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jueves, 29 de marzo de 2007

Las cartas sobre la mesa y una mano adelante y otra atrás.



Desde que escribo artículos de opinión, me preguntan constantemente qué pienso sobre ciertos aspecto de la política como si yo fuera experta en la materia. Me halaga mucho que consideren mi opinión como algo importante pero de ahí a creerme una taquititaqui hay un enorme trecho. Confieso, para aliviar mi alma y mi buzón, que mi formación política es nula. Las cartas están sobre la mesa.


La teoría me aburre, debo admitir no sin un poco de vergüenza. Recuerdo que cuando era una pava besaba el suelo por donde caminaba Rodrigo. El era un estudiante de economía brillante que logró ser el único muchacho al que mi papá miraba con ojos de suegro.

Rodrigo era perfecto, un lector insaciable, estudiante destacado, guapo, responsable, inteligente y respetuoso. Intercambiamos libros e ideas por temor a intercambiar fluidos corporales, aún cuando había algo entre nosotros que el llamaba química y yo, mas simplona, lo llamaba no se qué.

Un día mi no se qué y su química decidieron que debíamos ir juntos a una fiesta a ver si podíamos hacer cuajar algo que nunca cuajó. ¡Ay! Les conté el final. Bueno, que sea como esas películas que empiezan con el protagonista muriendo desangrado y van de atrás para adelante.

Rodrigo se presentó aquella mañana en mi casa, sus manos siempre seguras, estaban sudadas y temblorosas. Carola, –dijo con voz entrecortada y mi cuerpo se puso como sus manos. Me lo va a decir. –Estaba emocionada como aquella adolescente que había dejado de ser hacia apenas unos meses atrás.

El hecho es que sus palabras me dejaron boquiabierta, sudorosa y un poco desinflada. No se bailar –dijo. Pero no te preocupes porque he tomado clases. Unas palabras inesperadas a cambio de otras que llevaba meses esperando. Había tomado clases, pobre Rodrigo , pero como era tan inteligente y destacaba en todo lo que hacía, no perdí la esperanza y le sonreí como para calmarlo… como para calmarnos.

Muchacho baila esta cumbia que esta cumbia si esta buena… Esa me la enseñaron, vimos cumbia merengue y salsa. – Pobre Rodrigo, bailaba mirándose los pies y contando en voz baja. Un, dos, tres, un dos tres… La Cumbia Cienaguera que se baila sabrosona

Supongo que si se baila sabrosona en la ciénaga pero en esa fiesta, esa noche y con Rodrigo no. Oye, abre tus ojos, mira hacia arriba, disfruta las cosas bueeeenas que tiene la vida. –Suplicaba el sabio merengue de Willy Colón, pero Rodrigo insistía en mirarse los pies, un, dos, un, dos, a ritmo de merengue académico.

¿Seguimos? ¡Siiii!, ¿Paramos? ¡Nooo! –gritaba la multitud sumida en la sabrosura. Rodrigo también decía si y no cuando correspondía y como correspondía. Yo gritaba lo contrario y pedía parar de una vez la cadeneta de pisotones, traspiés y desilusiones que estaba padeciendo.

Yo no era una pava banal, realmente no habría importado tanto el hecho de que Rodrigo no diera pié con bola en lo que al baile respecta. Lo que pasa es que, a medida el que tropezaba, resonaban en mi cabeza las palabras de una amiga ninfómana que yo tenía entonces: ‘’Si tira como baila…

Hay cosas que no se aprenden el los libros y bailar es una de ellas. Al final de la noche Rodrigo me llevó a mi casa, me acompañó hasta la puerta y bajo la luna menguante me besó. Me quedé paralizada viendo como partía canturreando un merengue que no supo bailar. ‘’Si tira como baila…’’

Nunca lo supe, solo supe que besaba como bailaba y mi amor, igual que la luna, fue menguando hasta desaparecer.

¿Qué por qué cuento esto? Porque hay cosas que se sienten mucho antes de que nos las expliquen. Hay cosas que sabemos hacer, o no, muy a pesar de la teoría.

Discutían sobre política unos amigos el otro día y yo, pepita preguntona, pregunté. Yo quería saber si podía ser una buena revolucionaria a pesar de no haber leído nunca a Marx. Es verdad, nunca lo he leído y tengo tanto por leer que siempre lo voy dejando para un más tarde que nunca llega. Hay tanta literatura, siglos y siglos de escritores y poetas para leer en una sola vida tan atareada, con dos niñas un marido, cuentos, artículos, una casa en construcción, almuerzos por cocinar… Termina uno convirtiendo el baño en una sucursal de la biblioteca. ¡Bendita sea la gastroenteritis!

Obtuve diferentes respuestas, como suele suceder cuando uno habla de estas cosas, Desde no lo leas que ni los marxista se lo calan, pasando por es bueno leerlo porque no está de más, algún tienes que leerlo y te lo calas, hasta una serie de descalificaciones solo porque me atreví a preguntar.

Todavía no contenta con las respuestas me dispuse a leer al hombre que inspira tantas pasiones y le estoy entrando despacito, como con miedo. No ese miedo necio de los que temen al comunismo por que los comunistas comen niños. Tengo miedo a confirmar una sospecha.

Yo estudié en un colegio católico, ya les advertí que vamos para adelante y para atrás. En los años que estudie allí me embutieron la palabra de Dios, te alabamos señor. Leíamos la Biblia y al principio nadie entendía nada, entonces un experto cura nos traducía las parábolas de Jesús. La traducción en nada se parecía a lo que yo había leído, pero el que sabe, sabe y uno va y se lo cree porque si no, te quedas sin recreo.

Más tarde y mas madura, me dio por revisar un poco aquellas parábolas, es que no me podía tragar todo aquello que en lugar de acercarme, me alejaba más de Dios. Así descubrí que la palabra de Dios viene con libre albedrío incluido, que cada uno entiende lo que le conviene, que hay quien la hace suya y se endiosa, que si a algunos eleva a otros aplasta contra el suelo, que nos clasifica en mejores o peores, en aptos e ineptos. Cosa complicada la palabra de Dios.

La palabra de Marx me ha venido dando esa misma sensación, aun antes de leerla. Demasiadas interpretaciones de gente que se supone apunta al mismo blanco. Parecen ajustarlas a sus propias necesidades. El nivel emocional que adquieren las discusiones sobre el tema hace muchas veces que la pasión nuble a la razón. De ahí mi miedo de entrar en aguas oscuras donde una vez nadé como loca tratando de mantener la cabeza a flote.

Sigo preguntando si es posible ser un buen revolucionario sin saber ni papa de marxismo. Pregunto como para ver si algún día nos ponemos de acuerdo. Y pregunto más cosas: el sentido de justicia que se tiene, quien lo tiene, desde siempre, ¿cómo se teoriza? ¿Se agudizará más leyendo sobre la opresión que viviéndola junto a los oprimidos? y la lucha de clases, ¿no es evidente? ¿es que nadie ha visto a un conserje humillado por un presidente de junta de condominio? ¿nadie se ha dado cuenta de la necesidad de que se respete la labor de un obrero igual que la de un doctor?

Si pero ¿cómo se lucha, como se hace una revolución? ¿hay una formula única y patentada para hacerlo? Yo no lo creo. Yo creo, en medio de mi ignorancia y dejándome llevar por mis seis sentidos femeninos, que todas las revoluciones han sido, son y serán la continuación de la primera batalla que libró algún cavernícola que se sintió despojado de sus derechos primordiales. Aquel que cazó al oso y le tocó comer pellejo.

La revoluciones, según mi instinto, son la búsqueda de igualdad y justicia. Que cada pueblo libra su propia revolución tomando lo que le sirve de luchas pasadas y creando nuevas estrategias que se adapten a su situación particular. Que la lucha es en el fondo la misma, pero el entorno y el tiempo no.

Una de las cosas que más me perturbó en esta discusión fue la sensación de que si se acababan las diferencias sociales, comenzaría otra lucha de clases: la de las clases intelectuales. Como tu no sabes nada de Marx yo soy mejor revolucionario que tu, soy más necesario, soy quien dirige tus ideas. Como que el mismo negro con otro cachimbo.

Yo se del capitalismo lo que aprendí viviendo dentro del sistema, jamás leí teoría alguna, se lo que no quiero, se a donde quiero ir, se que tipo de mundo quiero para mis hijas, les enseño a vivir en el aún cuando este no exista porque yo voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para no defraudarlas. Es mi compromiso con la revolución no faltarle a mis gorditas y a sus amigos y a los amigos de los amigos. ¿Qué mi compromiso sale de mi propio ombligo? Si, y eso me compromete más.

