jueves 25 de junio de 2009

El río de palabras huecas.




¡Ah la crítica! Esa imprescindible herramienta para llevar a buen puerto cualquier proyecto. Y la revisión ¿recuerdan?, ¿como revisar sin recurrir a la crítica?.

Si, ya sé que la crítica se elude alegando un arduo ejercicio de autocrítica.

Yo me miro en el espejo cada mañana, trato de mirarme con los ojos entrecerrados para que mi creciente perfil no me abofetee así tan recién levantadita. Pero me miro y veo claramente, sinceramente, dónde no me parezco a una top model. Luego la pregunta de cada día: ¿por qué la barriga está ganando la batalla, Carola? Y la respuesta: estoy haciendo todo lo posible por minimizar el tejido adiposo del abdomen, pero no es tarea fácil: años y años de irresponsable acumulación de grasas y toxinas, más alguna deficiencia de la glándula tiroidea, sumado a la edad, han degenerado en una sociedad, perdón, barriga con muchas deficiencias, que se van atacando, eso sí, pero no es tarea de un día, ni hay soluciones mágicas.

Si nos fijamos bien, desde hace tres años, cuando asumí el control de mi barriga, hemos bajado el indice de grasa en un 4% y unos diez centímetros del diámetro abdominal, lo que permite que el pantalón que me voy a poner hoy, y que hace apenas unos meses se quedaba dolorosamente atorado en la mitad de los muslos, pueda ser abrochado sin mayores inconvenientes.

Se ha logrado mucho y vamos bien, Carola. -Me doy una palmadita en la espalda y, apenas dejo de ver mi imagen reflejada en el espejo, respiro hondo, relajo lo que queda de mis músculos abdominales y plofff... vamos bien…

Si más tarde, algún amigo hace alusión a estos kilos que se hospedaron en mi zona media y no tan media, yo me molesto ante su ceguera y su falta de sensibilidad: ¿Acaso no es evidente que hoy puedo abrochar mi pantalón sin tener que meter la barriga? ¿Vamos bien?

Es que la autocrítica da para lo que da, porque uno es humano y el ego, los miedos e incluso, las ganas de ver resultados, pueden hacer que no profundicemos lo suficiente a la hora de revisarnos.

Para contrarrestar esta limitaciones son buenos los amigos verdaderos, los leales compañeros que no tienen pelos en la lengua a la hora de decirte que estás metiendo la pata, perdón, la barriga, y que por ahí no vamos a ninguna parte.

La crítica constructiva es vital para no perder el rumbo, perdón, la figura.

En estos días se abrió uno de esos portales tan interesantes que se abren de vez en cuando en nuestra revolución. Son una especie de momentos claves que o se toman por los cuernos o pasan, y casi siempre pasan, dejándonos con esa sensación de vacío, de que no hicimos algo muy importante que debíamos hacer.

Un grupo de revolucionarios, después de mucho pensar, observar, debatir, volver a pensar, hablar con otras personas, de otros medios, con otras experiencias, o las mismas, tal vez, llegan a unas conclusiones que consideran deben ser dichas en voz alta como un aporte a este proceso en el cual quien no aporta estorba.

Lo bueno es que estas personas tienen una tribuna que la mayoría de nosotros no tenemos. Lo mejor es que dijeron lo mismo que vengo escuchando de boca del pueblo desde hace algunos años. Lo malo es que lo dicho se está diluyendo en un río de acusaciones, sospechas, intrigas, que no dicen nada y que van ahogando las palabras que muchos queremos que sean escuchadas.

Vamos avanzando en esta revolución, no sin dificultades. Vamos viendo, a veces, cómo se arman las tramas que podrían dejarnos un día a la mitad del camino. Tenemos un camino lleno de trampas adelante. Tenemos suficiente con las zancadillas del enemigo como para que nos de por meternos zacadillas entre nosotros mismos. Flaco favor nos hacemos...

Quisiera ver a mi hiperlíder acompañado de un hiperequipo de trabajo. Quisiera ver cómo acaban con la burocracia ineficaz y corrupta que, ciega de torpeza y codicia, va carcomiendo hasta dejarnos con una ilusión llena de huequitos y nada más.

Quisiera que los ministros y colaboradores de mi hiperlíder tuvieran la honradez de no aplaudirlo cuando meta la pata, porque mete la pata mi presi, como la metemos todos. ¿O acaso a estas alturas vamos a empezar a creer en humanos infalibles? Es que mi hiperlíder necesita hiperamigos, de esos que sepan decirle la verdad, aunque duela… a quien le duela.

Quisiera que a mis hipercompañeros les sepan siempre a piña, cual golpes de niña, las acusaciones que suelen lanzar los que suelen lanzar acusaciones cada vez que sienten que es hora de acusar.

Quisiera ver que el partido, mi partido, dejara de considerar como simple habladera de paja nuestras legítimas preocupaciones. Quisiera ver cómo se abren las puertas al dialogo y al debate en el partido que se creó para nosotros y en el que todavía muchos sentimos que no tenemos voz. Quisiera que no nos arrastrara, otra vez, el río de la palabras huecas.





martes 16 de junio de 2009

¡Con mis hijos no te metas, que para eso estoy yo!




Carlitos y Alejandra se levantan tempranito al son la marcha de Globovisión. Su mamá, nerviosísima, se termina de arreglar mientras Aymara y Antonetti les comentan a los pequeñines que un señor muy malo se los va a llevar a Cuba, lejos, muy lejos, de los brazos de mamá.


Apenas sale el sol y ya los hermanitos están amarrados a la vida en sus sillas de seguridad, en una camionetota que su papá le acaba de regalar a su mami porque la quiere mucho. Lástima que este gobierno se la va a quitar, al menos eso les ha contando Marta Colomina en el trayecto a su colegio, que también se los van a quitar, tal como lo dijo, la otra tarde, el señor que hace run run.

¡Negro tenías que ser! -Grita mamá, con su dulzura característica, a un señor que se le atravesó con una moto. Seguro que era chavista, le comenta Alejandra a su hermano que no le responde porque está pensando si le va a tener que prestar todos sus juguetes a esos cubanos que, según Julio Borges, se van a meter a vivir en su cuarto.

Esa mañana mamá, en lugar de dejarlos y volar a no sé donde apuradísima, se baja en el colegio. Todas las mamás, aunque tienen caras de apuro, se bajan también: el deber patrio llama. Hoy se celebra la asamblea de emergencia que convocan, puntualmente, cada año para combatir al rrrégimen aumentando el costo de la matrícula escolar muy por encima de lo que permite la ley.

Los niños esperan el timbre de la entrada revoloteando cerca las tertulias maternas. - Que ya falta poco, si lo vienen anunciando desde hace diez años, vendrán las hordas chavistas, esos ranchuos niches, you know… Que nos van a quitar a los niños, que le saques la nacionalidad española, que los míos tienen la italiana por parte de su papá. Es horrible, cuando se los lleven ni siquiera les vamos a poder mandar mensajitos por el BB porque van a prohibir el internet y todo lo que se maneje con botoncitos. No quiero imaginarme que se los lleven en julio, mira que ya pagué el plan vacacional...

- Para siempre, se los van a llevar para siempre, ¿O es que acaso crees que cuando me devuelvan a un peluo adoctrinado de veinte años yo lo voy a poder recibir en mi casa como si fuera mi hijo?

- Mamá: ¿me vas a querer siempre? -Interrumpe el pobre Carlitos que, lívido de miedo, aferra sus manitos a la cartera Prada de mamá. Si no te meten a Chavista si, mi amor.

Después de un largo día de colegio, regresa mamá apuradísima y, con la responsabilidad que caracteriza a toda buena madre, los sienta en sus sillitas de seguridad, porque ella sabe bien que el deber de una madre es velar por el bienestar de sus hijos. Una vez amarraditos, pisa el acelerador y sintoniza a Nitu para amenizarles el regreso a casa.

Así se enteran los hermanitos que a su colegio ya no se llamará San Francisco de Asís, que desde mañana se llamará Escuela Popular Comunal Che Guevara. Que los niños van a tener un uniforme nuevo con un sombrerito rojo igualito al que usan los chavistas esos que, de paso, comen niños. Que en lugar de clases de deporte van a tener clases de soldados. Que así como les prohibieron la Coca Cola Zero, les van a prohibir la navidad y la cajita feliz. Que esas hordas de resentidos van hacer muchas cosas horribles, pero los niños no saben si preocuparse, porque tienen entendido que cuando pase todo esto, ellos estarán en Cuba.

A modo de receso en su pesadilla cotidiana, mamá, antes de seguir su camino a no sé donde, deposita a sus retoños en manos de su niñera, una señora contradictoria que tiene cara de ‘‘horda’’, pero parece quererlos mucho, porque nunca está apurada, nunca pone esos programas de terror en la tele y siempre está contenta.

Lástima que a las tardes le siguen las noches, con su Aló Ciudadano; con su Grado 33; con su mami tengo miedo; con su duérmete niño, duérmete ya, que viene Kiko y te comerá.




domingo 7 de junio de 2009

De sueños y sueños y pesadillas.






Crees que la peor de las soledades consiste en saber que algo espantoso está a punto de ocurrir y que nadie a tu alrededor se está dando cuenta. Que la peor pesadilla consiste en que tu, que si sabes, te dedicas a explicarle a una multitud de tontos incautos, y ellos, tontos al fin, siguen su camino sin entender que van rumbo a la más miserable de las miserias, y lo peor, que te arrastran con ellos.

Estas cosas horrendas no solo pasan en las películas de terror. Te pasan todos los días en tu calle, en tu trabajo, en tu supermercado de confianza.

Ves como una mayoría aplastante de seres que no entienden, pero votan, que no desean progresar, pero votan, que son irresponsables, pero votan, que se conforman con limosnas y por eso votan, y botan tu futuro y el de tus hijos, que sí entienden, que sí quieren progresar, que sí son responsables pero por más que voten no alcanzan a votar tanto como esa masa de ignorantes que no debería votar, pero vota.

Cansado de luchar contra esa ignorancia testaruda solo te queda soñar y creer en las encuestas que siempre te han mentido, y sueñas con el día que ese pueblo que tanto desprecias, despierte. Que despierte a tu realidad; que se entere de una vez que no podemos ser todos iguales; que ni sueñe soñar tus sueños, pero que esté dispuesto a servir de escanloncito para que tu sí los alcances; que sueñe sueñitos casi posibles que justifiquen la estupidez de conformarse con que unos pocos logren sus sueños a costa del insomnio del resto. Que despierten a la resignación de pertenecer a ese resto…

Y es que hay sueños que sí merecen ser soñados: sueños inútiles, en ediciones limitadas, solo para soñadores selectos, y que dejarían de serlo si estuviesen al alcance de todos. Sueños verdaderos y no esa necedad de los sueños colectivos, igualitarios, que incitan a la parejería. Esos sueños de pacotilla que para ti son simples actos cotidianos como desayunar, llevar a los niños, sanitos, al cole y traerlos de vuelta a casa, tu casa, con techo sin goteras, nevera llenita, baños con agua fría y caliente y todas esas tonterías…

Confundido, o con ganas de confundir, imploras por el despertar de un pueblo que hace años tiene los ojos bien abiertos, porque no puedes admitir que lo que en verdad necesitas es que ese pueblo vuelva a dormir.

La peor de las soledades consiste en el soberbio egoísmo de pretender que los demás no se atrevan a soñar. La peor de las pesadillas, tristemente para ti, consiste en que nuestros sueños los estamos haciendo realidad.




sábado 30 de mayo de 2009

Debatiéndome entre la ira y la vergüenza

Alerta del Frente de damas indignadas con todo los que haga el gobierno.





En este país ya no hay manera de no sentir una profunda y cotidiana indignación, acompañada con una vergüenza crónica que nos corroe el sistema nervioso. Ese indignarnos con pena ajena delante de todo el mundo es, seguramente, una de las tácticas desmoralizadoras más efectivas que ha encontrado este rrrégimen castro-evo-joselo-comunista.

Díganme, mis desconcertadas damas, cómo no sentir que la cara se cae de vergüenza, cuando traemos a los más connotados intelectuales de Iberoamérica para que, por favor, insulten a este paisucho en el que no tocó hacer negocios, asegurándoles que serían vapuleados por hordas chavistas furibundas, arrestados y violados todos sus derechos humanos, y finalmente declarados personas no gratas y expulsados del país, lo que redundaría en publicidad gratuita a nivel mundial para ellos, y para nosotras, otra conveniente embestida desestabilizadora.

Pues los dejaron entrar, no sin antes hacerles pasar por el mal rato de ser tratados como personas comunes y corrientes, de esas que deben mostrar sus pasaportes para poder ingresar en el país, como si nadie supiera quiénes son esos insignes pensadores. Más allá de esa humillación, que evidentemente se debió a la ignorancia característica de aquellos que apoyan al rrrégimen, no hubo, como calculamos, ningún episodio sangriento que lanzar a las primeras planas del mundo civilizado.

Gracias a la Virgen Dorada de la Plaza Altamira, al funesto petrodictador le dio por jugar al demócrata, así que convocó a un debate entre nuestros ilustrísimos invitados internacionales y una banda de sujetos despeinados que se auto-proclamaban intelectuales de izquierda, como si tal cosa fuera posible.

Diles que sí pero no.- Le ordené a Mario, que siempre me ha hecho caso. Si pero no. -Dijo Mario. Si pero si. -Dijeron allá en Miraflores. No y no.- Dijimos nosotros indignados y mandamos a rodar titulares, vía CNN, que decían que queríamos debatir y no nos dejaron, que el único cobarde es el tirano que nos invitó a debatir, bajo sus condiciones dictatoriales, con esos peludos despeinados que ni en sus casas los conocen.

