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jueves, 28 de junio de 2007
De Altamira a Capitolio, de Beto y Teresita.
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Carola
Historia de dos ciudades.
Para Vladimir y aquellos quienes desesperan esperando
Caracas es una ciudad bien compleja donde las cosas pueden no ser como se ven. Acaso es que yo veo todo al revés y por eso me gusta tanto pasear por esa ciudad para encontrar belleza en el desorden, melodías en el ruido, tesoros en medio de las aceras, oscuridad en la belleza, y belleza en la oscuridad.
Caracas son dos ciudades en una. La que conocí de pava, linda, la ciudad y linda yo y la que voy conociendo de cuarentina, grande la ciudad, pequeña yo, pequeña y feliz de poder ver.
La semana pasada me tocó cruzarla varias veces de este a oeste. El este que tanto conocí y en el que ahora, después de doce años de ausencia, desconozco, por donde me paseo con asombro de haber encajado perfectamente en ese sitio, en ese modo de vida, donde ahora me siento como una infiltrada, donde no entiendo nada de lo que antes era tan sencillo que no necesitaba explicación.
El este de Caracas es bonito, moderno, extranjero, si no fuera por los loros, que siempre regresan a dormir en el Guayre, se podría pensar que es una de esas ciudades genéricas que no tienen nacionalidad. Una Caracas políglota donde el café ya no se llama café, se llama capuccino o latte aunque sea solo café, donde las cuarentonas no se arrugan, donde la gravedad no afecta a las tetas, donde todas las narices son todas iguales, donde se camina con el pecho por delante, con cara de interesante, con expresiones tan estudiadas al caletre que ya no expresan nada.
El este de Caracas se distingue de Venezuela y se parece cada día más a Miami, lo que produce en sus moradores el orgullo vacuo del que copia porque no saber crear. Lo demás es monte y culebra...
Lo demás, el oeste, el lejano oeste de los cuentos de terror de mi infancia. Un lugar peligroso, sucio, feo...
La estación del metro en Altamira me traga y me escupe en Capitolio, debo llegar a la Plaza Bolívar y no tengo idea por donde ir, sigo a la gente, gente colorida, no tanto por su piel, que es como la mía, sino por sus ropas, su tongoneo, su ritmo interior que los hace bailar al son de mil canciones que suenan a la vez.
Un desorden generalizado y las advertencias que llevo tatuadas en el hipotálamo me hacen apretar mi bolso contra mi cuerpo, apretar el paso y poner cara de ja! ni se nota que no soy de aquí. Y se nota, pero no pasa nada, me ofrecen comprarme unos dólares que no tengo, nadie me silba o me sisea, lo que me indica que a mi si me afecta la gravedad y el tiempo, gracias al cielo, y un viejito me dice divertido que para llegar a la Plaza Bolívar solo tengo que dejar de caminar, y yo levanto la vista para ver al Libertador aguantando la risa por lo gafa que me veo allí parada, con cara de caraqueña extraviada en el medio de Caracas.
La otra Caracas, la que esta viva, la que se reinventa cada día, la que surge del olvido y se vuelve ciudad, la que se ordena y se desordena buscando su camino, la que lo encuentra mientras camina, la que encontró un futuro que hace años le fue negado, la que sobrevivió con la fortaleza del perro callejero, que flaco, sarnoso y apaleado todavía es capaz de mover la cola de alegría frente a una bolsa de basura recién tirada, no porque sea tonto ni sumiso, sino por que es capaz de encontrar alegría en lo poco bueno le toca.
Yo tuve un fox terrier, vaya perro cabrón el mío, cabrón y longevo. Beto nunca entendió que era un perro con mucha suerte, no supo ver que sin mi él habría muerto de un ataque de pulgas. Beto no podía comer pollo porque de daba gastritis, no podía comer nada que no fuera su comida, importada, carísima, sufría de eccemas en la piel, y de paso mordía, pero no a los ladrones sino a niñitos cariñosos y confiados y a la dueña de la casa que habíamos alquilado. Se meaba en la nuestras almohadas y se cagaba en medio del paso a la cocina justo a media noche, para que si alguien iba medio dormido a buscar agua, se despertara con la cálida sensación de la caca de fiel mascota escurriéndose entre los dedos de los pies. Beto sabía lo que hacía, era un perro muy inteligente, y se cagó en sus dueños durante diecisiete años porque, simplemente, era un cabrón.
Teresita llegó a la casa un día con la barriga hinchada de parásitos y muerta de miedo. Nos quedamos con ella porque nadie la quería. Era una perra sin raza, o con muchas razas revueltas. Perra amarilla con ojos agradecidos. Tere se meaba si, pero de alegría de vernos, comía cualquier cosa como si fuera un manjar, se arrancaba las pulgas con sus dientes, y se olvidaba de que era miedosa si algo nos amenazaba. Teresita sabía que tenía mucha suerte, que aun cuando hubiese sido capaz de sobrevivir en la calle, al contrario del cabroncete de Beto. La cuidábamos y la queríamos y ella nos retribuía con sonrisas perrunas, buena compañía y alegres meadas matutinas. Mientras Beto exigía más y más, Tere disfrutaba con los que le caía. Insisto, Beto era un cabrón.