Ya voy leyendo a Marx muy a mi pesar y no se por cuanto tiempo. Jorge Amado, Cortazar, El Ché y siglos y siglo de literatura me esperan impacientes en las estanterías de las bibliotecas. Así que ya conocen la verdad desnuda, aunque, con un poco de pudor, dejé una mano adelante y la otra por detrás y un paraguas al ladito por si cae un chaparrón.

viernes, 23 de marzo de 2007

Manual de costumbres y procederes de la clase media venezolana

Capítulo XIV

Arroz con leche me quiero casar.




No se por qué a las niñas nos enseñan a soñar desde pequeñitas con el día que caminemos del brazo de nuestro papá hasta el altar. En verdad es un sueño un poco tonto, si tenemos en cuenta todas las cosas que se pueden soñar.

Una boda es uno de esos sueños extraños que transitan sobre la borrosa línea fronteriza que, según donde se pise, puede acabar en pesadilla. Un estornudo, una basurita en el ojo, una mirada a destiempo, cualquier pequeño detalle puede arrasar con una ilusión cultivada durante toda una vida. Son tantos los detalles y tan delicados todos, que planear una boda y llevarla a cabo es como caminar sobre una cuerda floja borracho y con los ojos vendados.

La soñada pesadilla comienza con una formal y acartonada pedida de una mano que hace tiempo fue tomada, junto con otras partes del cuerpo más comprometedoras, sin permiso de nadie. Es terrible ese momento en que se juntan dos familias nada tienen en común exceptuando el hecho de que uno de sus hijos tuvo el mal gusto de enamorarse del hijo de la otra.

El padre de la novia mira al parásito que engendró el padre del parásito. Este a su vez está convencido de que esa treintona malcriada estaba destinada a vestir santos hasta que el imbécil de su hijo le dio por desvestirla, alborotarla y, para colmo, preñarla.

Las madres, que se convierten en suegras, son un tema pavoroso de relatar y puede llegar a ser muy difícil de leer. Tomemos aire profundamente e intentemos ser adultos al respecto. Madre hay una sola y me vino a tocar a mi, dice el dicho, pero en este caso hay dos y recién convertidas en suegras y futuras abuelas, lo que agrava la mucho situación.

Hay que comprender que estas mujeres están abatidas por el hecho de que les están amputando un apéndice y lo están haciendo sin anestesia. Pedirles que se comporten a la altura de la situación es pedirles que griten, aúllen, digan groserías que jamás sus labios osaron pronunciar, que muerdan, pataleen y que descarguen su ira con la única persona responsable de este doloroso desmembramiento: ‘’la puta que parió a semejante cabrón(a)’’

Se miden las señoras con sonrisas antárticas, se miran de arriba a bajo deseando tener ojos con rayos láser que perforen y duelan, se acercan y se dan un beso tan falso que, más que un beso, parece un escupitajo. Y siguen escupiendo a los futuros consuegros y a la mosquita muerta esa que de virgen tiene lo que yo tengo de checoslovaca, y al descerebrado mantenido que es incapaz de conseguir un trabajo serio para darle a mi Lilita la vida a la que ella está acostumbrada.

Preguntas, risas nerviosas, respuestas vagas, discursito cursi, brindis lágrimas y fuera. El noviazgo sobrevive este embate, se quieren y juran amarse para toda la vida y se consuelan diciéndose que se casan el uno con el otro y no con sus familias.

Pobres pajarillos enamorados. ¿Quién va a organizar la boda? ¿quién va a sugerir con autoridad hitleriana que tipo de flores han de decorar la iglesia? ¿quién va a meter la cuchara en cada caldo, sopita o consomé que se la ponga por delante o por detrás? Madre hay una sola, pero ahora hay dos.

Y ¿quién va a pagar el whisky, la champaña, los pasapalos y el buffet? Y las flores, el vestido de Lilita, el apartamento, el parto, porque ni seguro tenían los inconscientes esos. Humberto José, tu te callas y pagas, no vayan a decir ‘’esos’’ que somos unos miserables, eso es lo único que me falta para que me termine de dar un soponcio.

Elaborar una lista de invitados donde todos estén conformes es muy difícil, pero si ambas familia deciden pagar la boda a partes iguales ya la cosa se hace imposible. Esto es un abuso, están invitando hasta los primos terceros de Maturín, si vamos a pagar ''miti miti'' pues que inviten el mismo numero de personas que nosotros. A mi que me importa que tu seas hijo único y yo también, allá ellos que tienen ese familión. Y ese amiguero, tu me vas a decir que con lo insoportables que son tienen todos esos amigos. A eso los invitan para echárselas de muy muy.

Los pobres tórtolos aguantan el chaparrón maternal con el falso consuelo de que será el último mientras van poniendo al día documentos de todo tipo, descubriendo sacramentos que no hicieron, suplicando a un cura que los case en una iglesia que nunca han pisado, pero que es la que está de moda porque queda cerquita del Country Club. Hay que encontrar cupo en la sala de fiestas, hay que sobornar, empujar, suplicar, llorar, llorar y llorar y alquilar otra sala si te quieres casar este año, porque lo que es aquí, estamos copados hasta el dos mil diez.

Para el año dos mil diez el fruto de su amor prematrimonial tendrá tres añitos y será mucho más complicado esconderlo bajo una amplia falda tipo imperio, elaborada en raso de seda con delicados detalles bordados con cristales de swarovsky y delicadas perlitas color champán.

Alquilado el salón no tan fino, como náufragos de un temporal, llegan queriéndose mucho al día soñado. Desde la cinco de la mañana comienzan las carreras. A las ocho a la peluquería con la madre, la madrina y las damas de honor. Después a correr con un moño y un tocado que deben estar intactos a las ocho de la noche. Uñas postizas, depilación con cera en esos sitios que jamás se depilan porque duelen, maquillaje a las cuatro, no sudes hasta las ocho, no comas que te dan gases, no bebas que te haces pipí.

El vestido no me cierra, las tetas se me desbordan, mete la barriga, la tengo metida, metida tienes la pata por eso esta vaina no cierra. Y tu que pareces una morcilla con ese traje vino tinto, ¿morcilla llamas a tu madre? ¿la madre que te parió? Si la madre que me parió…

El novio espera en el altar al lado de la otra morcilla, ésta de rosa pastel, color más juvenil que en lugar de rejuvenecer recuerda, a quien la mire, que está bien vieja para la gracia.

La novia llega a la iglesia en un Rolls Royce alquilado, su padre se siente más pobre que nunca dentro de tanta opulencia. Su hija, debajo de aquel mosquitero carísimo, piensa en la vida que deja atrás. Antes de dejar el nido desangró su chequera, hipotecó su jubilación, se lo lleva todo su muchachita, se lleva sus esfuerzos, sus anhelos, sus ilusiones, pero deja el cuarto lleno de peluches polvorientos y fotos del parásito en las paredes. Y que no me toquen nada, que lo dejen así mismito para que cuando vuelva de visita me sienta como una niña de nuevo. Papá sonríe con ternura aparente, pero en el fondo de sus ojos se ve la pira incendiaria donde arderán Fluffy, Cuchi, Chichi y todos esos peluches rosados y cursis que ha tendido que soportar durante años.

Entra la novia a una iglesia medio vacía, ni los primos vinieron a presenciar el sacramento, hay que llegar temprano al salón de festejos para sentarse en la mejor mesa. Los indeseables amigos del novio si llegan puntualmente, llevan meses tratando de hacerlo reconsiderar y lo intentaran hasta el último momento. Si pierden la batalla, arruinaran la fiesta con una borrachera vikinga que incluye desnudos fugaces e intentos de rapto de la recién desposada.

El cura, que sufre de una incapacidad congénita que le impide sonreír, o por lo menos ser jovial, se ensaña con los asistentes a la misa. Los acusa de pecadores lujuriosos, señalando con el dedo al padrino y clavando sus los ojos lascivos en el escote de la madrina. Después de una hora de amenazas y condenas, de invitados que se abandonan el templo indignados o por ganas de fumar, de pajecitos llorando y un tío durmiendo, el cura bendice a los novios y les advierte sobre los pecados húmedos y otros pecados sabrosos que no se deben cometer.

Marcha nupcial, granitos de arroz que se deslizan dentro del escote de la novia y una noche repleta de pecados por cometer. Se suben los recién casados en el Rolls desplazando el parásito al padre de la novia, quien tiene que regresar por donde vino en el carro de cada día con la morcilla, sus hermanas y el tío que ahora no solo duerme sino que también ronca.

