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viernes, 28 de diciembre de 2007
La rabia arruga y el odio frunce.
Publicadas por
Carola
Tips de belleza para el fin de año.
Amigas, a lo largo de este año he notado el deterioro en su rostros: arrugas profundas en la frente y entrecejo, labios agrietados en los bordes antes lisos, surcos terribles entre cachete y nariz, piel marchita, grisácea, ojeras purpúreas, hinchadas, flacidez colgante en papadas ayer inexistentes.
Amigas treintonas y subsecuentes ‘’tonas’’, amiguitas que estrenan sus veintes con arruguitas prematuras, amigas mías y no tanto: la rabia arruga y el odio frunce.
Esto lo he comprobado científicamente frente a mi espejo.
El otro día, mi marido, alguna tontería dijo, algo así como que el pollo que me demoré toda la mañana en aderezar, hornear cuidadosamente, y colocar en una mesa bien bonita, había quedado maluco. Algo así, no lo recuerdo bien. Lo que si recuerdo fue la imagen de mi rostro que se reflejó en el espejo. Señoras, una vieja decrépita se había colado en mi sala. No podía ser yo esa mujer horrorosa arrugada y marchita.
Yo, cuarentitrestona, que no aparento ni un año más de los que tengo, repentinamente había envejecido al menos dos décadas a causa de mi deseo incontrolable de empotrar el pollo en la cabeza a mi marido.
Si en un fugaz ataque de rabia pude envejecer veinte años, ¿Cuantos años se habrán echado encima mis amigas opositoras desde 1998? Nueve años de rabia atentan contra la lozanía de la piel. Nueve años de odio pueden secar al mas caudaloso de los ríos.
Yo me pregunto: ¿Por que no os arrugasteis en los tiempos oscuros de Carlos Andrés?¿Que clase de crema maravillosa usaban en los tiempos de la barragana? ¿Por qué se fruncen justo ahora?
Ahora que tenemos Misiones, ahora que más de un millón y medio de compatriotas han aprendido a leer y a escribir, ahora que los niños pueden tener chequeos pediátricos de rutina, esos que sus niños han tenido siempre y por lo que han podido sobrevivir cosas tan mortíferas como una simple gastroenteritis. Ahora que lo viejos tienen pensiones más dignas, ahora que hay escuelas que incluyen tres comidas para quienes antes no comían. Ahora cuando los ciegos recobran la vista y los pobres recuperan la esperanza. Ahora que la mayoría nos sentimos orgullosos de ser venezolanos.
Tal vez deba pensar, mis amigas, que ustedes no sintieron jamás la falta de esas cosas que muchos agradecemos tener hoy.
Pero todavía así soy incapaz de entender el por qué de sus arrugas. Ustedes ahora ganan más dinero que nunca, si, ya se que trabajan, pero antes también lo hacíamos de la misma manera, pero las políticas económicas suicidas nos mataban poquito a poco. Ahora, amigas mías, que pululan los centros comerciales donde gastar su tiempo y su dinero. Ahora que cambian de carro cada año aprovechando las tasas de interés que los bancos siempre nos negaron. Ahora que acaban con los cupos a cualquier destino turístico. Ahora que compran casas y apartamentos en la playa, aun cuando el Globovisión les juran que se los van a quitar. Ahora que remodelan baños, cocinas y salas, como para no pasar vergüenza con quienes vengan y se los quiten. Ahora que tratan de remodelar arrugas de rabia a fuerza de Botox. No entiendo, mis amigas, no puedo entender el por qué de tanta rabia.
La rabia arruga, efectivamente, y para combatirla solo basta abrir los ojos mas allá de una pantalla de televisión. Basta comprender que estamos deconstruyendo un sistema aberrante y que esto es un proceso largo. Basta hacerlo con alegría. Basta verse por dentro, basta verse en los ojos de quienes jamás miramos a los ojos. Basta saber que construimos un futuro para millones de niños que nacieron sin el. Basta saber que absolvemos a las mayorías del pecado original de la exclusión que impone el capitalismo.
Basta saber, mis amigas, que estamos pariendo una patria, y muchas sabemos como es eso, sabemos que puede ser difícil, pero aun así parimos con la certeza de que la recompensa es maravillosa.
Traten de dejar la rabieta a un lado, porque solo ustedes sufren por ello. Nosotras seguimos igualitas, vestidas de rojo pasión y vida, que siempre sienta muy bien, con una que otra pata de gallo, arruguitas de expresión que nos dejan el esfuerzo y las sonrisas satisfechas.
De todas las formas de acabar con las arrugas, construir el futuro de nuestro país, no es solo una de las más efectivas, sino también la más bonita.
Por eso amigas mías, no malgasten su dinero en Botox, en todo caso compren pasiflora o valeriana, respiren profundo y pujen con alegría, que lo que tienen ahora es bueno y lo que viene es mejor.
¡Feliz 2008! (libre de arrugas)
Amigas, a lo largo de este año he notado el deterioro en su rostros: arrugas profundas en la frente y entrecejo, labios agrietados en los bordes antes lisos, surcos terribles entre cachete y nariz, piel marchita, grisácea, ojeras purpúreas, hinchadas, flacidez colgante en papadas ayer inexistentes.
Amigas treintonas y subsecuentes ‘’tonas’’, amiguitas que estrenan sus veintes con arruguitas prematuras, amigas mías y no tanto: la rabia arruga y el odio frunce.
Esto lo he comprobado científicamente frente a mi espejo.
El otro día, mi marido, alguna tontería dijo, algo así como que el pollo que me demoré toda la mañana en aderezar, hornear cuidadosamente, y colocar en una mesa bien bonita, había quedado maluco. Algo así, no lo recuerdo bien. Lo que si recuerdo fue la imagen de mi rostro que se reflejó en el espejo. Señoras, una vieja decrépita se había colado en mi sala. No podía ser yo esa mujer horrorosa arrugada y marchita.
Yo, cuarentitrestona, que no aparento ni un año más de los que tengo, repentinamente había envejecido al menos dos décadas a causa de mi deseo incontrolable de empotrar el pollo en la cabeza a mi marido.