Igual pasa con los caraqueños y conste que no estoy llamando perro a nadie. Los del este tienen mucho: la comida les sobra al punto de tirarla a la basura mientras que dicen a sus niños: ‘’ La comida no se bota’’. Tienen casas grandes, piscinas, carros, parques, tiendas, productos importados, muchos zapatos, pantalones y camisas, tienen doctores que curan todo, tienen colegios y guarderías,trabajo en aire acondicionado, tienen señoras de servicio que limpian y cocinan, tienen viajes, cuentas bancarias, clubes, clases de karate y ballet, juguetes, muchos juguetes para sus niños. Del faltarles, no les falta nada que se pueda comprar. Pero nunca tienen suficiente, y se quejan, exigen, patalean y no se mean en la almohada porque la funda que las cubre es carísima y ellos mismo la pagaron.
No solo se quejan por lo que no han podido comprar aun, se quejan porque otros pretenden tener derecho a vivir, ni siquiera como ellos, porque eso es excesivo, sino a vivir dignamente. Los otros, los tierruos, pretenden comer tres veces al día, tener un techo que los cubra de la lluvia, un doctor que cure sus enfermedades, un colegio para sus niños. Pretenden estudiar en la universidad, y que sus hijos sigan su ejemplo, pretenden ser gente de bien, pretenden pensar y, para colmo, pretenden decidir con su voto el destino de todos los venezolanos.
Mis Betos de Baruta y Chacao, se enteraron hace dos semanas, que hay una lucha de clases. Ellos dicen que ese es un fenómeno nuevo, que aquí no existía hasta que Chávez, con su discurso incendiario, nos dividió. Es fácil no saber de luchas de clases cuando se es la clase explotadora y opresora. Más que fácil, es conveniente.
Ellos hablan de reconciliación nacional condicionando la misma al cumplimiento de sus exigencias. La reconciliación para ellos implica el desconocimiento de la voluntad popular, el regreso a un pasado grotesco y la desesperanza de las mayorías.
Yo no entiendo tanto egoísmo, o tanta ceguera, para no ser tan dura. No se en qué los afecta negativamente que todos tengamos una vida mejor. Solo se que cuando Beto se quería pasar de vivo con Tere, ella no se cortaba para meterle un mordisco y hacerlo correr, chillando y con el rabo entre las piernas.
Los caraqueños del oeste están descubriendo a que sabe la esperanza, ya han probado el sabor de una vida mas digna, no están peleando por un hueso, están defendiendo el futuro de todos los venezolanos, incluso el de quienes pretenden dejarlos sin futuro. De los del oeste tenemos mucho que aprender, tanto que podríamos sentir mucha vergüenza por haber sido tan ignorantes, tan soberbios y tan ciegos.
¿Monte y culebra? No lo creo, lo que hay mas allá de Chacaito es un país grande donde el café se llama café, la gente se llama gente y la reconciliación significa igualdad.
Para Vladimir y aquellos quienes desesperan esperando
Caracas es una ciudad bien compleja donde las cosas pueden no ser como se ven. Acaso es que yo veo todo al revés y por eso me gusta tanto pasear por esa ciudad para encontrar belleza en el desorden, melodías en el ruido, tesoros en medio de las aceras, oscuridad en la belleza, y belleza en la oscuridad.
Caracas son dos ciudades en una. La que conocí de pava, linda, la ciudad y linda yo y la que voy conociendo de cuarentina, grande la ciudad, pequeña yo, pequeña y feliz de poder ver.
La semana pasada me tocó cruzarla varias veces de este a oeste. El este que tanto conocí y en el que ahora, después de doce años de ausencia, desconozco, por donde me paseo con asombro de haber encajado perfectamente en ese sitio, en ese modo de vida, donde ahora me siento como una infiltrada, donde no entiendo nada de lo que antes era tan sencillo que no necesitaba explicación.
El este de Caracas es bonito, moderno, extranjero, si no fuera por los loros, que siempre regresan a dormir en el Guayre, se podría pensar que es una de esas ciudades genéricas que no tienen nacionalidad. Una Caracas políglota donde el café ya no se llama café, se llama capuccino o latte aunque sea solo café, donde las cuarentonas no se arrugan, donde la gravedad no afecta a las tetas, donde todas las narices son todas iguales, donde se camina con el pecho por delante, con cara de interesante, con expresiones tan estudiadas al caletre que ya no expresan nada.
El este de Caracas se distingue de Venezuela y se parece cada día más a Miami, lo que produce en sus moradores el orgullo vacuo del que copia porque no saber crear. Lo demás es monte y culebra...
Lo demás, el oeste, el lejano oeste de los cuentos de terror de mi infancia. Un lugar peligroso, sucio, feo...
La estación del metro en Altamira me traga y me escupe en Capitolio, debo llegar a la Plaza Bolívar y no tengo idea por donde ir, sigo a la gente, gente colorida, no tanto por su piel, que es como la mía, sino por sus ropas, su tongoneo, su ritmo interior que los hace bailar al son de mil canciones que suenan a la vez.
Un desorden generalizado y las advertencias que llevo tatuadas en el hipotálamo me hacen apretar mi bolso contra mi cuerpo, apretar el paso y poner cara de ja! ni se nota que no soy de aquí. Y se nota, pero no pasa nada, me ofrecen comprarme unos dólares que no tengo, nadie me silba o me sisea, lo que me indica que a mi si me afecta la gravedad y el tiempo, gracias al cielo, y un viejito me dice divertido que para llegar a la Plaza Bolívar solo tengo que dejar de caminar, y yo levanto la vista para ver al Libertador aguantando la risa por lo gafa que me veo allí parada, con cara de caraqueña extraviada en el medio de Caracas.