‘’La sobriedad y el buen gusto reinaron en todo momento, en un salón decorado bajo una modalidad romántica en matices malva, perla y beige, donde candelabros bañados en plata, abundante iluminación con velas, y hermosas flores naturales lograron otorgarle al encuentro un claro toque de distinción. Durante el evento los invitados, además de compartir entre la degustación de exquisitos bocadillos y selectas bebidas, disfrutaron de buena música a cargo de una orquesta y un Dj, sin dejar de mencionar que se dispuso de un área tipo lounge para disfrute de la juventud, donde predominaban los puff y lámparas de lava años setenta.’’ Reseño el periódico local.

Como ya estamos acostumbrándonos a leer mentiras en los periódicos, se que debo contarles lo que en verdad sucedió: la sobriedad y el buen gusto reinaron mientras no había llegado nadie, después la cosa fue mas complicada. Todo fue culpa del aire acondicionado, o quizás de la larga cola que tuvieron que hacer, con carácter obligatorio, los invitados al ágape con la única finalidad de saludar a unos novios que bien podían ser saludados un poquito después.

El hecho es que la mayoría de los asistentes no había comido desde el desayuno para poder comer más del salmón y langostinos que habían prometido servir los anfitriones. Sumado a esto las mujeres estaban ataviadas con hermosos vestidos de cortes elegantemente atrevidos muy adecuados para el clima tropical que reina en nuestras cálidas latitudes. Pero la calidez de la latitud era reducida a ventisca siberiana por un aparato de aire acondicionado que alguien había programado a punto de congelación para preservar a los asistentes como se preserva el pescado.

La poca reserva calórica con la que contaban los pacientes invitados venció su paciencia y a empujones atropellaron a los novios, a sus padres, a los mesoneros y se abalanzaron sobre una hermosa mesa que parecía una cascada rosa de salmón canadiense y langostinos de Tailandia.

La morcilla rosada gritó con desespero, ‘’la cascada es para la hora del buffet’’ y sufrió el primer soponcio de la noche, cayendo tendida, cuan ancha era, sobre un elegante chaise longue de estilo tapizado en tonos malva con madroños oro viejo. La morcilla restante, cual campeona de rugby, se abrió paso entre la multitud que amenazaba con linchar a un mesonero que, con irracional valentía, se interpuso entre los hambrientos y el salmón.

Se me sientan ya y se dejan de vainas. -Dijo cortésmente la anfitriona, a la vez que hacía señas a los mesoneros para que sirvieran el champán. Los que no estén sentados no beben, fue la orden inflexible de la implacable mujer, cuya agitada respiración estaba a punto de hacer saltar los hermosos botones forrados que adornaban su vestido de shantung y organza con delicadas aplicaciones de hilo de plata y fina pedrería.

Obedientes se sentaron a cambio de poder degustar la exquisita bebida traída especialmente para la ocasión desde las remotas pero hermanas tierras del cono sur. Sorbían al son de un trío de cuerdas que interpretaba magistralmente a Bach, mientras el salón se impregnaba con el suculento aroma de fritanga de tequeños, el pasapalo rey.

Una vez aplacada el hambre comienzan a sonar los acordes de un valse. La novia y su padre tieso, giran y giran surcando la pista de baile mientras la cola bordada se enreda en los pies de la pareja. Ante tal torpeza caen las inhibiciones del resto de los asistentes quienes se lanzan a la pista a disputarse el honor se enredarse en la blanquísima cola y trastabillar un poco también.

El valse se convierte en merengue y la noche se vuelve parranda. Los copetes se despeinan, el aire acondicionado ya no es frío, los tacones sobran pero nadie se los ha quitado aún, apretujados se menean los distinguidos invitados, con cara de sabrosura abrazan a su pareja y le meten una rodilla entre las piernas, así, así, así me gusta a mi…

Las cajas de whisky se vacían más rápido de lo que deben, la comandanta morcilla da otra orden tajante: aguante el güisqui y sirvan refrescos y daiquiri. Se ponen nerviosos los bebedores serios que no están dispuestos a mezclar ni a parar. Sobornan mesoneros sobornables y corre el ambarino líquido otra vez.

El animador de la orquesta sabe que le momento cumbre se acerca y se prepara derrochar picardía. Las señoritas porrrr favorrrrr, ¡ja, ja, ja! Corrijo , las solteras porque señoritas ya no quedan, ¡ja, ja, ja! Las bellas ni se inmutan ante el tentador llamado, las menos agraciadas se planchan las faldas con una mano mientras que con la otra se aplacan la pollina sudada y caminan aparentando desinterés pero a un paso apresurado que delata la ansiedad que produce el haber sido tantas veces dama de honor y nunca una flamante novia.

Delicados codazos incrustan en las costillas de sus solteronas compañeras, la primera fila es para las desesperadas, la segunda también y la tercera y la cuarta. Es una situación angustiante y se torna peor cuando un borracho dice: ’’yo me voy a mi mesa, total siempre la gorda más fea se lleva el ramo.’’ Atrapar o no atrapar, esa es la cuestión, pero como de que vuelan vuelan clavan codos otra vez.

La novia amaga y saltan las solteras, una pierde tres uñas postizas, otras dos de agarran por los pelos, salta un tacón partido y todos los concurrentes dicen ¡ayyyyyyyyyyy arrugó! Avergonzadas por haber mostrados sus cartas regresan a sus posiciones, en el preciso momento que un amigote del parásito cruza la sala corriendo vestido solo con el puro que lleva en la boca. Cae otra vez la morcilla pero esta vez no había chaise longue.

A la una, a la dos, y a las tresssss. –Dice el talentoso animador. Esta vez si vuelan las phanelopsias atadas con cintas de raso de seda azul. Saltan las damas cual si fueran camioneros y se pelean cuatro de ellas que sienten que sus delicados dedos tocan el bouquet. Lo despedazan, las otras se tiran al suelo a recoger aunque sea un petalito de esperanza.

Con esperanza o sin ella viene el turno de los hombres. La novia, se sienta y seductora, levanta su falda para revelar un liguero al final de unas piernas cansadas. El novio mira a sus amigotes que corean ‘’ con los dientes, con los dientes…’’ y el picarón le pasa la lengua por la pierna de su amada desde el tobillo hasta… Si sigues te mato gran carajo, no te bastó preñarla que ahora la vas a lambucear en público. -Es un ex novio borracho, despechado y coleado que se le viene encima pero cae de platanazo gracias a una providencial zancadilla de la comandanta morcilla.

Le sacan la liga con los dientes entre pitas y risotadas a una novia que ya no tiene nada que esconder. Rifan la liga entre los pajecitos porque los amigotes se niegan a tener que ponérsela después a la que agarró el bouquet, que resulto ser tal y como lo predijo el borracho.

Es hora de escapar, los novios se van a hurtadillas dejando la fiesta prendida, los amigotes están bailando con la frágil morcilla rosada y ella parece estar a punto de que le dé otro yeyo. El papá de la novia juega distraído con un yesquero mientras canta la canción de Sabina: ‘’no perdí a una hija, gané un cuarto de baño…’’

El padrino los intercepta en la puerta y les da unos sobres. ¡Los regalos papi! -exclama ella con ilusión. Corre mi amor, vamos para el hotel. Si mi vida no puedo esperar.

Sentados sobre la cama en su alcoba nupcial, ella con una delicada dormilona de encaje blanco y él con viriles calzoncillos azul cielo, se dan un beso tímido seguido por un hondo suspiro. Sus manos se encuentran entre una montañita de sobres que hay sobre la cama, sus dedos ávidos atrapan cada uno un sobre, lo abren con impaciencia y comienzan a contar el dinero que recibieron como obsequio por parte de sus generosos invitados. Ella, con ojos brillantes de ilusión, se dedica a anotar quién les dio cuánto en una libretita, y el cuenta y cuenta hasta que el sol les recuerda que su noche de bodas ha llegado a su fin.

lunes, 19 de marzo de 2007

Manual de costumbres y procederes de la clase media venezolana

Capitulo XIII

La vida en una vitrina
o
Tolón Tolón



Si los arqueólogos de una civilización futura encontraran los restos de una de nuestras ciudades, seguramente creerían que los centros comerciales eran nuestros templos de culto. Y no estarían del todo equivocados, los centros comerciales son el eje de la vida de muchas personas quienes creen que pueden satisfacer todas sus necesidades a punta de American Express.

