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sábado, 31 de mayo de 2008

De divos, cotorras, golpe, polo y galerón.





Cuando mi presi propuso el sistema de inscripción y escogencia de candidatos, insisto, metió el dedo en tantos ojos... Esto trajo como consecuencia una caída masiva de caretas y un hedor a ‘’con mi cambur no te metas’’ que si no fuera tan cómico podía haber sido insoportable.

Ayer asistí a un debate entre candidatos en Pampatar, era el último de la campaña, por lo que imaginé que sería definitivo. Pues bien, para mi lo fue. Pero empecemos desde la mañana:

Sintonicé la radio temprano para escuchar los programas y tomar un poco la temperatura del asunto electoral interno. Pues me quemé, como habría de hacerlo durante el resto del día. Desde hace un tiempo las posiciones de quienes moderan los programas y sus invitados, y me incluyo en este ultimo grupo, estaban claras. Lo que no estaba claro era el tono y los niveles de desesperación al los que se iba a llegar.

Las reglas del juego se hicieron para incumplirlas, la ética se quedó en algún cajón quien sabe dónde, el llamado de unidad fue aplastado por un alarido a favor de la polarización.

Hubo personas que desde el comienzo decidieron que solo competían dos pre-candidatos y, tomándose atribuciones de árbitros supremos que nadie les dio, descalificaron al resto de los participante en el nombre del ‘’bien de todos’’.

Había un ‘’enemigo’’ a derrotar, eso estaba claro, así que estas personas escogieron a un paladín justiciero, con armadura roja rojita importada directamente de Caracas como el único ser capaz de derrotarlo.

Según los escuderos del Caballero Rojo, su armadura había sido bendita por el mismísimo líder de la revolución, habían oído con sus propias orejas, esas que la tierra se ha de tragar, que el mismito Hugo lo había señalado, con llamadas a celular, con mensajes escondidos en sus discursos, porque mientras el pueblo escuchaba que mi presi no tenía candidatos, que su dedo no iba a escoger, que ni el que llegue primero será necesariamente el ganador, que el ganador será el pueblo, los expertos escuderos del Caballero Rojo, aseguraban que sus druidas, habían descifrado frases codificadas, claves secretas, con las que nuestro presi trataba de guiarnos de manera subliminal, porque al fin y al cabo, según estas personas, el pueblo es bruto y debe ser guiado de la mano, mi presi es un hipócrita y dice una cosa pero hace otra, en fin, que las elecciones son un circo porque ya Miraflores habló y que Chávez es el embustero que dicen los de la oposición.

La temperatura subía en la medida en que pasaba el día, supongo que sería porque no estaban tan convencidos de que su candidato era el dueño del dedo de Chávez, así que tuvieron que optar por el ‘’Plan D’’, si, con D de desesperación.

Una cotorras margariteñas, siempre parlanchinas, aletearon con furia por las ondas radioeléctricas acusando a un pre-candidato, uno de los que ni es el Caballero Rojo ni el malvado enemigo, decía, lo acusaron, horror de los horrores, de tener un cuñado en la oposición, y no solo eso queridos ‘’escuchas’’ también su suegro es escuálido y la esposa de su amigo que era escuálida y ya no lo es, pero según las expertas aves parlanchinas, el que nace barrigón ni que lo fajen chiquito.

Esa conducta tan cargada de ética revolucionaria llamó mi atención y me hizo formularme algunas preguntas: Si mis primos, tíos, cuñados, amigos que ya no me hablan, amigos que me hablan a pesar de mi posición política, mis vecinos, los papás de los amigos de mi hija... si ellos son opositores ¿eso me descalifica como buena revolucionaria? De ser ese el parámetro ¿Cuantos revolucionarios verdaderos hay?

Es que no conozco a ningún chavista, por muy famoso que sea, que no tenga un pariente opositor. Incluso conozco matrimonios ‘’mixtos’’ que han logrado sobrellevar el asunto político en paz en esa la cierta armonía, siempre accidentada, que permite la convivencia conyugal.

El aleteo desesperado de aquellas coloridas aves les tumbó las caretas a muchos, y es que la ética es una parte esencial de un revolucionario. La ética, el respeto, la dignidad, que se hicieron añicos en medio de aquel revoloteo y que solo logró poner en evidencia el color de sus plumajes.

Por otra parte, ‘’el enemigo’’ y el Caballero Rojo, se autodesignaron como Divos de la campaña. No llegaban a los encuentros solitos, venían escoltados por autobuses llenitos de gente, dotados con banderas, pitos, franelas, y todo tipo de vistosa parafernalia que de no ser tan roja, habría pensado que era blanca.