Si en un fugaz ataque de rabia pude envejecer veinte años, ¿Cuantos años se habrán echado encima mis amigas opositoras desde 1998? Nueve años de rabia atentan contra la lozanía de la piel. Nueve años de odio pueden secar al mas caudaloso de los ríos.
Yo me pregunto: ¿Por que no os arrugasteis en los tiempos oscuros de Carlos Andrés?¿Que clase de crema maravillosa usaban en los tiempos de la barragana? ¿Por qué se fruncen justo ahora?
Ahora que tenemos Misiones, ahora que más de un millón y medio de compatriotas han aprendido a leer y a escribir, ahora que los niños pueden tener chequeos pediátricos de rutina, esos que sus niños han tenido siempre y por lo que han podido sobrevivir cosas tan mortíferas como una simple gastroenteritis. Ahora que lo viejos tienen pensiones más dignas, ahora que hay escuelas que incluyen tres comidas para quienes antes no comían. Ahora cuando los ciegos recobran la vista y los pobres recuperan la esperanza. Ahora que la mayoría nos sentimos orgullosos de ser venezolanos.
Tal vez deba pensar, mis amigas, que ustedes no sintieron jamás la falta de esas cosas que muchos agradecemos tener hoy.
Pero todavía así soy incapaz de entender el por qué de sus arrugas. Ustedes ahora ganan más dinero que nunca, si, ya se que trabajan, pero antes también lo hacíamos de la misma manera, pero las políticas económicas suicidas nos mataban poquito a poco. Ahora, amigas mías, que pululan los centros comerciales donde gastar su tiempo y su dinero. Ahora que cambian de carro cada año aprovechando las tasas de interés que los bancos siempre nos negaron. Ahora que acaban con los cupos a cualquier destino turístico. Ahora que compran casas y apartamentos en la playa, aun cuando el Globovisión les juran que se los van a quitar. Ahora que remodelan baños, cocinas y salas, como para no pasar vergüenza con quienes vengan y se los quiten. Ahora que tratan de remodelar arrugas de rabia a fuerza de Botox. No entiendo, mis amigas, no puedo entender el por qué de tanta rabia.
La rabia arruga, efectivamente, y para combatirla solo basta abrir los ojos mas allá de una pantalla de televisión. Basta comprender que estamos deconstruyendo un sistema aberrante y que esto es un proceso largo. Basta hacerlo con alegría. Basta verse por dentro, basta verse en los ojos de quienes jamás miramos a los ojos. Basta saber que construimos un futuro para millones de niños que nacieron sin el. Basta saber que absolvemos a las mayorías del pecado original de la exclusión que impone el capitalismo.
Basta saber, mis amigas, que estamos pariendo una patria, y muchas sabemos como es eso, sabemos que puede ser difícil, pero aun así parimos con la certeza de que la recompensa es maravillosa.
Traten de dejar la rabieta a un lado, porque solo ustedes sufren por ello. Nosotras seguimos igualitas, vestidas de rojo pasión y vida, que siempre sienta muy bien, con una que otra pata de gallo, arruguitas de expresión que nos dejan el esfuerzo y las sonrisas satisfechas.
De todas las formas de acabar con las arrugas, construir el futuro de nuestro país, no es solo una de las más efectivas, sino también la más bonita.
Por eso amigas mías, no malgasten su dinero en Botox, en todo caso compren pasiflora o valeriana, respiren profundo y pujen con alegría, que lo que tienen ahora es bueno y lo que viene es mejor.
¡Feliz 2008! (libre de arrugas)
jueves, 20 de diciembre de 2007
La oscura vida de Clara
Publicadas por
Carola
o
El Síndrome de Estocolmo.
Cada mañana, Clara se levanta y, antes de colar el café, antes de cepillarse los dientes y lavarse la cara, antes de besar a su pareja y a los niños, enciende el televisor para sintonizarse con el captor de sus ideas.
En lugar de ver un sol radiante al despertar, Clara se desayuna con un buenos días que, más que un saludo, parece un escupitajo. Una locutora, como sacada de un casting para la novia de Drácula, se encarga de ensombrecer un día que podría ser precioso, con un panorama aterrador.
Las noticias más que hechos son amenazas, los análisis son augurios apocalípticos, las tertulias, rosarios grotescos de mentiras y burlas. Veinticuatro horas de agresiones que Clara acepta como una realidad inevitable, sin darse cuenta que Globovisión y otros canales secuestraron su tranquilidad hace años.
Con el desayuno atragantado, se despide de su marido para siempre, como cada mañana. Con los ojos maléficos de Aymara Lorenzo en la mente, no nota que su pequeña va al cole con los ojitos llenos de lagañas.
Salen tempranito, porque a Clara le toca su ‘’pico y placa’’, como cada miércoles. Sube a los niños al carro y sintoniza la radio en cualquier estación que le recuerde que su vida está un paso de convertirse en pesadilla. Los niños atrás, escuchan cómo su futuro será negro, mientras matan bichitos en su gameboy.
Clara llega al colegio y se dirige a la administración para pagar su donación obligatoria, es una manera muy ingeniosa que descubrió el colegio para contrarrestar la medida del gobierno, que tuvo el tupé de congelar las matriculas escolares para que la educación de calidad que reciben sus niños, como todo en este país, termine de desmoronarse.
Aunque tenga que comer mierda. -piensa Clara con rebeldía, mientras paga en efectivo para no dejar rastros de su patriótico acto de desobediencia civil.
Una vez en su oficina, Clara recibe una noticia que no esperaba, hoy no va a cobrar su sueldo de siempre, desde ahora será un poco más pobre por el bien de la empresa. Este gobierno nos está ahorcando.- explica el jefe. -Ya no es rentable hacer lo que hacemos, por lo que pido que nos apretemos los cinturones para que esta gran familia que somos pueda seguir de pie y unida. Una vez dicho esto se sube el pez gordo en un avión rumbo a Saint Marteen, mientras Clara se pregunta cómo va a hacer con la donación obligatoria, con la póliza de salud, con la ropa de los niños y las piñatas que cuestan un ojo de la cara.