Nuestros amigos de la clase media son fervientes feligreses que acuden cada día en peregrinación a recorrer los pasillos de sus templos, en una especie de romería que resulta más gratificante en la medida que sea más costosa.

Antes acostumbraba a tomar café en casa de alguna amiga. Sentadas en el tope de la cocina, descalzas y sin una garra de pintura en la cara, conversábamos y reíamos a gritos. Aquellos cafecitos se prolongaban por horas sabrosas llenas de nada. Otras veces nos pintábamos los labios y tomábamos café en una terraza mientras intentábamos pescar al algún incauto que podía ser, sin saberlo, el amor de nuestras vidas.

Ahora acudimos a los centros comerciales para tomar el café, que ya no se llama café sino latte, expresso, capuccino, doble mocca o de cualquier manera menos guayoyo. También puedes ir para encontrar pareja, cosa que es muy práctica, porque según en qué tienda te tropieces con tu futuro amor podrás inferir sus gustos y posibilidades financieras, entre otras cosas. Para embellecerte vas a la peluquería Francois Ciseaux, donde te corta el pelo Luís, porque Francois no existe, lo invento Carlos González, un cumanés que es el dueño de la franquicia. Tus niños juegan en el Bosque Maravilloso, donde los árboles son de cartón piedra y la única maravilla que ofrece es que, por una suma exorbitante de dinero, te cuidan a tus niños para que tu experiencia de shopping sea la más prolongada y placentera posible.

Comes New York Cheese Cake hecho en Charallave, compras zapatos italianos hechos en Pakistán, camisetas del Real Madrid filipinas, carteras colombianas con nombre en francés, y todo tipo de mercancía que sugiere venir de una ciudad esplendorosa y soñada, cuando en realidad vienen de algún galpón asfixiante y oscuro, ubicado en medio de un pueblo destartalado por la miseria, donde personas sin cara y sin esperanza manufacturan ilusiones sin tener la menor idea de lo que es una ilusión.

Los centros comerciales se hacen parte de sus vidas de tal manera que ya no saben como pasar su tiempo libre sin estar encerrados dentro de sus múltiples paredes. Son como peces en acuarios gigantes con las narices pegadas a los cristales, que no pueden ver bien hacia afuera, porque lo que logran mirar está distorsionado por un denso velo de agua y cristal que deforma la realidad dándole un aspecto pavoroso.

Cómo no hacerse adicto a un lugar seguro, donde los parques no tienen hormigas piquijuye, donde los niños no se llenan de barro, porque no hay tierra aunque tampoco haya flores. Un lugar donde el clima no te arruina el paseo, donde no se siente ni frío ni calor, donde el sol no determina el comienzo ni el final del día. No se puede estar más seguros que en un sitio lleno de vigilantes que, en lugar de protegernos, nos vigilan convirtiéndonos en potenciales sospechosos.

Cómo no entregarse a la gratificación inmediata, si Francisco tiene una amante yo le vacío vengativa su chequera en ‘’Bijoux for you’’. Si estoy despechada me atapuzo de chocolates en ‘’Bom Bom Sabrosón’’. Si me siento en poco fofa hago spinning en ‘’Rock you Butt’’. Que Pablito está insoportable, le compro un Gameboy en ‘’Desconected Kidz’’ . A mi perrito Yanki, que ya huele a perrito, que lo bañen, y le pongan dos lacitos para que parezca una perrita que huele a jabón. Y al muérgano de Francisco, que no lo vea por aquí, que no se le ocurra tener la desfachatez de traer a la otra al mall donde nos conocimos.

A mi me ha tocado recorrer centros comerciales idénticos en países diferentes. Cuando vivía en mayami hice un intensivo en malls lo que me convirtió en casi una erudita en la materia. Cada vez que llegaba un amigo de visita me tocaba hacer turismo mayamero, que no es más que ir de shopping hasta acabar aturdido, sin saber si compraste lo que querías o lo que te quisieron vender.

Una vez llevamos a mis suegros a almorzar en un restaurante temático que había en un centro comercial. El lugar pretendía reproducir la experiencia de comer en medio de la selva amazónica, o de una versión de ésta al mejor estilo de Hollywood, en la cual los elefantes convivían con orangutanes, gorilas, guacamayas, anacondas y tigres siberianos. El techo estaba cubierto de vegetación plástica y las sillas tapizadas con peluche imitando piel de cebra peluda.

El mesonero, vestido de explorador victoriano, nos guió a la mejor mesa disponible en un local vacío. Nos sentamos junto a una manada de tres elefantes amazónicos. Pedimos Piraña Burguers de carne de res, y papas fritas servidas sobre una hoja de plátano de papel, acompañado de un nutritivo jugo de papaya-mango que sabía a piña hit.

Conversábamos sobre cualquier cosa cuando, de repente, la matriarca de la manada levantó la trompa y dio un alarido de eso que pegan los elefantes justo antes de huir en estampida. Todos saltamos de nuestros asientos víctimas de nuestro más primitivo instinto de supervivencia. Los elefantes movieron trompas y orejas durante unos segundos y volvieron a su estado inerme y decorativo.

Mi suegro, que tiene muy buen paladar y muy mala leche, volvió a su silla y a su Piranha Burguer sin mucha convicción. Reanudamos la conversación solo para ser interrumpidos por los gorilas de más allá y luego por una guacamaya que cantaba como un pavo real. Fuimos obligados a comer en silencio mientras presenciábamos un errático concierto robotizado que se reiniciaba cada tres minutos después de un breve intermezzo de tormenta artificial con truenos y relámpagos aterradores. Sufrimos una indigestión colectiva que nunca supimos si achacársela a la comida, a los animales, a los truenos o a la cuenta, que fue exorbitante.

Con cada visita nos metíamos en un mall y en agradecimiento nuestros amigos nos invitaban a comer en uno de esos lugares. Los conocí todos: el de cine, donde tenían expuesto el lente de contacto que usó Terminador y el pañuelito percudido de Rambo, y la Piranha Burger se llamaba Juicy John Wayne, en el de rock ’n roll había una lentejuela de Elvis, y una baqueta de el baterista de los Beatles que no era Ringo Star, allí comí Rolling Stones Burger con un toque de Sargeant Pepper que estaba asquerosa como todas, por lo que salí cantando: ‘’ I can get no, tan, tan, tan, satis- faction, tan, tan, tan…'' Y mis amigos encantados con su almuerzo mayamero no entendían que los habían estafado, por lo que prometían invitarme de nuevo en su próxima visita.

Después, a bajar la barriga en las tiendas, todas especializadas en vender las misma mercancía pero con diferentes nombres. Kilómetros de tiendas olorosas a nuevo con música de fondo diseñada para hipnotizar al comprador que compra y compra sin saber que compra y paga y paga con dinero plástico con la pueril sensación de que no está pagando.

Salimos para encontrarnos sorprendidos por la noche que había llegado hacía horas mientras en el mall brillaba el sol de neón. Yo, cargando bolsas que no eran mías, con ampollas en los pies y los ojos irritados, subo en mi carro con un grupo de personas que me hacen cuestionar mi capacidad de elegir amistades.

Cuando vivía en Barcelona, la de Catalunya, era peor. Allí si había cosas que ver y mis amigos se empeñaban en pasar el día en el Corte Inglés. Yo los arrastraba a La Sagrada Familia y en más de una ocasión me preguntaron si teníamos que quedarnos mucho rato allí mirando ese poco de ángeles y cosas raras porque en una hora cerraban las tiendas.

Solo sintieron curiosidad de conocer el Barrio Gótico cuando les comenté indignada que las tienditas maravillosas que habían estado allí desde que el mundo es mundo, poco a poco habían sido desplazadas por grandes cadenas y franquicias. ¿Entonces hay Benetton allá? ¿Y Sara? ¿Y Niké? ¡Que bueno! Igualito que en mayami pero en euros, ¿Viste mi amor? Te dije que Barcelona era una ciudad cosmopolita.

Y no les parece horrible la uniformidad que crean estas grandes cadenas de tiendas al invadir El Passeig de Gracia, La Via Venetto, Serrano, o cualquier calle importante de cualquier ciudad disfrazándolas a todas de Quinta Avenida de Nueva York. Por el contrario, les reconforta saber que, vayan donde vayan, podrán comprar sus marcas favoritas y comer en sus lugares habituales, es un fastidio llegar y pedir algo que nunca has probado y que luego no te guste, lo que soy yo, me quedo con mi Hard Rock.

