Recent Posts

viernes, 29 de enero de 2010

Los estudiantes de Pavlov.





Pavlov tenía un perro al que le tocaba una campanita antes de servirle la comida. Tilín tilín, comida. Tilín tilín, comida. Tilín tilín, perro salivando, comida. Tilín tilín, perro babosísimo al son de las campanadas a pesar de que el maluco de Pavlov no le puso más comida. Algo parecido pasa con los pavitos manos blancas.

Y no es que quiera llamar perros a los estudiantes opositores, pero he notado que RCTV es su campanita de Pavlov. Miren que pueden pasar cosas terribles sin que los impávidos manos blancas parpadeen siquiera. Se pueden cometer terribles injusticias, puede derrumbarse el mundo frente a sus ojos y ellos ni pío. Pero que no le toquen la campana de un canal que nunca ven. Ahí sí se arman hasta de los dientes, con franelas curiosamente rojas, con piedras, palos y blackberries; banderas de luto, volteadas, siete estrellas; morrales, cantimploras y pañuelos a juego… y se lanzan a la calle desnudos de ideas.

Y ahí están otra vez, igual que en 2007: jóvenes marchitos con una severa tendencia al retroceso, niños malcriados convertidos en voceros sin argumentos de un pueblo al que desconocen, desprecian y temen. Entonces las piedras, los palos, las caras de yo no fui cuando los pilla una cámara, y cual top models de las revoluciones de colores regalan poses dramáticas, que ya vimos en naranja, verde, blanco, envueltas de un caos que ellos mismo generaron, pero que allá, en una primera plana europea, no quedará lugar a dudas que esos niños lindos no merecen sufrir tanto.

Salivan nuestros estudiantes pavlovianos sin saber que detrás de esa campanita hay otros intereses, que el problema no es RCTV, que hay mucho más en medio: Es la Bolivariana de Seguros y todas esa ganancias, comisiones y chanchullos que ya no serán, es Comerso y la manía de desenmascarar especuladores. Son los bancos del estado. Es Barrio Adentro. Es que el pueblo se educa y no se deja explotar. Es que la justicia social no es lucrativa. Es la rabia de los cuatro gatos que florecían sobre la miseria de muchos, y la frustración de quienes esperaban calzar los poderosos zapatos de papá.

Tilín tilín...


lunes, 25 de enero de 2010

Breve nota beisbolera.






A modo de colaboración solidaria, me dispongo a tender una mano a mis siempre desorientados opositores. Es que me he venido fijando que en esto de los lemas no terminan de dar pie con bola, muy a pesar de contar con los servicios de la ARS publicidad, esa que piensa por usted.

No voy a extenderme rememorando viejos slogans porque no se puede profundizar en la superficialidad de un “No es No”, ni mucho menos en un “Se va, se va, se, va” que se fue diluyendo en una permanencia impuesta a punta de votos. Ni hablar de “Con mi Whisky no te metas”...

Voy, en cambio, a ceñirme al presente inmediato del “1 2 3 Tas ponchao”. Quien quiera que inventara semejante grito de lucha no sabe ni de luchas ni de gritos.

Veamos: Para poncharse hay que estar en el turno al bate, para batear debe haber un pitcher, que en este caso no existe porque tenemos un contrincante que espera que el juego se cancele por lluvia, terremotro, invasión extrajera, o cualquier cosa que no dependa de su capacidad de jugar un juegazo porque eso sería pedirle “peras al horno”.

Pero supongamos que el bateador sin pitcher decide lanzarse la pelota y tirarle y hace swing una, dos, tres veces, supongamos que el viento no sopla a favor, que hace calor y tiene el Guri, perdón, la garganta seca, supongamos que, si, que se poncha… ¿Se han preguntado qué inning estamos jugando? Porque el juego sigue y seguimos al bate.

Algunos strikes, sí, pero cuántos gloriosos jonrones.

El beisbol es un deporte de estrategia y habilidad en el que los números tienen un papel muy importante. Saquen sus cuentas, pues, para evitar la recurrente frustración de estar siempre equivocados. Porque las reglas del juego dicen que hay innings hasta el dos mil siempre y tenemos un cuarto bate vergatario. Esto, frente a un equipo contrario sin posibilidad de hit que, en un vano intento de evitar otro doloroso revolcón, deja pasar un referéndum revocatorio, mientras se aferra a la gracia divina de un santo labrador que quita el agua, a unos estudiantes que no estudian y a un canal de tele que nadie ve.

Chávez al bate.

¡Playball!



viernes, 22 de enero de 2010

La clave del éxito.







Buscando descifrar el kilo de estopa de una mente opositora conversé con Jenyfer González, furibunda empleada de los supermercados Exito, quien bajo el originalísimo lema “Y no, y no, y no”, quiere recordarle al gobierno que “No es no”.

Jenyfer ¿Por qué chilla?