Clara necesita despejarse, por lo que va al centro comercial a comprar cualquier tontería que, a modo de Alka Seltzer, le proporcione alivio instantáneo. Compra una pintura de labios igualita a una que compró hace tres meses en mayami. Allá pago ocho dólares por ese tubito embellecedor. Aquí le cobran diez veces más por el mismo producto, pero ella lo paga, porque no es culpa del comerciante, sino de Chávez y su control de cambio.
No hay leche. Aunque Clara tiene diez latas de leche en polvo en su despensa, trata de conseguir un poco mas por si acaso. Es increíble, -dice indignada a otra señora que busca lo mismo sin éxito. -La regulación afecta el margen de ganancia de los empresarios y comerciantes. ¿Como va a haber leche? ¿Es que acaso pretenden que esa gente trabaje como burros para ganar tres centavos?
No hay leche, ni carne, ni huevos, ni pollo, ni arroz, ni azúcar, no hay ninguno de los productos que están sometidos al yugo caprichoso de Chávez. Pero hay productos lácteos que no están regulados, leche en polvo con sabor a vainilla, hay queso, yogur, hay ketchup picante y light, hay postres ricos en las panaderías, toditos llenos de huevo y azúcar, hay todo lo que no hay, pero disfrazado de otra cosa. Eso es culpa de Chávez.
Al final de la tarde, Clara recoge a los niños en el cole. Al menor lo castigaron tres día sin recreo por gritarle a la maestra ‘’¿Por qué no te callas?’’. Mami, no te pongas brava, -dice el chico- si te vi aplaudiendo como loca cuando el rey le dijo así a Chávez.
Al llegar a casa, descubre que el vigilante no está. Lo botamos por chavista. -dice la presidenta del condominio. -Menos mal que se dieron cuenta. -respira aliviada nuestra oscura Clara, que esta noche no pegará un ojo pensando en esa puerta sin vigilancia y en ese ex vigilante chavista.
Clara está aturdida porque no viene mas la señora de servicio. Resulta que la muy traidora, después de todo lo que he hecho por ella, después de haberle abierto las puertas de mi casa para que la limpiara, le ha dado por meterse en la misión no se que cosa para luego trabajar en una cooperativa. A este ritmo no va a haber quien quiera trabajar de verdad verdad.
Ya lo habían advertido el Aló Ciudadano, ya nos avisaron cómo nos van a ir desangrando estos comunistas.
Clara vive una vida oscura, es el jamón de un sandwich amargo. Se encuentra defendiendo intereses que atentan contra los suyos solo por evitar el peligro que se cierne sobre ella y su familia: La nube roja, violenta y devastadora del comunismo.
‘’Que me rebajen el sueldo, que me vendan capuccinos con leche que no es leche porque tiene vainilla, que regresen los créditos indexados, que regrese Lusinchi con todo y barragana, quiero a que La Bicha me amargue mi café en señal abierta, quiero marchar y marchar hasta que se gasten mis zapatos, que se vaya Chávez, que lo saquen como sea…’’
Hiperventila en la cama Clara, pero no porque su marido la esté sobando. Ni ella ni él están para esas cosas, no vaya a ser que tengan otro niño que en cualquier momento les vayan a quitar.
El Síndrome de Estocolmo.
Cada mañana, Clara se levanta y, antes de colar el café, antes de cepillarse los dientes y lavarse la cara, antes de besar a su pareja y a los niños, enciende el televisor para sintonizarse con el captor de sus ideas.
En lugar de ver un sol radiante al despertar, Clara se desayuna con un buenos días que, más que un saludo, parece un escupitajo. Una locutora, como sacada de un casting para la novia de Drácula, se encarga de ensombrecer un día que podría ser precioso, con un panorama aterrador.
Las noticias más que hechos son amenazas, los análisis son augurios apocalípticos, las tertulias, rosarios grotescos de mentiras y burlas. Veinticuatro horas de agresiones que Clara acepta como una realidad inevitable, sin darse cuenta que Globovisión y otros canales secuestraron su tranquilidad hace años.
Con el desayuno atragantado, se despide de su marido para siempre, como cada mañana. Con los ojos maléficos de Aymara Lorenzo en la mente, no nota que su pequeña va al cole con los ojitos llenos de lagañas.
Salen tempranito, porque a Clara le toca su ‘’pico y placa’’, como cada miércoles. Sube a los niños al carro y sintoniza la radio en cualquier estación que le recuerde que su vida está un paso de convertirse en pesadilla. Los niños atrás, escuchan cómo su futuro será negro, mientras matan bichitos en su gameboy.
Clara llega al colegio y se dirige a la administración para pagar su donación obligatoria, es una manera muy ingeniosa que descubrió el colegio para contrarrestar la medida del gobierno, que tuvo el tupé de congelar las matriculas escolares para que la educación de calidad que reciben sus niños, como todo en este país, termine de desmoronarse.
Aunque tenga que comer mierda. -piensa Clara con rebeldía, mientras paga en efectivo para no dejar rastros de su patriótico acto de desobediencia civil.
Una vez en su oficina, Clara recibe una noticia que no esperaba, hoy no va a cobrar su sueldo de siempre, desde ahora será un poco más pobre por el bien de la empresa. Este gobierno nos está ahorcando.- explica el jefe. -Ya no es rentable hacer lo que hacemos, por lo que pido que nos apretemos los cinturones para que esta gran familia que somos pueda seguir de pie y unida. Una vez dicho esto se sube el pez gordo en un avión rumbo a Saint Marteen, mientras Clara se pregunta cómo va a hacer con la donación obligatoria, con la póliza de salud, con la ropa de los niños y las piñatas que cuestan un ojo de la cara.
Clara necesita despejarse, por lo que va al centro comercial a comprar cualquier tontería que, a modo de Alka Seltzer, le proporcione alivio instantáneo. Compra una pintura de labios igualita a una que compró hace tres meses en mayami. Allá pago ocho dólares por ese tubito embellecedor. Aquí le cobran diez veces más por el mismo producto, pero ella lo paga, porque no es culpa del comerciante, sino de Chávez y su control de cambio.
