los que no tienen alma sin darse cuenta de que esto todavía no se acaba. Mi presi y el pueblo aún no hemos hablado.





viernes, 12 de marzo de 2010

Manual de amor para desalmados.







Hace poco un representante de la oposición, en un vano intento por darle contenido al un discurso hueco y fingiendo una pasión que desconoce, clamó que ellos iban a enamorar al pueblo, que amarían a los pobres y bla bla bla, más tres aplausos de los quince asistentes a la multitudinaria concentración que nunca, como siempre, fue.

Hoy vemos a los mismos Don Juanes que aplaudieron aquella declaración de amor descafeinada, matándose a puñetazos a la vez que muestran a las cámaras una sonrisa acalambrada de que aquí no pasa nada, que sólo estamos, amorosamente, resolviendo el tema de la unidad.

Por amor al pueblo aspiran ser diputados los que apoyaron el golpe de abril, los que conspiraron activamente, o de medio ladito, los que se creen por encima de la voluntad del mismo pueblo al que dicen querer enamorar. Personajes gastados por la mentira, que no han titubeado a la hora de sembrar el miedo entre sus seguidores con hijos que nunca les quitan, inquilinos cubanos que nunca llegan, bombillos que no espían, polvitos adoctrinantes que nadie les echa. Los mismos que al grito de frrraude convencieron a sus cuatro gatos de que el CNE está vendido, acuden hoy a tan vil ente estatal a inscribir candidaturas, mientras explican sin explicar nada, que sí hay trampa pero que la fe mueve montañas y ellos, por amor al pueblo, lucharán y vencerán cual David frente a Goliat.

Pero es que el amor es grande y todos quieren amar. Estos viejos que no dejan espacio para los nuevos amantes que han puesto el cuerpazo en las tantas y tan fotogénicas batallas. Caritas otrora frescas, hoy curtidas por la defensa de causas falsas, adictas al protagonismo y borrachas de ambición. Ellos también tienen su corazoncito y para demostrarlo se agarran a puños con quien ose hacerle ojitos a su amado pueblo.

Vienen de todas partes a repartir su amor, llegando incluso a descender desde las más altas esferas sociales a algún barrio, para darle la mano a alguna viejita que no esté muy sucia plis, que mejor llevo mi antibacterial líquido por si acaso, mira que con esa gentica nunca se sabe… pero por amor propio soy capaz de arriesgarme al contagio con tal de demostrarles que el socialismo es niche y que con glamour se vive mejor. Foto, foto ¡Guácalas! ¡Let’s go!

Desfilan estos pretendientes que jamás movieron un dedo para defender al pueblo, esos que nos llaman monos, flojos, brutos, esos que reniegan de las misiones y no ven la hora de borrarlas del mapa, voceros de retroceso que le tienen asquito al poder popular.

Esos que lo que saben del amor lo aprendieron de un manual de amor para desalmados.


viernes, 5 de marzo de 2010

Yo también fui de izquierda.







Hay un tipo de opositor que pica mi curiosidad. Lástima que son de los que lanzan su “No es no” seguido de un portazo, por lo que mis preguntas quedan colgando en el aire y del aire al papel, a modo de mensaje en una botella, a ver si alguien me aclara quiénes son estos que, desde la más furibunda y reaccionaria derecha, se llenan la boca diciendo “cuando era joven fui de izquierda”, como quien dice cuando tu vas yo ya vengo.

Esa frase que silba entre los dientes apretados de una sonrisa rabiosa me desconcierta: ¿Qué quiere decir “ser de izquierda” para estos ex izquierdistas? Acaso una manera de fluir con el tiempo, las modas y el son que se bailaba. Supongo que para algunos de estos jóvenes de los sesenta-setenta, la revolución era chic, pero eso sí, sin mojarse mucho, apoyando el mayo francés, pero gracias a Dios que París no queda aquí; leyendo Farewell, dejándose una barbota y tirando piedras por aquí y por allá… Si se trataba de una jovencita, ser de izquierdas implicaba la liberación de las tetas del yugo del sostén, seguida de la liberación del cuerpo del yugo de la virginidad ¡Así cualquiera es de izquierda!

Supongo que estos que fueron de izquierda, cuando creían que lo eran, se estremecían ante las injusticias que cantaban Mercedes, Pablo, Silvio y Alí mientras sorbían Cuba Libres en un bar de mala muerte que estuviera de moda.

Sólo de ese ser de izquierda sin compromiso ni profundidad pueden venir estos iracundos opositores que engavetaron la justicia social a favor de la comodidad de una adultez segura y sin sobresaltos. Ese ser de izquierda porque era la onda entonces es lo que los convierte en los más irracionales opositores, porque la moda de hoy dicta que la izquierda es niche.

Consecuentes con la inconsecuencia, hoy tiemblan de asco ante la imagen de El Che que una vez lucieron en sus pechos libres de sujetadores y otras molestias.

Alegan que las revoluciones les resultaron violentas, pero no les parece violento que el sistema que defienden deje un saldo de nueve millones de niños muertos cada año por falta de comida, así como tampoco es violento el uranio empobrecido, cortesía de El Pentágono, que envenena a fuego lento a los niños en Iraq. Y podría pasarme meses describiendo la violencia que ellos aceptan aliviados y hasta orgullosos, creyéndose vacunados contra las atrocidades que incluso invocan para su pueblo.

Afirman que la desigualdad existe desde que el mundo es mundo y luchar contra ella es síntoma de inmadurez.

Mis pobres opositores de sueños marchitos: Si ellos fueron de izquierda, yo soy la Infanta Doña Carola de Borbón.