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viernes, 29 de febrero de 2008

Soy rebelde porque me da la perra gana ¿Y qué?





La rebeldía se manifiesta de muchas maneras, por lo que no siempre ser rebelde es una cualidad. Imagino que habrá distintos niveles de rebeldía según distintos niveles de conciencia.


Hay niños que meten el dedo en el enchufe solo porque su mamá les dijo ‘’caca’’ y ‘nada más rebelde que cagarse en cada ''caca'' de mamá. Hay adolescentes que expresan su rebeldía explotando con sodio las pocetas en su colegio para luego encontrase corriendo al monte de al lado, víctimas de un un cólico repentino.

Luego hay otros, de todas la edades, que prefieren ser rebeldes vienteañeros toda la vida y preservan con esmero esa juventud de conciencia que tiene mucho más de pendejada que de juventud.

Son ellos los que se rebelan contra símbolos establecidos. Hay como una especie de lista de cosas contra las cuales todo buen rebelde debe rebelarse. No hay medias tintas en esto de la rebeldía, las cruces, por ejemplo, deben ser quemadas todas, desde la que desde un palacio aplasta y hasta la que cuelga del cuello de una indefensa abuelita, las banderas, libros, ideas y todo aquel que tenga piel blanca, todo aquel que no queme cruces aunque tampoco rece, todo aquel que sea bilingüe, todo aquel que no haya pasado hambre... Si huele medio raro, a la hoguera por si acaso.

A estos rebeldes creciditos les cuesta entender realidades y no son capaces de ver los grises entre el negro y el blanco, prefieren restar a sumar, prefieren la confrontación hueca al dialogo.

Cuando viven oprimidos apoyan sus acciones en la injusticia, la pobreza, la exclusión y sus actos se convierten en reivindicaciones. Cuando viven en procesos revolucionarios la cosa se les pone un poco cuesta arriba.

Y es que estos veinteañeros de la rebelión no han madurado del todo, y les cuesta ver objetivos mas allá de sus pataletas.

Quieren todo y ya. No hay tiempo, la vida se acaba y los sueños se realizan en vida. Al contrario que los abuelos rebeldes quienes comprenden que las revoluciones se hacen para que sus futuros bisnietos tengan una vida digna, los veineañeros no saben esperar.

Es entonces cuando, con la mente nublada, olvidan que la lucha es colectiva y que lo que cada uno haga impacta en la vida del resto.

Conocen la historia de luchas pasadas y sabemos que la historia es una herramienta muy útil, pero niegan la posibilidad de que existan factores diferentes en nuestra lucha, que haya otras formas, otros métodos, otros tiempos.

Mientras que un veinteañero de conciencia no duda en caerse a puñetazos con cualquiera por quítame esta paja, un abuelo se lo piensa, analiza y con valentía busca una solución, no tanto por preservar sus huesos quebradizos sino por preservar el objetivo final.

Así los ‘’jóvenes’’ impacientes quieren sangre, fuego, daños colaterales, qué se le va a hacer, es una guerra y estoy haciendo historia, quiero historias heroicas que los sobrevivientes podremos contar. Porque ellos sobrevivirán, están seguros, esa es otra de las características de su edad mental.

Quieren actuar en nuestro nombre, en el de nuestros hijos sin preguntarnos, porque ¿para qué? Si ellos saben de revoluciones, ellos son valientes, ruidosos y notorios.

No piensan estos compañeros que la lucha diaria de la mayoría de los revolucionarios es silenciosa y efectiva. No logran ver el trabajo de quienes sin boinas rojas, sin franelas de Che, sin tanta parafernalia, se dedican a enseñar, a aprender, a cooperar, a crear...

Como no hay regueros de sangre, no ven que estamos construyendo el país de nuestros bisnietos, mientras que en el camino resolvemos urgencias de nuestros hijos, padres y abuelos.

Como los regañamos cuando con sus actos interfieren con el trabajo de todos, se ponen muy bravos y, alegando rebeldía, dicen que no se someten a nadie, que eso es lo que hace un rebelde, y que cuidadito porque puede que se pongan más bravos todavía y decidan negarnos su apoyo.