Ayer, mientras el pueblo convocado a las cuatro, los esperaba desde la cuatro en el anfiteatro de Pampatar, un divo estaba en la radio hablándole a las masas, porque son más las masas que los que fuimos a escucharlo a pleno sol, y el otro estaba quien sabe dónde, esperando no llegar primero que el divo radial. Así comenzó una especie de pulso del que, nosotros, achicharrados a pleno sol insular, no teníamos ni idea.

La tarde se animó con galerones, la gente bailó, los pre-candidatos de a pie llegaron a pie y aprovecharon la ausencia de los divos para hablar con la gente, para escucharlos también.

Yo me tuve que ir a las siete, inocente de que los divos no cedían en su puja. A las nueve me enteré que ninguno de los dos llegó, que ambos conservaron su orgullo intacto, a costa de embarcar a toda la gente que los esperaba en Pampatar.

Eso si, algunos de sus autobuses de avanzada llegaron, sus seguidores se achicharraron con nosotros mientras repartían panfletos con las ideas que fuimos a escuchar y que ahora debíamos conformarnos con leer. ¡Gracias a mi presi por la misión Robinson!

Y así llega el domingo y tenemos que votar. Cada quien lo hará por el candidato que represente a sus intereses. Mi interés y el de gran parte del pueblo, no es otro que el avance de esta revolución, la que plantea mi presi, la que sabotean aquellos que se visten de rojo y creen que el tufillo a cuarta república se saca con jabón.

Gane quien gane, creo que vamos depurando, las caretas cayeron lo que nos permitió ver las caras tal como son. Si gana uno de los divos, tendrá que soportar al pueblo respirándole en la nuca, midiendo cada uno de sus pasos. Si gana un revolucionario de esos que, como la mayoría, tiene un pariente opositor, tendrá la oportunidad de demostrar junto con su pueblo, que si, que la revolución avanza muy a pesar de las zancadillas que nos metan los disfrazados.

Y es que todavía existe gente que no entiende que ya no hay vuelta atrás. Pues tendrán que entender...




domingo, 25 de mayo de 2008

La pregunta de las cien mil lochas (fuertes).




Cuando mi presi dio la pauta para la selección de candidatos que nos representarán en próximas elecciones regionales, no solo abrió la posibilidad, tan deseada por él y por su pueblo, de que todos pudiéramos participar, sino que metió el dedo en unos cuantos ojos que ya se veían sentadotes en su silla de gobernador.


Todos se pueden postular como pre-candidatos y muchos lo hicieron, desde los chavistas que salen en la tele a cada rato, los que tienen a su cargo instituciones del estado, los que se han sentado en la mesa con mi presi, y los que solo en su casa los conocemos.

Y una mamá como yo se sienta a ver lo que va pasando, observa reacciones, va mirando que algunos revolucionarios como que ya no le parecen tanto, va viendo esta mamá que escribe, y va comprendiendo que no es fácil ser revolucionario, al menos para quienes dicen serlo sin pensar en lo que ello implica.

Un revolucionario no juega al ajedrez político para desplazar a un candidato de su mismo bando. Tampoco manda mensajitos de texto diciendo que la orden viene de Caracas y que la orden es que votes por Fulano. No engaña a la gente jurándoles que su candidato se retiró de la contienda, así que vota por mi que yo soy buena también. Ni mucho menos hace alianzas con personajes expulsados del partido que, cegados por el hambre de poder, se sacaron la careta antes de tiempo. Un revolucionario no antepone sus intereses personales a los intereses del pueblo.

En fin, que un revolucionario no es tramposo.

Los tramposos, como contrarrevolucionarios que son, subestiman la capacidad del pueblo, juegan a ser chavistas mientras se portan como los adecos que no ha podido dejar de ser. Y como no somos gafos, los olemos a distancia, los dejamos hacer sus marramucias mientras nos hacemos los pendejos, porque nos creen pendejos, porque no se ha parado en cualquier esquina a escuchar los que decimos.

Ya movieron sus fichas, ya los vimos moverlas, ya llegará el día que no votaremos por ellos. La revolución se va depurando y estos verán si se montan, se encaraman o saltan la talanquera.

Yo solo espero que cuando lleguen a Caracas las listas de los tres más votados, se pregunten los directores del partido ¿Qué habrá hecho este muchacho que casi no conocemos, para llegar hasta aquí junto con estos gigantes poderosos?

Esa es la pregunta que todos deseamos que no se dejen de hacer. Si indagan, señoras y señores, encontrarán la respuesta a la pregunta de las cien mil lochas (fuertes).




domingo, 11 de mayo de 2008

¿Terrorismo o piedras en el zapato?




Si quiere estar a la ultima moda, si quiere ser parte de ese grupo exclusivo que viaja a Disney en lugar de pasar largas vacaciones en Guantánamo, incorpore en su vocabulario la palabra terrorista y úsela a diestra y siniestra cada vez que sienta que sus privilegios están siendo amenazados.