Permanecimos pegados a nuestras pantallas planas para ver cómo el dictatorzuelo recibía nuestra bofetada, en vivo, directo, vía satélite Simón Bolívar (¡qué horror!) pero los abofeteados fuimos nosotros cuando el tirano y su séquito rompieron a reír a carcajadas.

Reían los muy miserables, y lo hacían con ganas, no con el disimulo acalambrado con el que hemos tenido que reír tantas veces en estos eternos diez años. Reían mientras mis afamados intelectuales no podían entender dónde estaba el chiste.

Yo si entiendo, estoy convencida de que esto no es más que un plan macabro: son felices sólo para hacernos sufrir.



Atentamente,

Marifer Popof.

Presidenta del Frente de damas indignadas por todo lo que haga el gobierno.




martes 19 de mayo de 2009

¡¡¡Vienen los comunistas!!!… otra vez…





Boris y Natasha, aquellos malvados que siempre sucumbían al ingenio de Rocky y Bullwinkle, no sucumbieron del todo. Resulta que se escondieron en Cuba durante todos estos años y hoy, fieles a los ciclos de pánico, locura y furia opositora, regresan para hacer lo que hacen los comunistas malvados, valga la redundancia.

Vuelven para ocupar cada cuarto vacío del apartamento que has pagado con el sudor de tu frente. Vuelven para llevarse a tus hijos y convertirlos en agentes de KAOS, con el agravante de que Maxwell Smart, el súper agente 86, ya no está para defenderlos. Vuelven para apropiarse de la orilla de playa que con tanto esmero cuidan los empleados de tu club. Vuelven con su tarjeta de racionamiento, con sus espías, con sus hordas asesinas de viejitos indefensos, con su adoctrinamiento y su burundanga... vuelven y vienen por todo, como lo han venido haciendo cada cierto tiempo que nunca llega. Vuelven para aterrorizarte, para que salgas y marches, a ver si esta vez puedes tumbar al gobierno.

Es evidente que el comunismo llegó: se nota cuando lo dicen en los medios, a grito pelao’, a pesar de que aquí no hay libertad de expresión. Se nota cuando Ledezma batuquea a unos policías porque ellos se negaron a violar sus derechos humanos frente a las cámaras, mientras que una periodista afirma que sí se los están violando. Se nota en la disidencia encabezada por Rosales, que prefiere permanecer en Perú por temor a las represalias del rrrégimen genocida que se empeña en castigar a los corruptos.

Se nota a leguas que el comunismo nos ha calado hasta los huesos en las camionetas de doscientos mil bolos, y más, que pululan en nuestras calles, en la imposibilidad de viajar a Disney en agosto si no reservas con seis meses de anticipación, en los miles y miles de blackberries que portan los oprimidos ciudadanos cual si fueran objetos de primera necesidad. Se hace patente en las teles pantalla plana que cuelgan en cada una de la habitaciones de tu casa que, por cierto, pronto ocuparán los cubanos.

Una evidencia irrefutable de la amenaza a la propiedad privada, es que el mismo canal que no tiene libertad para expresarse, pero que se expresa, dedica sus espacios publicitarios a venderle a los futuros expropiados cocinas italianas, griferías noruegas, mármoles y porcelanatos y todo tipo de detalles para convertir sus hogares en el lugar distinguido y confortable que merecen las personas con estilo, y que merecerán, por supuesto, los nuevos inquilinos forzosos que ocuparán las habitaciones que una vez fueron de los niños, vilmente, deportados a Cuba.

Otra vez vuelve el comunismo con sus mismas maldades que nunca llegan. Otra vez corren mis opositores aturdidos como pollos sin cabezas, buscando a un líder sin proyecto que los regrese a la paz y armonía social de un tiempo que jamás vivimos, pero que ellos recuerdan y añoran como si hubiese existido.

Mientras corren, sufren y marchan, no olvidan que agosto está a la vuelta de la esquina, y que si no reservan ya se quedarán con los crespos hechos, condenados a pasar sus vacaciones en cualquiera de los miles de centros comerciales que, como todos sabemos, son iconos inconfundibles del comunismo. O tal vez podrán ir a Margarita, bastión opositor que, extrañamente, este feroz rrrégimen permite que exista y, desde allí, sorbiendo una cremosa piña colada, se sintonizarán con la realidad represiva que valientemente les transmite Globovisión.

Y es que este comunismo no los deja ni pasar vacaciones en paz.





miércoles 13 de mayo de 2009

Los burócratas: tutores del poder popular.




Es vox populi que entre Chávez y nosotros hay una pared densa y nebulosa que obstruye el fluir de la revolución. Es vox populi, y yo tengo la cuestionable suerte de poder corroborarlo al encontrarme con muchos de los ladrillos que forman esa pared con más frecuencia de la que desearía, si es que alguien puede desear semejante cosa.


Funcionarios públicos cuya única misión es servir para lo que fueron designados y que todavía no han entendido que Venezuela es otra. No entienden estas personas lo que predica mi presi cada día, casi siempre en cadena nacional, por si acaso están mis funcionarios sintonizando una novela, pues, que se enteren de por dónde van los tiros.

Los tiros van por el lado de la transferencia del poder al pueblo, pero entender eso, para un funcionario como los que yo me encuentro a cada rato, implica tener que entender que su cargo, un día no muy lejano, será obsoleto, por lo tanto sería como aceptar resignadamente su propia extinción.

Resulta que ‘’el pueblo no está preparado y no entiende’’ que necesitan intermediarios que, más que mediar, pretenden imponer su visión personal de cómo se organiza el poder popular, y ya sabemos que mientras más desorganizado esté el pueblo, más lejos estará de tomar el control de su propio destino y eso asegura la existencia de los cargos de mis burócratas en cuestión.

El pueblo no está preparado cuando no conviene soltar la cuerda. Ese pueblo que ha mostrado madurez política a la hora elegir al comandante de la revolución, a la hora de votar por una nueva constitución, a la hora de arrebatar a nuestro presidente de las manos de sus frustrados verdugos. Ese pueblo que rescató a PDVSA, que soportó con estoicismo el paro petrolero, ese pueblo que no cae en las constantes provocaciones a la que es sometido, ese pueblo que lleva diez años luchando por una revolución que entiende como su única posibilidad de tener un país justo, libre y soberano, ese mismo pueblo es el que no está preparado y no entiende.

Y tienen razón mis funcionarios porque yo no entiendo y no creo que nadie, salvo ellos mismos, lo entiendan.

No entiendo, y cuando los entrevisto, ellos se encargan de que entienda menos. Siempre encuentran la manera de responder a mis preguntas con respuestas a otras preguntas que nadie les ha hecho, por lo que terminan diciendo nada, pero, eso si, hablando mucho como para hacernos creer que hacen mucho.

Pues si hacen: estorban y mucho, y de paso les pagan por ello, cosa que los alienta a seguir estorbando.

Los burócratas se erigen como los tutores del poder popular hasta que ellos consideren que estamos preparados para asumirlo. Su misión es convencernos de que no lo estamos. La nuestra es asumir nuestra responsabilidad colectiva y derribar esa conveniente pared que han logrado construir a costa de nuestra revolución.

Eso, o ellos derribarán todos y cada unos de nuestros sueños.




lunes 4 de mayo de 2009

Adictos a la zozobra.




Le tengo terror a las montañas rusas. Cuando era una pava me subí en algunas de ellas solo para sufrir como una desgraciada. Mientras hacía la cola me inventaba excusas que no fueran demasiado ridículas para irme lejos de aquel pavoroso aparato, pero siempre había un niñito de ocho años delante de mi que me hacía pensar que mi miedo era muy tonto. Por culpa del niñito terminaba gritando desesperada al borde de una de esas caídas planificadas para que la muerte te pase cerquita pero que no te lleve.


Nunca entendí por qué proliferan ese tipo de atracciones y mucho menos cómo es posible que existan clubs de montañas rusas, cuyos miembros, tras una confesa adicción al pavor, se dedican en cuerpo y nauseas a lanzarse por empinadas bajadas de hierro, a veces colgando patas arriba, a veces colgando patas abajo, siempre con las manos en alto y las caras desfiguradas por la fuerza de gravedad y el terror.

El último alarido en tecnología montaña-rusística son las de realidad virtual: Unos aparatos que parecen salas de cine, donde uno se sienta en una silla que te sacude de un lado al otro mientras, en una pantalla de 360 grados, te proyectan caídas infernales, espirales vomitivas y todo tipo de piruetas imposibles. Uno las siente, las padece, pero no están pasando sino en el mundo virtual.

En Venezuela contamos con algunas pavorosas montañitas de feria de pueblo que por viejas y oxidadas son las más temibles, pero no tenemos esas montañas rusas de última generación. A falta de éstas últimas tenemos a Globovisión que, a punta de sembrar el pánico, ha logrado agrupar un club de globovidentes quienes, cual sus pares montaña ruseros de otros países, terminan haciéndose adictos a la zozobra.

Globovisión Virtual Reality Productions es una empresa que ha perfeccionado el marketing del terror a través de una montaña rusa que debería figurar en el libro Guinness por ser la más larga del mundo.

El recorrido de esta atracción puede durar tanto tiempo como se tenga sintonizado este canal de realidad virtual. Dicha ¿atracción? tiene unas particularidades que la hacen única: Los pasajeros se sientan a espaldas del país, no llevan ningún tipo de cinturón de seguridad, suben por la cuesta eterna del chavismo mientras una seductora voz les narra lo que les espera más adelante:

La primera bajada que no termina de llegar es la más pavorosa porque en ella te quitarán a tus hijos y los mandarán a Cuba para que aprendan a odiarte. Inmediatamente entrarás en el triple tirabuzón de de la quiebra de PDVSA y la subsecuente crisis económica. En una curva cerradísima más adelante te expropiaran tu apartamento de playa y aún cuando no te has repuesto, vendrá una bajadota donde te meterán a tres familias cubanas en tu casa. Subidas, bajadas y más espirales llenas de epidemias, catástrofes de todo tipo, violaciones a los derechos humanos, genocidios, pollos radioactivos de Bielorrusia, confiscación de las tus cuentas bancarias, bombillos espías made in Cuba, hambre, señales divinas de que vamos por el sendero del mal, ¡Tembló! ¿No te lo dije?, rechazo de la comunidad internacional, aislamiento, qué pena con ese señor…

Los más adictos a la zozobra llevan diez años agarrados a su sofá mientras éste se zarandea al ritmo de la voz de Nitu, Leopoldo, Kiko y cuanta pavita linda con cara de vampira puedan contratar.

Es tal la adicción al pavor de los globovidentes que terminan clamando, mientras caen al vacío sin caer, que vengan los marines, que nos invadan, que viva el fósforo blanco que solo mata a negros, que preferimos ser Faluya, por favor, help us please!

Y pensar que su terror se acabaría apagando el televisor.



viernes 24 de abril de 2009

Guarimba en Do mayor.

Alerta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.




Otra semana, otra bofetada, pero ésta vez se trata de una bofetada importada, cual formaggio peccorino, de mismísimo cuore de la bella Italia. Boccelli se llama el agresor y dice que vino a cantarnos.

Adquirimos entradas VIP, como unos incautos, para ver a este tenor, sin tener la más remota ideas del tenor de su visita: ¡Soportad mis fieles damas! Boccelli vino a ver al tirano. -No, Mari Cuchi, no se trata del Hotel de Chana en Playa El Tirano. Me refiero al dictatorzuelo narco-Farc-castro-evo-cumbre de Trinidad-obama-comunista-.

Como lo oyen, mis atribuladas damas: queríamos recrear nuestros oídos con Puccini en la voz de este tenor de fama mundial, pero lo que nos toca escuchar es la traición de un hombre que se niega a ver la realidad que nos aplasta a la poca gente decente que queda este país.

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Y así estamos: con nuestras entradas compradas y nuestros crespos hechos... - Es solo un decir Maru, ya sé que nuestras melenas son lacias naturales-. Decía, aquí estamos sumidas en la decepción y obligadas a tener que asistir a lo que prometía ser el evento cultural del milenio, y que ahora debe convertirse en un clamor por la libertad de ésta, nuestra pobre y desangrada patria.

Por lo tanto, debo hacer algunas recomendaciones, de carácter obligatorio, a ustedes, amantes de la opera y de la libertad, que ésta noche deberán defender sus privilegios aún en los lugares más insospechados.

Lo primero que debemos hacer es cambiar el vestuario, ya que ahora no vamos a un concierto sino a una marcha multitudinaria y de lo más selecta, porque las entradas eran carísimas. Vamos de negro, pero no de negro gala sino negro luto activo.

Es imprescindible llevar cacerolas, pitos, banderas siete estrellas, estudiantes manos blancas, artículos incendiarios y máscaras de gas. No deben faltar, por supuesto, las cámaras de Globovisión conectadas en vivo a CNN, para que le griten al mundo que, los que si sabemos lo que es cultura, no vamos a tolerar que un tenor desafine en nuestro concierto por la libertad.

Olvidad vuestros tacones y alhajas, mi sufridas damas, olvidad la elegancia y la buena educación. Insultad al italiano (marrano), como lo hicimos con aquel presidente manisero que tiene una fundación con su nombre, ensordeced al ciego a ritmo de cacerolas, perded el glamour y lanzad tomates, guarimbead hasta quedar exhaustas, que la patria así os los exige.

Que mañana, os lo aseguro, no habrá tenor que no cante al son que les toquemos.