Menos mal que son pocos los veinteañeros de conciencia y que puede que crezcan algún día. Mientras lo hacen, mientras meten la pata y aún sin quererlo favorecen al enemigo, mientras creen que son mas grandes que la revolución misma, pues tendremos que regañarlos. Eso es parte de nuestra responsabilidad con la revolución de todos.




martes, 19 de febrero de 2008

Prefiero morir de hambre.

Alerta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.



Ayer por poco me dio un soponcio. Claro que cuando desfallecía recordé la causa de mi desmayo y recuperé la fuerza para evitar morir envenenada.

Así como lo oyen, mis combatientes amigas: En-ve-ne-na-da.

Es que eso es lo que hace este rrrégimen con los pobres indefensos que se encuentran hospitalizados en la Policlínica Metropolitana. El gobierno ha introducido de manera inescrupulosa alimentos de Mercal en este recinto sagrado de la salud privada y costosa.

Mi pobre vecino, que estuvo internado la semana pasada por una amigdalitis subcutánea aguda, fue sometido a la humillación de ser forzado a comer, sin su conocimiento, caraotas con gorgojos de Bielorrusia, pollo cubano, leche radioactiva iraní y otros productos de dudosa procedencia.

Los médicos no lograban comprender cómo el cuadro clínico de mi vecino se complicaba cada vez más. Lo sometieron a dos operaciones carísimas en solo cuatro días, el martes del apéndice y el viernes de la próstata, pero su amigdalitis no cedía. Fue solo ayer que dieron con la causa: La comida que con tanto cuidado, higiene y amor se le suministraba a los pacientes era elaborada con productos de Mercal.

Esto es otra estrategia terrorista de éste régimen castro-evo-chavista que se ensaña con los más débiles.

Ahora el terror se riega como la pólvora: Una paciente gritaba desesperada que solo comería combos # 4 de Mc Donald’s. Pero alguien muy perspicaz sembró una semilla de duda que nos quitó el aliento: ¿Y si la carne del Mac es también de Mercal?

Todos corríamos por los pasillos con las manos en la cabeza sin saber a dónde ir. Algunos, los más centrados, corrieron a los sanitarios a devolver el almuerzo. Había empujones, codazos e insultos de esos que se perdonan solo en casos como estos.

Las enfermeras, repartían prestas bolsitas pláticas iguales a esas que hay en los aviones. En verdad fue una de las peores experiencias de mi vida. Solo comparable a la cancelación del concierto de Alejandro Sanz.

Desde entonces no pruebo bocado, sospecho de todo y de todos. La carne de las jugosas Big Macs, las costillitas de Bobby Rubbinos, los estupendos pollos de KFC, hasta los T-bones del Lee Hamilton. Toda la alta cuisine podría estar infiltrada.

¡Dios Santo! ¿Ahora que comemos? -Dirán mis aterradas compañeras de shopping. Pues nada. Estamos en una guerra y en la guerras no se come. Debemos preferir morir de hambre a ser inoculadas con quien sabe que microbacteria cubanizante.

Ya sabemos de lo que son capaces esos comunistas sin alma. No olviden lo que pretendían hacernos con sus supuestos bombillos ahorradores. De probar un solo bocado podríamos acabar en una marcha chavista gritando loas a Fidel.

Señoras decentes de este hermoso y maltratado país: Tirad a la basura esos profiteroles por suculentos que parezcan, escupid ese bocado de lomito en salsa de fresa, negad heroicamente el Happy Meal a vuestros retoños, no importa que estén regalando la colección de Hello Kitty. Ayunad mis valientes damas, que a muchas no les vendría mal rebajar unos kilitos.

Ayunad y marchad aún nos cuando falten las fuerzas para hacerlo.

No es momento de desfallecer porque, de hacerlo, ya saben que iríamos a parar en una de esas clínicas, otrora seguras, hoy contaminadas.

