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sábado, 26 de septiembre de 2009

Una merienda de negros y otras linduras.





El delirio opositor deriva en las más indeseables conductas. He visto a alguna señora exigir su derecho ser estafada rompiendo las bolsas de arroz que el gobierno trataba de vender a un precio justo, he visto a muchachas superfashion agarrándose la totona en plena calle a modo de reclamo a las fuerzas de seguridad por no dejarlas marchar más allá de donde su manifestación había sido permisada, he visto multitudes considerables aplaudir a un candidato que no ha podido hilar dos frases, mas allá de un canto de ballena, lo largo de un largo discurso. Tantos años viendo tanta cosas, y cuando pienso que ya no me pueden sorprender, se superan y me sorprenden hasta las nauseas.

Esta semana, por motivo de la Cumbre de América del Sur-Africa, se han esmerado mis opositores en sacar a relucir el más asqueroso racismo: ‘’La merienda de negros’’ revivió chistes raciales olvidados por viejos y malos . La imagen del negrito moribundo, cubierto de moscas mejor alimentadas que él, en lugar de conmoverlos y llamarlos a la reflexión, sustenta su tesis de que los negros, por inferiores, son incapaces de dirigir sus destinos, ‘’porque si te fijas el país más pobre de América es Haití. -¡Qué casualidad!-’’.

Se preguntaba, muerta de risa, la conductora de un programa radial ¿Qué nos pueden enseñar los africanos? ‘’Porque los único que sabe hacer esa gente es comer tortas de tierra y llevar sol parejo’’ No supe qué más no sabía esa mujer sobre Africa porque tuve la urgente necesidad de cambiar de estación.

El racismo lo habían practicado con un pudor cobarde, pero ahora, nuestros opositores, empeñados en su ‘’no es no’’ hasta las últimas consecuencias, no sienten la más mínima vergüenza de mostrar al mundo, además de su siempre profunda ignorancia, un horrendo déficit de humanidad.

Es curioso ver los rasgos de quienes, con más énfasis, expresan su asco por los hermanos africanos: Narices perfiladas a punta de bisturí, pelos alisados con productos que penetran hasta las neuronas para convencerlas de que ¿Negra yo? ¡Jamás!

Ciegos en su soberbia no se dan cuenta de que sus actos los embarran, que sus burlas se les devuelven y se les estrellan en la cara, que ya nadie se ríe con ellos, que ya nadie se ríe, que hasta ayer podía que dieran risa la señora rompiendo el saquito de arroz, la pava de la totona, las peras al horno, y toda la colección de idioteces que con esmero cultivan y cosechan… hasta ayer, porque hoy esa gente sólo da vergüenza.




sábado, 19 de septiembre de 2009

No a una madre.






Uno de los principales problemas de la oposición es el abismo que hay entre lo que se supone deben hacer para lograr su objetivo -¡Fuera Chávez!- y su disposición a hacer lo que se supone que deben hacer.

Pongamos un ejemplo fresquito: el regreso a clases.

Se suponía que el regreso a clases debía estar teñido de confrontación y desacato. Se suponía que las madres, siempre protectoras, se plantarían en los colegios de sus niños, no en la puerta, no; pupitre adentro, allí, vigilantes, compartiendo sillita con sus pequeños, listas para saltar al cuello de la maestra ante el más mínimo intento de cubanización de sus inocentes angelitos.

Se suponía que toda madre que se preciara de serlo debía ‘‘activarse’’. Y se activaron obedientes, al menos lo hicieron vía Twitter y Facebook; era tan fácil con sus Blackberries. Se suponía que repartirían panfletos desinformativos en las puertas de los colegios, y, de ser necesario, repartirían bofetadas también.

¡Con mis hijos no te metas! -clamaron- y con sus hijos se metieron. Tanto que ahora pretenden enseñarlos a amar a su país sobre todas las cosas y, para colmo, a amar al prójimo como a si mismos. Tanto que sacaron de las aulas al mismísimo Dios Padre Todopoderoso, ese que es omnipresente, lo que genera un nuevo misterio tan complejo como el de la Santísima Trinidad, ya que es tan imposible entender cómo es que se pudo sacar de un salón a alguien que está en todas partes, como que ese alguien sea tres personas en una y que, de paso, una de esas tres personas sea una paloma.

Se suponía que había que jugarse el todo por el todo, que había llegado la hora cero, que esta vez sí iba a caer el innombrable que brota de sus labios cada segundo. Se suponía que así sería porque, según les dijeron en Globovisión expertos educadores, políticos, cardenales y todo aquel que quisiera meter su cucharadita de hiel, esta ley era la gota que derramó un vaso colmado de atropellos contra nuestra moribunda democracia.

Se suponían tantas abominaciones que no quedaba más camino que exigirle a las madres el sacrificio máximo: soportar a los mocosos más allá de los agónicos meses de julio y agosto. Renunciar al septiembre liberador con su tan anhelada vuelta al cole, su vuelta al cafecito con las amigas, su vuelta a las vueltas por el San Ignacio para matar el tiempo…

Una madre es una madre, sí, pero también es un ser humano. No se les puede exigir tanto, pobrecitas, y esperar que cumplan. ¡No es no!





sábado, 12 de septiembre de 2009

Se solicita oposición con moto propia.