Atentamente,

Marifer Popof

Presidenta del Frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.




¡Nos lo merecemos por chavistas!




Un amiga opositora, antes de irse del país dando un portazo y sacudiéndose la tierrita de los zapatos, porque ya no quería ni la tierrita de la tierra que la vio nacer, me dijo con inusual sabiduría: ‘’Cada pueblo tiene el gobernante que se merece’’.


Aquella ¿terrible? sentencia de la viajera sin retorno, fue producto una súbita revelación que le dio en plena cara el pasado 15 de febrero cuando perdieron el referéndum de la enmienda.

‘’Ganaron los chavistas, no hubo frrrrrraude, como tampoco lo hubo en 2004 cuando me hicieron creer. Yo vi la cola en mi centro y todos éramos opositores. Yo anduve por el este de Caracas y era evidente que el dictador tenía los días contados. Yo escuché a mis líderes prometiendo pruebas que jamás presentaron. Yo desperdicié cinco preciosos años de mi vida creyendo que el país era nuestro y que nos lo habían robado.’’

Fue un duro golpe para esta amiga el descubrirse en un país llenito de gente que no piensa como ella y que, por lo tanto, tampoco vota como ella.

Vio rojo mi amiga.

Vio rojo porque Venezuela es roja y porque cuando uno se pone bravo se dice que uno ve de ese color. Indignada ante semejante revelación, tomó la única decisión que se puede tomar en estos casos: hizo sus maletas y se fue; no sin antes, con un ‘’ahí le dejo eso’’, regalarme mi país para que sigamos ‘’haciendo con él lo nos de la gana, total, cada pueblo tiene el gobernante que merece’’.

Yo me sentí honrada por el regalo de mi amiga y por su frase lapidaria. Merecemos, sí, toditas y cada uno de las cosas que hemos logrado. Las merecemos tanto más si pensamos en el esfuerzo extra que hemos puesto para superar las cotidianas zancadillas y codazos que los amigos de mi amiga nos han tratado de meter.

Imagino donde estaríamos hoy si no hubiésemos tenido golpe, paro y sabotaje petrolero. Imagino qué sería de nosotros si nuestros opositores hubieran sabido entender antes lo que mi amiga, por fin, entendió.

No estoy diciendo que quiera que se vayan, aunque este es un país libre y pueden hacer lo que mejor les parezca, lo que quiero es que entiendan que sí tenemos el presidente que queremos y que merecemos, que estamos aquí para defenderlo, que nos ha costado mucho llegar a ser el país más feliz del mundo y que no se puede ser tan egoísta para sentir tanta rabia ante la felicidad de tantísima gente.

Dicen que las despedidas son tristes, pero ésta en verdad no lo fue.



domingo 12 de abril de 2009

Margarita: la revolución será televisada.




Lo que me dispongo a hacer en este momento es, según algunos dirigentes regionales de PSUV y otros funcionarios públicos de nuestra isla, un acto contrarrevolucionario que solo busca desprestigiar a luchadores de toda la vida, a cambio de obtener beneficios personales para ésta pequeño burguesa, hambrienta de poder y sedienta de gloria, escritora.

Adelantándome a las descalificaciones para ahorrarles palabras a quienes se niegan a pronunciarse sobre los males que nos aquejan, con la esperanza de que a la hora de hablar se limiten a lo que nos compete y no se me vayan camino de Guanajuato, les voy a contar por qué ‘’Margarita es una isla toda rodeada de agua’’.

Parece que los margariteños y navegaos tenemos que conformarnos con ver la revolución por VTV.

La semana pasada vimos cómo se celebraron maravillosas ferias del pescado todo el territorio nacional mientras que, en nuestra isla pescadora, nos tuvimos que conformar con velar, desear, y luego comer unas laticas de atún light porque del regulado no hay. Así vemos megamercales, encuentros, exposiciones, conciertos, operativos de todo tipo. Vemos lo que empezamos a ver en la isla el año pasado y que, como por arte de magia, ha ido desapareciendo.

Tuvimos la cruel suerte de saborear la revolución durante la campaña para gobernadores y alcaldes. Recuerdo que en esos días había mercales a cielo abierto por toda la isla, recuerdo que se habló de incluir en ellos entretenimiento para los niños, cantores populares, ferias de artesanía…

Recuerdo también que, entonces, el Súper Mercal de Pampatar estuvo cerrado gracias a un robo multimillonario que hasta el día de hoy no tiene ni culpables ni castigo. Pero trajeron a PDVAL y uno compraba, a precios solidarios, pollo, carne, arroz, leche y todo lo que no había en los supermercados.

La dirigencia del partido notó que teníamos una deuda social con la gente de la isla. Vino el ministro de vivienda y se dio cuenta de que aquí necesitamos casas y las prometieron. Se crearon las brigadas de mantenimiento que generaron 15.000 empleos, que, en su mayoría, terminaron en manos de los margariteños más necesitados.

Recuerdo que se hicieron promesas al viento y que el viento se las llevó con la derrota de nuestro candidato. Pareciera que tenemos que pagar una penitencia por habernos dejado ganar por un adeco.

Perdimos y quisimos hablar de la derrota y sus causas, pero no era el momento, -nos dijeron nuestros dirigentes-, Chávez está en juego y solo tenemos cabeza y tiempo para la enmienda, lo demás vendrá luego.

Pero también perdimos la enmienda en Nueva Esparta, y estoy segura de que fue así porque nuestra dirigencia no estaba dispuesta a corregir los errores que nos mantienen en al bando de los perdedores.

Aquello ocurrió en febrero y todavía de la dirigencia no sabemos ni pío.

Hoy el Súper Mercal está abierto con sus estanterías llenitas de irregularidades; PDVAL es un grato recuerdo que viene de manera intermitente para que el olvido sea más doloroso; las brigadas ya no existen y el mantenimiento ya no importa, como tampoco parecen importar los, digamos que, 10.000 brigadistas que pasaron a las estadísticas de desempleo; las viviendas, bien gracias; los bancos del estado, tal como El Mercantil; Indepabis, ni hablar; nuestros diputados nacionales y regionales, solo en fotos; Morel Rodríguez y su combo a sus anchas…

Si no fuera por mi siempre amada Misión Barrio Adentro, Las Librerías de Sur, y algunas otras pocas cosas, se podría decir que el tiempo pasa en Nueva Esparta y la revolución nos pasa de largo.

Menos mal que, al menos, podemos verla por televisión.



domingo 5 de abril de 2009

La rebelión imposible.




La oposición venezolana vive en un país paralelo donde la visión está limitada por un velo de miedo, donde el razonamiento es un producto importado, enlatado, saborizado con odio, y predigerido por canales de tele y voceros con poca moral y grandes prontuarios, un país que vive al borde de una ansiada catástrofe que nunca llega.


Mientras esperan el Apocalipsis que los elude combaten al gobierno, aún cuando salen de vacaciones. Sorbiendo piñas coladas en Punta Cana, teclean desde sus blackberries llamados a la rebelión: ‘’Pueblo cobarde y genuflexo: ¿hasta cuando van estar postrados a los pies del tirano? A la calle ya. Sangre, fuego y más sangre para recuperar la patria. Militares arrastrados atiendan el llamado del deber. Muerte a los chavistas y a toda su descendencia. Cacerolas a la ocho, cornetazo a las diez, buffet de frutos del mar a la once, pero solo para huéspedes y ustedes no están aquí.’’

Hoy, cuando mi presi cuenta con el 71% de apoyo popular, ellos no se preguntan por qué, sino cómo sacarlo a toda costa. Descartan la validez de estas cifras calificándonos de ignorantes cuando son ellos quienes ignoran todo lo que hemos logrando.

Bozal de arepas le llaman al hecho de que la gente pueda comer tres comidas al día. Inexistente le dicen al sistema de salud que ha logrado reducir a la mitad la tasa de mortalidad infantil, califican de curanderos a los médicos que deciden atender sus comunidades en lugar de convertirse en mercaderes de la salud en clínicas privadas cinco estrella, o, debería decir siete… Adoctrinados llaman a los niños que hoy tienen acceso a la educación, con comidas incluidas, en las escuelas bolivarianas. Vende patrias llaman a nuestros deportistas que triunfan y ‘’bien hecho por chavistas’’ a los que no traen medallas. Focas tarifadas a quienes trabajamos por la revolución.

Es tan su arrogancia que pretenden dirigir a control remoto una rebelión suicida en la que el pueblo, seducido a punta de insultos, se sacaría la comida de la boca, la esperanza del alma y caminaría voluntariamente al paredón solo para satisfacerlos en su egoísmo.

Nos siguen creyendo idiotas porque, como idiotas, se creen sus propias mentiras.

¿Cuándo despertará el pueblo? Se preguntan desesperados. Despierten ustedes, mis amigos opositores, porque el pueblo hace años que despertó.

En lugar de buscar rebeliones imposibles, háganle un favor a la patria y empiecen a pensar en hacer una oposición seria. A menos que prefieran, como las moscas, seguir golpeándose la cabeza contra los cristales que los separan de la Venezuela de verdad.




martes 31 de marzo de 2009

Monólogo virtual de una sorda que quiere ser ciega pero muda jamás.

Acto único.

En un cuartico estéril, con un escritorio, una sillita incomodísima y una computadora cuya pantalla es la única fuente de luz en el escenario, una mujer que pareciera padecer una menopausia crónica, una opositora globalizada que redime su soledad y aridez en el mundo virtual. Desde su país, Argentina, está convencida de que NO es NO y no piensa callarse.



¡Hola amiguitos! Soy una argentina que odio a Chávez porque odio a Cristina. Pero no solo a Chávez y a Cristina, odio a muchos y por muchas razones que no seré capaz de exponer aquí, porque nunca he sido capaz de exponer razón alguna para justificar mis odios que son tantos y tan variados. Odio a los comunistas en nombre de Dios. Los odio porque Dios es amor y ya saben que hay amores que matan, aunque yo no sepa lo que es eso, digo, morir de amor, pero bueno, hablaba de Chávez, de ese comunista amigo de los terroristas cubanos que anda de la mano con Cristina, que creo que tiene mi edad pero se la ve tan joven...Mi queja concreta es que Chávez se mete en mi país y, fingiendo amistad, nos hipoteca comprando la deuda argentina, regalando así el dinero del pobre y abandonado pueblo venezolano, que muere de hambre en las calles, que no tienen escuelas ni hospitales, ¿Que cómo lo sé? Lo leí en un blog de unos pibes, Los Morochos, ¿vos no los conocés?, yo tampoco pero me vinieron como anillo al dedo porque escriben barbaridades contra Chávez, de cómo derrocha su dinero como cuando compró nuestra deuda. Y es que es el colmo esto de comprar papeles vencidos a nuestro gobierno justo cuando estaba a punto de caer, papeles que nadie quería comprar, que tenían a Cristina contra las cuerdas pero noooo, tuvo que venir este sujeto con complejo de Reyes Magos, en su caso Baltasar, y regalarnos otro dolor de cabeza y aliviar el de Cristina, que bien merecido que lo tiene. ¡Ja! Mirá lo que encontré en internet: que el petrodictador no nos regaló nada, mirá vos, aquí lo dice este diario que los ‘’progres’’ llaman gorila (¡Muerte a los progres, amén!). Nos cobra el muy usurero el 15% de interés a este mi pueblo exprimido. Y luego se llena la boca hablando de solidaridad. ¡Usureros! y no conformes con eso se vienen la semana pasada a firmar 22 convenios bilaterales con este gobierno que queremos derrocar. Y ahora viene una comunista y se aparece en mi ciberforo favorito a tratar de desdecirme. Ya vengo amiguitos, voy a meditar: Ommmmmmmmm! Esta roja dice tener un amigo economista que le explicó el asunto y mirá lo que me pone, como si yo me lo voy a creer: ‘’que el riesgo del país era elevado y esto eleva las tasas de interés, y que por ser una inversión riesgosa nadie quería comprar esos bonos.’’ Agrega además el cometario de otro dudoso economista que dice: ‘’ las leyes venezolanas no le permiten a Chávez no cobrar la tasa de interés que marca el mercado’’. Y para colmo, ambos economistas coinciden en que, sin duda alguna, fue un acto de solidaridad. Me van a venir con ese cuento a mi, que soy experta en egoísmo, sho y solo sho, por lo que puedo detectar a un egoista a distancia... como si yo fuera idiota y no me diera cuenta de que Chávez es un usurero que nos cobra el 15 % del dinero que nos regaló dejando a su pueblo en el más absoluto abandono. ¿Que decís? ¿Que es tema viejo? Ya lo sé pero hay que atacar con todo y más aún cuando la semana pasada se firmaron todos esos convenios bilaterales que a nadie convienen sino a la revolución bolivariana que crece y crece y tiene adeptos en todos lados… Ya los tenemos dentro ¡Libranos Señor!. Es que nosotros estábamos bien, che. Al menos estábamos lejos del fantasma de comunismo que ahora se cierne sobre mi patria chica, que chica la quiero, ¿me escuchan? ¡Chica!. No me van venir a mi con este esperpento de la Patria Grande y esa mezcolanza colores, olores y sabores que, por pecaminosos, no voy a poder probar. A mi no, porque ¡no es no!.




domingo 22 de marzo de 2009

No bajaron los cerros, pero bajarán.

Alerta del Frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno




Este sábado, como ya es costumbre con este rrrégimen, recibimos otra bofetada, que más que bofetada, fue un puñetazo directo a la dignidad de la poca gente preparada y decente que queda en este país.