No hay leche. Aunque Clara tiene diez latas de leche en polvo en su despensa, trata de conseguir un poco mas por si acaso. Es increíble, -dice indignada a otra señora que busca lo mismo sin éxito. -La regulación afecta el margen de ganancia de los empresarios y comerciantes. ¿Como va a haber leche? ¿Es que acaso pretenden que esa gente trabaje como burros para ganar tres centavos?
No hay leche, ni carne, ni huevos, ni pollo, ni arroz, ni azúcar, no hay ninguno de los productos que están sometidos al yugo caprichoso de Chávez. Pero hay productos lácteos que no están regulados, leche en polvo con sabor a vainilla, hay queso, yogur, hay ketchup picante y light, hay postres ricos en las panaderías, toditos llenos de huevo y azúcar, hay todo lo que no hay, pero disfrazado de otra cosa. Eso es culpa de Chávez.
Al final de la tarde, Clara recoge a los niños en el cole. Al menor lo castigaron tres día sin recreo por gritarle a la maestra ‘’¿Por qué no te callas?’’. Mami, no te pongas brava, -dice el chico- si te vi aplaudiendo como loca cuando el rey le dijo así a Chávez.
Al llegar a casa, descubre que el vigilante no está. Lo botamos por chavista. -dice la presidenta del condominio. -Menos mal que se dieron cuenta. -respira aliviada nuestra oscura Clara, que esta noche no pegará un ojo pensando en esa puerta sin vigilancia y en ese ex vigilante chavista.
Clara está aturdida porque no viene mas la señora de servicio. Resulta que la muy traidora, después de todo lo que he hecho por ella, después de haberle abierto las puertas de mi casa para que la limpiara, le ha dado por meterse en la misión no se que cosa para luego trabajar en una cooperativa. A este ritmo no va a haber quien quiera trabajar de verdad verdad.
Ya lo habían advertido el Aló Ciudadano, ya nos avisaron cómo nos van a ir desangrando estos comunistas.
Clara vive una vida oscura, es el jamón de un sandwich amargo. Se encuentra defendiendo intereses que atentan contra los suyos solo por evitar el peligro que se cierne sobre ella y su familia: La nube roja, violenta y devastadora del comunismo.
‘’Que me rebajen el sueldo, que me vendan capuccinos con leche que no es leche porque tiene vainilla, que regresen los créditos indexados, que regrese Lusinchi con todo y barragana, quiero a que La Bicha me amargue mi café en señal abierta, quiero marchar y marchar hasta que se gasten mis zapatos, que se vaya Chávez, que lo saquen como sea…’’
Hiperventila en la cama Clara, pero no porque su marido la esté sobando. Ni ella ni él están para esas cosas, no vaya a ser que tengan otro niño que en cualquier momento les vayan a quitar.
A través de sus ojos abiertos y secos por un sueño que nunca llega, entran nuevas amenazas, nuevas certezas de que el final está cerca. Recuerda aquella frase tan graciosa de su no lejana juventud: ‘’A tirar, a tirar que el mundo se va a acabar.’’ Pero nada, no se acaba el mundo, solo se acaba su país.
Mas allá, cruzando el pavoroso Caribe, pasando sobre la isla inmombrable, allá arribita está la civilización. Allí todos tiran seguramente, pero no porque el mundo se vaya a acabar sino porque son felices.
Kiko y Carla se ríen y Clara llora. Viene el himno y Clara tiembla de pavor.
Abajo cadenas, grita Clara como el señor, cagándose en el pobre en su choza que libertad pidió.
En la mañana la veo salir con sus ojeras oscuras como su vida. Clara, -le digo, no crees que sería bueno que no vieras mas Globovisión, que escuches a tus niños en el carro en lugar de oír a Marta Colomina, que no te sigan envenenando, que no dejes que sigan secuestrando tus ilusiones, tus ideas, tu alegría.
Una mirada furiosa hizo que sus ojos cobraran vida por un momento. Fue entonces cuando supe que tanto tiempo en cautiverio solo podía dar paso al Síndrome de Estocolmo.
¿Sabes que es eso Clara?
No, -respondió- pero si viene de ti, es otra mentira chavista.
Y se subió en su camioneta, la vi alejarse con sus dos NO pintados en los cristales, con su tortícolis crónica, con esa vida de mierda por la que está dispuesta a morir, con su terror aumentado porque los chavistas habíamos agregado un nuevo elemento a su lista horrores: El Síndrome de Estocolmo.
¿Qué carajo será eso?...
Mas allá, cruzando el pavoroso Caribe, pasando sobre la isla inmombrable, allá arribita está la civilización. Allí todos tiran seguramente, pero no porque el mundo se vaya a acabar sino porque son felices.
Kiko y Carla se ríen y Clara llora. Viene el himno y Clara tiembla de pavor.
Abajo cadenas, grita Clara como el señor, cagándose en el pobre en su choza que libertad pidió.
En la mañana la veo salir con sus ojeras oscuras como su vida. Clara, -le digo, no crees que sería bueno que no vieras mas Globovisión, que escuches a tus niños en el carro en lugar de oír a Marta Colomina, que no te sigan envenenando, que no dejes que sigan secuestrando tus ilusiones, tus ideas, tu alegría.
Una mirada furiosa hizo que sus ojos cobraran vida por un momento. Fue entonces cuando supe que tanto tiempo en cautiverio solo podía dar paso al Síndrome de Estocolmo.
¿Sabes que es eso Clara?
No, -respondió- pero si viene de ti, es otra mentira chavista.
Y se subió en su camioneta, la vi alejarse con sus dos NO pintados en los cristales, con su tortícolis crónica, con esa vida de mierda por la que está dispuesta a morir, con su terror aumentado porque los chavistas habíamos agregado un nuevo elemento a su lista horrores: El Síndrome de Estocolmo.
¿Qué carajo será eso?...
sábado, 15 de diciembre de 2007
Una palomita y no precisamente de la paz.