Un día llevé a una amiga al Passeig de Gracia, quería mostrarle La Pedrera, La Casa Batlló, los postes, las aceras, la gente que por allí camina, pero antes de empezar a subir por Gracia, mi amiga se detuvo en un kiosco en Plaça Catalunya y compró una guía turística que fue leyendo entre vitrina y vitrina. Fue en la pésima foto de la guía donde vio a La Pedrera con sus chimeneas que parecen templarios. A otra la metí a empujones en La Casa Batlló que estaba abierta al público solo por unos días. Mi amiga alquiló un telefonito que le iba explicando todo lo que se veía en aquel lugar. El aparato estaba medio defectuoso, así que ella se empecinó en repararlo mientras hacíamos el recorrido. No pudo ver más que un vitral que le obligué a mirar con insistensia, levantó la vista de los botoncitos rebeldes y en seguida volvió a sus botones y, con una sonrisa triunfal, me anunció: aquí dice que este es un vitral elaborado en tonos ámbar y tierra.

Todavía me faltaba tener que ver la cara de extasis que puso mi amiga al encontrar una tienda Disney en plena Barcelona. ¡No puede ser! Tengo que comprarle un Güini pú a Cristinita, ella adora a Güini. ¡Se va a morir! –decía sin imaginar que era yo quien estaba muriendo lentamente con un ataque salivoso de nauseas.

Quince días de shopping intensivo en la ciudad de Gaudí y luego de vuelta a Caracas, a los latte y doble mocca, a Francois Ciseaux, a su vida en vitrinas en las cuales siempre hay un detallito caro y lindo que la hará bien feliz.

La guía de Barcelona la olvidó en mi sofá.

viernes, 16 de marzo de 2007

Patria, socialismo democrático y vida de perros.



Patria, socialismo democrático y vida. Esa es una frase que se me ha quedado colgando como cuando uno va a un baño público y pisa un pedazo de papel, toilet y te pasas el resto de la tarde arrastrándolo por donde vayas. Cuando leopoldito (con minúscula por ser un mayúsculo bichito) la dijo pasé media hora riéndome, me pareció una de las cosas mas ridículas que había escuchado en un evento donde las ridiculeces estaban a la orden del día.

Ahora sucede que la frasecita la repiten no solo los leopolderos sino también uno que otro pseudo bolivariano. Patria, socialismo democrático y vida,¿qué significa? Mi entender en estos asuntos puede ser limitado, pero mi experiencia de venezolana que vivió la cuarta república a fondo y que florece en la quinta, y no precisamente en la quinta miss Venezuela, me dice que nada bueno tiene esa propuesta.

Patria, si. Quisiéramos señores capitalistas tener una patria, para nosotros, quisiéramos ser soberanos, quisiéramos respeto para nuestras decisiones, respeto para nuestras instituciones, en fin, respeto para nosotros los venezolanos, los de aquí de este ladito, nosotros los que si sabemos porque hemos estudiado para ser los verdaderos lideres de este bello país.

Socialismo democrático, bueno, es más o menos lo que hace Chávez pero más Light, como diría Teo. Un barrio adentro por aquí, otro por allá, ninguno en Chacao… El Hato de Pipillo, ni lo toquen que es de él aunque por allí no hayan visto ni un tomate en más de cuarenta años. ¿Que son muchas hectáreas? No niño, si el estado es quien tiene terrenos improductivos. Fíjate en Fuerte Tiuna y el aeropuerto de La Carlota, bueno mejor Fuerte Tiuna porque La Carlota nos queda muy cerca como para que esos locos nos vengan a hacer una caserío de bienestar social, ¡ay! que malestar. ¿Te acuerdas que antes aterrizábamos allí cuando veníamos de los Roques en la avioneta de Pipillo?

Y vida…
Aquí es cuando yo me conmuevo con el patriotismo de estos invertebrados.
Les pedimos de buena manera a los gobiernos del primer mundo y a sus jefes de las transnacionales, que nos dejen ser un poquito, que nos dejen tener un poquito, y si nos dicen que no, bueno, Vida. Escojo vivir como un gusano pero con mis viajecitos a mayami, con mi camionetota linda y mis rejas electrificadas. Para que no se me metan los monos, porque esos pobres son unos resentidos y nos quieren venir a joder. Claro, como ellos no pueden caerse a whisky todos los fines de semana ni comer en restaurant. Yo escojo vivir porque la vida es bella, y las pavas sifrinas también.

Si vivíamos del carajo cuando Lusinchi, ¿te acuerdas de Recadi? Y no había Seniat, por eso escojo vivir, aunque se mueran los muertos de hambre y toda su descendencia, favor que nos harían quitándose del medio. Es como dijo Darwin: la supervivencia del más apto. Mi chequera avala mi aptitud. Allá ellos y su flojera, que se arreglen como puedan.

Y los pendejos que no vivimos bien con en tiempos de la cuarta, ¿qué hacemos? ¿Les damos las gracias a los explotadores por explotarnos pero no tanto, por dejarnos la ilusión de poder pagar a crédito unas vacaciones de utilería en sus parques de mentiras?

Eso me recuerda a la repetida anécdota del las víctimas de un robo que al final agradecen a los ladrones por haberlos dejado vivos.

Patria, socialismo democrático y vida es una frase que les sienta de maravilla a quienes creen que viven en un mundo aparte. Aquellos que piensan que sus lentes de marca y sus perfumes caros lo separan del resto y los elevan. Lo que le pase a mi compatriota me tiene que afectar a mi. Cada niño sin escuela, cada padre explotado, cada analfabeta es un punto en contra, es una reja electrificada, un vigilante que me vigila, un perro bravo que me puede morder.

Por eso me la juego, PATRIA, SOCIALISMO O MUERTE. Por que mis hijas tengan un país decente, donde no se mueran los amiguitos de desidia. Por las ventanas sin rejas, por las calles sin miedo. Prefiero morir peleando y de un solo golpe que morirme despacito y con un dedo metido en el ojo que heredarían mis hijas y mis posibles nietos.

Patria, socialismo o muerte, porque lo otro simplemente no es vida.

Manual de costumbres y procederes de la clase media venezolana

capitulo XII

No importa quien eres sino a quien conoces.


Los padres de la clase media venezolana tienen la misión inefable de subir a sus hijos otro escalón, tal como lo hicieron sus papás con ellos. Esto genera algunos problemas: la presión de elevar a su descendencia opuesta a la presión de los descendientes de no descender.

Que mejor ascensor que un lugar donde te eduquen a tus niños con los nuestros valores occidentales, en dos o mas lenguas y en dos o más culturas que no sean tan autóctonas como la nuestra. Un lugar donde tus hijitos se relacionen con lo más selecto de la infancia local. Lo importante no es quien eres, dijo un ¿sabio?, sino a quien conoces. Formula infalible de éxito.

Con la esperanza de que hagan buenos matrimonios inscriben a sus niños en una lista de espera apenas nacen, rogando a todos los santos que dentro de dos años los llamen para poder garantizar, en la medida de lo imposible, el éxito en la escalada a sus pequeños futuros triunfadores.

Dos años más tarde acuden nerviosos con sus retoños a una cita importantísima, la primera en una cadena de citas que predeterminarán hasta donde va a llegar el muchachito. El niño, que aun usa pañales por la noche, va a presentar un examen de admisión. ¿Cómo serán esas pruebas? No tengo ni idea, lo que se es que unos genios de la psicopedagogía son capaces de clasificar bebes según su potencial antes de que el infante tenga potencial para algo más que el precario control de sus esfínteres.

Los padres, que estuvieron practicando a ciegas con su niño toda la semana, como para prepararlo mejor para el examen, se quedan sentados mirándose recelosos: pocos cupos están en juego y hay muchos bebes a prueba. Ojalá que Carlitos no la cague, literalmente...

Y el tuyo, ¿a que edad gateó? -pregunta una mamá desafiante. A los dos meses y medio. - responde la otra a la defensiva. Pero eso no es nada, -salta otra mas allá. Julianna habló a los cuatro meses. Mi Riki a los tres, Miguelito ya sabe leer pero no se le nota porque todavía no habla bien. Al final me apiado de las psicopedagogas que tendrán que descartar niños indescartables. Nada más difícil en este mundo que escoger entre lo mejor de lo mejor.