Después de que nuestros ilustrísimos IESA boys pasaran semanas enteras, públicamente analizando, con la certeza que caracteriza a los que si saben de lo que hablan, las medidas a tomar por el petrodictador para paliar la crisis que él mismo generó, -porque no debemos olvidar que TODO es culpa de Chávez- se presenta este señor con su cara tan lavada y anuncia un paquete que de paquete no tiene nada.

Quienes sabemos de paquetes estábamos en pie de guerra: cacerolas en mano y piticos en la boca, banderas siete estrellas y al revés… ¡Fuera ya! Era la única frase que rondaba en nuestras mentes torturadas y oprimidas aquel sábado agónico y eterno. Decía, en pie de guerra, dispuestos a bajar de nuestros cerros: Cerro Verde, Lomas de San Román, de la Lagunita y El Alto Hatillo, para hacer temblar a Caracas como nunca antes tembló.

Al mediodía era la cita. Sabíamos que sería imposible almorzar y liberar a la patria al mismo tiempo, por lo que desayunamos copiosamente. Pasó la hora anunciada y nos vimos en la necesidad de picar alguna cosita mientras que el teniente coronel, seguramente, comía a cuerpo de teniente coronel.

Era casi la hora de empezar a vestirnos para nuestros compromisos sociales de cada sábado y todavía nada. Hice llamadas del última hora para tratar de aplazar algunas bodas y otros eventos organizados con esmero, premeditación y alevosía. Todo por la patria, pero no, a esa hora, era poco lo que se podía hacer.

Cinco y media y yo a medio vestir. Justo entonces apareció el nefasto personaje que rige el destino de mi pobre y abatido país.

Casi tres horas se tomó, con su sadismo acostumbrado, para decirnos que no había paquetazo, que nuestros ilustres analistas se habían equivocado, que la crisis no era aquí sino allá. Que no devaluaría la moneda, que no aumentaría la gasolina, que no liberaría los precios y, peor aún, que no privatizaría PDVSA como muchos anhelábamos.

Todo esto a sabiendas de que no hay paquetazo que no incluya estos ingredientes esenciales. Otra demostración de que el tirano de Sabaneta no tiene ni la más remota noción de lo que es economía y finanzas.

¿Por qué lo hizo? -Se preguntarán mis atribuladas damas. Lo hizo para arrastrar por el fango a nuestros expertos, para enlodarlos con su miseria, para desprestigiarlos públicamente, como suele hacer con todo aquel que, valientemente, se atreva a adversarlo.

Y nosotros, la gente decente, pensante y productiva de este país, allí en nuestros cerros y lomas, paralizados ante la disyuntiva de asistir a nuestros compromisos sabatinos o bajar a tumbar al rrrrégimen. ¿Pero cómo hacerlo sin paquetazo?

Tal bajeza hizo que una vena en mi cuello de cisne, inflamárase de ira hasta reventar el collar de perlas que heredé de mi bisabuela. ¡Ni a tumbar al tirano ni al ágape de Maru y Víctor José! ¿Acaso se puede salir en semejante estado de indignación?

Como las perlas de mi collar, mis ilusiones quedaron regadas sobre la alfombra de mi vestier. Ya las recogerá la muchacha, a quien voy a tener que subirle el salario por decreto dictatorial.

No bajamos esta vez, pero bajaremos…



Atentamente,

Marifer Popof.

Presidenta del Frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.




domingo 15 de marzo de 2009

Consejos útiles para ser un perfecto opositor.




En este mundo siempre lleno de acontecimientos hay que estar al día y, sobretodo, se debe estar muy claro en cuál es la posición del gobierno frente a los mismos para evitar incómodas coincidencias o desagradables confusiones.


Debe saber todo opositor, por ejemplo, que el pabellón se prepara con carne mechada, caraotas que no sean de Mercal, plátanos, preferiblemente ‘’Chiquita’’ y arroz saborizado, de ese en cuya la bolsita dice ‘’sabor criollo’’. No se deje engañar por el gobierno que insiste en hacernos creer que el arroz es blanco y que uno le pone el sabor que quiere en su casa. Boicotee el arroz blanco y exija, en nombre de su derecho a escoger, el que cuesta más caro porque sabe a cubito.

Por otra parte, debe saber, mi querido opositor, que el código penal solo aplica a los chavistas. Es decir que si un antichavista, junto a un grupo de amigos, desnuda a una mujer por la fuerza, la manosea, intenta violarla pero olvidó el viagra, por lo que sale a buscar un palo de escoba para terminar su tarea como Dios manda y el Nuncio aprueba, no vaya a pensar usted que ese hombre es un criminal de los más cobardes y, por lo que más quiera, no se le ocurra llamarlo violador. Llámelo hijo, hermano, amigo, perseguido político, víctima del rrrrégimen o, mejor aún, llámelo héroe.

Hablemos también de arte, porque este gobierno mete sus narices en todo. ¿Quién dijo que los cadáveres humanos no pueden ser esculturas? Pues lo dijo Chávez, entérese y no se equivoque. Mire usted, los cuerpos expuestos en Bodies Revealed, no pertenecen a ninguna especie en peligro de extinción ni nada por el estilo, si se fija bien, notará que son cadáveres de chinos, y chinos hay muchos y por todos lados. Además que todos son iguales así que nadie, allá en la lejana China, notará su ausencia.

El gobierno se empeña en tratar a estas magistrales obras de arte como seres humanos fallecidos que deben descansar en paz, pero recuerde usted que los chinos tienen diferentes creencias y costumbres a las nuestras y además son comunistas. Bodies Revealed colocaba a Caracas entre las grandes capitales de mundo civilizado, pero nuevamente la actitud retrógrada del rrrégimen nos empuja a la edad de piedra.

Si se trata de deportes, es imperativo que sepan que cada derrota de cualquier selección vinotinto será una derrota para Chávez, más aún si los deportistas, como Magglio Ordoñez, apoyan abiertamente al gobierno. Por lo tanto, abucheen, insulten, firmen peticiones para que lo boten de las grandes ligas y lo deporten, tal como lo hicieron los asistentes al partido Holanda-Venezuela que se jugó éste sábado en mayami.

Es muy importante, en este tipo de eventos, portar banderas siete estrellas para que quede claro que no van a la Venezuela, que ahora es de todos, sino a la de antes que era solo de unos pocos. Traten a toda costa, mientras lanzan improperios, de ser enfocados por las cámaras de algún medio extranjero como ESPN, y mucho mejor si es de FOX Sports. Griten entonces al mundo su desprecio, su intolerancia, su odio ciego en nombre de la libertad, la tolerancia y la reconciliación.

Si todo esto le parece incoherente, si le causa repulsión o pena ajena, reflexione y déjese de blandenguerías, de lo contrario será confundido con un chavista. Mírese en el espejo de Magglio. Por su tranquilidad y las de los suyos, sea un perfecto opositor y no piense, deje que Globovisión piense por usted.




jueves 5 de marzo de 2009

¡A mi no me revisen!





Pareciera que a la hora de revisar no todos estamos dispuestos a dar la cara y asumir responsabilidades. Este parece ser el caso de Ramón Echevarría, director de Radio Mundial Margarita, que, por lo visto, no admite críticas a su emisora y mucho menos a su gestión.

Echevarría leyó, como muchos de nosotros, un artículo de mi amigo Augusto Hernández publicado este miércoles en El Sol de Margarita. http://www.elsoldemargarita.com.ve/Noticia.aspx?NoticiaId=31777 .

‘’El que se pica es porque ají come’’, decíamos cuando éramos niños, y parece que Echevarría se picó, por lo que en lugar de asumir su deber revolucionario de aceptar la crítica y revisar, Ramón, ese mismo mediodía, dedicó su programa a injuriar a Augusto porque éste ¡horror de los horrores! osó señalar algunos problemas que viene presentando la emisora que dirige nuestro picado personaje.

No pienso repetir las calumnias lanzadas desde su micrófono para no darle eco a semejante rosario de barbaridades. Considero que el deber de Echevarría, de ser cierto lo que dice sobre Augusto, es correr a la fiscalía y pedir que lo metan preso ya. Pero pasa que Ramón sabe, como sabemos todos los que conocemos la trayectoria de Augusto, que lo dijo ayer es una sarta de mentiras urdidas en un momento muy adeco, por adecos que vivían su momento.

Entonces vemos a un revolucionario como Echevarría, recurriendo a gastadas mentiras adecas para injuriar a un compatriota que simplemente emitió una opinión sobre la emisora que dirige, o dice dirigir, Ramón.

Insatisfecho con sus mentiras ‘’blancas’’ y con una hora de programa que rellenar, se dedicó entonces, nuestro suspicaz director, a hilar historias que no tienen hilo para acabar acusando a mi amigo Augusto de crímenes de lesa humanidad, nada más y nada menos...

El problema ahora lo tiene Ramón, porque las injurias contra Augusto tendrá que probarlas si es que quiere conservar su credibilidad, en cambio los señalamientos que hace mi amigo están a la vista, debo decir, a los oídos de todos, si es que logran, milagrosamente, sintonizar su canal.

Así estamos pues, que si dices pío te acusarán de genocida. Así pretende el periodista Echevarría dirigir a una emisora bolivariana. Así entiende él la libertad de expresión. Y así en su programa, al mejor estilo de Aló Ciudadano, dirige su ira mediocre contra un buen revolucionario que no tiene pelos en las teclas para poner los puntos sobre las íes cuando hay que ponerlos.

Y hablando de buenos revolucionarios, Ramón Echevarría, me pregunto si sería usted capaz de aceptar el reto que nos lanza mi presidente y se atreve a revisarse y a dejarnos revisar. Digo, si no tiene nada que temer.




domingo 1 de marzo de 2009

Silencio bolivariano, hipocresía opositora.





Si alguien pensó que no tenemos nada en común opositores y revolucionarios se equivoca. Tenemos preocupaciones comunes y una de las más notorias es la corrupción. Claro que, una vez preocupados, el enfoque que damos al problema es completamente distinto.


Siendo este un asunto tan grave y, a veces, tan obvio, me extraña araña que no sea un tema explotado por los medios de comunicación privados. Y es que sería tan fácil rascar la picada para que pique más…

Pero ¿cómo puede El Nacional, por ejemplo, denunciar a Juan Barreto? ¿Qué le pasó a Globovisión con el maletín? ¿Denunciarían a un funcionario del INDEPABIS que se haga la vista gorda, digamos que, con La Polar?

Está bien, estoy hablando de las grandes ligas. Ubiquémonos entonces en las ligas menores, es decir, el ciudadano de a pie, perdón de a camioneta último modelo: Personas normales y corrientes que solo aspiran a vivir como Dios manda: carro nuevo, acción del club, floreciente pequeña o mediana empresa, viajes a Disney una vez al año y brinquito a Aruba cuando los cupos lo permitan.

Estos ciudadanos de a camioneta son de los que más amargamente se quejan de la corrupción. No pueden reconocer ningún logro de nuestro gobierno porque la mancha cochambrosa de la corruptela afecta su moral impoluta de tan modo que los ciega de rabia e impotencia.

¿Impotencia? -Pregunto yo.

La verdad es que exageré: la impotencia se siente cuando uno no puede hacer nada para cambiar una situación. Mis queridos ciudadanos de a camioneta pueden hacer y no hacen.

No una, sino muchas veces, me he topado con con esta conversación: ‘’La corrupción nos está matando. Imagínate que el otro día llegó a mi empresa (pequeña empresa) un funcionario a pedir un presupuesto y, con la cara tan lavada, me dijo que lo inflara un 12% para cubrir su comisión. ¿Lo puedes creer? Así como si eso fuera lo más normal del mundo.’’

Y yo, como la cosa más normal del mundo, les pregunto: ¿Que hicieron? ¿Lo denunciaron? ¿Lo sacaron a escobazos de su oficina?

La respuesta es siempre la misma: Nooooo, ¿tu estás loca? Si lo hago no me dan más contratos y se van a la competencia. Entonces yo ¿de qué voy a vivir?

Aquí es cuando uno debe definir concretamente qué significa vivir y, ya que es tamos en eso, definir también qué es corrupción.

Si vivir es poder tener muchas cosas que no necesitas, si es poder pagar una acción de un club y un apartamento para pasar vacaciones. Si vivir es poder viajar a Disney cada año, llueva, truene o relampaguee… si vivir es que tus hijos tengan juguetes nuevos todo el año de modo que en navidad haya que inventarse unos regalos obscenos para que se note que es navidad. Si vivir son cinco relojes, veinte carteras con sus zapatos a juego, si vivir son blackberries para toda la familia... si eso es vivir, pues, la verdad es que sin pagarle a un corrupto no se puede vivir.

Luego estamos los que vivimos ‘’a medias’’ pero somos ‘’perdedores resentidos envidiosos y por eso somos chavistas’’.

Ahora vamos con la corrupción: Si no hay quien corrompa, es decir, si no hay quien se preste a pagarle a un funcionario para que le adjudique un contrato, entonces no hay corrupción. El niño que llora y el otro que lo pellizca, diría mi mamá. Y agrego yo que, para colmo, el pellizcador termina llorando por un mal que él mismo genera y del que obtiene sabrosos beneficios.

Ahora dejemos a un lado la hipocresía de la oposición y adentrémonos en el silencio bolivariano:

Si todos sabemos que fulano es un corrupto, ¿para qué callarnos? Que le damos de comer a la canalla, dicen los que dicen cosas. Pues yo les digo que la canalla siempre come aunque sea a punta de mentiras. Que el momento político no es el adecuado, que puede perjudicar el resultado electoral tan necesario para nuestra revolución, siguen diciendo los decidores. Incluso hubo alguna periodista que me culpó de la derrota del candidato de la revolución en Margarita porque yo me dediqué ¡horror de los horrores! a denunciar unas marramuncias asquerosas que se estaban cometiendo en el Mercal de Pampatar. Es decir que la culpa no fue del los corruptos que siguen por ahí con sus franelas rojas rojitas y sus caras tan lavadas, sino de esta escritora que se dedicó a denunciarlos.