Publicadas por
Carola
Mucho se ha hablado en estos días sobre la reconciliación. Esa palabrita me entra por la oreja izquierda y se queda muda apenas toca la cadena de huesecillos. Reconciliación es una palabra hueca, como toda palabra que se pronuncia sin tener en cuenta su sentido.
Quienes, durante décadas se habían apropiado de todo lo de todos, pretenden apropiarse de esta palabra y, cual palomas de la paz, nos sueltan esta palomita: ‘’Queremos la reconciliación.’’
Y yo pienso: Si apenas hace tres semanas que estaban quemando chaguaramos, destrozando las calles de todos, amenazándonos con una muerte segura que no termina de llegar. Si nos llaman chaburros, hordas violentas, tarifados, ignorantes, desdentados, desconociendo de plano la Misión Sonrisa, si nos agreden por expresarnos cuando se llenan la boca pidiendo libertad de expresión.
Esa oposición soberbia que nunca supo perder y, por lo visto tampoco sabe ganar quiere reconciliación.
Pues bien, no les creo. No les creeré mientras mis amigos de la infancia me sigan desterrando de sus vidas, cual leprosa bíblica, solo por no votar como ellos. Mientras no pueda ir a comprar a supermercado de Prados del Este con mi franela roja rojita sin que una horda de señoras fashion me caigan a empujones e insultos. Mientras miren feo a mis hijas porque se apellidan como su mamá y como su tocayo de Miraflores.
No les creeré mientras se cuadren con cualquiera que ataque a Venezuela, no les creo porque son monárquicos, uribistas, mayameros. No les creo mientras sean capaces de decir, sin rubor alguno, que Nixon somos todos. En este caso me alegro que en su ‘’todos’’ jamás nos hayan incluido, porque así nos eximen de la vergüenza de auto-proclamarnos violadores y asesinos, con una sonrisa orgullosa en la cara que no pasa de ser tonta. No les creeré mientras que llamen presos políticos a delincuentes comunes.
No les creeré mientras nos miren con odio, desprecio y asco. Mientras sean capaces de afirmar, con la cara tan lavada, que la libertad es un privilegio y que hay que ganárselo. No les creo porque para ellos los derechos humanos aplican si se le rompe una uña acrílica a una muchachita de la UNIMET, pero nunca si matan a un muchacho que cometió el desatino de cruzarse con una guarimba.
No les creo porque no tienen intención de cambiar, porque no les interesa, porque su modo de vida depende de la injusticia y por eso la propician.
No les creo lo que ellos mismos no son capaces de creer.
Lo que si creo es que reconciliación, para ellos, significa rendición, la nuestra, por supuesto. Que bajemos la cabeza, que retrocedamos, que nos resignemos a no soñar. Que entreguemos el país y nuestro futuro, el de nuestros hijos y nietos, para que los privilegiados de siempre puedan disfrutar del privilegio de la libertad.
Ellos acaban de descubrir que existe la lucha de clases y están tan asombrados que le echan la culpa a Chávez. No fueron capaces de notar que la mayoría moría luchando mientras eran ignorados por nuestros perfumados reconciliadores.
Pues si, échenle la culpa a Chávez, que le dio por comandar la lucha mas justa de todas. Odien a todo el que quiera defender sus derechos. Insulten como lo han hecho siempre, sean lo que quieran ser, pero no me vengan con sus pieles de corderos a pedir reconciliación.
La lucha sigue y el día que nos reconciliemos, si eso llegara a suceder, será porque al final comprendieron que otro mundo si es era posible y acabarían dándonos la razón.
jueves, 6 de diciembre de 2007
¡(bip)! Chávez dijo mierda.
Publicadas por
Carola
Que (bip) tiene el (bip) de su madre ese, decir semejante vulgaridad en televisión y en horario restringido.
Yo soy madre de familia y tiemblo de la (bip) con la falta de respeto del (bip) que habita en Miraflores. Es que con las madres, solo se meten los (bip) de madres de su calaña.
Un (bip), eso es lo que es, con el perdón de los (bip), claro. Justo ahorita que nos tragamos el asco que él y su séquito de (bip) nos producen y hablábamos de reconciliación. Me (bip) en su alma y en su revolución de (bip). Es que no deja de recordarme al chiste graciosísimo que siempre cuenta Pipo sobre el negro que tenía diarrea y creyó que se estaba derritiendo.
Miren como estaré de (bip) con ese (bip) que les acabo de contar mi chiste favorito y ni siquiera pude sonreír. Convulsiono de la ira.
Ya me imagino a la cuerda de (bip) que tiene por ministros tratando de justificar a su jefe a toda costa. Cuerda de lambe (bip) todos, lambe (bip) y jala (bip).
Yo, como madre, exijo respeto a las familias decentes de este país, a nosotros, los ciudadanos honestos que somos incapaces de pronunciar semejantes (bip) sin que suframos una indigestión aguda.
No vamos a tolerar que un (bip) de (bip), empañe nuestra dignidad patria, usando ese tipo de términos para referirse a nuestra victoria. Victoria, por demás, gloriosa y contundente, de un pueblo que se niega a ser cubano, a menos que nos den visas de residentes en mayami. Un pueblo que no se va a calar mas cada (bip) que le pase por la cabeza a ese gran (bip).
NO, NO Y NO!!!
Dijimos NO, ¿escuchaste cabeza de (bip)? O ¿Es que te tenemos que patear el (bip) hasta dejártelo cuadrado? Agárrate las (bip), si es que las tienes, que la gente decente y educada de este país ya está hasta el (bip) de este (bip).
Por nuestros hijos te lo juro: Si de tu boca sale otra palabra como esa, que mi boca se niega a pronunciar, me voy a (bip) en ti y en toda tu descendencia.
Y que le de gracias a Dios que estoy apurada porque tengo una misa de reconciliación a las siete, porque de lo contrario me pasaría todo el día pegada a la computadora poniéndote en tu sitio. ¡(bip)!
Atentamente,
Marifer de Popof.
domingo, 2 de diciembre de 2007
De la libertad y otras cosas terribles
Publicadas por
Carola
Para Lizardo y Guillermo que me ayudaron a deshilachar ideas.
