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domingo, 30 de noviembre de 2008
Palo Verde, Cerro Verde, ni es lo mismo ni se escribe igual.
Publicadas por
Carola
Hablar de la clase media como un todo homogéneo es como pretender hablar de mamíferos como si los elefantes y los perros salchicha fueran una misma cosa. Por eso me preocupó cuando mi presi, el lunes pasado, habló de la derrota de Petare atribuyendo la culpa a esa clase media de Palo Verde, de La Urbina, de La California Norte y Sur, a esos ‘’oligarcas’’ que tienen campos de golf, nanas para sus niños, personal de servicio…
Me preocupó, no porque dijera que ellos votaron como votaron, sino porque se está metiendo a mucha gente muy distinta en un mismo saco. No es lo mismo Palo Verde que Cerro Verde, La Urbina que Urbanización Miranda, La California Norte y Sur no es la California de Hollywood ni mucho menos. Son zonas de clase media, digamos, de medio palo, donde jamás posaría un pié la Kiki Aranguren, con sus ínfulas de clase alta que nunca alcanza pero que con su Toyota y su cartera Tous, como que no se nota, o por lo menos deja bien claro que a los de Palo Verde les falta un buen trecho y bien cuesta arriba para llegar a los Palos Grandes, donde ella ya llegó.
Y es que la clase media es todo lo que no es ni clase baja ni alta y ahí cabe un gentío. Así como la clase baja se subdivide en estratos lo mismo pasa con la media. Podemos decir entonces que la gente de Palo Verde está más cerca de los ranchos de Petare que de los penthouses de sus vecinos de la Urbanización Miranda. La Urbina, La dos Californias, Los Dos Caminos, Los Ruices tampoco son zonas chic. -Según me explica la Kiki, que de eso sabe mucho porque su abuela ‘’viene de abajo’’ aunque a ella eso se le olvidó.
Entonces tenemos gente trabajadora que pasa penurias para llegar a fin de mes, que se les va la vida tratando de no parecer ‘’pueblo’’, adornándose con imitaciones de las imitaciones de lo que ellos creen que usaría la familia de Marifer Popof. Gente que va en camionetica por puesto a falta de camionetota con aire acondicionado. Gente que se beneficia de las medidas del gobierno casi en secreto para ocultar la vergüenza de ser pobres pero no tanto, pero que a la hora de votar las rechazan decididos. Algo está muy mal…
Algo no estamos haciendo bien…
Me voy a atrever a dar un punto de vista de mamá clase media, sin querer sugerir en ningún modo que lo que voy a exponer sea la única causa del voto autocastigo de la gente de Petare, pero si una parte del problema, y si vamos por partes puede que un día logremos zafar el nudo.
El uso de algunos términos, como pequeño burgués y oligarca (temblad), que mucha gente no comprende y que como que prefieren no comprender, y son incapaces de buscar su significado en un diccionario, por no mencionar Wikipedia, porque para eso tendrían que ir a un infocentro y allí corren el riesgo de ser adoctrinados para acabar en las garras de socialismo.
¡Ay! La palabra socialismo. He ahí otro problema, la usamos a cada rato asumiendo que todos entienden de lo que estamos hablando.
Es que crecimos en una semi colonia americana. Desayunábamos arepas y Corn Flakes, acompañados en la tele por superhéroes de comiquita que luchaban por la paz y la justicia contra unos malos que siempre se llamaban Boris y Natasha, Iván o Vladimir, que hablaban todos con un acento made in México que suponíamos era ruso… y de los rusos ya sabíamos todo: Eran comunistas y, por supuesto, el enemigo malvado.
Ahora, cuando somos grandecitos, cuando muchos sueñan el sueño que les enseñaron a soñar en la tele, viene un gobierno que, sin disimulo, nos anuncia que vamos camino al socialismo del siglo XXI y, de paso, llama pequeños burgueses a los soñadores de sueños prefabricados, por lo que estos admiradores de Supermán, no saben si decir gracias, o ‘’la tuya’’, así que prefieren tomarlo como un halago al verse igualados, al menos en palabras, con esa otra clase media que se cree oligarquía, y entre iguales se apoyan, y hacen todo lo que tenga que hacerse para salir del ‘’tirano’’ que busca la igualdad.