Y yo les digo que la gente honesta se sentiría más cercana a nosotros si, con valentía y claridad, señalamos a nuestros traidores. ¿Cuántos votos hemos perdido por puro desencanto?

¿Hasta cuándo van a poder tapar el sol con un dedo sin terminar pareciendo cómplices? ¿Cuántos cómplices tenemos dentro?

Uno, revolucionario de a pie, o de a carro magullado, no deja de preocuparse…

Si así como se investiga, y con razón, a Manuel Rosales por aquellos relojes carísimos y quien sabe qué otras linduras… Decía, si así mismo se investigara y procesara a otros que fingen ser ‘’nuestros’’ cuando en verdad juegan en contra de la revolución, les aseguro que los tan anhelados diez millones en lugar de ser hoy cinco y pico serían diez de verdad, verdad.

Al final es siempre lo mismo: Ellos, como lo han venido haciendo con la guarimba alimentaria, logran debilitar el proceso mientras se forran de dinero. Y nosotros los vamos dejando hasta que llegue el día en que perdamos la credibilidad, se nos caiga todo encima y nos maten por pendejos.

A ver si espabilamos...



sábado 21 de febrero de 2009

Tu peor pesadilla.




Como cada jueves, Ana Julia se dirige a su clase de yoga. Espera al ascensor mientras se queja con su vecina de los últimos atropellos del rrrégimen, con los que se acaba de desayunar en Globovisión. Su vecina sonríe, le contesta cualquier cosa y se afana enderezar un moñito de su pequeña que nunca estuvo torcido.


Al llegar a la clase de yoga le implora a su instructora: Profe, porfa, necesito una clase doble a ver si puedo olvidar, aunque sea por un segundo, que ese dictador volvió a robarnos las elecciones. La profe respira hondo, Ana Julia la imita, ambas tratando de olvidar.

No puede olvidar nuestra estresada Ana, así que corre a la terracita de siempre, donde están sus amigas de siempre, remojando ociosas de los temas de siempre en espumosos capuccinos.

Ahora si nos van a meter cubanos en la casa, Maru. Te lo juro amiga que esta vez no nos salvamos. Y nos van a prohibir los blackberries, el internet y el botox, eso es seguro, me lo dijo el primo de la cuñada de una señora que está ‘’adentro’’…

Shhhh, baja la voz loca, -suplica Maru aterrada- que el mesonero te va a escuchar y ese, como todo mesonero, es chavista.

Silvia juega con la espuma de su café y mira su reloj distraída.

Silvy, amigui, no dejes que la tristeza te tumbe que si hay que tumbar a alguien es al que te conté.

Ana Julia tiene que retocarse la cabellera. Gianfranco, además de estilista funge de pañito de lágrimas para sus clientas desesperadas.

Gianni, perdimos, my friend!!! Te traigo mi pelo que está igualito al panorama que tenemos por delante, o sea, ¡HO-RRI-BLE!

Gianfranco, tijeras en mano, siempre concentrado en su trabajo, calla y corta, un poquito aquí, un poco más allá, clip, clip, clip, y zuas! un mechón grandote que si no fuera porque Gianni es un artista Ana Julia pensaría que la ha trasquilado.

Luego al colegio a recoger a los niños. ¡Ay! Carmen, yo todavía no lo puedo creer. Me parece que no he despertado de una pesadilla. Pellízcame, pellízcame para ver si despierto y, en lugar de este petrodictador-castro-comunista, tenemos en Miraflores a Henrique Capriles Radonsky, plis.

Carmen aprovecha el pedido y pellizca con saña. ¡Cónchale no tan duro! Yo sé que también estás frustrada con esto de la enmienda pero no la pagues conmigo…

Carmen, amorosa, se despide de sus alumnitos hasta mañana. Ana Julia se los lleva feliz de poder pagar un colegio donde sus hijos estén solo entre gente como ella.

En la sala de espera del pediatra no se habla de otra cosa: Cinco madres enfermas de angustia porque van a expropiar las clínicas privadas. Vacunas cubanas con burundanga adoctrinadora, santeros, médicos brujos, ramazos en lugar de Tachipirín…

No puedo más Carlos Augusto, este rrrégimen me tiene al borde. Mira que hablar de medicina cubana como si en Cuba hubiera medicina. Salud gratuita, por Dios! Si todo el mundo sabe, digo todo los que somos pensantes, que lo bueno se tiene que pagar.

Carlos Augusto receta al niño Tachipirín cada seis horas y valeriana para la mamá. Podía haber recetado acetaminofén genérico pero no. De paso le cobra completo para que no quede dudas de que el niñito solo tiene gripe y que se va a curar.

Ana Julia pasa el día arrastrando su penas en sus círculos cerrados y seguros. Conoce a los chavistas y se cuida bien de evitarlos. Deja al vigilante con el saludo en la boca, a la señora de servicio la tiene en la mira, al del kiosco donde compra sus revistas, al muchachito que empaca las bolsas del mercado, mesoneros, motorizados que se le cruzan irreverentes en las calles que antes eran de ella, negros, feos, pobres, brutos… chavistas todos.

Pasadas las once de la noche Ana Julia sufre las malas noches de Buenas Noches. Temblorosa, ofuscada, no llega a oír el son de La Hojilla que se mete por su ventana desde la ventana de la vecina y la de profe de yoga, y la de Silvia, Gianfranco, Carmen, Carlos Augusto…

Estamos en todas partes, Ana Julia. Tomamos café contigo, enseñamos a tus hijos, los curamos, vamos a tu club, a tu terracita, ¡a tu casa!. Votamos juntos en el mismo centro, hicimos la misma cola, nos tocó la misma mesa… Y muérete del susto, mi ya aterrada Ana: Aunque tu no lo notes, amigui, nosotros votamos que SI.




martes 10 de febrero de 2009

Encuentro cercano de no sé qué tipo.




Lo que voy narrar a continuación podría parecer un texto salido de la mente retorcida de esta escritora desesperada por contar una historia. Una escritora sin escrúpulos que trata de hacer pasar como hechos reales la más espeluznante ficción.


La verdad es que yo preferiría no tener que vivir las cosas que les voy a contar, y ustedes, mis amados lectores, sé que preferirían no tener que vivir lo que ahora van a leer.

Pero lo vivimos, aún cuando no lo deseamos lo vivimos…

Debería musicalizar este texto con un solo de violoncello compuesto por dos notas muy graves entre párrafo y párrafo, algo así como el tema musical de Tiburón. Pero no soy experta en multimedia, soy solo una escritora, por lo que dejo a mis lectores la responsabilidad de emitir el sonido del cello, un ronco chan, chan, chan, chan de garganta, acelerando el ritmo en la medida que se aceleren los latidos de su corazón.

Todo sucedió en un día lluvioso, porque tienen que ser lluviosos los días así. Aún si hubiese amanecido soleado, un encuentro cercano como el que me tocó vivir, habría logrado desatar los más oscuros nubarrones, portadores de la más tenebrosa tormenta, y ese cello sonando, sonando, sonando…

Me encontraba paseando por el mundo virtual y me topé con un grupo de viejos amigos jugueteando en Facebook. Se burlaban divertidos de lo brutos que eran algunos chavistas. Yo escuché sus risas que parecían gruñidos y me acerqué para decirles que no se preocuparan, que en todos lados se cuecen habas. Les conté, para probar mi tesis, que había escuchado a un líder de oposición pedir peras al horno.

Las risas se apagaron, pensé que vendría un silencio de esos que te hacen dudar si todavía estás vivo, pero no. Saltó uno de ellos y me dijo caradura, fanática, chavista-violenta-de-discurso-programado-por-tus-jefes-que-te-pagan, tarifada, jalamecates, adoctrinada, criminal. (No se olviden del cello in crescendo)

Hermosos epítetos que aderezaban una ensalada de mordaces argumentos que eran, sin lugar a dudas, un condensado magistral de los últimos cinco años de Aló Ciudadano. Que si queremos instaurar un pseudo-comunismo totalitario, que si regalamos el dinero a otros, que si el discurso violento (insulto intercalado), que si los intelectuales del mundo repudian la revolución, que los que la apoyan son corruptos, tarifados, jalamecates y algunos muy viejitos que son unos comunistas trasnochados, que en Venezuela nunca hubo analfabetas, que no existen las misiones y que si existen no sirven, que se ha dilapidado el dinero en esas cosas…

Yo le pedí que mirara los datos de UNICEF, UNESCO, CEPAL que avalan lo que le estaba diciendo sobre los avances de la revolución, pero mi opositor enfurecido me dijo que los leyera yo, que él no iba a leer nada… Supongo que prefería tener la razón a pesar de no tenerla.

No había terminado tan constructiva tertulia cuando apareció una vieja amiga, sorprendidísima de mi posición. Entre estupefacta y conmovida se preguntaba cómo una niña como yo terminé en estos derroteros. La cito textualmente porque sus palabras son poesía pura:

‘’Me gustarìa saber que le pasò a la Carola que recuerdo vecina en nuestra urbanizaciòn!!!!! Una niña bella y encantadora, con un peluche de "Snoopy" , proveniente del mas puro imperialismo salvaje, por lo que tus hijos no podran disfrutarlo como tu, al igual que un viaje a Orlando, conocer a Mickie, Minnie o al pato Donald, ni podran aprender el idioma Inglès, el que tu en EEUU aprendiste muy bien estudiando en ese paìs, incluso conservo fotos de mi hermano en Florida en tu compañia. ¿Te recuerdas cuando los comunistas secuestraron a tu papà siendo Decano de la Universidad de Carabobo?? que pesadilla cierto?? Igual que la pesadilla que vivimos LA MAYORIA DE LOS VENEZOLANOS cuando unos individuos mal llamados militares agreden con un ventajismo asombroso y gas "del bueno" a estudiantes desarmados e indefensos, solo porque piensan diferente!’’

Luego, como tratando de responderse concluye que la vida me ha tratado mal y que soy chavista porque estoy traumatizada por algo terrible que ella no se atreve a imaginar.

Además y manteniendo el tono maternal, me explica que no es bueno provocar de esa manera, que no se emite una opinión contraria cuando un grupo que no piensa como yo está hablando, que es cuestión de madurez saber estas cosas.

Debía saberlo y no lo supe pero ya estaba encendido el caldo y no iba a ser yo quien lo apagara. La verdad es que le añadía leña al fuego porque yo necesitaba escribir y ellos estaban regalándome una historia desgarradora arrancada de la vida misma.

Así seguía mi amiga explicando cómo el país está arruinado, que podíamos ser lo que no somos porque somos lo que somos y no lo que podíamos ser. Y soñando en lo que sueña me narró cómo no somos productores de agrocombustibles, tan ecológicos, tan acordes con los tiempos. ¡Agrocombustibles!

Procedí a explicarle cómo el año pasado solamente, según cifras de la FAO, murieron de hambre 5 millones de niños mientras los carros tragaban maíz. Agregué además, que en verdad no es prioritario que los niños conozcan a Mickey, en cambio es fundamental que tengan acceso gratuito a la salud del que carecen los niños gringos. Que, lamentablemente, Mickey no cura ni una gripe.

Ante a esto amiga se convenció y me lo hizo saber:

‘’Ya me convenciste Carolita, de que eres chavista de verdad verdad, solo ustedes se caracterizan por ver el lado oscuro de la vida (y no de la luna como el album de los genios de Pink Floyd jijiji) el lado sòrdido y mìsero del mundo, la anulacion por completo del estado "niño" segun el analisis transaccional, la pèrdida de las ilusiones, de lo lindo, de la esperanza, de MICKEY!!! quien aunque no lo creas, està demostrado que en medicina, el optimismo, el buen humor, la risa, la generosidad, el compartir, la familia, los amigos, la buena compañia, la CALIDAD de vida, influye notablemente en la mejorìa y cura de enfermedades tan fatales como el cancer!!’’

En fin, que tuve que vivir este encuentro cercano de ya ni se qué tipo para descubrir que soy pavosa. Que para qué me voy a molestar si mis dos niñas no se murieron de hambre junto con esos 5 millones de niños que quién sabe dónde viven. Que la vida es bella, y yo aquí inventándome problemas que no son míos. Que la generosidad es llevar a tus hijos a ver a Mickey, y la calidad de vida, bueno, eso es para quienes la puedan pagar.

La verdad es que soy bien pavosa...




sábado 31 de enero de 2009

Bolívar quita y pon.




La oposición no deja de asombrarme, aunque no logre hacerlo gracias a su creatividad y talento, sino a punta de desfachatez.


¡Saquen a ese carajo de aquí! - Debió gritar alguien borracho de poder efímero, y algún adulador, ‘’jalando’’ el mecate equivocado, bajó a Bolívar de su sitio en Miraflores por allá por el 2002. Sin saberlo, le evitaron un pésimo rato a nuestro Libertador, quien seguramente lleno de impotencia, prefirió permanecer arrumado en un depósito antes que salir en la foto con aquellos personajes infames que ‘’hacían historia’’ traicionado, una vez más, a su patria.