Si la libertad se pudiera obtener en una tienda, digamos, en una ‘’libertadería’’, ¿cómo haríamos para que nos dieran exactamente lo que queremos?, ¿Sabríamos exactamente qué es lo que estamos pidiendo?
El problema con la libertad es que no es una torta de chocolate. Cuando vamos a una pastelería y pedimos una torta de chocolate, sabemos todos a qué nos referimos, sabemos que tiene huevos, azúcar, harina y, por supuesto, chocolate.
Las hay mas chocolatosas, esponjosas, pegostosas, pero todas absolutamente tienen unos ingredientes básicos que le dan la denominación de torta de chocolate.
La libertad por ser un concepto abstracto acaba en la misma categoría confusa que la belleza. Se ha hablado mucho de ella, se han escrito tratados, desde que el mundo es mundo, sobre un ideal, pero no nos hemos puesto de acuerdo en qué carajo es ese ideal.
Millones de citas contradictorias encontré en internet. La libertad vista desde ángulos tan opuestos que, en algunos casos, pareciera que se habla de todo lo contrario: La esclavitud.
El concepto libertad, creo haber entendido, surge en el mismo momento en que nos encontramos acompañados, es como el hueco que deja el diente caído que nos recuerda que allí había un diente.
Un hombre solo, cosa inimaginable a menos que seas el naufrago de las comiquitas, puede hacer lo que se le venga en gana y asumir las consecuencias de sus actos el solito, ya que él sería el único afectado por sus elecciones. Pero una vez que se une a otros, ese sin sentido que es la libertad absoluta deja de serlo para convertirse en el hueco que dejó el diente caído.
Si la libertad se pudiera obtener en una tienda, digamos, en una ‘’libertadería’’, ¿cómo haríamos para que nos dieran exactamente lo que queremos?, ¿Sabríamos exactamente qué es lo que estamos pidiendo?
El problema con la libertad es que no es una torta de chocolate. Cuando vamos a una pastelería y pedimos una torta de chocolate, sabemos todos a qué nos referimos, sabemos que tiene huevos, azúcar, harina y, por supuesto, chocolate.
Las hay mas chocolatosas, esponjosas, pegostosas, pero todas absolutamente tienen unos ingredientes básicos que le dan la denominación de torta de chocolate.
La libertad por ser un concepto abstracto acaba en la misma categoría confusa que la belleza. Se ha hablado mucho de ella, se han escrito tratados, desde que el mundo es mundo, sobre un ideal, pero no nos hemos puesto de acuerdo en qué carajo es ese ideal.
Millones de citas contradictorias encontré en internet. La libertad vista desde ángulos tan opuestos que, en algunos casos, pareciera que se habla de todo lo contrario: La esclavitud.
Hay quienes aseguran que la libertad es un derecho individual, que es el derecho de decidir hacer o no hacer algo y luego asumir las consecuencias. Y yo me digo: eso está muy bien pero, si yo hago algo que me da la libre gana de hacer, ¿Ante quien asumo las consecuencias? ¿Ante el cosmos? ¿Ante Dios? ¿Ante la posible víctima de mi ejercicio de libertad? ¿Ante mi comunidad?
Esta libertad individualista no acepta que el termino justicia vaya ligado a la misma, para ellos son dos cosas distintas que nada tienen que ver la una con la otra. Libertad sin justicia, me explican, libertad de ‘’elegir’’ entre hacer el mejor esfuerzo, de desarrollar tus potenciales al máximo o no hacerlo, aquí la justicia nada tiene que ver.
La justicia, siempre por separado, para estas personas es algo muy simple: ‘’quien se destaque más, obtiene más’’, al menos así me explicaba un defensor de esta posición. Y digo yo: Y ¿la equidad dónde queda?.
Según mi amigo, la equidad es injusta ya que todos no se ‘’destacan’’ de igual manera, así que no queda.
Hilando esta conversación me doy cuenta de que la libertad para estas personas es un privilegio, que existe independientemente de que todos puedan disfrutarla, que es libre quien tiene suerte, ya no todos tenemos las mismas posibilidades de elegir entre ser doctor o barrendero, pero aún así nos hacen todos responsables por las vidas que nos han tocado vivir. Al fin y al cabo, los pobres son pobres porque lo ‘’eligieron’’ así.
Su argumento se sustenta con frases sacadas de libros de auto-ayuda, -‘’quien quiere puede’’-con historias tomadas con pinzas sobre alguien que salió de la miseria y ahora es doctor. Son esas escasas excepciones, tan raras que merecen titulares en la prensa, a las que ellos aplauden y utilizan para demostrar su tesis.
Concluyen aseverando que hay quienes se niegan a ser libres, quienes tienen mentalidad de esclavos, y por eso se marginan y no destacan. Aseguran que aportar soluciones es esclavizar, que la solidaridad solo se ejerce cuando uno ve al ahogado pataleando. Hay que merecer solidaridad, tiene que juzgar quien te podría tender la mano si considera que te esfuerzas lo suficiente como para ser salvado.
Es la ley de la selva para seres humanos racionales y ‘’destacados’’. Y pienso en National Geografic y los leones comiéndose, sin un ápice de piedad, a los animales enfermos, a los más viejos, a los más débiles, a las crías de cuanto herbívoro tonto, que eligió no nacer con colmillotes y garras. Porque es cuestión de elegir... ¿O no?
Libertad electiva que convenientemente produce esclavos acobardados ante tal elección. Libertad individual que no acepta ser coartada por la las necesidades de otros. Libertad depredadora, egoísta y alienante. Libertad que puede elegir no ser solidaria, justa, y que solo responde a quien la ejerce, a quien ‘’se hace responsable de sus actos’’. Libertad que no se negocia, aunque atropelle, excluya, y niegue la libertad de los demás.
Tomo dos litros de Primperán porque esto es demasiado para mi delicado estómago…
Luego pienso: si vivimos, desde que el mundo es mundo, en compañía de otros seres humanos, porque el hombre es un animal social, o lo era hasta que esta ola individualista comienza a apoderarse de nosotros en la medida en que somos más ‘’civilizados’’.