La otra Caracas, la que esta viva, la que se reinventa cada día, la que surge del olvido y se vuelve ciudad, la que se ordena y se desordena buscando su camino, la que lo encuentra mientras camina, la que encontró un futuro que hace años le fue negado, la que sobrevivió con la fortaleza del perro callejero, que flaco, sarnoso y apaleado todavía es capaz de mover la cola de alegría frente a una bolsa de basura recién tirada, no porque sea tonto ni sumiso, sino por que es capaz de encontrar alegría en lo poco bueno le toca.
Yo tuve un fox terrier, vaya perro cabrón el mío, cabrón y longevo. Beto nunca entendió que era un perro con mucha suerte, no supo ver que sin mi él habría muerto de un ataque de pulgas. Beto no podía comer pollo porque de daba gastritis, no podía comer nada que no fuera su comida, importada, carísima, sufría de eccemas en la piel, y de paso mordía, pero no a los ladrones sino a niñitos cariñosos y confiados y a la dueña de la casa que habíamos alquilado. Se meaba en la nuestras almohadas y se cagaba en medio del paso a la cocina justo a media noche, para que si alguien iba medio dormido a buscar agua, se despertara con la cálida sensación de la caca de fiel mascota escurriéndose entre los dedos de los pies. Beto sabía lo que hacía, era un perro muy inteligente, y se cagó en sus dueños durante diecisiete años porque, simplemente, era un cabrón.
Teresita llegó a la casa un día con la barriga hinchada de parásitos y muerta de miedo. Nos quedamos con ella porque nadie la quería. Era una perra sin raza, o con muchas razas revueltas. Perra amarilla con ojos agradecidos. Tere se meaba si, pero de alegría de vernos, comía cualquier cosa como si fuera un manjar, se arrancaba las pulgas con sus dientes, y se olvidaba de que era miedosa si algo nos amenazaba. Teresita sabía que tenía mucha suerte, que aun cuando hubiese sido capaz de sobrevivir en la calle, al contrario del cabroncete de Beto. La cuidábamos y la queríamos y ella nos retribuía con sonrisas perrunas, buena compañía y alegres meadas matutinas. Mientras Beto exigía más y más, Tere disfrutaba con los que le caía. Insisto, Beto era un cabrón.
Igual pasa con los caraqueños y conste que no estoy llamando perro a nadie. Los del este tienen mucho: la comida les sobra al punto de tirarla a la basura mientras que dicen a sus niños: ‘’ La comida no se bota’’. Tienen casas grandes, piscinas, carros, parques, tiendas, productos importados, muchos zapatos, pantalones y camisas, tienen doctores que curan todo, tienen colegios y guarderías,trabajo en aire acondicionado, tienen señoras de servicio que limpian y cocinan, tienen viajes, cuentas bancarias, clubes, clases de karate y ballet, juguetes, muchos juguetes para sus niños. Del faltarles, no les falta nada que se pueda comprar. Pero nunca tienen suficiente, y se quejan, exigen, patalean y no se mean en la almohada porque la funda que las cubre es carísima y ellos mismo la pagaron.
No solo se quejan por lo que no han podido comprar aun, se quejan porque otros pretenden tener derecho a vivir, ni siquiera como ellos, porque eso es excesivo, sino a vivir dignamente. Los otros, los tierruos, pretenden comer tres veces al día, tener un techo que los cubra de la lluvia, un doctor que cure sus enfermedades, un colegio para sus niños. Pretenden estudiar en la universidad, y que sus hijos sigan su ejemplo, pretenden ser gente de bien, pretenden pensar y, para colmo, pretenden decidir con su voto el destino de todos los venezolanos.
Mis Betos de Baruta y Chacao, se enteraron hace dos semanas, que hay una lucha de clases. Ellos dicen que ese es un fenómeno nuevo, que aquí no existía hasta que Chávez, con su discurso incendiario, nos dividió. Es fácil no saber de luchas de clases cuando se es la clase explotadora y opresora. Más que fácil, es conveniente.
Ellos hablan de reconciliación nacional condicionando la misma al cumplimiento de sus exigencias. La reconciliación para ellos implica el desconocimiento de la voluntad popular, el regreso a un pasado grotesco y la desesperanza de las mayorías.
Yo no entiendo tanto egoísmo, o tanta ceguera, para no ser tan dura. No se en qué los afecta negativamente que todos tengamos una vida mejor. Solo se que cuando Beto se quería pasar de vivo con Tere, ella no se cortaba para meterle un mordisco y hacerlo correr, chillando y con el rabo entre las piernas.
Los caraqueños del oeste están descubriendo a que sabe la esperanza, ya han probado el sabor de una vida mas digna, no están peleando por un hueso, están defendiendo el futuro de todos los venezolanos, incluso el de quienes pretenden dejarlos sin futuro. De los del oeste tenemos mucho que aprender, tanto que podríamos sentir mucha vergüenza por haber sido tan ignorantes, tan soberbios y tan ciegos.
¿Monte y culebra? No lo creo, lo que hay mas allá de Chacaito es un país grande donde el café se llama café, la gente se llama gente y la reconciliación significa igualdad.
martes, 26 de junio de 2007
Una promesa.
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Carola
Mañana, les prometo a todos publicar algo bien sabroso, eso creo...
Lo estoy cocinando esta noche, después de una semana muy buena en Caracas. Fui desde la esquina caliente en la plaza Bolívar hasta lo que supongo es la esquina caliente en Altamira.
Todo con un taxista disociado...
Es una promesa, mañana publico.
Lo estoy cocinando esta noche, después de una semana muy buena en Caracas. Fui desde la esquina caliente en la plaza Bolívar hasta lo que supongo es la esquina caliente en Altamira.