¡Pongan a ese carajo aquí! -Porque estoy segura de que así le dicen a Bolívar. Y corren a desempolvar libros que jamás leyeron buscando una frase, una solita, que les pueda servir. Y un ‘’genio’’, de esos que entre ellos pululan, saca la frase con pinzas, la saca si, pero de contexto, sepultando a conveniencia el resto del Discurso de Angostura.

Comando Angostura se hacen llamar quienes, padeciendo de una severa angostura mental, reniegan de su propia patria, de La Patria Grande, de la solidaridad con los pueblos hermanos, de la esencia misma del pensamiento bolivariano.

No conocen a Bolívar porque en su pretensión de reducirlo a una estatua ecuestre cagada de palomas, a una voz profunda que lanzaba frases inconexas, a unos días patrios que se celebraban en la playa, terminaron embarrándose de su propia ignorancia. Arrogante ignorancia de quienes se autodenominan ‘’la gente pensante de este país’’…

Ciegos de arrogancia consideran que ‘’no es no’’ basta y sobra como argumento. No para nosotros, que estamos irreversiblemente con el SI, sino para sus propios seguidores, que, en verdad, no sé por qué todavía los siguen.

No es no, repitan y no pregunten más. No es no, y no se les ocurra leer otra cosa que no sea El Nacional. No es no, y luchen por el retorno de los créditos indexados, los intereses al 80% y la cadena perpetua de vivir alquilados. No es no, y apoyen el fósforo blanco de Israel si ellos apoyan a las mil y tantas víctimas de Gaza, no importa que la mayoría hayan sido mujeres y niños. No es no, y olviden el pasado que con esmero pateamos nosotros, ignoren el futuro que no les ofrecemos, ese que los llevará al pasado que queremos que ignoren. Sean ignorantes, pues, que si una frase de Bolívar, aunque sea una solita, conocemos al pelo, es esa de que un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción. No es no, y sigan marchando por el camino que conduce a su propia miseria…

Por eso, entre un millón de cosas, SI. Porque no queremos jugarnos el futuro, ahora que lo tenemos, porque Bolívar no es quita y pon, y nuestra consciencia no es lava y listo.



martes 20 de enero de 2009

Osea…

Del diario de Kiki Aranguren, estudiante marcharina.



Osea, estoy furiosa, osea, angry. Es que hoy estábamos en nuestra marcha pacífica, todos vestidos de marcha, zapatos mega cool traídos de mayami, o sea, new, estábamos ahí manitas blancas, caritas blancas y otras no tanto pero que quieren parecerse a nosotros, osea, niches, pero no importa porque hacen bulto.

Osea que estábamos ahí en una plaza super chimba que se llama la plaza noséquecosa en Chacaito, osea que estábamos listos con nuestros Blackberries con GPS para poder llegar a no sé que tribunal de Primero Justicia, para pedir libertad de expresión y no a la enmienda esa, osea porque no es no.

Osea que somos estudiantes organizados y tenemos hasta un camión hiper cool que lleva las frescolitas, porque a uno le da sed en esas marchas y ni locos que nos vamos a meter en un sucucho en el centro a pedir un refresco, ni hablar de una Perrier… osea que Caracas es very hot y eso de andar a pie por la calle… osea, pero no eres nada cool si no estás marchando, o sea que si no vas, eres un looser.

Osea que estaba con mi prima la Tuti, que tiene un cuerpazo, o sea y se tuvo que poner, pobrecita, una franela roja con letras chavistas para confundir… osea que yo me confundí y le dije TUTIIII!!! Te metiste a niche? Que pena con la Tuti, osea, vestida de ese colorcito, pero funciona, osea, confunde tanto eso que hasta yo, la Kiki, su prima de su alma, osea, su primi amigui super best friend, también me confundí.

Osea que estábamos ahí cantando cancioncitas que nos mandamos ayer por internet, que si Se va, se va, se va! y Eeeeeestudiantes clap clap clap, cuando llegaron unos policía de la metropolitana, pero no de la UNIMET, sino policías de esos a los que tenemos que golpear furiosas. Osea, llegaron esos tipos y decomisaron el camión de frescolitas porque dijeron que podían explotar, osea, que alguien batió los refrescos pero no es para tanto.

Osea que se me corrió el maquillaje porque nos lanzaron bombas y lloré, y eso que llevé una máscara de Hello Kitty super cuchi que usé en Halloween. O sea que corrí con la Tuti y me escondí en una arepera. Osea que que pena!

Osea, que no me podía quitar la máscara porque estaba super fea con el rimmel chorreado, ahí en una arepera, osea, cuando lo que quería era esconderme en un Mac Donald’s y de paso comerme un Sundae de Hot Fudge mientras pasaba el humo ese.

Osea, entonces vinieron los periodistas con sus uniformes de soldados, osea, que que susto! Y nos tomaron unas fotos de nuestras caras de sufrimiento, porque sufríamos con ese olor a arepas y bombas, osea que fuchi guácalas fó.

Osea que somos famosas porque salimos en internet y en unos periódicos importados que salen en otros países que si son mega fashion y super cool.

Osea que salió la foto con la Tuti desgreñada, yo con mi máscara de Hello Kitty puesta y un perro de esos que piden arepas en las areperas… osea que que raya.

Osea que estoy super angry porque fuera ya!. Yo quiero mis dólares y mi RCTV y quiero otras cosas pero mi papi me dijo que me las va a traer de New York la semana que viene. Osea que no puedo esperar.

Osea que Libertad, libertad!, que ya basta! que queremos cerrar la autopista cada vez que nos de la gana. Que queremos poder hacer una parrillita el el Avila, porque eso era lo que estábamos haciendo, osea un picnic al aire libre, porque queremos ser libres y este gobierno no nos deja.

Osea que me voy a dormir con dos rodajitas de pepino en los ojos porque las bombas me hicieron llorar y los tengo horrendos de hinchados…

Osea que SI, que estoy furiosa… ¿Dije SI? Oh my god, ya ni sé lo que digo…




jueves 15 de enero de 2009

La respuesta es: ¡SI!





Ya tenemos una pregunta para nuestra consabida respuesta. La Asamblea Nacional logró formularla como lo haría un novio nervioso que, aún conociendo los deseos desesperados de su enamorada por darle el SI, él viene y se enreda y da dieciséis vueltas antes de lanzar la pregunta.

No todos están conformes con la manera como fue redactada, muchos piensan que es confusa, otros, que le falta o le sobra algo, pero se trata de nuestros diputados que tienden a ser diputadezcos a la hora de sacar estas cosas adelante. -Recuerdo la reforma del 2007-.

El hecho es que tenemos una pregunta para una respuesta que todos conocemos. Casi que me da lo mismo cómo me la formulen mientras que me dejen contestar que SI quiero. Porque SI quiero, no importa que todos lo cargos de elección popular se beneficien con mi SI.

SI quiero y no tengo tiempo para deshilachar la redacción de la ansiada pregunta, no tengo tiempo para confundirme con los mismos argumentos con los que se confunde y pretender confundir la oposición: Que así se perpetuaría Capriles Radonski en Miranda o Morel Rodríguez en Nueva Esparta…

No tengo ni tiempo ni ganas porque no creo que la posibilidad de postularse a un cargo de elección signifique necesariamente la reeleción. Así como para vencer a Chávez la oposición tiene que encontrar un candidato que sea mejor que mi presi, lo mismo aplica para nosotros.

Ganarle a los gobernadores y alcaldes opositores solo requiere, de nuestra parte, presentar candidatos que estén a la altura del pueblo, candidatos que representen lo que mi presi representa, candidatos revolucionarios por dentro y por fuera, que puedan prescindir de sus franelas rojas sin temor a que se les noten otros colores que puedan llevar dentro.

Por esto también digo SI: porque nos vamos a ver obligados a escoger bien a quien postulamos. Nos vamos a ver obligados a revisar, -SI, la primera de la tres erres- cómo los escogemos. Eso, o nos veremos obligados a resignarnos a tener gobernadores y alcaldes de la talla de Radonski o Ledezma, repartidores de bolsas de comida como Morel Rodríguez o filósofos obnubilados por los cantos de ballenas como el de Maracaibo.

Por eso digo SI, para poder votar por por mi presi cada vez que quiera él y nosotros, para que tengamos que postular verdaderos candidatos para gobernadores y alcaldes y para poder vengarme de los diputados que redactaron esa pregunta, tan diputadezcamente, el día que pretendan postularse para su cargo de elección popular.



martes 6 de enero de 2009

Empezar un año que no parece nuevo.





Señor encargado de los años nuevos, quien quiera que Ud. sea, tengo un reclamo: Nos dieron un año nuevo que parece usado. Un año que vino con un viejo conflicto todavía mas ensangrentado que en años anteriores. Un año que llegó enlodado y que no nos permitió celebrarlo como uno cree que se celebran estas cosas.

Decir feliz año me suena a la Susanita de Mafalda quien, después de leer la prensa llena de desgracias humanas, decía: ‘’Menos mal que el mundo queda tan lejos.’’

Y es no logro sentir que Palestina quede lejos, peor aún, la veo cada vez más cerca. Comprendo bien que es un acto de terrorismo imperdonable el hecho de que un pueblo pretenda su liberación. Comprendo que osar levantarse contra el poder establecido necesariamente conlleve a la pena de muerte. Comprendo que la comunidad internacional la conformen solo los países más ricos y ‘’civilizados’’. Esos que produjeron todas las desigualdades posibles en el mundo. Esos que jugando a los soldaditos descuartizaron países en un picadillo de paisitos indefensos e inoperantes. Esos que manipularon hasta lograr que los hermanos se desconozcan como tales, mientras cada uno cuida una parcelita de lo que antes fue de todos.

No puedo sentir que el mundo queda lejos cuando mi pueblo despierta y se levanta. Cuando nos atrevemos, en nombre de nuestra dignidad, pisarle la cola el tigre, no por pisarla nomás, sino para que ya nos suelte de sus fauces. No me parece lejano el mundo cuando veo a mi vecino de al ladito, convertido en otro Israel pero más obsceno porque, entre otras cosas, no pueden alegar ni cultura, ni religión, ni raza que los diferencie de nosotros… como si eso bastara para aniquilar a otros...

El mundo no queda lejos para quienes creemos que el mundo es de todos y no solo de la ‘’comunidad internacional’’.

Así, con tanta cercanía, recibimos un año tan usado que vino sucio de sangre, como hemos recibido tantos años anteriores sin que hayamos podido hacer lo suficiente para que un día, cualquier día, podamos celebrar un año nuevo, nuevo de verdad.

Por eso reclamo al encargado de traernos años nuevos, porque nos está timando, porque son siempre lo mismo, porque siempre los recibíamos borrachos y no nos dimos cuenta del timo, y, cual Susanitas, lanzamos cohetes con luces de colores para celebrar que en nuestro cielo los cohetes son solo eso: lucecitas, y no bombas que matan a nuestros hijos.

Por eso, ante este año tan viejo y tan sucio, solo nos queda hacer un propósito: Seguir adelante con esta revolución y contagiarla al mundo entero. Porque mientras ellos matan niños en nombre de el orden establecido, nosotros, terroristamente, los salvamos y les construimos un futuro digno.

Si fuera capaz de alegrarme solo de mi alegría, podría decir susanitezcamente emocionada: ¡Feliz año Venezuela!, porque tenemos, aquí cerquita, muchas razones para celebrar. Pero no soy Susanita, soy más Mafalda y, de paso, soy una mamá y ya sabemos lo que nos dijo Andrés Eloy: ‘’Cuando se tienen dos hijos se tienen todos los hijos de la tierra’’ y yo tengo dos y todos lo demás...



lunes 22 de diciembre de 2008

Yo quiero un libro.




Casi nadie regala libros por navidad. La verdad es que casi nadie regala libros y punto.


Es que hay teléfonos celulares que sirven para todo, hasta para hablar por teléfono. Hay videos juegos que te dejan ser asesino por un rato para luego volver a ser una buena persona como si nada. Hay zapatos perecederos, que si no los regalas hoy, mañana estarán pasados de moda. Hay lentes de sol que cuestan un ojo de la cara. Hay anillos de diamantes para sacarlos de la caja, mirarlos, suspirar y ponerlos de nuevo en su caja a riesgo de que te arranquen el dedo y, de paso, el anillo. Hay relojes carísimos que aunque solo dan la hora, lo hacen con distancia y categoría.

Hay bombones que se comen en ocasiones especiales que nunca parecen llegar…

Hay corbatas para papá, a quien nunca sabemos que darle. Hay perfumes para que mamá huela como señora de al lado.

Hay juguetes que juegan solos mientras los niños los miran queriendo jugar. Hay muñecas con tetas imposibles para futuras adictas a las siliconas. Hay pistolas de colores que disparan con sus balas de goma la horrenda mentira de que las armas pueden ser juguetes inofensivos.

Millones de regalos made in China, originales e imitaciones, hechos para nadie en particular y que todos compran pensando en ‘’ese alguien tan especial’’.

Toneladas de regalos que en pocos meses serán objetos caducos ocupando espacio en las gavetas y en el recuerdo, hasta que se olvidan debajo de otro regalo de otra navidad…

Y hay libros: el regalo más bonito y menos regalado.

Será porque el papel es solo papel. Será porque no tienen diamantes de bisutería incrustados en ninguna parte. Será porque no hay marcas buenas sino buenos autores. Será que se pueden comprar por menos de lo que cuesta un paquetico de chicle bomba. Será que no te lo puedes colgar como un collar para matar de la envidia a todos en una fiesta. Será porque no huelen a rosas de la china con sándalo y cáscara de limón a menos que lo leas. Será porque no pasan de moda y en la moda solo vale lo que, un día cercano, dejará de estar de moda.