Yo recuerdo una de las cosas que más me mortificaba cuando vivía en mayami era la cantidad de gente que comía sola en los restaurantes, que han sustituido a los acogedores y familiares comedores de sus casas. Es una estampa muy triste ver a alguien con un periódico cubriéndole la soledad de la cara, sentado en una mesita con tres de sus cuatro sillas desocupadas, mientras espera callado un plato genérico y una sonrisa humana, aunque sea a cambio de una propina.
Y es que el individualismo aliena. Ya no somos grupales, la supervivencia depende de nosotros mismos. En esa lucha constante por ‘’destacar’’ es necesario pisar algunos callos ajenos, y hay recelo, desconfianza, emociones reprimidas, porque las emociones son síntoma de debilidad y ya sabemos los que pasa con los débiles. Ya no somos humanos porque nos dejamos nuestra esencia ejerciendo la libertad.
Y yo me pregunto si vale la pena ser libre de ese modo, y me respondo que no, por supuesto. Porque esta no es la libertad que pediría en la ‘’libertadería’’, y si me la dieran, yo la echaría a la basura y escogería, tal vez, no ser tan libre y pediría libertad colectiva, por favor, y con azúcar. Esa que los individualistas rechazan por tener límites externos e impuestos que, según ellos, coartan la libertad y por ende la niegan.
Esta libertad individualista no acepta que el termino justicia vaya ligado a la misma, para ellos son dos cosas distintas que nada tienen que ver la una con la otra. Libertad sin justicia, me explican, libertad de ‘’elegir’’ entre hacer el mejor esfuerzo, de desarrollar tus potenciales al máximo o no hacerlo, aquí la justicia nada tiene que ver.
La justicia, siempre por separado, para estas personas es algo muy simple: ‘’quien se destaque más, obtiene más’’, al menos así me explicaba un defensor de esta posición. Y digo yo: Y ¿la equidad dónde queda?.
Según mi amigo, la equidad es injusta ya que todos no se ‘’destacan’’ de igual manera, así que no queda.
Hilando esta conversación me doy cuenta de que la libertad para estas personas es un privilegio, que existe independientemente de que todos puedan disfrutarla, que es libre quien tiene suerte, ya no todos tenemos las mismas posibilidades de elegir entre ser doctor o barrendero, pero aún así nos hacen todos responsables por las vidas que nos han tocado vivir. Al fin y al cabo, los pobres son pobres porque lo ‘’eligieron’’ así.
Su argumento se sustenta con frases sacadas de libros de auto-ayuda, -‘’quien quiere puede’’-con historias tomadas con pinzas sobre alguien que salió de la miseria y ahora es doctor. Son esas escasas excepciones, tan raras que merecen titulares en la prensa, a las que ellos aplauden y utilizan para demostrar su tesis.
Concluyen aseverando que hay quienes se niegan a ser libres, quienes tienen mentalidad de esclavos, y por eso se marginan y no destacan. Aseguran que aportar soluciones es esclavizar, que la solidaridad solo se ejerce cuando uno ve al ahogado pataleando. Hay que merecer solidaridad, tiene que juzgar quien te podría tender la mano si considera que te esfuerzas lo suficiente como para ser salvado.
Es la ley de la selva para seres humanos racionales y ‘’destacados’’. Y pienso en National Geografic y los leones comiéndose, sin un ápice de piedad, a los animales enfermos, a los más viejos, a los más débiles, a las crías de cuanto herbívoro tonto, que eligió no nacer con colmillotes y garras. Porque es cuestión de elegir... ¿O no?
Libertad electiva que convenientemente produce esclavos acobardados ante tal elección. Libertad individual que no acepta ser coartada por la las necesidades de otros. Libertad depredadora, egoísta y alienante. Libertad que puede elegir no ser solidaria, justa, y que solo responde a quien la ejerce, a quien ‘’se hace responsable de sus actos’’. Libertad que no se negocia, aunque atropelle, excluya, y niegue la libertad de los demás.
Tomo dos litros de Primperán porque esto es demasiado para mi delicado estómago…
Luego pienso: si vivimos, desde que el mundo es mundo, en compañía de otros seres humanos, porque el hombre es un animal social, o lo era hasta que esta ola individualista comienza a apoderarse de nosotros en la medida en que somos más ‘’civilizados’’.
Yo recuerdo una de las cosas que más me mortificaba cuando vivía en mayami era la cantidad de gente que comía sola en los restaurantes, que han sustituido a los acogedores y familiares comedores de sus casas. Es una estampa muy triste ver a alguien con un periódico cubriéndole la soledad de la cara, sentado en una mesita con tres de sus cuatro sillas desocupadas, mientras espera callado un plato genérico y una sonrisa humana, aunque sea a cambio de una propina.
Y es que el individualismo aliena. Ya no somos grupales, la supervivencia depende de nosotros mismos. En esa lucha constante por ‘’destacar’’ es necesario pisar algunos callos ajenos, y hay recelo, desconfianza, emociones reprimidas, porque las emociones son síntoma de debilidad y ya sabemos los que pasa con los débiles. Ya no somos humanos porque nos dejamos nuestra esencia ejerciendo la libertad.
Y yo me pregunto si vale la pena ser libre de ese modo, y me respondo que no, por supuesto. Porque esta no es la libertad que pediría en la ‘’libertadería’’, y si me la dieran, yo la echaría a la basura y escogería, tal vez, no ser tan libre y pediría libertad colectiva, por favor, y con azúcar. Esa que los individualistas rechazan por tener límites externos e impuestos que, según ellos, coartan la libertad y por ende la niegan.
El concepto libertad, creo haber entendido, surge en el mismo momento en que nos encontramos acompañados, es como el hueco que deja el diente caído que nos recuerda que allí había un diente.
Un hombre solo, cosa inimaginable a menos que seas el naufrago de las comiquitas, puede hacer lo que se le venga en gana y asumir las consecuencias de sus actos el solito, ya que él sería el único afectado por sus elecciones. Pero una vez que se une a otros, ese sin sentido que es la libertad absoluta deja de serlo para convertirse en el hueco que dejó el diente caído.