Todo con un taxista disociado...
Es una promesa, mañana publico.
domingo, 24 de junio de 2007
Kiki vs Chavez
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Carola
Gana mi presi por knock out!!!!
Tranqui que el próximo domingo a la misma hora por el mismo canal Kiki contraatacara.
Tranqui que el próximo domingo a la misma hora por el mismo canal Kiki contraatacara.
Kiki en la tele!!!!
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Carola
Que vaina con Kiki, hace una semana publica un diario y zuas!!! ya va a salir en la tele.
Yo que tengo lumbago de tanto escribir, nada de nada. Asi es la vida...
No se pierdan a Kiki esta noche a las 7 con los Robertos en VTV.
Yo que tengo lumbago de tanto escribir, nada de nada. Asi es la vida...
No se pierdan a Kiki esta noche a las 7 con los Robertos en VTV.
sábado, 16 de junio de 2007
Mareada de tantas marchitas.
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Carola
Se preguntarán mis amigos porqué no he escrito algo más esta semana. Casi siempre escribo dos o tres cositas, pero tantas marchitas me tienen marchitas las ideas.
Por eso, y en un acto de reconciliación nacional, le he prestado mi compu a una chama linda de la UCAB, que, con sus blancos dedos pintados de blanco, ha estado escribiendo su diario marchoso en forma de blog.
Les invito a adentrarse en la mirada íntima y rosada de la realidad nacional que plasma Kiki Aranguren en su blog: El diario de Kiki's diary.
Leer a Kiki es como leer lo que yo escribo pero al revés.
lunes, 11 de junio de 2007
¿Qué he hecho yo para merecer esto? O para no merecerlo...
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Carola
Ilustración de Raúl Ávila
Estoy perpleja, por no decir conmocionada, estupefacta, y anonadada, sinónimos que alargan el texto y que , con suerte, engordarán mi monedero. Resulta que no pienso como pienso, me lo dijeron en globovisión, ya saben, el canal que, asesorado por ARS publicidad, quiere pensar por usted.
Yo creía que creía pero no, no creo nada, disimulo, me vendo, traiciono mi propia verdad. Eso dicen que hago y si lo dicen en la tele, por supuesto que es verdad.
Resulta, y esto es repugnante, que escribo mentiras a cambio de dinero, con el que el ‘’dictador electo’’ compra conciencias, la mía por ejemplo, y la de mayoría de los venezolanos y yo, caída siempre de la mata, me he olvidado de cobrar, y ellos ladrones abusivos se olvidaron de pagar.
Pero pagan eso dicen, pagan a quien escriba, a quien diga que piensa como ellos, a quien vote, a quien se ponga una franela roja, a todos los que marchan, a todos los que sueñan.
Nos dicen tarifados, y yo me pregunto: ¿Cuánto pagan? ¿Cómo pagan? ¿Qué es lo que pagan?
Yo escribo y mucho, paso horas y horas sentada en una silla roñosa que me ha provocado un lumbago horrible. Escribo cosas larguísimas, por lo que pienso que si pagan por metros, me deben un realero, si pagan por palabras o caracteres también, no tienen escapatoria.
¿Cómo se cobra? ¿A quién dirijo mi queja? Aun no tengo respuestas pero, mientras tanto, sigo escribiendo porque cuantas mas letras teclee más me van a pagar. Yo tengo dos niñas, y ya sabemos como es eso. También tengo acreedores a quienes no les debo nada, pero que al leer mis artículos decidieron cobrarme todo por adelantado, por si acaso el movimiento estudiantil nos devuelve las novelas y este rrrrégimen se desbarata.
Ahora estoy un poco enfadada conmigo misma, el otro día me restregaron pruebas en la cara, de que los de la oposición cobran en dólares, y los cambian en el mercado negro, segurito, y yo, de llegar a cobrar un día, lo haría en moneda nacional y eso, repito, si les da la gana de llamarme para que pase por mis churupos.
Quien si parece que cobra, puntualmente y en moneda importada, es el barbudo cubano que me dicta lo que escribo a través del bombillo de mi estudio. Eso es indignante, porque los dedos ampollados son míos.
Se va desgastando el rrrrrégimen debido a su ineficiencia, sin bozal de arepa yo dejo de escribir y salgo a buscar trabajo. Bla bla bla bla bla bla bla (eso suma caracteres, porsia)
Razón tienen los oposicionistas, por no llamarlos escuálidos, bueno ya los llamé pero eso también suma. Razón tienen cuando dicen que Chávez es bruto. Es que no hay que ser un genio en matemáticas para sacar la cuenta: no se cuantas marchas con decenas de miles de personas cobrando, miles de artículos y reportajes pagados, por supuesto, con le dinero de todos los venezolanos, siete millones y pico de votos, cinco millones y pico de aspirantes a militar en el PSUV, sigan sumando, las viejitas que salen sonriendo en las cuñas institucionales, la señora que defiende al gobierno en una discusión de panadería, los que llevan camisas rojas, los que ven la hojilla, los que la hacen, los intelectuales que optan por pasar como brutos chavistas a cambio de su, como decirlo, ¿subsidio?, a cualquiera que diga ¡Uh ah! y pare usted de contar, que yo sigo para ir haciendo caja, los que compran en mercal, los que se sacaron la cédula que dice República Bolivariana de Venezuela, los que tienen bombillos espías, los que los prenden para que se vea que son muchos, los que van a Barrio Adentro, los que aprendieron a leer, los que leen, los que cruzan el puente sobre el Orinoco, o el viaducto, los que van a Los Teques en metro, los que se suben al tren, los que compran carros familiares, los se operan en Cuba y recuperan la visión, los que pitan a Castillo Lara, los que son acosados en Chacao y prefieren disimular, los que no disimulan cobran doble, anoten esa, los estudiantes que plantean debates, los soldados, los curas que practican el cristianismo como Cristo lo predicó, los motorizados que se le plantaron a quienes querían guarimbear, los que salieron el trece de abril, los viejitos que aceptan cobrar pensiones decentes, los padres que no pagaron aumentos abusivos en las matriculas escolares, los bolivianos, nicas, haitianos, antillanos, negros pobres americanos, a cualquiera que diga ‘’ñe’’, a todos les ha pagado, a todos menos a mi.