-No chillo, alzo mi voz para defender el derecho al éxito. ¿O es que crees que soy una patenelsuelo como las cajeras, acomodadores y esa gentuza de mantenimiento? No mijita, yo soy asistente de administración, yo no sirvo cafecitos a cualquiera, lo mío es del gerente para arriba, así que no me vengas con esa farsa de que todos los trabajadores son iguales, y que estamos contentos con esta medida… serán iguales ellos que se dejan llamar trabajadores, porque lo que soy yo, no voy a permitir semejante insulto.

Pero ¿No trabaja usted en calidad de asalariada? O acaso es socia de la empresa.

-Claro, tu pretendes retorcer la realidad usando palabras despectivas como asalariada. Ya te dije que soy una asistente, no una trabajadora cualquiera de esas que no les da pena venir al trabajo en camionetica.

Pero usted vino en camionetica...

-Déjame decirte que sí, que vengo en camionetica, pero no desde un barrio de Petare, no mi amor, yo vengo de Palo Verde, además que yo, a diferencia de esos que hoy celebran este saqueo castro-comunista, aspiro, algún día, llegar en camionetota.

Para lograrlo supongo que apoya la firma de un contrato colectivo que garantice un salario justo y otros beneficios...

-¿Con esos niches del sindicato? ¡Ni loca! Si por ellos fuera esta empresa sería una cooperativa de esas donde todo el mundo quiere ganar igual. A mi me choca eso. Fíjate lo que me pasó con mi Blackberry, por fin me compro uno y vengo al trabajo con mi pinta de ejecutiva sólo para darme cuenta de que hasta las cajeras tienen un bicho de esos. Yo, primero muerta que igual… Si somos todos iguales ¿Dónde está la gracia?

Ya que parece estar clarísima, ¿me podría decir cuál es la clave del éxito?

-Saber que mientras haya millonarios uno puede llegar a serlo también.

Y dirán los ricos que “si somos todos iguales ¿Dónde está la gracia?”

- ¿Uh?…¡Chavista estúpida!...









viernes, 15 de enero de 2010

La desgraciada alegría.






Siempre creí que la alegría era producto de cosas buenas: logros, encuentros, nacimientos, de bebés, de ideas… La alegría, pensé, jamás podría relacionarse con el sufrimiento, la angustia, el fracaso, ni siquiera con un simple tropezón.

Como siempre, pensé mal.

Existe una alegría sádica. La llamo alegría a pesar de ser amarga porque viene con sonrisas tensas, pero sonrisas, carcajadas forzadas, pero carcajadas, celebraciones crueles, pero celebraciones. Una alegría con tendencias suicidas que aplaude el mal de todos como si no fuera propio, que invoca desgracias, guerras, plagas sobre su propia casa con tal de que éstas arrasen con el vecino. Una alegría enferma que proyecta su odio sobre cualquiera que no se alegre con ella.

Jamás vi a esa alegría celebrar la vida de los miles niños salvados en el Cardiológico Infantil, pero si la vi proyectando entusiasmada los muertos de una pandemia que nunca fue.

No acepta que la gente tenga esperanza, que los pobres coman pernil, que la educación sea para todos, que tengamos trenes, carreteras, libros a cinco bolos, millones de lectores nuevos; que seamos por fin dueños de nuestro petróleo y de nuestro destino... que los ciegos puedan mirar mientras los que miran se niegan hacerlo, porque la alegría de todos es su peor desgracia.

Que la alegría es asco, distancia y categoría y la felicidad un bien escaso para quien pueda pagarlo. Una felicidad mezquina asentada sobre el sufrimiento ajeno, y he ahí la palabra clave: ajeno.

Alegría ciega que no entiende que esto es un todo o nada. Que o logramos el bienestar general o será insoportable el malestar generalizado. Que si no hay agua la sed será de todos, que sus bombillos encienden con la misma electricidad que los míos, que compartimos historia y destino, aunque ellos pretendan torcerlos a su minoritaria medida.

No sé cómo piensan afrontar las desgracias que invocan en nombre de su siniestra alegría. Supongo que planean refugiarse del desastre sentados frente a la fuente sedienta de un oscuro centro comercial.




viernes, 8 de enero de 2010

Derecho a la estupidez.






Si algo hay que reconocerle a oposición venezolana es la disposición que tienen para defender las causas más torcidas, innobles y huecas; todo con tal de llevarle la contraria a Chávez sin importar que, en muchos casos, se la estén llevando a si mismos.

Basta que mi presi haga mención a un tema para que ellos se coloquen en el lado contrario, aunque este sea el lado más siniestro, como sucedió el año pasado cuando no sintieron vergüenza al pretender justificar la lluvia de fósforo blanco que cayó sobre los niños palestinos.

No deja de impresionarme cómo son capaces de oponerse a las causas más justas y defender las cosas más banales. Niegan la existencia de obras como Barrio Adentro o el Cardiológico Infantil porque les importa un pepino la salud gratuita para todos, pero ¡ay! si se meten con sus centros comerciales.

Carecen de equilibrio: una bolsa de basura en el Municipio Libertador es “culpechave”, mientras que la basura de Baruta no es basura sino desechos sólidos y se le está buscando una solución este problema que es de todos.