En este mundo tan cambiante hasta la palabras deben ajustar su significado según las nuevas situaciones que se vayan presentando. Si en un comienzo el terrorismo se definió como una sucesión de actos violentos ejecutados de manera premeditada para inducir el terror en la población civil, hoy nos encontramos con que estos actos violentos se han usado tanto que, por cotidianos, acabaron siendo incorporados y aceptados como métodos legítimos para preservar el orden mundial.

Dado que el orden mundial es un absoluto desorden, los pueblos que ha sufrido los estragos de este terrorismo institucionalizado, se están rebelando y hay que hacer algo para detenerlos en seco. Ya lo sé -dijo un maestro del cinismo- los acusaremos de ser terroristas, nada más terrorífico que eso, si lo sabremos nosotros…

¡Terrific Georgie, eres un genio! -dijeron sus amigotes- Si necesitas que encontremos armas de destrucción masivas en sitios donde no las hay tenemos satélites que pueden hacerlo. Si necesitas un computador a prueba de bombas, que se enchufe en cualquier bejuco de la selva, que pertenezca a un idiota que no sabe que existen sistemas para encriptar datos, que el idiota guarde en él documentos sensibles junto con las fotos de su perro, nosotros te la encontramos. Adelante Georgie, que en nuestro patio trasero hay muchas piedritas que insisten en meterse en nuestros zapatos.

Es así como todo aquel que decida rebelarse y defender sus derechos se convierte, como por arte de magia, en un terrorista. Por eso les aconsejo: Estén alertas, porque mañana su empleada domestica puede querer que le pague usted el sueldo mínimo que establece la ley, no dude en acusarla de terrorista. Si un cliente se niega a pagar sobreprecio por un pollo y lo amenaza con llamar al INDECU, acúselo usted, honesto comerciante, y hágalo a gritos para que todos se enteren. Si su esposa le reclama por llegar a ‘’estas horas’’ apestando a pachulí, ¡Terrorista! debe ser la única palabra que salga de su recién besuqueada boca.

Ya lo sabe, terrorista, según definición de quienes ha hecho del terror un modo de vida, es todo aquel que pretenda que se le respeten sus derechos. Uselo a su favor.



sábado, 10 de mayo de 2008

¿La generación odio?




Hay un asunto que me ha estado revoloteando en la cabeza desde hace algún tiempo. Es un asunto muy delicado debido a que tiene que ver con nuestros niños. Quisiera abordarlo sin parecer una mamá de esas que se la pasan diciéndole a las demás como deben criar a sus hijos. Pero considero que este tema es tan importante que si terminara pareciendo una mamá metiche, pues será que lo soy.


Yo fui una niña que creció en una familia de clase media alta en la década de los setenta. Nosotros, los niños de mi generación, crecimos dentro de unas burbujas que nuestros padres construyeron para que fuéramos niños felices dentro de nuestro mundo de casas amuralladas con jardines llenos de flores, juguetes y columpios, donde lo había espacio para la realidad y esas cosas feas.

Si lo hacían por nuestro bien o por el suyo propio no es algo que yo pueda juzgar, pero la mayoría de los niños que vivieron una vida solo para socios, se convirtieron en padres y madres que hoy no son capaces de comprender lo que está pasando en nuestro país.

De repente, ya rayando los cuarenta, con dos o tres hijos a cuestas, una carrera ‘’exitosa’’, un futuro amurallado, ahora con rejas electrificadas, así de cómodos estaban cuando descubrieron que había otra gente, mucha gente, con quienes tenían que compartir el país que creían que de ellos solitos.

Los niños malcriados crecen y se convierten en adultos ídem.

Estos niños de ayer están criando niños hoy. Pequeños que, al contrario que sus padres, no viven en burbujas de florecitas y cositas lindas, las de ellos además ser ajenas a la realidad, están saturadas del odio que se destila en sus casas contra todo lo que les huela a pueblo.

Niños de ocho años que dibujan en el colegio a Chávez con cachos de diablo, tirado en suelo, bañado en sangre… no un solo niño, no, muchos lo hacen cada día en el salón de mi hija, incluso como ilustración de la tarjeta del día de la madre. ¿Qué siente una mamá que recibe una tarjeta así de violenta?

Conozco casos de niños que han tenido que ser tratados por psicólogos porque sufrían crisis nerviosas con solo ver a Chávez en la televisión. Mis vecinitos saltan como resortes ante la simple mención de mi apellido diciendo automáticamente: Chávez es malo.

‘’Los pobres son cochinos’’

‘’Carola, ¿tu eres pobre? Porque si eres chavista eres pobre’’

‘’Querido Santa Claus: tráeme muchos juguetes y que se vaya Chávez’’.