Por eso creo que mi tocayo de apellido no calculó bien este asunto, por andar repartiendo tanto dinero entre los ‘’tarifados’’ del pueblo, a la hora de cogerse unos reales, se dio cuenta de que para él no quedó nada y tampoco para mi. Mal negocio Presidente, mal negocio...
Bla bla bla bla bla bla bla bla...
¿Bla?
viernes, 8 de junio de 2007
A nadie le huelen sus peos, ni sus hijos le parecen feos.
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Carola
ilustración de Raúl Ávila, una maravilla!!!
Eso solía decir mi mamá con cierto conocimiento de causa. De las flatulencias de mi progenitora no voy a escribir porque madre es una sola y me vino a tocar a mi. De lo que si voy a escribir es sobre los hijos feos y de los bonitos también.
‘’Cuando se tienen dos hijos, se tienen todos los hijos de la tierra...’’ Eso dijo el poeta Andrés Eloy Blanco en ‘’Los Hijos Infinitos.’’ Solo un poeta como él podía describir un sentimiento que abarca tanto, que nos sobrecoge tanto, que tantas veces nos supera.
Hace ocho años, cuando nació mi gorda mayor, yo comencé a descubrir cosas tan sencillas y tan obvias, que por sencillas y obvias, nunca antes me había detenido a observarlas.
Una madre primeriza no puede quitarle los ojos de encima a su bebé, hay una especie de magnetismo que te lo impide. Yo no hacia más que mirar a mi niña de manitas gordas, con su carita de todo es nuevo y me gusta, su culito al aire y a mi que me importa, con su sonrisa de encías rosadas y cachetes brillantes. Cada movimiento nuevo era un descubrimiento para ambas.
Cuando ella descubrió que tenía manos y que eran suyas, yo descubrí en ellas a mis manos pequeñitas, y también me di cuenta de que esas manos gorditas y descoordinadas eran iguales a las del vecinito. Claro, vivíamos en la misma urbanización, éramos mas o menos iguales.
Luego vino otra revelación más fuerte que me hasta el día de hoy me conmueve, vi en el noticiero las manos de mi gorda en las de un niño muerto, era un bebé palestino, su manita inerte era exacta a la de mi niña cuando ésta estaba dormida.
Así fuimos descubriendo, de la cabeza a los pies, a todos los niños del mundo, aprendimos a caminar y nos caímos sobre los mismos culitos mullidos, descubrimos que un ruido fuerte nos hacía llorar de miedo, que si te muerde tu perro te duele, así que la próxima vez no le vayas a halar la cola, descubrimos que el hambre es fastidiosa y que se calma comiendo, que si no comes te enfermas y que si te enfermas tu, yo me enfermo de angustia. Descubrí que todos los llantos de niño me arrugan el corazón.
Hace poco tuve otra gordita, y me tocó descubrir que todavía me faltaba mucho por descubrir. Me cayó en la cabezota una paradoja abrumadora, si con la mayor reconocí manos, pies y culitos idénticos, cuando nació la enana me di cuenta de que cada bebé es diferente. Ante esta revelación lo menos que te puede dar es una depresión post parto. Yo tenía todo resuelto, como ya había criado a una bebé, y de paso del mismo signo horoscopero, pensé que la mitad de la tarea estaba hecha.
Pues no, nada de horoscopitos baratos, nada de manitas gorditas, igualitas eso si, pero no. Si la grande llegó al mundo flotando en nubecitas azules, su hermanita lo hizo montada en una motoneta sin silenciador. Dulces bebés gorditas y rosadas, una silenciosa y dócil, la otra un cachorrito de león.
Ya tengo dos hijas, lo que me califica para tener a todos los hijos del mundo. Sigo leyendo al poeta y me aterro: ‘’ Cuando se tienen dos hijos, se tiene todo el miedo del planeta...’’
Ese miedo puede ser causado por la incertidumbre. Los hijos, y eso lo se por ser hija, casi nunca somos lo que nuestros padres imaginaron que seríamos. Cuando somos bebés nos imaginan grandes, doctores, cultismos, bien peinados, responsables, perfectos. Nos imaginan como ellos quisieran haber sido, o nos imaginan como son, si es que tienen alta autoestima. Nos imaginan de cualquier manera pero, generalmente, casi nunca la pegan.
Siempre me asombró cómo mis padres me seguían queriendo a pesar de que les he llevado la contraria en casi todo. Si por ellos fuera, yo sería una señora elegantísima, entaconada y discretamente maquillada, tendría una casa ordenadita, sin un solo plato sucio, sin una partícula de polvo, sin una sola letra escrita, flores y velitas, bebes con lazos rosados, un piano de cola con una partitura muy tocada, un diploma en una pared, una cuenta de ahorros sólida, una vida sin tropiezos, como una foto de propaganda de jabón con blanqueador.