¡Fuerza mi valientes! Pensad que al combatir al régimen combatimos también la celulitis, roscas y mofletes.

Atentamente,

Marifer Popof
Presidenta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.



viernes, 15 de febrero de 2008

Juanito y las malas compañías.




El día que a Juanito le pidieron su autógrafo, no para una admiradora, no para ser estampado en una camisa que sería subastada en beneficio de los niños pobres de alguno de esos países en los que pocos pueden compran sus discos mientras muchos, que no pueden, los escuchan con fervor, como decía, cuando le pidieron firmar a Juanito, él, sin pensarlo mucho, firmó.


Juanito era tan querido por todos, tan respetado, que su firma más que un acto de solidaridad con un amigo, acabó convirtiéndose en un atentado contra las ideas que él mismo nos había cantado durante mas de treinta años.

Me levanté ayer y me encontré con él abrazado a un grupito tan dudoso, que no pude dejar de pensar en las palabras de su madre: ‘’ Cuídate mucho, Juanito, de las malas compañías’’

Es que cuando Juanito era pobre y desconocido hizo amigos atorrantes que bebían a morro, se pasaban las consignas por el forro, y se mofaban de cuestiones importantes. Pero aquello no tenía trascendencia porque sus amigos eran unos pelagatos y podían hacer todo eso si joder mas que a sus madres.

Sucede que Juanito se hizo grande y su voz llega a todas partes, pero aún así insiste, de manera irresponsable, con eso de las malas compañías.

Irresponsable, digo, porque bien puede Juanete mofarse de las cosas importantes en su casa, bebiendo buen vino a morro. Lo que me indigna es que lo haga en público exhibiendo una ignorancia de esas que son peligrosas, de esas que avalan mentiras, atropellos e injusticias.

No se puede imaginar desde su casa con vista al Mediterráneo, lo que vivimos nosotros aquí con o sin vistas al Caribe. No parece ser capaz de concebir que un pueblo de mestizos se esté despertando después de más de quinientos años de sueño forzoso. Parece no poder ver más allá de la verruga del zambo que nos comanda en este despertar.

Vino a vernos hace poco, mejor dicho, vino a que lo vieran quienes pueden pagar mucho por escuchar sus canciones. Y fue tan ciego, tan arrogante, tal vez, que fue incapaz de fijarse en quienes nos inspirábamos en su música para seguir dando la batalla.

Vino en primera clase, cantó en primera clase y, como vino, se fue: Ciego.

Ciego y sordo, diría yo, cuando mejor sería que fuera mudo. Y es que no se habla, Juanito, cuando no sabes lo que dices.

Y es que no entiendo cómo puede alguien como Juanito, venir a Venezuela y ni siquiera asomarse a ver un poco de la realidad que estamos construyendo.

Tu amigo, el producto otrora líder en ventas, puede pensar lo que le venga en gana. Que a él no le gusta mi presi, pues que exponga sus razones y que lo haga bien. Porque ‘’Chavez sucks’’ y de paso en inglés, no es un buen argumento.

A nosotros no nos gusta tu amigo porque él asegura su subsistencia mayamera mofándose de lo importante. Creo que es nuestro derecho demostrar nuestro rechazo al sentirnos agraviados. ¿O es que no somos suficientemente ‘’iguales’’ como para poder hacerlo?

Juanito, ya no podré escuchar tus canciones sin que me suenen huecas. Porque, hombre, hay que ser coherentes: Se dice lo que se piensa y se actúa en consecuencia.

Pero quién soy yo Juanete para darte consejos, si no bebo a morro, y no soy capaz de mofarme de cosas tan importantes que acaban siendo de vida o muerte. Tal vez me parezca a tu madre, tal vez sea que velo por mis hijas, que hoy están contentas jugando en el parque sin siquiera imaginar, gracias al cielo, que una guerra asquerosa las acecha.