Y conste que no estoy diciendo que Chávez inventó la lucha de clases, otro término novedoso y desconocido para muchos, sino que nadie, salvo Chávez, pero ellos no ven el VTV, le explicó a la clase media de Palo Verde que la lucha de clases no es más que el pan vuestro de cada día. Que trabajas todo el día, cada día de la semana, y que tu sueldo no alcanza para comer. Pero tu jefe, que trabaja en un escritorio con aire acondicionado, mientras tu, su secretaria, escribes, atiendes el teléfono, le llevas café, le recuerdas hoy son sus bodas de plata, le mandas un ramo de flores a su esposa y lo firmas por él… Decía, que tu jefe gana tanto, del fruto de tu trabajo, que le alcanza para que sus hijos y sus nietos no tengan que trabajar. ¿Plusvalía? ¿Qué es eso? Mejor no me digas, ¡Fuera, fuera!
Y paralizados por el terror que les inocularon las comiquitas y que es avivado cada día por medios como Globovisión, son incapaces de darse cuenta que cuando se habla de justicia social ellos serán beneficiados, que muchos de ellos tienen algo de socialistas aún cuando no lo sepan, así como tampoco saben que ellos también son pueblo.
Ahora, se puede argumentar que los pobres también vieron comiquitas y es verdad, pero los pobres no se miraron en ellas, mientras la clase media salía en Los Picapiedras cada tarde por Venevisión.
En fin, que tenemos un sector que pudo decidir las elecciones en Miranda, que decidió en contra de si mismo sin saberlo, que es utilizado por la oposición como les da la gana y que nosotros no hemos sabido cómo llegarles.
Necesitamos un enlace, necesitamos un traductor para que ellos entiendan y para poder entenderlos. Son parte del pueblo y necesitan una revolución. El día que les expliquemos de una manera efectiva qué es lo que estamos tratando de lograr, el día que dejemos de meterlos en el mismo saco con quienes los usan, manipulan y explotan, ese día, estoy segura, Palo Verde votará rojo.
¿Cerro Verde? Eso lo dejo para otro día…
martes, 25 de noviembre de 2008
Gritos dactilares.
Publicadas por
Carola
Ya hicimos campaña, ya fuimos disciplinados, ya votamos… Votamos a pesar de haber visto lo que vimos, votamos con la angustia de estar pulsando un ovalito que, aún dándonos una victoria, tal vez nos traería una horrenda derrota... Fuimos buenos soldados...
Mi alma, siempre rebelde, se rebelaba contra aquel ovalito, mi alma siempre cuestionadora se preguntaba si lo que hacía era correcto, pero mi dedo, con el alma en la mano, pulsó y votó mientras mi corazón se arrugaba por la certidumbre de que si no era ese era el otro que, al fin y al cabo, me parecían lo mismo.
Fui un buen soldado…
Otros dedos no asistieron a la pulsadera de ovalitos, otros dedos fueron y no pulsaron nada, otros dedos querían ser bocas que gritaran que algo está muy mal y quisieron ser escuchados. Sus gritos fueron el silencio, sus gritos fueron dedos que castigaban y se castigaban pulsando el ovalito enemigo.
¿Fueron buenos soldados?
No soy yo quien pueda decirlo, yo soy un soldado que siempre pensó que solo era una mamá y de estas cosas no sé mucho. Pero lo que si sé es mucha gente quería decir algo y solo supieron hacerlo no votando o, peor aún, votando contra si mismos.
Y mis dedos siguen tecleando este texto tan dactilar a ver si logro sacar algo de tan complejo asunto. ¿Cómo es que un sifrino que se depila las cejas acaba ganando en el municipio Sucre?¿Por qué perdió Aristóbulo, ese que sacó más votos que nadie en nuestro partido, frente a un sujeto que hace pocos días suplicaba respeto de parte de sus secuaces opositores?
¿Por qué esta vez, al ir a votar, no iba contenta como suelo hacerlo sino llena de dudas y angustia? ¿Por qué tantos votamos mirando para otro ladito como para no ver lo que hacíamos?
Si ayer miramos para otro lado ahora debemos ver hacia adentro. Ya no vale echarle la culpa a la oposición ni a los gringos de nuestros propios errores. Algo no va bien y hace rato lo que venimos notando.
Y es que cuando un amigo opositor nos echa en cara que Fulano es un corrupto y que el banco que preside, banco socialista de todos los venezolanos, hace lo que le da la gana, y lo que le da la gana no tiene nada que ver con lo que dice mi presi, y yo tengo que callarme porque es verdad lo que cuenta mi amigo... Es que cuando se roban un dineral en un Mercal y nadie cae preso porque muchos callan para que nadie caiga preso… es que cuando un diputado me dice en mi cara que basta con dar comida a la gente sin tomar en cuenta su dignidad y, para colmo de males, no solo lo dijo en mi cara sino en mi programa de radio, es decir, en la cara de todos los que nos quisieron escuchar… Estas, entre muchas cosas, me dicen que algo está muy mal.