A mi me pasa lo mismo con mi gorda, que no le gustan los libros, que tiene como mascota una culebra que come ratones vivos, que no se quiere bañar cada día como dice el reglamento, me encuentro amando a mi otra gordita que se perfila tan compleja, que hasta el día de hoy, ocho meses después, ni siquiera sabemos con certeza de qué color es su pelo. Mi gordita cara de culo, que no reparte sonrisas a menos que considere que de verdad las mereces.
Por eso ayer mi tarde fue muy complicada, asistí a dos eventos que se desarrollaron en uno. Ayer nuestros muchachos, mis muchachos tuvieron su día de gloria, los vi entrar a La Asamblea Nacional seguros, jovencitos, con caras de casi soy grande, de que se lo que hago, de que me la estoy comiendo y todos me están mirando. Y si, todos los mirábamos con el corazón en la mano. Cuando se tienen dos hijos se tiene todo el miedo del planeta...
Subió mi primer muchacho, muy serio, como muy tieso, subió con unos papeles llenitos de palabras y se paró en su sitio, sus hombros estaban caídos, sus ojos miraban abajo, quizá porque leía, quizá porque se sentía como si estuviera presentando un examen de esos que sabes que vas a raspar. Mi muchacho abrió la boca y salieron palabras de ella, las palabras que no expresan ideas son solo sonidos al aire. Mi muchacho habló y no dijo nada con la boca, pero sus ojos miraban con rabia, con arrogancia, y sin luz.
Mi corazón se arrugó por mi muchacho, mi niño oveja negra, y lo vi joven y lo vi viejo, sentí mucha pena por el. Imaginé a su madre orgullosa sentada frente al televisor, y sentí pena por ella. Nuestro muchacho con su mirada antártica, palabras vacías y gestos ensayados. Nuestro muchacho de probeta, con ideas de laboratorio que alguien pensó por el, tuvo su momento y se lo dejó quitar y tan ciego de arrogancia estaba mi niño, que no se dio cuenta de que si algo nos dejó con su puesta en escena fue una angustia profunda, un mal sabor en la boca y una mirada tan vieja, tan vista y gastada, que por un momento, solo por un momento, sentí desesperanza.
Ocupó su sitio una niña estudiante de derecho, era bajita pero miraba hacia arriba. sus manos vacías, su boca llenas de palabras, muchas palabras, cada una en su sitio, sin titubeos mi niña expresó sus ideas. Una muchacha sencilla, algunas dirían que poca cosa, se fue creciendo con sus ideas, se iba haciendo grande, se iba haciendo cada vez más bonita. Yo acerqué a mi bebé a la pantalla como para que se le pegara algo, quise saber como hicieron sus padres para tener una hija así. Y recordé, como hija, que los padres hacen lo que pueden. Así que me senté con la gordita bien pegada a mi cuerpo, a ver si sentía un poco el orgullo que yo sentía.
Mi emoción con ojos aguados tuvo un breve receso. Otro muchachote, esta vez sin papel, pero igual de tieso, igual de frío, igual de viejo que el anterior. Balbuceó una explicación que no explicó nada y con la frente en alto, y la mirada clavada al suelo, se marchó dando la espalda a su oportunidad de mostrarnos algo, cualquier cosa que no fuera un silencio sin sentido.
Otra vez ese hueco en el alma que se cerró rapidito gracias a los muchachos y muchachas que no se quisieron ir. Aquellos que supieron reconocer allí tenían una gran tribuna para exponer sus ideas. Y así lo hicieron, hablaron con el corazón y la cabeza, hablaron con la osadía que solo tienen los jóvenes, nos hablaron nuestros muchachos y mientras lo hacían dejaron de ser el futuro lleno de esperanzas y se convirtieron en el presente lleno de orgullo. Nunca me sentí tan madre, jamás me sentí tan venezolana. Yo, que soy una llorona, lloré a moco tendido. Yo que no soy muy cantadora sentí la urgencia de levantarme del sofá, con mi bebé en los brazos y cantar con mis muchachos el himno nacional.
Canté emocionada pero no pude dejar de pensar en los otros, los que se fueron, y quise que regresaran consciente de que no lo harían. Vi a mi mamá a mi lado, y recordé sus palabras y supimos que estábamos de acuerdo: a nadie le huelen sus peos ni sus hijos le parecen feos. Pero esa tarde por razones, que todavía no logro entender, las dos arrugamos la nariz, nos apuramos a revisar el pañal de la gorda y comprobamos que no era ella. Entonces tuvimos que admitir si, que a veces, muy a nuestro pesar, los hijos nos parecen feos.
miércoles, 6 de junio de 2007
Angel de la guarda no me jodas más.
Publicadas por
Carola
Ilustraciones de Raúl Ávila
Esas palabras resuenan en mi cabeza durante estos días, Resuenan y remueven, debo confesarlo, un poco de rencor. Es que nunca falta alguien que sabe mejor que yo lo que es mejor para mi.
Todos tenemos una especie de ángeles de la guarda de carne y hueso, que se han autoproclamado como nuestros protectores y guías, y a quienes no hay manera de hacerles entender que si nos dejaran en paz estaríamos mucho mas felices.
El primero de estos ángeles suele ser nuestra madre, nadie como una madre para saber lo que es mejor para ti. Desde mezclotes horrorosos para abrir el apetito y que son capaces de hacerte vomitar, pasando por las clases de piano que ella nunca pudo tomar, así que te las enchufa para vivir su sueño a través de ti, luego por unos prometedores adolescentes en plena crisis de acné que serían perfectos para mi, y por esos pantalones que me hacían una bolsa en el culo, y aquella muchacha que no me convenía como amiga porque tiene cara de mala, y aquel ingeniero, no, ese de pelo rubio no, el otro, el gordito, el que tiene cara de buen marido, ¿me le declaro por ti?.