Yo me pregunto, Juanito: si por defender nuestro legítimo derecho de ser soberanos, de vivir en una patria justa y libre, acabamos masacrados bajo las bombas de quienes, desde siempre, habían saqueado nuestros recursos. Si un día Guantánamo ampliara su lista de huéspedes para alojar a mis hermanos. ¿Saldrías a marchar por el Passeig de Gracia con tu pancarta de ‘’no a la guerra’’?

Sería demasiado tarde Juanito, y que Dios nos proteja para que tu conciencia te deje dormir tranquilo.

Mientras que yo guardo tus discos en el cajón de los sin sentidos, aprende tu a menear las caderas para que puedas bailar al son de tus malas compañías.

Que vaina Juanito, las madres, muchas veces, terminamos teniendo la razón.




miércoles, 13 de febrero de 2008

¿Para esto usan el petróleo de Exxon?

Alerta del frente de damas indignadas con todo lo que hace el gobierno.



Es una vergüenza lo que acabo de descubrir en una de la principalísimas avenidas de nuestro municipio Chacao.

¿Sabían ustedes que en el corazón nuestro bastión de libertad y democracia está ubicada una oficina de adoctrinamiento del régimen?

Pues si, mis estimadas amigas, en medio de la Luis Roche, que si Luis estuviera vivo le daría un soponcio, allí, en tan lujosa arteria vial, disfrazada de centro cultural, se encuentra esta guarida de espías y propagadores de embustes.

Confieso haber entrado en ese asqueroso recinto, pero lo hice pensando que era un lujoso café, o un nuevo mini centro comercial. Y si, allí hay un café y, en lugar de tiendas, una librería frente a la cual me di cuenta de la perversidad del plan que tienen estos castroevochavistas entre manos.

Es en ese minúsculo y mal decorado local donde se fragua la trampa mas vil que mente alguna pudo imaginar: ¡Venden libros a cinco bolívares! Por cinco mugrosos bolívares fuertes que no alcanzan ni para comprar un capuccino triple mocca, te dan un libro gordote, lleno de letricas negras, sin fotos, ni artículos sobre la lucha contra la celulitis.

Letras que forman palabras que forman ideas, y ya sabemos que ideas deben formar esas palabras obscenas que usan los chavistas. Libros ‘’y que’’ premiados por un tal Rómulo Gallegos que se venden como pan caliente, no por buenos, sino por baratos. Y es que nosotras sabemos que nada que sea barato puede ser bueno.

El problema, mis amigas, es que mi revista ¡Hola! maravilla semanal llena de información relevante sobre gente relevante, esa revista de páginas lustrosas cuesta lo mismo que tres de esos mamotretos encuadernados.

¿Y a nosotras que nos importa? Preguntarán mis inocentes compañeras de canasta, pues lo que pasa es que los niches patenelsuelo pueden comprar esos libros y leerlos permitiendo que sus deficientes cerebros sean lavados cual edredones de plumas en una tintorería idelogizante.

Esto es competencia desleal, dice mi marido que sabe mucho de eso. Es que el régimen subsidia éste atentado contra la moral y las buenas costumbres con los dólares de Exxon, o sea los dólares de los venezolanos decentes, es decir nosotros, los educados, los bilingües, los que compramos ¡Hola! para saber quien es quien.

¿Y quién subsidia a ¡Hola!? Pues nadie, es esta una empresa líder en el mercado por mas de tres décadas que ahora se ve amenazada por esta avalancha ideológica de a cinco bolívares por librito.

Claro que nos importa tres pitos que los tierruos lean nuestras revistas. El problema es que lean y punto. Ahora con sus libros bajo el brazo se sentirán muy sabihondos y vendrán a querer discutir con nosotros de tu a tu. Creerán que tienen ideas propias y que saben que es lo que quieren. Y, peor aún, votarán por el déspota que les subsidia los libros con el dinero de los demás.

Señoras dignas de Venezuela, afilen los tacones ‘’Manolo Blahnik’’ que tenemos que marchar: La marcha de la elegancia, de las clases superiores, las que nos negamos a ser adoctrinadas con libros de ese Gallegos. Una marcha por ¡Hola! y por el orden establecido que en nuestro bello país se ha venido desordenando desde hace nueve años.