‘’Mis primos viven en Miami, que suerte tienen’’

‘’Los pobres son malos’’

‘’Los pobres son feos’’

Son alguna de las cosas que he escuchado de las boquitas de mis amiguitos.

Y yo me pregunto: Si de sus padres que, como dije, crecieron en la más absoluta apatía ha aflorado este odio feroz del cual somos blanco quienes no pensamos como ellos, ¿Que va a ser de estos niños?

Solo hay que escuchar el discurso de Yon Goicoechea, ver las caras de sus amiguitos manos blancas recién salidos del cascarón, para tener un adelanto light de lo que será, lamentablemente, la generación del odio.




domingo, 4 de mayo de 2008

La única verdad es la realidad, mi querido Watson.




Las mentiras son malas, eso aprendimos de pequeños. Una mentira lleva a mentir cada vez más para sostenerla, y entre embustes y embustes se acaba por no saber donde está la verdad. Tanto el mentiroso como su audiencia se pierden en una maraña de palabras, imágenes e ideas que acaban transformando su percepción de la realidad.


Hablar de la verdad en general es meterse en aguas muy profundas. Pero hablar de hechos concretos que conforman nuestra realidad, mojarnos lo tobillos en las cálidas aguas de la cotidianeidad para tratar de desenmarañar este nudo de mentiras en las que nos han enredado, puede que valga la pena.

Pero es aquí cuando esta escritora se enfrenta con un problema terrible: Buscando esa verdad cotidiana me encuentro con que hay verdades de verdades. La gente habla de la verdad en posesivo como si esto le diera más validez a lo que quieren demostrar. Tenemos mi verdad, tu verdad, verdades relativas sujetas a tiempo y lugar. Lo que fue verdad ayer y era conveniente que lo fuera, tal vez hoy sea refutada con furia porque ya no conviene que sea.

Ayer Carlos Andrés era un ladrón, hoy es un héroe en el exilio. Ayer los niños pobres comían perrarina hasta que ésta se hizo tan cara que sabe Dios que comieron después, pero como yo no lo vi, eso no pasó, y no vieron a los estudiantes muertos, a los viejitos apaleados por la policía por osar a reclamar su pensión, no vieron la injusticia, no vieron la desesperanza y si la vieron les conviene olvidar.

Se hace necesario ignorar los hechos para no perturbar ‘’tu verdad’’. Inventar, reescribir, acomodar… mentir.

Dijo Juan Domingo Perón que la única verdad es la realidad y esto resulta muy sencillo por complicado que parezca. La realidad es una, aún cuando la percepción de la misma no lo sea. Quien pretende ignorarla acaba tropezando con ella y por más que quiera negarla, la realidad se impone.

Eso fue lo que les pasó el 11 de abril de 2002 cuando salieron con sus banderas a defender la mentira y se toparon con un pueblo que les mostró la realidad. Yo me pregunto: ¿Por qué si ellos defendían la verdad, no salieron y se enfrentaron al pueblo? ¿Por qué corrieron y se encerraron en sus casas? ¿Por qué no cuestionaron el hecho de que sus canales de televisión, en lugar de informarlos, les regalaron comiquitas de Tom y Jerry?

Lo mismo les pasó en el referéndum del 2004, con sus millones de firmas, con sus multitudes hartas de la tiranía. Y el grito de frrrrraude de la coordinadora democrática, y las pruebas que nunca llegaron. Frrrrraude gritaron ellos sin exigir a sus líderes que entregaran las pruebas que les darían la razón. Y les volvió a pasar en las elecciones del 2006.

Pero algo pasó en el 2007 que hace que me pregunte si en verdad ellos se creen las mentiras que les dicen o es que voluntariamente participan de ellas.

Resulta que ganaron, por una mínima diferencia, pero ganaron. A pesar de que juraban que sería una victoria abrumadora, ellos no se lo terminaban de creer. No tenían planeada una celebración para su primera victoria en nueve años. Por pequeña que fuera la diferencia, ganaron, peor aún, según ellos, detuvieron el amenazador avance del comunismo, pero sospechosamente no pudieron celebrar.

La realidad los desenmascara, los convierte en cómplices por lo que, ante mis ojos, dejan de ser víctimas inocentes de la manipulación mediática, en el mejor de los casos son víctimas voluntarias porque les conviene creer, necesitan hacerlo.

Así, creyendo lo que les conviene, defenderán las causas más innobles son sus caritas de yo no fui, de patriotas conscientes, de gente de bien. Seguirán negando a su pueblo, porque ese pueblo representa a la realidad que los abofetea cada día, por mucho que pretendan ignorarla.

Cual Sherlock Holmes creo haber resuelto un enigma que me perseguía hace años. ¿El motivo? El mismo de siempre, el egoísmo que genera el creerse un individuo ajeno e independiente de la sociedad en la que se vive.

Elemental, mi querido Watson.