Voy a hacer un llamado desde lo más profundo de mi corazón y en nombre de todos mis amigos y ex amigos opositores. En nombre de miles de compatriotas trabajadores, buenos hijos, buenos padres, buenas personas, que se ven en la innecesaria necesidad de cometer, a diario, actos que rayan en la locura.

Amigas que besan amorosamente a sus maridos antes de que ellos, orgullosos, salgan a la calle vistiendo una camisa que dice: ‘‘Nixon Moreno soy yo’’. Doctores suma cum laude aplaudiendo a rabiar a un candidato que afirma que un siglo son casi cien años. Ex estudiantes ayer reprimidos por la policía del mismo alcalde que hoy defienden a capa y espada. Amigos que se definen como ‘’la gente pensante de este país’‘, a la vez que abrevian su capacidad de pensar a un prefabricado e insustancial ‘’No es no’’ como único argumento político.

Abuelas amorosas aplaudiendo golpes de estado, mamás arrullando a sus temblorosos niños al son de Aló Ciudadano. Amigas que en nombre de la libertad, la democracia y la pluralidad de pensamiento, te quitan el saludo porque no piensas como ellas.

Todos ellos dispuestos a dar la pelea hasta que la pelea se pone color de hormiga. Entonces corren a sus casas a ver Tom y Jerry, mientras imploran a la Virgen Dorada de Altamira que le ‘‘abra los ojos’’ al pueblo, para que salga a defender a muerte su derecho a vivir en el olvido.

Sueñan con el pasado maquillado de futuro. Amnésicos, aclaman a Ledezma como la cara nueva en el panorama político. Irresponsables, apoyan a Ricardo Sánchez, el eterno repitiente, como líder de sus estudiantes, y lanzan a sus hijos a la calle, de la mano de personajes con densos prontuarios policiales, a manifestar por el derecho a desconocer la voluntad popular.

Ni hablar de los cotidianos delitos de traición a la patria que, en sus mentes confundidas, no son más que valientes actos de patriotismo.

Por esto y en nombre de miles de personas huérfanas de ideas, solicito con urgencia una oposición responsable, con moto propia, ideas coherentes, argumentos sólidos, que entienda y defienda el hecho de que Venezuela no está en venta.

Favor abstenerse si carece de un proyecto político para cuya aplicación no se tenga que recurrir a la defensa de lo indefendible.

Interesados presentarse ya, preferiblemente, en el este de Caracas. Venezuela se los agradecerá.




sábado, 5 de septiembre de 2009

De funcionarios que no funcionan.





Ultimamente he venido pensando que debe ser dificilísimo ser funcionario público. Incluso he llegado a pensar que les encargan tareas sobrehumanas sin tener en cuenta que los pobrecitos no son más que personas de carne y hueso, como tu y como yo.

Porque no me van a negar que sonreír y dar los buenos días requiere de un esfuerzo hercúleo; y qué decir de levantar la vista del escritorio lleno de papeles sin destinatario y mirar a la cara de quien está solicitando, digamos que, una información en una ventanilla identificada -¡Oh cruel casualidad!-, con un cartel que dice ‘‘Información’’.

Si ya es difícil informar con amabilidad -o sin ella-, imaginen por un momento tener un cargo de mayor responsabilidad como la gerencia de esa misma oficina donde la informadora ni sonríe ni informa. Debe ser tan difícil que cuando uno ya ha pasado por tres colas en tres taquillas mudas y, al borde de un colapso nervioso, solicita hablar con el ‘‘encargado’’, te miran, -ahí si te miran todos- y con una sonrisa burlona te dicen que el gerente nunca está porque, como siempre, ‘’salió a una reunión con gente del ministerio’’

Y pienso en esos otros pobrecitos y me estremezco de pena. Si la taquilla de información es difícil, imaginen un ministerio llenito de taquillas, de computadoras que manejan los destinos de quienes las operan, de gente que, sin piedad, solicita todo tipo de documentos imposibles de obtener, gente que es incapaz de entender que el funcionario que chatea con sus panas en horario laboral no tiene la culpa de que a usted le haya dado por hacer una gestión.

Claro que nunca falta el funcionario que, carente de espíritu de equipo, se dedica a perturbar la paz haciendo bien las cosas y dejando muy mal parados al resto de sus compañeros. Ya sabemos que hay malucos en todas partes que hacen lo imposible -porque es imposible hacer lo que hacen- por sembrar la duda en el incauto ciudadano, convenientemente resignado ante la imposibilidad de las cosas, para incitarlo a rebelarse contra una burocracia tan sólida que diez años de revolución han podido apenas rozarla por encimita.

Ocupados con las siempre torpes maniobras de la oposición no vemos que la verdadera amenaza está adentro: La burocracia, como una termita voraz, corroe la credibilidad del gobierno y engorda a costa del desencanto colectivo.

A ver si fumigamos.