¡Abajo todas las publicaciones sin fotos ni consejos de belleza! ¡Muerte a los libros de cinco bolívares y palo a los niches alfabetizados!



Atentamente,

Marifer Popof

Presidenta del frente de damas indignadas con todo lo que hace el gobierno.



jueves, 7 de febrero de 2008

¿Bailando al son que nos tocan?




Imaginen un comercial de pasta dental en el que te muestren una boca con solo tres dientes cariados, encajados en unas encías enrojecidas, hinchadas, podridas de periodontitis. Una toma muy cercana para que te impacte lo suficiente y luego un locutor con voz solemne advirtiendo: Use Dentylimp para que su boca no termine así.


¿Saldría alguien a comprar Dentylimp? Tal vez si, aterrados ante las consecuencias de no usarla, por una vez o quizá dos, pero un día ve otro comercial en el que sale una sonrisa de dientes blancos acompañada de una voz femenina: Con Perlident mi sonrisa queda ¡uhmmm! Deliciosa y fresca.

Se jodió Dentylimp, y es que no imagino a nadie que no quiera tener una sonrisa deliciosa y fresca.

Pues algo parecido a lo que pasa con Dentylimp, le pasa a los medios del estado.
A veces, después de ver VTV termino con la sensación de que si no uso Dentylimp se me van a podrir lo dientes. Pasa, muchas veces, que del ‘’patria, socialismo o muerte’’ que tan asumido tengo, solo parecieran destacar la parte de la muerte.

Termino convencida de que si no triunfa la revolución lo que vendría es ‘’matanga’’. Pero eso ya lo sabía antes de que me lo contaran. Tal vez fue bueno que me lo explicaran una vez, y otra por si acaso, pero cada vez que pongo la tele…es mucho.

Es como el cuento de ahí viene el coco, pero con coco de verdad verdad. Ya se que el coco existe, ya se que quiere nuestras cabezas, ya entendí. Creo que si querían explicarlo lo han hecho y muy bien, pero también creo que de tanto decirlo muchos se están aturdiendo de miedo.

El miedo a que nos roben la revolución se suma ahora al miedo a seguir peleando: Si avanzamos nos invaden, si profundizamos habrá guerra, si ganan ellos nos van a matar y si no ganan también.

Todas estas son situaciones probables y aunque, insisto, es necesario que estemos al tanto de ellas, es bueno cilantro pero no tanto.

Mientras nos abren los ojos para alertarnos sobre los planes del enemigo, usando horas y horas de televisión, nos impiden ver el por qué de los riesgos que estamos asumiendo. Ya casi no se habla de la revolución bonita, ya no se celebra la alegría, no se habla de hacia donde vamos, de la meta, de sus beneficios. Se habla de combate, tensión, miedo, rabia, mentiras, traición…

Como Dentylimp, no estamos comunicando las bondades de la revolución sino las consecuencias terribles de no llevarla a cabo.

Si el pueblo se nota apagado es porque, en buena parte, nuestros medios lo están apagando.

Hacemos lo mismo que Globovisión: ellos asustan a su gente con sus mentiras y nosotros, a los nuestros, con nuestras verdades y tal vez con sus mentiras. Estamos comunicando miedo y el miedo no atrae, por el contrario, espanta.

Si usamos gran parte de nuestro esfuerzo y tiempo para desmentir a Globovisión y sus medios aliados, y otra buena parte para alertar al pueblo sobre posibles conspiraciones, terminamos restando tiempo para poner sobre la mesa propuestas objetivas y positivas, que nos muestren la recompensa, el verdadero sentido liberador de nuestra lucha, la sonrisa deliciosa y fresca que todos quieren tener.

Hagamos como Perlident, mostremos las bondades de la revolución, sin dejar de recordar, de vez en cuando, que existen las caries y que los dientes se caen.

Para finalizar, antes de ir a cepillarme los dientes, me pregunto: ¿Acaso estamos dejando que sea Globovisión quien dicte nuestra agenda comunicacional?