Yo no quiero estar a la moda, yo no quiero bisutería, yo no quiero tacones que duelan mientras se marchitan en mis pies, no quiero matar a nadie en una tele pantalla plana. No quiero perfumes que no huelan a mi. No quiero lentes de sol que tapen mis patas de gallo de lectora miope.

Solo quiero un libro de alguien que mientras escribía, aún sin saberlo, estaba pensando en mi.



sábado 6 de diciembre de 2008

¿Quién le teme al lobo feroz?




En Margarita está sucediendo algo curioso que me llena de expectativas, entusiasmo y esperanza. Después del las elecciones y sus bien sabidos resultados, la gente, militantes y simpatizantes del PSUV, viendo que la directiva regional no daba muestras de vida, conscientes de que éstos evadían abrir un debate sobre el estado de las cosas en nuestra isla, pues, la gente ha hecho lo que tenía que hacer.


Este pueblo que tan instintivamente sabio ha sido y que, desde que mi presi es presi, ha aprendido a aprender, a pensar, a debatir, a rebelarse… Este pueblo que ya no se traga ideas predigeridas de nadie, este pueblo que sabe decirle a nuestro presi que esta equivocado cuando se ha equivocado. Este pueblo está poniendo a temblar a muchos abriendo el debate en las calles, haciendo reuniones en las comunidades, sin intermediarios, sin filtros, sin sordinas, y yo no puedo menos que sentirme contagiada por ese espíritu de lucha.

¿Y es que acaso no nos dicen que la revolución la hace el pueblo? ¿O acaso pretendían, quienes lo pretendían, engatusar a la gente con frases sin intención?

Montados en el lomo de mi presi, cual si él fuera una mula, pretenden cabalgar los revolucionarios de ocasión, personas que encontraron la veta madre para saciar sus ambiciones vistiendo camisas y cachuchas roja y gritando consignas que, de tan manoseadas, ya no nos dicen nada. Gente sin ideas que repiten como loros las palabras que mi presi pronuncia, muchas veces con tino y otras no tanto.

Así se encuentran estos personajes defendiendo un día la ley de inteligencia y contrainteligencia y el otro diciendo que esa ley malvada es inconstitucional, solo porque mi presi tuvo el acierto de corregir a tiempo y no porque ellos se atrevieran a pensarlo por si solitos. Chávez les da voz, porque ellos se la roban, nos la roban y así robando voces, colores e ideas pretenden robarnos hasta el derecho de pensar.

El poder popular con el que se llenan la boca, cuando se materializa les recuerda al lobo feroz. Nada más terrorífico, nada más amenazador. Y, más aún, si ese lobo viene armado con ideas.

La mejor defensa es el ataque, piensan con la falta de originalidad que los caracteriza. Y atacan con argumentos que solo nos aclaran su dudosa posición: Dicen que debatir fuera del seno del partido atenta contra la revolución. Es decir que, para estos revolucionarios de bisutería, las ideas se confinan a un recinto cerrado, a un partido creado para el pueblo y tomado por ellos, en el que, supuestamente, todos tendríamos voz, esto es, todos los que pudieran mantenerse a flote en las aguas enturbiadas por éstos politiqueros de oficio.

Nos encontramos, la gente común y corriente, desplazados por expertos en zancadillas y codazos al hígado, que pretenden hacernos creer que ellos nos representan porque nosotros los elegimos. Se empeñan en ignorar que el PSUV es nuestro como nuestra es la revolución, por lo que califican de intriga política o acto contrarevolucionario a este movimiento popular y espontáneo.

Dicen que debatir divide. Dicen que los trapos sucios se lavan en casa, pero la casa está cerrada y ellos tienen las llaves. Dicen que ponemos en riesgo el referéndum para reelegir a mi presi, pero lo que no dicen que aquí nadie está discutiendo el liderazgo de mi presi, lo que se está discutiendo es nuestro derecho a participar, a debatir, a cuestionar y a ser escuchados.

Y es que si en algo estamos de acuerdo todos es que sin Chávez no hay nada.

Sin Chávez ellos no tendrían a quien robarle las ideas, ni tendrían sus tan amadas parcelitas de poder. Sin Chávez nosotros no tenemos futuro.

La batalla se perfila sabrosa, porque no hay nada más suculento que un enemigo nervioso. No hay nada más rico que un pueblo defendiendo lo suyo a punta de ideas, como nuestro presi nos enseñó.

La mesa está servida en Margarita.

¡Buen provecho!




domingo 30 de noviembre de 2008

Palo Verde, Cerro Verde, ni es lo mismo ni se escribe igual.




Hablar de la clase media como un todo homogéneo es como pretender hablar de mamíferos como si los elefantes y los perros salchicha fueran una misma cosa. Por eso me preocupó cuando mi presi, el lunes pasado, habló de la derrota de Petare atribuyendo la culpa a esa clase media de Palo Verde, de La Urbina, de La California Norte y Sur, a esos ‘’oligarcas’’ que tienen campos de golf, nanas para sus niños, personal de servicio…


Me preocupó, no porque dijera que ellos votaron como votaron, sino porque se está metiendo a mucha gente muy distinta en un mismo saco. No es lo mismo Palo Verde que Cerro Verde, La Urbina que Urbanización Miranda, La California Norte y Sur no es la California de Hollywood ni mucho menos. Son zonas de clase media, digamos, de medio palo, donde jamás posaría un pié la Kiki Aranguren, con sus ínfulas de clase alta que nunca alcanza pero que con su Toyota y su cartera Tous, como que no se nota, o por lo menos deja bien claro que a los de Palo Verde les falta un buen trecho y bien cuesta arriba para llegar a los Palos Grandes, donde ella ya llegó.

Y es que la clase media es todo lo que no es ni clase baja ni alta y ahí cabe un gentío. Así como la clase baja se subdivide en estratos lo mismo pasa con la media. Podemos decir entonces que la gente de Palo Verde está más cerca de los ranchos de Petare que de los penthouses de sus vecinos de la Urbanización Miranda. La Urbina, La dos Californias, Los Dos Caminos, Los Ruices tampoco son zonas chic. -Según me explica la Kiki, que de eso sabe mucho porque su abuela ‘’viene de abajo’’ aunque a ella eso se le olvidó.

Entonces tenemos gente trabajadora que pasa penurias para llegar a fin de mes, que se les va la vida tratando de no parecer ‘’pueblo’’, adornándose con imitaciones de las imitaciones de lo que ellos creen que usaría la familia de Marifer Popof. Gente que va en camionetica por puesto a falta de camionetota con aire acondicionado. Gente que se beneficia de las medidas del gobierno casi en secreto para ocultar la vergüenza de ser pobres pero no tanto, pero que a la hora de votar las rechazan decididos. Algo está muy mal…

Algo no estamos haciendo bien…

Me voy a atrever a dar un punto de vista de mamá clase media, sin querer sugerir en ningún modo que lo que voy a exponer sea la única causa del voto autocastigo de la gente de Petare, pero si una parte del problema, y si vamos por partes puede que un día logremos zafar el nudo.

El uso de algunos términos, como pequeño burgués y oligarca (temblad), que mucha gente no comprende y que como que prefieren no comprender, y son incapaces de buscar su significado en un diccionario, por no mencionar Wikipedia, porque para eso tendrían que ir a un infocentro y allí corren el riesgo de ser adoctrinados para acabar en las garras de socialismo.

¡Ay! La palabra socialismo. He ahí otro problema, la usamos a cada rato asumiendo que todos entienden de lo que estamos hablando.

Es que crecimos en una semi colonia americana. Desayunábamos arepas y Corn Flakes, acompañados en la tele por superhéroes de comiquita que luchaban por la paz y la justicia contra unos malos que siempre se llamaban Boris y Natasha, Iván o Vladimir, que hablaban todos con un acento made in México que suponíamos era ruso… y de los rusos ya sabíamos todo: Eran comunistas y, por supuesto, el enemigo malvado.

Ahora, cuando somos grandecitos, cuando muchos sueñan el sueño que les enseñaron a soñar en la tele, viene un gobierno que, sin disimulo, nos anuncia que vamos camino al socialismo del siglo XXI y, de paso, llama pequeños burgueses a los soñadores de sueños prefabricados, por lo que estos admiradores de Supermán, no saben si decir gracias, o ‘’la tuya’’, así que prefieren tomarlo como un halago al verse igualados, al menos en palabras, con esa otra clase media que se cree oligarquía, y entre iguales se apoyan, y hacen todo lo que tenga que hacerse para salir del ‘’tirano’’ que busca la igualdad.

Y conste que no estoy diciendo que Chávez inventó la lucha de clases, otro término novedoso y desconocido para muchos, sino que nadie, salvo Chávez, pero ellos no ven el VTV, le explicó a la clase media de Palo Verde que la lucha de clases no es más que el pan vuestro de cada día. Que trabajas todo el día, cada día de la semana, y que tu sueldo no alcanza para comer. Pero tu jefe, que trabaja en un escritorio con aire acondicionado, mientras tu, su secretaria, escribes, atiendes el teléfono, le llevas café, le recuerdas hoy son sus bodas de plata, le mandas un ramo de flores a su esposa y lo firmas por él… Decía, que tu jefe gana tanto, del fruto de tu trabajo, que le alcanza para que sus hijos y sus nietos no tengan que trabajar. ¿Plusvalía? ¿Qué es eso? Mejor no me digas, ¡Fuera, fuera!

Y paralizados por el terror que les inocularon las comiquitas y que es avivado cada día por medios como Globovisión, son incapaces de darse cuenta que cuando se habla de justicia social ellos serán beneficiados, que muchos de ellos tienen algo de socialistas aún cuando no lo sepan, así como tampoco saben que ellos también son pueblo.

Ahora, se puede argumentar que los pobres también vieron comiquitas y es verdad, pero los pobres no se miraron en ellas, mientras la clase media salía en Los Picapiedras cada tarde por Venevisión.

En fin, que tenemos un sector que pudo decidir las elecciones en Miranda, que decidió en contra de si mismo sin saberlo, que es utilizado por la oposición como les da la gana y que nosotros no hemos sabido cómo llegarles.

Necesitamos un enlace, necesitamos un traductor para que ellos entiendan y para poder entenderlos. Son parte del pueblo y necesitan una revolución. El día que les expliquemos de una manera efectiva qué es lo que estamos tratando de lograr, el día que dejemos de meterlos en el mismo saco con quienes los usan, manipulan y explotan, ese día, estoy segura, Palo Verde votará rojo.

¿Cerro Verde? Eso lo dejo para otro día…




martes 25 de noviembre de 2008

Gritos dactilares.




Ya hicimos campaña, ya fuimos disciplinados, ya votamos… Votamos a pesar de haber visto lo que vimos, votamos con la angustia de estar pulsando un ovalito que, aún dándonos una victoria, tal vez nos traería una horrenda derrota... Fuimos buenos soldados...


Mi alma, siempre rebelde, se rebelaba contra aquel ovalito, mi alma siempre cuestionadora se preguntaba si lo que hacía era correcto, pero mi dedo, con el alma en la mano, pulsó y votó mientras mi corazón se arrugaba por la certidumbre de que si no era ese era el otro que, al fin y al cabo, me parecían lo mismo.

Fui un buen soldado…

Otros dedos no asistieron a la pulsadera de ovalitos, otros dedos fueron y no pulsaron nada, otros dedos querían ser bocas que gritaran que algo está muy mal y quisieron ser escuchados. Sus gritos fueron el silencio, sus gritos fueron dedos que castigaban y se castigaban pulsando el ovalito enemigo.

¿Fueron buenos soldados?

No soy yo quien pueda decirlo, yo soy un soldado que siempre pensó que solo era una mamá y de estas cosas no sé mucho. Pero lo que si sé es mucha gente quería decir algo y solo supieron hacerlo no votando o, peor aún, votando contra si mismos.

Y mis dedos siguen tecleando este texto tan dactilar a ver si logro sacar algo de tan complejo asunto. ¿Cómo es que un sifrino que se depila las cejas acaba ganando en el municipio Sucre?¿Por qué perdió Aristóbulo, ese que sacó más votos que nadie en nuestro partido, frente a un sujeto que hace pocos días suplicaba respeto de parte de sus secuaces opositores?

¿Por qué esta vez, al ir a votar, no iba contenta como suelo hacerlo sino llena de dudas y angustia? ¿Por qué tantos votamos mirando para otro ladito como para no ver lo que hacíamos?

Si ayer miramos para otro lado ahora debemos ver hacia adentro. Ya no vale echarle la culpa a la oposición ni a los gringos de nuestros propios errores. Algo no va bien y hace rato lo que venimos notando.

Y es que cuando un amigo opositor nos echa en cara que Fulano es un corrupto y que el banco que preside, banco socialista de todos los venezolanos, hace lo que le da la gana, y lo que le da la gana no tiene nada que ver con lo que dice mi presi, y yo tengo que callarme porque es verdad lo que cuenta mi amigo... Es que cuando se roban un dineral en un Mercal y nadie cae preso porque muchos callan para que nadie caiga preso… es que cuando un diputado me dice en mi cara que basta con dar comida a la gente sin tomar en cuenta su dignidad y, para colmo de males, no solo lo dijo en mi cara sino en mi programa de radio, es decir, en la cara de todos los que nos quisieron escuchar… Estas, entre muchas cosas, me dicen que algo está muy mal.

