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lunes, 22 de diciembre de 2008

Yo quiero un libro.




Casi nadie regala libros por navidad. La verdad es que casi nadie regala libros y punto.


Es que hay teléfonos celulares que sirven para todo, hasta para hablar por teléfono. Hay videos juegos que te dejan ser asesino por un rato para luego volver a ser una buena persona como si nada. Hay zapatos perecederos, que si no los regalas hoy, mañana estarán pasados de moda. Hay lentes de sol que cuestan un ojo de la cara. Hay anillos de diamantes para sacarlos de la caja, mirarlos, suspirar y ponerlos de nuevo en su caja a riesgo de que te arranquen el dedo y, de paso, el anillo. Hay relojes carísimos que aunque solo dan la hora, lo hacen con distancia y categoría.

Hay bombones que se comen en ocasiones especiales que nunca parecen llegar…

Hay corbatas para papá, a quien nunca sabemos que darle. Hay perfumes para que mamá huela como señora de al lado.

Hay juguetes que juegan solos mientras los niños los miran queriendo jugar. Hay muñecas con tetas imposibles para futuras adictas a las siliconas. Hay pistolas de colores que disparan con sus balas de goma la horrenda mentira de que las armas pueden ser juguetes inofensivos.

Millones de regalos made in China, originales e imitaciones, hechos para nadie en particular y que todos compran pensando en ‘’ese alguien tan especial’’.

Toneladas de regalos que en pocos meses serán objetos caducos ocupando espacio en las gavetas y en el recuerdo, hasta que se olvidan debajo de otro regalo de otra navidad…

Y hay libros: el regalo más bonito y menos regalado.

Será porque el papel es solo papel. Será porque no tienen diamantes de bisutería incrustados en ninguna parte. Será porque no hay marcas buenas sino buenos autores. Será que se pueden comprar por menos de lo que cuesta un paquetico de chicle bomba. Será que no te lo puedes colgar como un collar para matar de la envidia a todos en una fiesta. Será porque no huelen a rosas de la china con sándalo y cáscara de limón a menos que lo leas. Será porque no pasan de moda y en la moda solo vale lo que, un día cercano, dejará de estar de moda.

Yo no quiero estar a la moda, yo no quiero bisutería, yo no quiero tacones que duelan mientras se marchitan en mis pies, no quiero matar a nadie en una tele pantalla plana. No quiero perfumes que no huelan a mi. No quiero lentes de sol que tapen mis patas de gallo de lectora miope.

Solo quiero un libro de alguien que mientras escribía, aún sin saberlo, estaba pensando en mi.



sábado, 6 de diciembre de 2008

¿Quién le teme al lobo feroz?




En Margarita está sucediendo algo curioso que me llena de expectativas, entusiasmo y esperanza. Después del las elecciones y sus bien sabidos resultados, la gente, militantes y simpatizantes del PSUV, viendo que la directiva regional no daba muestras de vida, conscientes de que éstos evadían abrir un debate sobre el estado de las cosas en nuestra isla, pues, la gente ha hecho lo que tenía que hacer.


Este pueblo que tan instintivamente sabio ha sido y que, desde que mi presi es presi, ha aprendido a aprender, a pensar, a debatir, a rebelarse… Este pueblo que ya no se traga ideas predigeridas de nadie, este pueblo que sabe decirle a nuestro presi que esta equivocado cuando se ha equivocado. Este pueblo está poniendo a temblar a muchos abriendo el debate en las calles, haciendo reuniones en las comunidades, sin intermediarios, sin filtros, sin sordinas, y yo no puedo menos que sentirme contagiada por ese espíritu de lucha.

¿Y es que acaso no nos dicen que la revolución la hace el pueblo? ¿O acaso pretendían, quienes lo pretendían, engatusar a la gente con frases sin intención?

Montados en el lomo de mi presi, cual si él fuera una mula, pretenden cabalgar los revolucionarios de ocasión, personas que encontraron la veta madre para saciar sus ambiciones vistiendo camisas y cachuchas roja y gritando consignas que, de tan manoseadas, ya no nos dicen nada. Gente sin ideas que repiten como loros las palabras que mi presi pronuncia, muchas veces con tino y otras no tanto.

Así se encuentran estos personajes defendiendo un día la ley de inteligencia y contrainteligencia y el otro diciendo que esa ley malvada es inconstitucional, solo porque mi presi tuvo el acierto de corregir a tiempo y no porque ellos se atrevieran a pensarlo por si solitos. Chávez les da voz, porque ellos se la roban, nos la roban y así robando voces, colores e ideas pretenden robarnos hasta el derecho de pensar.

El poder popular con el que se llenan la boca, cuando se materializa les recuerda al lobo feroz. Nada más terrorífico, nada más amenazador. Y, más aún, si ese lobo viene armado con ideas.

La mejor defensa es el ataque, piensan con la falta de originalidad que los caracteriza. Y atacan con argumentos que solo nos aclaran su dudosa posición: Dicen que debatir fuera del seno del partido atenta contra la revolución. Es decir que, para estos revolucionarios de bisutería, las ideas se confinan a un recinto cerrado, a un partido creado para el pueblo y tomado por ellos, en el que, supuestamente, todos tendríamos voz, esto es, todos los que pudieran mantenerse a flote en las aguas enturbiadas por éstos politiqueros de oficio.

Nos encontramos, la gente común y corriente, desplazados por expertos en zancadillas y codazos al hígado, que pretenden hacernos creer que ellos nos representan porque nosotros los elegimos. Se empeñan en ignorar que el PSUV es nuestro como nuestra es la revolución, por lo que califican de intriga política o acto contrarevolucionario a este movimiento popular y espontáneo.

Dicen que debatir divide. Dicen que los trapos sucios se lavan en casa, pero la casa está cerrada y ellos tienen las llaves. Dicen que ponemos en riesgo el referéndum para reelegir a mi presi, pero lo que no dicen que aquí nadie está discutiendo el liderazgo de mi presi, lo que se está discutiendo es nuestro derecho a participar, a debatir, a cuestionar y a ser escuchados.

Y es que si en algo estamos de acuerdo todos es que sin Chávez no hay nada.

Sin Chávez ellos no tendrían a quien robarle las ideas, ni tendrían sus tan amadas parcelitas de poder. Sin Chávez nosotros no tenemos futuro.

La batalla se perfila sabrosa, porque no hay nada más suculento que un enemigo nervioso. No hay nada más rico que un pueblo defendiendo lo suyo a punta de ideas, como nuestro presi nos enseñó.

La mesa está servida en Margarita.

¡Buen provecho!