En estos casos tan apretados, prima un baremo inflexible. Apellidos, por lo menos dos y bien combinados, sonoros, poderosos, elegantes y con mucho abolengo. Eso debe ser suficiente, pero no todos los aspirantes cumplen con el principal requisito así que van calificando según las siguientes condiciones: un solo apellidote, ningún apellidote mas si una cuenta bancaria bien robusta, cuenta bancaria no tan robusta pero con posibilidades de engordar, cuenta bancaria flacucha pero con buenas relaciones comerciales y/o personales, pariente pobretón de familia pudiente, con alguna posibilidad de heredar algún día y, por último, y esto es bueno saberlo, la capacidad del interesado de colgarse del mecate. En cuanto al niño, que no se haga pupú ni pipí y si es de muy buena familia, pues que se haga, que más da.

Ya estamos dentro, Miguelito, Julianna y Riki comienzan su precoz escalada. En el kinder comienzan a atarse lazos que se deben conservar toda la vida. La madres se fijan quien quedó en cual salón. No te juntes con Miguelito, que esta pasadito de horno y su papá tiene el pelo chicharrón. Giulianna es una niña maravillosa, no importa que te muerda, tu aguanta que eres un hombrecito, además quien quita que un día te inviten a su casa a bañarte en la piscina. Vamos a invitar a los morochos Echeverri Montemayor, no llores, ya sé que la última vez te rompieron el triciclo y te robaron tus carritos pero ya te dije que te compro unos nuevos. Hay que planear la piñata que esta a meses de distancia, pero hay tantos detalles que atender, no nos vamos a rayar de entradita.

Los uniformes obligatorios no detienen a estas decididas madres en su lucha por lograr que sus pequeños destaquen. Los pocos artículos no reglamentados adquieren proporciones inverosímiles. Los morrales son gigantes, carísimos, con rueditas y loncheras a juego, los zapatos son negros, pero no unos zapatos cualquiera, son de marca, traidos de mayami, con algún detalle que evidencie que ni de vaina son ''Pepito''. A las niñas las peinan con lazos estrambóticos, para indignación de la madres que solo tienen varones, que se sienten en desventaja.

Los colegios privados proporcionan a los padres la tranquilidad de saber que sus hijos recibirán una educación muy por encima del nivel que exige el estado. Nuestros niños serán dignos de ser dueños del país. Los papás frenéticos exigen a los colegios cada día más, para ellos la educación si no es religiosa, bilingüe y costosa, simplemente no es educación.

Los padres orgullosos ven como sus pequeños se van despojando de lastres culturales a través del aprendizaje de otro idioma. Aprenden pronto que los niños se disfrazan en Halloween, que restaurant se dice Mc Donald’s; jugo: CocaCola; perinola: Mattel; parque se dice Disney World, zapato: Nike, libro: Gameboy, mamá se dice T.V y a la felicidad le llaman dollar.

Se sumergen los pequeños en un arroz con mango multicultural, en el que el arroz importado prepondera sobre el manguito criollo. Les inculcan, con la absoluta anuencia de los padres, el individualismo, la competitividad, el desarraigo, el clasismo, como armas para la supervivencia en un mundo donde, al parecer, los más aptos son los más mezquinos.

Así crecen lejos del mundo que los rodea, mirando con grima por la ventana del carro las calles por donde nunca piensan caminar. Los otros niños que va a pié a otros colegios no son tan niños como ellos y sus papás no son tan papás. Ni siquiera pueden pagar un colegio lindo como el de ellos, donde les venden la ilusión de ser lo mejor de un país al que, irónicamente, les enseñan a despreciar.

Pasan por el bachillerato soñando con cualquier State University pero la vida es ingrata y solo llegan tan lejos Giulianna y los morochos Echeverri Montemayor, el resto seguirá en una universidad privada, pero segurito que mi papá me paga el postgrado en Boston. Y el papá escurre el sudor de una frente que no puede sudar más.

Llega el día en que los pichoncitos dejan el nido y se van volando a otros países que aprendieron querer y los papas se quedan solos, con la esperanza de tener nietos más civilizados a quienes visitar una vez al año. Se van los pajaritos con sus títulos bajo el brazo, y se los meten en el culo cuando se ponen a trabajar de mesoneros, limpia carros y todos esos trabajos que hacían esos papás de la calle que llevaban a sus niños al colegio a pie.







miércoles, 7 de marzo de 2007

La mujer aparato

para Carlchucho y mi nueva amiga.

Ahhh! y olvidaba, a mis amigos del Friedman, Hermann Mejia, Roberto Veil,
Coco Gonzalez, Michelle y Michael Barkley...A ellos porque saben que existo.




Siempre me ha horrorizado la posibilidad que a una mujer se le perciba como un objeto, aunque jamás sentí que existiese el más remoto chance de que me pasara a mi. No soy tan fea, es verdad, podríamos decir que soy del montón, es por eso que pinto mi pelo de azul a ver si destaco un poco entre la multitud.

A lo largo de mi vida se han referido a mi como la loca del copete de colores, palomita blanca copetico azul, cachete de burro, María Caracas, Carola Perola, incluso alguien alguna vez me llamó puta, aunque no estoy segura de si se trataba de un insulto o de un halago. Me han llamado muchas cosas, buenas, regulares y malas, pero nunca, hasta hoy, me habían dicho aparato.

Si, al parecer soy un aparato, y yo en todos estos años ni me había dado cuenta. Hubo muchos indicios, eso si, siempre he sentido que se me exige demasiado. Claro, es porque todos sabían que yo era un aparato y yo tan tranquila creyéndome persona.

Esto me hace recordar a un amigo que celebró su cumpleaños puntualmente cada dos de enero durante cuarenta años, hasta que un día se presentó en mi casa un siete de octubre y me dijo: Carola, soy libra. No Iñaki eres capricornio. -Le contesté de lo más horoscopera. No soy libra, hoy es mi cumpleaños. -Yo lo observaba preocupada porque se le veía nervioso, pensé que era por los problemas de su divorcio, pero no, el pobre Iñaki, según me explicó después de varios minutos en los que solo repetía su nuevo signo zodiacal, acababa de descubrir que era adoptado y que sus padres adoptivos decidieron fijar la celebración de su cumple al día en que llegó a vivir su nueva vida con ellos. Es duro crecer creyéndote capricornio, vasco e hijo biológico para que de repente te digan: libra, andaluz y adoptado.

Hoy mas que nunca comprendo la angustia de Iñaki. Yo persona, ciudadana, mamá, descubro de sopetón que soy un aparato. ¿Robotina? no, soy un desastre manteniendo una casa limpia y ordenada, ¿Terminator? no, no soy tan papeada, ¿Una batidora Oster? alguna vez me dijeron algo de eso, pero no; soy, señoras y señores, un aparato propagandístico.

Si, no han leído mal, lo han descubierto algunos amigos de la oposición, lo comentan en algún foro de algún colegio que queda en alguna ruta de la urbanización Los Campitos, municipio Baruta. ¿Dónde más? Según estos perspicaces foristas, yo no existo, soy un invento de la maquinaria propagandística cubano chavista.

Mi creador parece ser William Lara, ¡que duro! yo que me creía hija de José Rafael, (Te quise papi, perdón Sr. José). Mi blog no es mío, no soy yo quien teclea como loca, son unos barbudos de la misión blog adentro. No tengo una mamá cuida a mi bebé mientras yo escribo, porque tampoco tengo un bebé. Quien les escribe tiene tiene una barba, fuma tabaco, y todo cuanto relata ha sido minuciosamente diseñado por un grupo de expertos en guerra psicológica.

Que terrible despertar, me siento como Neo, el de Matrix, pero un poco más jodida, porque ni siquiera puedo dar esas patadas voladoras en cámara lenta que siempre me gustaron. Hace un rato lo intenté y lo único que logré fue aterrizar sobre mi culo, cosa que me hace pensar que quienes me idearon por lo menos pensaron en darme un mullido trasero sobre el cual caer cuando caiga.

Tengo muchas quejas que quiero hacer llegar a mis creadores. No consiento la falta de creatividad, especialmente en este caso. ¿Por qué hacerme normalita, cachetona, poco pelo y narizona? ¿Por que hacerme clase media pelabolas? ¿Por que no me inventaron un novio futbolista, inteligente, negro y grandote? ¿De qué sirve que tenga celulitis? ¿Por qué tengo que hacer mercado todos los jueves? Son realmente mediocres estos estrategas de la propaganda oficialista. Chavistas tenían que ser.

Con razón los genios de la oposición han descubierto todas sus tramas. Es evidente que los bombillos espías no pueden ser simplemente unos bombillos, las vacunas de barrio adentro tienen que ser parte de la guerra bacteriológica, las escuelas bolivarianas centros de adoctrinamiento, los consejos comunales redes de espionaje todo es posible y mientras más simple parezca más sospechoso será . Todo está clarito para ellos. Olvida esté rrrrégimen que ellos han estudiado en instituciones privadas, que son bilingües, que han viajado; no son niños de teta.