Y la gente en la calle se agobia de verlos, la gente ve como prosperan, cómo se transforman, cómo el agua potable no es suficiente para quitarles una sed tan refinada que solo que sacia con Evian o Perrier. La gente mira como empujan, como desplazan o invisibilizan a quienes si trabajan, a quienes luchan, a quienes creen que ésta revolución es posible. Y es que la gente no es gafa…
Revisión dijo mi presi hace casi un año. ¡Revisión! -gritamos todos los que votamos como buenos soldados, los que votaron como pudieron y los que no lo hicieron.
Revisión, rectificación (¡urgente!) y reimpluso.
Habrá muchas lecturas a los resultados de estas elecciones, pero si no leen esta que mis dedos están tecleando a gritos, pues, no creo que vayamos a ningún lado, al menos no al lado al que la mayoría queremos ir.
sábado, 8 de noviembre de 2008
Black is black.
Publicadas por
Carola
Alerta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.
Hoy mi inmaculada piel de porcelana, aquella que despertaba admiración y envidias, esa piel genéticamente pura, heredera de la más altiva nobleza, mi piel blanca perlada presenta hoy los síntomas ineludibles de la más profunda indignación: ¡Arrugas!
Es que no hay botox ni cirugía posible para combatir los estragos de la amargura. Yo, que siempre lo tuve todo, y si no lo tenía lo arrebataba. Yo, con esta clase que ni se compra ni se vende. Yo, que al perder el poder en este paisito bananero me refugié en mi green card y desde allí, con mi NED, mi USAID, con mi Georgy y mis halcones, dediqué mis mejores años a la lucha por recuperar aquello que nos fue arrebatado.
Yo, ahora frente a ti, espejito de la pared, me pregunto: ¿Cómo es posible que haya ganado el negro? ¿Por qué se equivocaron los que votaron por él? o pero aún ¿Tendrá algo que ver con este desastre el satélite narco-castro-maletín-comunista-chino lanzado, convenientemente, escasos días antes de la elección?
Satélite o no, las consecuencias de los errores de otros las termina pagando mi cutis y el cirujano lo termino pagando yo.
Yo, que apoyé a McCain y a la Palin. Yo, que recurriendo a mis mejores recursos defendí lo indefendible: el copete anacrónico y petrificado de laca de esa campuruza traída del fin del mundo. Yo, que imité su peinado y su estilo para que todas creyeran que aquello era chic. Yo, que arrastré mi glamour por el suelo para que estos votantes vengan ahora y hagan lo que les da la gana.
¡Que muera el voto popular!
Y es que está probado y comprobado que el voto solo sirve para que la gente decente tenga que asumir los errores del pueblo. Primero fue en mi propio patio: 10 años de errores indignantes llevo sobre mi delicada espalda. Luego en aquel país que poco me importaba hasta que llegó el indio ese. Después Correa, Chicago boy de pacotilla, que por muy clarito que tenga los ojos, se le nota lo autóctono. Y Cristina, tan chic, tan botox y tan traidora a su clase, prefirió besar el suelo que pisa el zambo a tomar el té en Nariño.
Como una gangrena se propagan esta serie de errores populares hasta llegar al mismísimo corazón de mi corazón: La Casa Blanca, que desde enero se llamará La Casa Negra, supongo.
Mis ojos de esmeralda se ensombrecieron al ver cómo en Chicago una multitud impúdicamente multirracial celebraba la debacle del orden y la decencia. La elegancia de McCain quedó en un segundo plano gracias al vestido rojo y negro, véase bien los colores. ¡RO-JO Y NE-GRO! que escogió, con pésimo gusto y toda la mala intensión, la nueva primera dama, que por cierto, seguramente pasará todo el periodo presidencial luchando por no ser confundida con la servidumbre. Ese será su justo castigo.
Y a las niñas bien que lloraban de felicidad en Chicago, a todos aquellos que, traicionando la moral y las buenas costumbres, cedieron el poder a un negro llamado Hussein, a ellos debemos agradecerles, desde este oprimido pedacito de su patio trasero, la postergación, al menos por cuatro años más, de la tan anhelada llegada de la IV Flota, y recuperación de la dignidad de esta tierra por la que hemos estado trabajando con ahínco la gente decente de este país.
Mi único consuelo en estos días desconsolados, es que sé, porque ya lo viví, que su alegría se tornará en angustia, que su esperanza en indignación, tal como sucedió con todos aquellos que hace diez años, ignorando el sentido común, votaron por un zambo y ya saben lo que les pasó.
Sus arrugas serán mi mayor venganza.
Atentamente,
Marifer Popof
Presidenta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.