Un día glorioso mandé a mi mamá al carajo, me empaté con un tipo con cara de asesino en serie, me puse en pantalón roto y apretado y dando un portazo le corté las alitas de ángel guardián.
Al día siguiente escuche sus lágrimas por teléfono, escuche sus suspiros huérfanos y al final pude oír como su puchero se convirtió en una sonrisa de alivio. La pobre había pasado su vida agobiadísima viviendo para dirigir la mía, y yo, al fin y al cabo, parece que supe escoger solita lo que era mejor para mi. Al menos los pantalones me quedaban mejor.
Luego me he encontrado con ángeles fugaces encarnados en tías beatas, suegra, amiga del alma, amigo atacón disfrazado de amigote y vendedoras de bikinis; esas son las peores ya que tratan, a toda costa, de convencerte que esa rosca blanca mofletuda y fofa que te cuelga en la barriga no se nota para nada.
Pero uno va cortando alitas como puede y va escogiendo y formándose un criterio para las cosas. Así llegue a los cuarenta y tres años hace tres días, sacudiendo angelitos a diestra y, a veces, de manera siniestra.
Pero ahora me encuentro con una banda de post adolescentes fashion que saben exactamente que es lo mejor para mi, y están dispuestos a sacarse ampollas marchando hasta lograr mi libertad.
Resulta que ellos han descubierto que mi libertad de ver novelas me la han coartado, que mis noches, llenas de libros, se quedaron sin programas que nunca quise ver, pero que estaban allí por si acaso quería vaciar mi cabeza o llenarla de mierda, tal vez.
Se enfurecieron los muchachos MTV, porque su cachifa no iba a poder soñar con enamorar el señorito de la casa, ser violada por el malo, descubrir que era hija del viejo millonario que, convenientemente, muere sin mas herederos que ella y una falsa hermana que fingirá un embarazo para quitarle al galán. Le arrancaron la ilusión al pueblo y eso no se puede tolerar.
Ellos despertaron súbitamente con el clamor de un cacerolazo. Su mamá con la cara desencajada tocaba, por primera vez en años, una olla y un cucharón, pero no para hacer un sancocho, no. Lo hacía para alertar a los muchachos, esa generación de relevo latente, que les llegó su hora, que para orgullo de sus progenitores, alguien los estaba convirtiendo en líderes instantáneos de una lucha ideológica que carecía de ideas.
A marchar les dijeron, y marcharon y quemaron y apedrearon policías pacíficamente, exigiendo libertad de expresión. Como nadie los mató, marcharon más para defender el derecho de poder seguir marchando cuando les diera la gana. Como los dejaron seguir marchando, marcharon para exigir su derecho a marchar y a hablar con los magistrados de la corte suprema de justicia. Esto se está convirtiendo en el cuento del gallo pelón, pero esas cosas pasan...
Como los magistrados los recibieron y escucharon, como nadie los mató, ellos decidieron marchar para defender su derecho a marchar a la fiscalía general de la república y hablar con el fiscal general, como el fiscal los escuchó y de paso fueron invitados a la asamblea nacional para que debatieran con los otros estudiantes que no marchaban, ellos decidieron marchar para defender su derecho a marchar y mañana van a la asamblea, marchando o en metro, a debatir con los que no marchan sobre su derecho a marchar. Pero como todavía no los han matado, ellos planean marchar hasta el centro de Caracas, cerquita de Miraflores, a ver si allí alguien les da por matarlos de una vez porque esta marchadera se esta poniendo fastidiosa y a veces llueve y algunos olvidan llevar sus paraguas tricolor.
A todas estas, mientras marchan dicen que marchan por nosotros, por defender nuestros derechos humanos de expresarnos y marchar. Nos piden que nos unamos a ellos, que ellos saben por qué marchan y que lo hacen para salvarnos, aunque se dejen las suelas de los zapatos pegadas al pavimento de calles que jamás, hasta ahora, habían pensado en pisar.
Ellos declaran que no es una cuestión política, pero marchan gritando que Chávez va a caer. Dicen que marchan en nombre del pueblo, un pueblo que, debo recordarles, votó mayoritariamente por el sujeto a tumbar, y, no conformes con eso, cuando se les acerca un negrito, fruncen el ceño y se cuadran cual karatekas. Dicen que marchan por el derecho a la información veraz y llevan pancartas de RCTV, canal que no solo mintió, manipuló, deformó, corrompió, y enloqueció a una parte de nuestra juventud, en este caso marchante, sino que los pone en el frente de una conspiración, encandilándolos con un estrellato repentino y dándoles la responsabilidad de defender con sus vidas el derecho de una empresa a seguir facturando, mientras miente, manipula, deforma, corrompe y enloquece.
Angeles de la guarda, no me jodan más. No votamos por ustedes ni lo haríamos jamás. Votamos por Chávez y por un proyecto de país soberano y justo. No necesitamos que los maten por una libertad que ya tenemos. No necesitamos sus marchas ni su falta de ideas, necesitamos de ustedes que vayan a sus salones, que debatan, que piensen, que descubran, que aprendan. Necesitamos de ustedes que comprendan lo que significa voluntad popular. Que entiendan de una vez que los engañaron al hacerles creer que este país es de ustedes solitos, que cada voz cuenta, y que nadie, salvo sus mamás, cree que ustedes valen más que el resto, ni que son mas bonitos, ni que sus derechos son mas importantes que los nuestros.