Jamás vi a mis opositores apoyar una sola de las buenas obras de la revolución. En cambio los he visto burlarse, sin una pizca de pudor, de los casi dos millones de compatriotas que han aprendido a leer y escribir, mostrando así un desprecio por el prójimo que no puede menos que llenarme de angustia.

Con tal de oponerse a Chávez se han dedicado a negar los derechos de todos a favor de los privilegios de pocos, han abrazado el racismo, el clasismo y tantos dañinos ismos, han aplaudido golpes de estado, han pedido a gritos invasiones y bloqueos contra su propio país… A falta de causas más justas que defender, marchan a favor del aumento de las matrículas escolares, del derecho a la especulación y a la estafa, alegando que la libertad no es más que el poder escoger entre una dañina variedad de arroces saborizados o, peor aún, que ésta radica en el control remoto de un televisor.

Así, mientras intentamos construir un país justo libre y soberano, ellos hablan de dictadura, exigiendo a voz en cuello sus privilegios huecos y ejerciendo libremente su derecho a la estupidez.



martes, 5 de enero de 2010

Malls de libertad.






Cunde el pánico entre mis queridos opositores, crean desesperados grupos de choque en Twitter y Facebook, y no es para menos. Imagina que de un día para otro un decreto cambie tu modo de vida. Imagina tener que replantear toda tu existencia. Imagina no saber dónde meter a sus hijos adolescentes, cada día, después de las nueve de la noche, imagínalos en tu casas, ahí sentados en el sofá, queriendo ver televisión, o peor, queriendo conversar contigo.

El modo de vida de mucha gente se ha visto afectado con el ajuste de horarios de los centros comerciales -¡Perdón!- malls. Y es que los malls se han convertido en una especie micromundos sintéticos donde buena parte de nuestra sociedad nace, crece, se reproduce y muere.

Porque todo está en el mall: el gym, para estar en forma, el kiddie park, para que el niño no joda, las amigas, el cafecito, la última moda, árboles artificiales, clima perfecto, espacio libre de humo, Mc Donalds para los chamos, salad bar para nosotras, tiendas, tiendas y más tiendas, telecajeros everywhere, cines, bares, discotecas. Diversión para toda la familia, pero eso sí, cada uno por su lado. ¡Yujuuuuu!

Todo eso ha sido profundamente alterado de un zarpazo. A partir del 2 de enero los malls abrirán una hora más tarde y cerrarán a las 9 pm, lo que significa que sólo estarán abiertos al público desesperado durante diez horas al día. Se podrán imaginar las nefastas consecuencias de tan irresponsable y totalitaria decisión.

Según nos explican los expertos analistas, siempre prestos a explicar los atropellos del rrrrrégimen, los efectos de esta medida dejarán cicatrices imborrables en nuestra sociedad (de consumo). Las principales víctimas, al parecer, serán nuestros jóvenes que deberán buscar alternativas de ocio diferentes a ver vitrinas y deambular por los pasillos sorbiendo Coca Cola. Según explica al El Nacional el profesor universitario y sociólogo Amalio Belmonte Guzmán “Al ser expulsados de los malls a las 9:00 pm, buscarán otros espacios públicos en los que gozarán de menos seguridad”. Supongo que será porque el sindicato de malandros acordó no asaltar a los jóvenes eran ‘‘expulsados’’ del mall después de las 11:00 pm. Las afirmaciones de este profesor me dejan la certeza de que no hay sitio más seguro que un centro comercial. Que no hay lugar más adecuado para depositar a tus hijos que uno de esos hermosos templos del consumo y la vaciedad. Que, después de las 9 pm, no hay alternativas para los muchachos venezolanos, que no hay caimaneras del fútbol que montar, ni juegos de pelota, ni libros que leer… que no hay casas a donde ir, no hay familia con quien compartir, que la casa es el mall y los amigos son los robóticamente amables dependientes de Mc Donalds.

Siguiendo la lógica del profesor Belmonte Guzmán me atrevo a proyectar otros nefastos efectos del shock post cierre del mall: Aumentará el consumo del cigarrillo porque en el mall no se puede fumar pero en el mundo exterior sí. Aumentarán los embarazos en adolescentes al verse estas forzadas a buscar otras alternativas de diversión. Las tasas de accidentes viales se dispararán debido al inmenso números de vehículos que no podrá permanecer estacionados en los segurísimos parkings después de la hora de cierre obligado.

Y no vamos a profundizar en el caos macroeconómico que esto acarreará pero, por encimita, les aviso que ya han advertido lo expertos que el desplome de la economía nacional es inminente, pues los efectos de esta medida arbitraria harán palidecer a las pérdidas que ocasionó el paro petrolero ¿Se acuerdan de aquel paro durante el cual, entre otras cosas, cerraron a juro todos los centros comerciales en nombre de la libertad?¿Se acuerdan cómo lo aplaudieron? Qué cosas ¿no?.

Esta será, pues, otra de las pruebas de fuego a las que se verán sometidos los ciudadanos decentes y pensantes del país, quienes tendrán que sobrevivir, lejos de las vitrinas, a la obligatoria cercanía de padres, hermanos, hijos, esposos, hasta el día siguiente cuando el mall vuelva a abrir las puertas a la libertad.