La niña de teta soy yo que me creí que existía, que tenia una vida y un blog, que pensaba ser escritora para que las niñas que no tengo estuvieran orgullosas de la mamá que no soy. Que alguien me pellizque por favor, a ver si despierto de esta pesadilla. Y si en realidad soy solo un aparato, quítenme la celulitis y pónganme un cuerpazo, total, ya que coño importa que me consideren una mujer objeto, por lo menos suena más atractivo y sensual que mujer aparato y mi vida, que no existe, sería, virtualmente, muchísimo más sabrosa.


Manual de costumbres y procederes de la clase media venezolana

capitulo XI

Venezolanos pero a raticos


Lo venezolano para gran parte de nuestra clase media es sinónimo de mal gusto, o sea, es niche. Escuchar un joropo en Caracas es un síntoma evidente de campurusismo. Servir asado negro en una cena es una ordinariez. Solo algunos viejitos llevan liqui liqui, y el Niño Jesús pasó de moda, ahora se lleva más Santa Claus. Las arepas sobreviven porque son deliciosas pero los big macs se abren paso sin dificultad. Nada vende más que un slogan en inglés, ya ni siquiera se traducen ciertas cuñas en la tele, las mas chic, por supuesto, las que anuncian cosas caras.

Estos renuentes compatriotas son bilingües irrespetuosos de los idiomas que deforman al mezclarlos con desenfado, olvidando como se dice chévere cuando les da por hablar nice. La bandera de los estados unidos es suya, la llevan con orgullo estampada en franelas, pantalones y calzoncillos. Todo lo que viene de afuera, aunque venga de Cúcuta, es mejor que lo de aquí.

Pero a veces lo criollo sienta bien. Ahora pasamos por uno de esos momentos en que la venezolanidad se la disputan al resto de los compatriotas, la reclaman como suya, eso si, con algunos pequeños ajustes para no caer en la ordinariez que caracteriza al populacho.

Hace un tiempo me invitaron a unos quince años en La Lagunita Country Club. Fue una fiesta inolvidable gracias a la originalidad de los anfitriones. Presentaban a su pequeña en sociedad con una fiesta criolla. La debutante vestía un traje de dama antañona, sus padres iban de manteados, el resto de civiles encopetados porque nadie se creyó el cuento de que la fiesta seria tan original. En lugar de tradicional Danubio Azul, el orgulloso progenitor bailó con su muchachita Las Brisas del Zulia. De ahí para adelante todo fue tequeños, empanadas pequeñitas, de carne, queso blanco o cazón. Ron pa’ to’ el mundo, guarapita para los chamos y tisana para las viejitas.

La orquesta tocaba joropos, galerones y merengues de antaño. Los muchachos bostezaban sin ocultar su fastidio y los adultos preguntaban a los mesoneros si de verdad no había un whiskisito.

A la hora del buffet, voila! Comienzan a entrar negras gordas vestidas de esclavas sureñas, al mejor estilo de lo que el viento se llevó, portando cestas colmadas de arepas humeantes y redonditas y bandejas con un variado surtido de tradicionales rellenos: queso Brie, jamón serrano, ensalada de surimi, caviar sucedáneo, salmón ahumado y chicken salad, que es lo mismo que reina pepiada pero no tan niche.

Los invitados hacían cola para recibir de manos de Aunt Jemima una arepa que comerían con cubiertos. Se veían tan refinados tratando de picar su arepa en pequeños bocaditos con cuchillo y tenedor. Es así como se puede ser criollo sin dejar a un lado los códigos de conducta que los diferencian del montón. Eso si es saber ser un venezolano de altura o mejor dicho, un venezolano high.

Otra manera de ser venezolanos, sin ensuciarse mucho las manos, es alternar con el pueblo cuando hacen turismo por el interior. Cuando van a Margarita, conversan con los pescadores de Manzanillo de tu a usted, en Choroní las sifrinas bailan tambores con los nativos, pero conservando las distancias y mirando con el rabo del ojo a sus novios que están pendientes por si acaso. En San Carlos bailan joropo y siempre hay quien piensa que tocar maracas es sencillo, se las pide al maraquero y sin un ápice de ritmo va y pone la torta jurando que se la comió.

Por otra parte, han incorporado a sus vidas elementos culturales importados, no pueden concebir un dia de playa sin un reggae que lo amenice, no hay brindis sin champaña, fiesta sin pasodoble ni navidad sin Jingle Bells. La sopa de cebolla, aunque sea de lata, es mejor que un sancocho, si hay que disfrazarse que sea en Halloween, en un Brasil Venezuela, pues le van a Ronaldinho, las grandes ligas son más grandes y el Superbowl imprescindible en los días vacíos de Enero. Chistorra mata a chorizo carupanero y Heineken mata a Polar.

Viven con la vergüenza de ser venezolanos rebuscando algún ancestro de procedencia europea, pariendo a sus hijos en mejores lugares, garantizandoles un futuro mejor con pasaporte americano. Mi hija nació en mayami y en cuanto pude me la llevé de allá, aterrada de verla distanciada de lo que somos. Nada me daba más miedo que cuando la gorda comenzara a hablar en lugar de mami me llamara mommy y que a su papi le dijera dad.

Recuerdo a mis amigos mayameros hablando spanglish a sus pequeños delante de unos abuelos desorientados por la distancia lingüística. Tengo un sobrino que no sabe español, me produce mucha angustia ver a mi papá delante de su nieto repitiendo como un loro la única frase que domina en inglés: ‘’Hoy are you Ben?’’ El niño le dice abuelou y le sonríe con cariño y quizá con ganas de conocerlo mejor. Mi mamá, más parlanchina, le suelta sus lenguaradas haciendo hincapié en dos frases: I love you baby y I miss you Ben.

Al final, al desplazarse de su cultura se desplazan también de su realidad y por ello necesitan instalarse sólidamente en el aire. Luego pretenden hacernos creer que son ellos los verdaderos venezolanos, que son ellos quienes representan lo mejor de nuestra cultura, los refinados, los elevados, los escogidos por no se quién, los que bajan de las alturas de a raticos y deciden que, por momentos, los pescadores de Manzanillo pueden ser gente muy nice.

domingo, 4 de marzo de 2007

Manual de costumbres y procederes de la clase media venezolana

capítulo X

Wannabe


A veces algún clase media se puede colar, por casualidad, en un evento de la clase alta. Para muchos esto es un sueño hecho realidad. Recuerdo que hace años había en la tele un programa que se llamaba la vida de los ricos y famosos, en el que un gordito afeminado paseaba al televidente por el exclusivo mundillo de la opulencia y el derroche. Era un programa horroroso, allí mostraban a perros finos comiendo un brunch gourmet de cuatrocientos dólares, mientras en el canal de al lado se podía ver a un negrito africano del montón muriendo de hambre, con la cara llena de moscas, que también comían mejor que él.

Carros de colección que cuestan tanto como un edificio de apartamentos, botellas de vino que pagarían varias carreras universitarias, pocetas de oro para mojones de mierda, ropa, joyas, hoteles, aviones, fiestas de caridad donde se gasta más en comida y decoración que lo que al final van a donar, porteros que desprecian a las personas comunes porque tienen el privilegio de pasar todo el día frente a una puerta muy chic, abriendo, cerrando, mirando para abajo, agachadito, con el culo paradito por si acaso alguno de los señores se lo quisiera patear.

El caso es que a pesar de todo esto, el programa fue un éxito; tanto que desde entonces han salido al aire varios canales de cable que transmiten toda clase programuchos como ese, con títulos repugnantes que atraen a los clase media soñadores como la mierda atrae a las moscas.

Wannabe es un termino que usan los gringos para definir a este tipo de personas que no pueden contener la salivita cuando ven a un ricachón. Los wannabes abundan en la clase media: ¿Por qué conformarse con quedarse en la mitad cuando todavía hay mucho más allá arriba?

Los empresarios, como siempre, explotan la ilusa necedad de nuestros wannabes inventando un sin fin de productos, suficientemente caros como para que parezcan exclusivos, pero asegurándose de que los profesionales que viven del crédito lo puedan adquirir en incómodas cuotas.

Así les venden un montón de símbolos de status que los identifican claramente como clase media mediocres. Ningún multimillonario, de esos que ellos admiran, osaría llevar, sin cobrar por ello, alguna de esas carteras llenas de logotipitos, ni esos carros con DVD y sin chofer, ni esos trapos pret a porter con los que hacen cajas las grandes firmas de alta costura. Son auténticos uniformes de clase media que a los ricos les huelen .