Y si quieren seguir marchando están en su derecho, pero es mi derecho exigirles que no lo hagan en mi nombre, ni en el de mis hijas, ni en el de ninguna de las personas que no ha movido un dedo en estos días para salir con ustedes a marchar.
¡Yo me marcho a cenar!
domingo, 3 de junio de 2007
¡Vamos Kiko, no te juntes con esa chusma!
Publicadas por
Carola
Ayer vimos de reojo como nuestra capital se tiño de rojo, bueno de rojo con negro, bruto, borracho y feo. Lo vimos con nuestros propios ojos en Globovisión. Menos mal que nos dijeron que de no haber sido por ellos, que pusieron un video de esos bellísimos, editados a la medida de nuestras necesidades y anhelos, habríamos sido forzados por el rrrrrégimen castro-chavista-indigenista-alqaedista-comunista a ver la mismísima realidad nacional que ellos nos quieren imponer.
¡Chusma, chusma, chusma, pffffrrrrrrrrr! Eso es lo que había, poquitos del lado de nuestra pantalla, muchos del lado de la de ellos. ¡Chusma y mentirosos! Es que creen que el realero que hemos gastado en estudios, dentro y fuera del país, no nos han dejado la sabiduría y la capacidad de discernir entre la verdad y la mentira. ¿No saben que somos demasiado inteligentes como para ser manipulados?
Las nuestras, esas sin son marchas multitudinarias, no solo en cantidad sino en calidad. No me van a decir a mi, licenciada en psicología, magister del IESA y MBA en Boston U, que esa cuerda de negritos valen lo mismo que nosotros. Dígame lo bonitos que salen nuestros hijos en la tele, vestiditos de guarimberos high, con sus bermudas cargo de camuflaje, los varones y sus tops de tiritas las muchachas, eso si es tener clase, y con la clase se nace...
Con razón se asustaron el otro día cuando esos motorizados chavistas les cortaron el paso, es que cualquiera habría echado a correr despavorido, pero nuestros valientes hijos, lívidos pero estoicos, se quedaron paraditos en su sitio, ni un paso atrás. Es que hay que verle la cara a toparse frente a frente con quince individuos de esa calaña, dizque defendiendo su derecho al trabajo, dizque las calles son de ellos también, cuando todos sabemos que son una plaga de ladrones y que en su vida han trabajado, que viven de las migajas que les da el gobierno y así los mantiene a su lado. Derecho al trabajo ¡Ja!
Derecho el de nuestros hijos a defender los derechos de esos ignorantes que no se dan cuenta, o no les importa, que vamos directo al comunismo sin pasar por ‘’go’’ ni cobrar doscientos. Son ellos el futuro de la nación, y si es que en el futuro nos queda nación, solo ellos saben qué es lo mejor para los venezolanos, así como lo supimos nosotros en nuestro momento de gloria y dominio total de la situación.
Lo que no me va gustando es que he notado que, en la medida en que las guarimbas fashion merman, los dirigentes estudiantiles van rotando y cada vez son mas negritos, mas cara de pueblo, más ranchiles. Mira tu, incluso tienen a uno llamado Lenin, a mi eso me suena a ruso y a niche. A mi, particularmente me gusta mucho John, con ese apellidote tan Guipuzcoano, tan colonial. Ese muchachote parece como si fuera un hijo mío, tanto que si se lanza para alcalde yo voto por el. La verdad es que ese niño da gusto.
Ya quisiera ver a esos de la Universidad Bolivariana debatiendo con nuestros hijos, que risa, me parece que será mejor que la rochela. ¡Ay mi rochela! Pues para que entiendan de una vez, si nuestros muchachos no van a debate es para no humillar a esos desnutridos que no saben ni hablar.
Mira a donde hemos llegado con este rrrrrrégimen, nuestros bebes tan inocentes han tenido que despertar abruptamente punta de represión y libertades secuestradas. Y no lo saben todo los pobres, porque si supieran, si se sentaran a pensar un rato les daría un patatús.
No es que deben defender con sus guarimbas pacíficas la libertad de expresión de un canal que no ven. Es mas, mucho mas: veinticuatro universidaduchas pretende crear el inquilino de Miraflores, veinticuatro fabricas de pseudo profesionales mediocres que van a querer igualar sus títulos con el de mi Enrique Mauricio.
Miles de recién alfabetizados compitiendo en el mercado laboral, accediendo a cargos en PDVSA, que fue nuestra y nos corresponde por derecho, que ahora es roja rojita, eso dicen, eso se creen ellos. Es que son tan brutos que creen que los americanos se van a quedar con los brazos cruzados mientras que estos comunistas les arrebatan sus inversiones, su petroleo y su orgullo. Ya les quiero ver las caras cuando lleguen los marines a liberarnos de este déspota.
Mientras tanto nuestros heroicos hijos, junto con los hijos de lo mas selecto de nuestra sociedad, seguirán defendiendo su libertad de expresión, nuestras inversiones, las de multinacionales que tanto producto lindo nos venden, la medicina privada, la educación católica apostólica y romana, al Papa, al mundo civilizado, pero sobretodo defendiendo su status, el de sus familias y amigos porque por el camino que vamos, este país se va a convertir en una merienda de negros.
Y si en medio de la lucha Enrique Mauricio tiene la puntería de levantarse a Chichi Gurrucheaga, de los Gurrucheaga del Banco de Crédito Indexado, pues todo sacrificio habrá valido la pena.