Se hacen espacios para que la convivencia fluya, para que las metas comunes sean posibles de alcanzar. Se hacen comunidades, se establecen esas normas que le dan sentido a la libertad. Son justamente los límites los que nos recuerdan que tenemos libertad, por paradójico que parezca.
La libertad colectiva implica necesariamente justicia, si todos no somos libres simplemente no hay libertad. También implica solidaridad, ya que para lograr la libertad de todos, todos debemos ayudarnos unos a otros. Con que exista un solo esclavo ya nos estamos negando la posibilidad de ser libres.
Esto es mucho para una cabeza solita, por eso es que somos seres grupales, por eso nos necesitamos y por eso debemos complementarnos en lugar de alienarnos.
Pensar en el bien individual sobre el bien común atenta contra la libertad. Es un todo o nada que termina favoreciéndonos, que nos destaca en conjunto, que hace que cada uno de nosotros sea importante. Nos obliga a no dejar a nadie atrás, nos obliga a pensar antes de actuar, a no pisar callos ajenos.
En fin, que no es fácil ser libres, exige un esfuerzo constante de muchos, acarrea responsabilidades inmensas que deben ser compartidas. De allí surge la necesidad de vivir en comunidades, entendiéndose éstas como la suma de las personas que la forman mas algo, y ese algo es lo que los vertebra y es eso lo que da pie a la responsabilidad, ya que puedes hacer cualquier cosa menos romper el hilo que une a la comunidad.
Visto de esta manera la libertad mas que un derecho es un deber.
Deberes, responsabilidades… ¿Quieren libertad?
Pues bien, manos a la obra y un frasquito de Lexotanil. Olvídense de ‘’destacar’’ si no están dispuestos a hacerlo en equipo. Noten que están pidiendo mas responsabilidades de las que han estado dispuestos a asumir hasta ahora. Sepan que el día que sean libres la vida se les volverá difícil, que tendrán la certeza de que la más mínima decisión que tomen podrá tener consecuencias terribles en algún lugar remoto. Que serán padres de cada uno de los niños que hay en el mundo, que serán hijos de todos los viejos. Que cada Coca Cola que se tomen les sabrá un poco a miseria, que cada franela Gap que usen les causará la picazón que produce la alergia a la explotación humana.
Sepan que no tendrán señora de servicio que les haga sus arepitas, porque no serán capaces de contratarla a menos que les puedan pagar una salario digno, y cuando digo digno me refiero pagar mas mucho más que el monto mínimo que establece la ley. Sepan que se les acabará el placer que les produce un mesonero adulador, que los beneficios grotescos que producen sus empresas les parecerán inmorales, que rechazarán las piñas coladas servidas a la orilla de una playa privada por un pobre diablo disfrazado de marinerito. Que descubrirán que su papá, ese doctor prominente, vale tanto como el papá de otro, aquel campesino incansable. Que despertarán con una opresión en el pecho por haber sido tan ciegos y se pasarán el resto de sus vidas luchando por recuperar el tiempo perdido.
La ‘’libertadería’’ está abierta: ¿Alguien quiere libertad? Les advierto que cuesta una pelota, pero bien vale la pena.
La libertad colectiva implica necesariamente justicia, si todos no somos libres simplemente no hay libertad. También implica solidaridad, ya que para lograr la libertad de todos, todos debemos ayudarnos unos a otros. Con que exista un solo esclavo ya nos estamos negando la posibilidad de ser libres.
Esto es mucho para una cabeza solita, por eso es que somos seres grupales, por eso nos necesitamos y por eso debemos complementarnos en lugar de alienarnos.
Pensar en el bien individual sobre el bien común atenta contra la libertad. Es un todo o nada que termina favoreciéndonos, que nos destaca en conjunto, que hace que cada uno de nosotros sea importante. Nos obliga a no dejar a nadie atrás, nos obliga a pensar antes de actuar, a no pisar callos ajenos.
En fin, que no es fácil ser libres, exige un esfuerzo constante de muchos, acarrea responsabilidades inmensas que deben ser compartidas. De allí surge la necesidad de vivir en comunidades, entendiéndose éstas como la suma de las personas que la forman mas algo, y ese algo es lo que los vertebra y es eso lo que da pie a la responsabilidad, ya que puedes hacer cualquier cosa menos romper el hilo que une a la comunidad.
Visto de esta manera la libertad mas que un derecho es un deber.
Deberes, responsabilidades… ¿Quieren libertad?
Pues bien, manos a la obra y un frasquito de Lexotanil. Olvídense de ‘’destacar’’ si no están dispuestos a hacerlo en equipo. Noten que están pidiendo mas responsabilidades de las que han estado dispuestos a asumir hasta ahora. Sepan que el día que sean libres la vida se les volverá difícil, que tendrán la certeza de que la más mínima decisión que tomen podrá tener consecuencias terribles en algún lugar remoto. Que serán padres de cada uno de los niños que hay en el mundo, que serán hijos de todos los viejos. Que cada Coca Cola que se tomen les sabrá un poco a miseria, que cada franela Gap que usen les causará la picazón que produce la alergia a la explotación humana.
Sepan que no tendrán señora de servicio que les haga sus arepitas, porque no serán capaces de contratarla a menos que les puedan pagar una salario digno, y cuando digo digno me refiero pagar mas mucho más que el monto mínimo que establece la ley. Sepan que se les acabará el placer que les produce un mesonero adulador, que los beneficios grotescos que producen sus empresas les parecerán inmorales, que rechazarán las piñas coladas servidas a la orilla de una playa privada por un pobre diablo disfrazado de marinerito. Que descubrirán que su papá, ese doctor prominente, vale tanto como el papá de otro, aquel campesino incansable. Que despertarán con una opresión en el pecho por haber sido tan ciegos y se pasarán el resto de sus vidas luchando por recuperar el tiempo perdido.
La ‘’libertadería’’ está abierta: ¿Alguien quiere libertad? Les advierto que cuesta una pelota, pero bien vale la pena.