A veces las vidas se cruzan de maneras extrañas, a veces la abuela de tu primo se casa con un ricachón o estudias con una heredera y terminas comiendo en su casa. Esas cosas pasan sin que uno se las busque, también hay quienes buscan que pasen a toda costa y encuentran entonces lo que no se les ha perdido.

La abuela de mi primo se casó con un señor cuyo padre dio el nombre a una famosa avenida del este de Caracas. Así entré por primera vez a una casa de cuyas paredes colgaban Picasso, Matisse, y Chagall tan cotidianos como los desconocidos cuadritos de callecitas coloniales y ramitos de crisantemos que acostumbraba a ver en casa de mis amigos. Por aquella casa museo corrían niñitos pálidos que parecían sacados de una película de horror inglesa. Jugaban con las antigüedades como si fueran gurrufíos. Es que es navidad y están muy excitados.- comentó la abuela al ver mi cara de espanto.

En verdad mi terror no se debía tanto a los niñitos correlones como al prospecto de reunión familiar que estaba congregándose en el jardín. Kilos y quilates de oro, esmeraldas, diamantes y lentejuelas. señores de smoking, una vieja con un zorro muerto enrollado en el cuello arrugado, pavos de otoño pegados en la nota del Victorino Peralta, de ''Cuando quiero llorar no lloro'', sus esposas con juveniles colitas de caballo y ojeras estiradas, mesoneros con guantes blancos, una vieja que se llamaba Fafá, una niña que se llamaba Clementina Constanza, viejos cansados de sus esposas, esposas cansadas de sus viejos.

Me tocó sentarme al lado del zorro muerto que mostraba su inconformidad dejando volar sus pelos grises, plateados según su dueña, cual sílfides pajaritos, que aterrizaban en nuestras copas, en nuestros ojos, en nuestras Crêpe Suzettes, en la entrada de nuestras fosas nasales, provocando elegantísimos estornudos que volvían a alborotar a los reposados pelos una y otra vez.

Silencio, silencio.- gritaba un niñito que corría entre las mesas atropellando a los mesoneros. La orquesta va a tocar. La orquesta integrada por los niños paliduchos armados de violines, flautas, clarinetes y el violoncello del abuelo comenzó a tocar una paliducha melodía. ¡Que cultos son nuestros hijos!- dijo emocionadísima una mamá de colita de caballo, mientras los niños desafinaban con maestría. La abuela, con los ojos aguados , reprochaba al abuelo su mezquindad. ¿Qué importa que sea un violoncello antiguo y carísimo? Son los nietos, que lo rompan si quieren, yo te compro otro. Si, pero con mis reales.- parecía pensar el viejo.

La cena se fue enfriando igual que el ambiente, a punta de pelos y notas estridentes. El anfitrión se estaba quedando dormido y tenia un hilillo de salsa de mostaza con especias y miel chorreando desde la comisura de los labios hasta la papada. El zorro estaba lampiño y los mesoneros borrachos. Besos, besos, au revoir. Un señor con chaqueta corta, nos trae nuestros carros que están parados a pocos metros de la salida. Mi abuelo se pone furioso ¿Y usted cree que no puedo buscar yo mismo mi carro? A mi nadie me trata como un viejo inútil. Joyeux Noël Tarcisió- dijo consuegra de mi abuelo. ¡La tuya!- contestó él


Al día siguiente amanecimos todos con los ojos pegados con un emplaste de lagañas y pelo de zorro gris, plateado según su dueña, podrido según mi abuelo, que siempre tiene razón.

Varios años después mis amigos y yo recibimos una invitación a una boda. Se casaba Camilo con Titi, una sifrina del Country, hija de un banquero, que se había pasado su adolescencia persiguiendo a nuestro plebeyo amigo en bicicleta. Camilo, de quien me fui distanciando en la medida que se hacía rico de manera sospechosamente rápida, se acordó de nosotros en su momento cumbre y me puso en el compromiso de tener que encontrar algo en una lista de bodas impagable que pudiera yo pagar. Tampoco tenia un vestido, ni zapatos ni accesorios. El detalle de Camilo, más que un detalle fue un coñazo.

Todos los plebeyos invitados estaban emocionadísimos de ir a una fiesta en el Caracas Country Club. Una oportunidad única para dar un rumbo nuevo a sus vidas. Compraron corbatas Versace, trajes Armani, zapatos Dior. Hipotecaron sus vidas a modo de inversión y soñando con la Cenicienta llegaron de primeritos a la iglesia.

Fue horrible. La novia era horrible, muy a pesar de los recursos que su papá había invertido en la apariencia de su única hija. Un metro cuarenta y ocho con traje de bella durmiente de falda acampanada y cola de treinta metros o más. Nariz de brujita enana, mirada de te jodí. Ni media sonrisa, ni una emocionada lagrimita, marchaba la novia como el soldado gringo marcha al frente. No sé de dónde saltó el mismísimo Osmel, que cayó postrado sobre kilométrica cola y simulando discreción decía a voz en cuello: la novia del año, la novia del año.

El novio echando cuentas, esperaba en el altar. El suegro con una mirada de advertencia le entregó a su pequeña. Y comenzó la misa, que ya por ser misa era fastidiosa, pero si le agregas una coral que interrumpía cada dos minutos para musicalizar la litúrgia, mientras la mirada pavorosa de un cura que era capaz de todo nos obligaba a permanecer de pie, con los dedos apretujados dentro de unos elegantes tacones media talla más pequeña porque eran prestados. Aquello se convirtió en una cruel tortura, para gozo del cura, que no iba después al Country como nosotros.

En la puerta del club nos miraron feo, parecíamos coleados, los porteros, que son expertos en detectar a seres comunes que pretenden pasar por popof, nos detuvieron y tuvimos que llamar al novio, que tardó media hora en venir a verificar nuestra identidad. Ya estábamos adentro, las miradas golosas de mis amigos eran de coger palco, literalmente se les caía la salivita ante tanta opulencia, alguno de ellos dijo: que poca cosa hemos sido, como convencido de que ya no lo sería más.

Pasamos a los jardines guiados por un elegante mesonero que nos indicó molesto que no podíamos sentarnos en cualquier mesa, los puesto habían sido asignados para asegurar el éxito de la recepción, sentado a personas de gustos y preferencias afines y apartando a la mesa del fondo a aquel grupito de medio palo que el novio se había empeñado en invitar.

Nuestra mesa estaba tan apartada que nos vimos en la obligación de sobornar un mesonero para que nos hiciera llegar aunque fuera una bandeja de tequeños y otra botella de whisky. Habían dos orquestotas de las cuales solo podíamos escuchar alguno que otro trompetazo debido a la distancia que nos separaba de la pista de baile, los baños más cercanos eran los de servicio.

Los novios, que iban de mesa en mesa acompañados de un séquito de fotógrafos y cronistas sociales, llegaron a la nuestra cerca de las dos de la mañana. Por poco me atraganté con un bocado de carpaccio ver a mis amigos saltar de sus sillas desesperados por ocupar el puesto más cercano a los contrayentes al momento de la foto. Se empujaban como años después vi a Aznar empujar a Blair en las Azores para salir en aquella foto nefasta con el nefasto hijo de Bush.

Fue un fiestón inolvidable para quienes estuvieron en la fiesta, yo estuve en la parte trasera muy lejos para recordar algún detalle del evento. Compré el periódico el día que salió la crónica de la boda, a ver si me enteraba de los detalles que no viví. Me dio mucha risa ver a Camilo, joven y exitoso empresario, un lindo eufemismo... Una página completa en cada periódico caraqueño, muchas fotos de muchos personajes. Comencé a reír al pensar en la desilusión de mis amigos que abandonaron a mi merced una deliciosa bandeja de carpaccio para para salir en una foto que jamás iba a salir.

Esas cosas pasan. Camilo nos invitó para que viéramos cuan alto había subido y a la vez, para hacernos saber, sin lugar a dudas, que no encajábamos en su vida. Fue una manera de decirme adiós muchos años después que de yo me despidiera de él.

Mis amigos no han comprendido que siempre serán wannabes, que por más Armani, Vuiton, Dior, o Prada que se pongan, para los del County, el mono aunque se vista de seda mono se queda. Ellos me dicen que soy una mediocre que no tiene aspiraciones, pero yo aspiro tranquila el aire fresco y salitroso de las mañanas tomando café y rayos de sol. ¿Se puede aspirar más?