Y la gente en la calle se agobia de verlos, la gente ve como prosperan, cómo se transforman, cómo el agua potable no es suficiente para quitarles una sed tan refinada que solo que sacia con Evian o Perrier. La gente mira como empujan, como desplazan o invisibilizan a quienes si trabajan, a quienes luchan, a quienes creen que ésta revolución es posible. Y es que la gente no es gafa…

Revisión dijo mi presi hace casi un año. ¡Revisión! -gritamos todos los que votamos como buenos soldados, los que votaron como pudieron y los que no lo hicieron.

Revisión, rectificación (¡urgente!) y reimpluso.

Habrá muchas lecturas a los resultados de estas elecciones, pero si no leen esta que mis dedos están tecleando a gritos, pues, no creo que vayamos a ningún lado, al menos no al lado al que la mayoría queremos ir.




sábado 8 de noviembre de 2008

Black is black.


Alerta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.





Hoy mi inmaculada piel de porcelana, aquella que despertaba admiración y envidias, esa piel genéticamente pura, heredera de la más altiva nobleza, mi piel blanca perlada presenta hoy los síntomas ineludibles de la más profunda indignación: ¡Arrugas!

Es que no hay botox ni cirugía posible para combatir los estragos de la amargura. Yo, que siempre lo tuve todo, y si no lo tenía lo arrebataba. Yo, con esta clase que ni se compra ni se vende. Yo, que al perder el poder en este paisito bananero me refugié en mi green card y desde allí, con mi NED, mi USAID, con mi Georgy y mis halcones, dediqué mis mejores años a la lucha por recuperar aquello que nos fue arrebatado.

Yo, ahora frente a ti, espejito de la pared, me pregunto: ¿Cómo es posible que haya ganado el negro? ¿Por qué se equivocaron los que votaron por él? o pero aún ¿Tendrá algo que ver con este desastre el satélite narco-castro-maletín-comunista-chino lanzado, convenientemente, escasos días antes de la elección?

Satélite o no, las consecuencias de los errores de otros las termina pagando mi cutis y el cirujano lo termino pagando yo.

Yo, que apoyé a McCain y a la Palin. Yo, que recurriendo a mis mejores recursos defendí lo indefendible: el copete anacrónico y petrificado de laca de esa campuruza traída del fin del mundo. Yo, que imité su peinado y su estilo para que todas creyeran que aquello era chic. Yo, que arrastré mi glamour por el suelo para que estos votantes vengan ahora y hagan lo que les da la gana.

¡Que muera el voto popular!

Y es que está probado y comprobado que el voto solo sirve para que la gente decente tenga que asumir los errores del pueblo. Primero fue en mi propio patio: 10 años de errores indignantes llevo sobre mi delicada espalda. Luego en aquel país que poco me importaba hasta que llegó el indio ese. Después Correa, Chicago boy de pacotilla, que por muy clarito que tenga los ojos, se le nota lo autóctono. Y Cristina, tan chic, tan botox y tan traidora a su clase, prefirió besar el suelo que pisa el zambo a tomar el té en Nariño.

Como una gangrena se propagan esta serie de errores populares hasta llegar al mismísimo corazón de mi corazón: La Casa Blanca, que desde enero se llamará La Casa Negra, supongo.

Mis ojos de esmeralda se ensombrecieron al ver cómo en Chicago una multitud impúdicamente multirracial celebraba la debacle del orden y la decencia. La elegancia de McCain quedó en un segundo plano gracias al vestido rojo y negro, véase bien los colores. ¡RO-JO Y NE-GRO! que escogió, con pésimo gusto y toda la mala intensión, la nueva primera dama, que por cierto, seguramente pasará todo el periodo presidencial luchando por no ser confundida con la servidumbre. Ese será su justo castigo.

Y a las niñas bien que lloraban de felicidad en Chicago, a todos aquellos que, traicionando la moral y las buenas costumbres, cedieron el poder a un negro llamado Hussein, a ellos debemos agradecerles, desde este oprimido pedacito de su patio trasero, la postergación, al menos por cuatro años más, de la tan anhelada llegada de la IV Flota, y recuperación de la dignidad de esta tierra por la que hemos estado trabajando con ahínco la gente decente de este país.

Mi único consuelo en estos días desconsolados, es que sé, porque ya lo viví, que su alegría se tornará en angustia, que su esperanza en indignación, tal como sucedió con todos aquellos que hace diez años, ignorando el sentido común, votaron por un zambo y ya saben lo que les pasó.

Sus arrugas serán mi mayor venganza.

Atentamente,

Marifer Popof

Presidenta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.




martes 21 de octubre de 2008

Chávez y Chávez y besos y besos.




Tenía que pasar: Chávez me voló un beso y yo le volé diez mil. Pero eso debe ir en el octavo o noveno párrafo de mi relato, así que empecemos por el principio, sabiendo, eso si, que hubo besos, declaraciones de amor y rodillas temblorosas…


Todo sucedió ayer en el día más psicodélico que recuerdo haber vivido. Nos citamos en la Calle del Hambre de Porlamar a las doce del mediodía. Yo, siempre ansiosa, llegué a las nueve y media de la mañana sin haber desayunado. Allí debía hacer el contacto con quien me acercaría a una distancia propicia para poder lanzar besos que lleguen.

Mi contacto no podía imaginar que jugaba a la Celestina en esta historia de amor al viento, su misión ese día era otra: velar por la seguridad de mi presi. Yo tampoco pensé que tendría la ocasión de que él se fijara en mis colitas moradas en medio de aquella multitud donde el rojo era el color de etiqueta.

Pero me tocó estar ahí, a menos de diez metros, tal vez cinco, ya no lo puedo precisar. Ahí tan cerquita que los guardaespaldas de mi presi me pedían que diera un pasito para atrás por favor…

Estaba donde suelen ir los periodistas. Allí donde mi barbilla se podía posar en la tarima.

Pero eso pasó después, porque antes tuve que esperar varias horas bajo un sol achicharrante que aproveché para que mi piel pareciera la piel de quien en verdad vive en una isla.

Allí, mientras me bronceaba me reuní con toda una fauna de políticos de toda calaña: Candidatos a alcaldes repitientes con estuchitos para celular Gucci, aspirantes a diputados regionales que no deberían aspirar a nada, modestos candidatos primerizos que si no ganan perdemos todos, y yo, ahí incomodando a algunos con mis miradas de escritora que quiere contar una historia.

Los alcaldes repitientes, acostumbrados a ser alcaldes y no pueblo, estaban molestos porque no los dejaban pasar de primeritos, les molestaba el sol de su isla, les quemaba su piel acostumbrada al aire acondicionado, les molestaba no poder mandar porque allí mandaba una mujer que si sabía mandar, y los mandó a callar, a quedarse donde les dijo a riesgo de quedarse fuera si no obedecían.

Molestos estuvieron hasta que pudieron pasar. Yo pasé un poco después y pude ver que su molestia se había tornado en sonrisa de candidato de afiche electoral.

Ahora si nos ubicamos en mi sitio, allí donde mi barbilla podía posarse en la tarima. Apenas tuve tiempo de darme cuenta de cuán cerca estaba del lugar donde mi presi hablaría cuando escuché un griterío que de hacía más fuerte en la medida en que el Jeep de mi presi, milagrosamente, avanzaba entre la multitud sin espachurrar a nadie.

Yo empecé a saltar a ver si lo veía y lo vi llegar entre saltos. Mis gritos se mezclaron con todos los gritos hasta que no pude gritar más porque una cosa, como una papa o un nudo, se atoró en mi garganta.

No vas a llorar aquí, Carola, me dije y casi que me respondo que si, pero no tuve tiempo porque mi presi precioso saltó cual paracaidista del Jeep y se dirigió hacia la tarima donde yo posaría mi barbilla.

Subió saludando a la gente que le gritaba. Saludaba a la gente en los balcones cercanos, a los que estuvieron chamuscándose durante horas solo para poder verlo, a los discapacitados que de pié y con muletas lo esperaban sin quejarse cual aspirantes a burgomaestre.

Yo lo miraba todo como en cámara lenta y en cámara lenta saltaba mientras le volaba besos a mi presi precioso. No recuerdo qué le decía pero sé que le decía algo entre besos y besos que iban volando. Mis coletas al sol debieron encandilarlo, eso o mis gritos siempre estridentes, pero el hecho es que entre las miles de cabezas que le gritaban él se fijó en la mía. Claro, debemos tener en cuenta que yo estaba allí cerquita, donde entran solo algunos pocos que tienen mucha suerte y yo ayer la tuve y mucho.

Como les iba contando, mis coletas moradas capturaron la atención de mi presi y yo, en ese segundo, le mandé doscientos besos. Él, atolondrado de tanto amor, me retribuyó con uno solo pero lo acompañó de un golpecito en el corazón, de esos que se usan ahora para decir te quiero. Yo, cual King Kong enardecido, me golpeaba el pecho con ambos puños y le gritaba, por si no entendía el gesto, que lo amaba, que lo amaba… que lo amo.

Mis rodillas parecían de majarete y ahí majaretosa, se me cruzó por el frente el jovencísimo ministro Héctor Rodríguez. Yo era toda amor en esos momentos así que le dije: ¡Hola Héctor! Y el me dijo ¡Hola! con la misma sonrisa linda de su mamá Jazmín. Entonces le regalé un beso a su cachete de pavo ministro y él me dio uno en mi cachete de cuarentona insolada.

Y así, besucona y al borde de un colapso de calor, me fui a buscar a el ministro Izarra, Andrés de los ojos bonitos. Me acerqué a un soldado y le dije que le informara al ministro que lo buscaba Marifer Popof.

Acudió presto el ministro ante tan glamoroso llamado. Le dije alguna cosilla, él me dijo otras a mi, y como fue tan amable ¿Qué más podía hacer sino darle un beso?

Al ministro Ramírez no le di besos porque es muy alto y yo no alcanzo. Además, que si me quedaba un minuto más repartiendo besos me iba a dar un yeyo porque el calor me estaba matando.

Salí de la concentración mientras escuchaba a mi presi, salí buscando una burbujeante y capitalista Cola Cola que me diera un toque de frío y un poco de azúcar para mi cuerpo en ayunas.

Caminé por la Calle del Hambre muerta de sed. Caminé entre mucha gente, muchos soldados, mucho ruido, hasta que llegué al Wendy’s y ¡Oh my God! El sol ya me había ganado, estaba alucinando: En la puerta de tan gringo lugar, un gringo, como esos que salen en las películas, esos que fuman recostados de la pared de una bomba de gasolina de carretera. Así, con una bota de leñador en el suelo y la otra contra la pared, con una gorra de béisbol gastada, unos lentes pasados de moda, un cowboy de nuestros tiempos en el medio de Porlamar, rodeado de gente de rojo, mirando a la gente que no lo miraba, estaba Sean Penn.

Yo no quise interrumpir el placer que podía estar sintiendo tan reconocido personaje al no ser reconocido, habría sido mezquina al tomarle una foto, habría sido imbécil al pedirle un autógrafo, así que solo atiné a pasarle por el lado, porque estaba en la puerta que me separaba de la vida, Coca Cola is life, creo que decía un anuncio, y, al pasar, le dije sin mirarlo y sin detener mi marcha: ‘’Sean Penn, this is the weirdest day I’ve ever had.’’

¿Y donde está la política? -Se preguntarán mis confundidos lectores.

En los días psicodélicos la política pasa a un segundo plano.




sábado 18 de octubre de 2008

Expertos en estupidez.




No deja de impresionarme la capacidad que tienen los medios privados para encontrar expertos para toda ocasión.


Estos expertos son personajes que alquilan su prestigio hasta agotarlo a punta de pronósticos que nunca se materializan, de afirmaciones que niegan la realidad y que ciegan más a los ciegos que se niegan a verla, de oscuras revisiones históricas que rayan en el más abyecto reptilismo.

Son perfectas herramientas para mantener a una audiencia estúpida, para aquellos que prefieren la opinión de un ‘’experto instantáneo’’ siempre y cuando éste les diga lo que quieren escuchar. Alguien que les refuerce la idea de catástrofe a punto de ocurrir a la que se han hecho adictos. Alguien que les diga que no se equivocan al preferir guardar sus neuronas en una caja y dejarse llevar por los ‘’cantos de ballenas’’ de cualquier mamarracho, siempre y cuando sea de oposición.

Así tenemos economistas que, con sus caras tan lavadas, tratan de justificar lo injustificable y a falta de explicaciones, deciden acusar al gobierno de cualquier idiotez como tratando de tapar el sol con un dedo, ¿O será con un maletín?. Ayer vi a uno, economista él, que afirmaba que los funcionarios públicos que depositaron fondos de sus instituciones en Lehman Brothers debían ser juzgados y condenados por negligentes. Es decir que los negligentes, para este ‘’experto’’, son quienes confiaron sus ahorros a estas entidades del delito y no los directivos irresponsables que se robaron el futuro de un gentío y la estabilidad ese sistema ‘’perfecto’’ de manos invisibles, que solo se ven cuando exigen y se embolsillan la ayuda del estado, ese que, según ellos, nunca debe intervenir, bajo la amenaza de ‘’o nos salvan ahora o nos hundimos todos juntos’’.

Esta crisis nos regala expertos petroleros, de aquellos que, gustosos, degradaron a bitumen al petróleo del Orinoco. Bituminosos e impúdicos personajes que se horrorizaron tantas veces ante las cámaras porque el petróleo con el que ayer se embarraron, hoy compra salud, educación, comida y viviendas para quienes más lo necesitan.

Fascinados, vaticinan como se desplomará el precio de nuestro petróleo a niveles nunca vistos. Salivosos, advierten que ya no habrá más misiones y sin misiones ya no habrá más Chávez. Porque, según estos expertos de la estupidez y sus recetarios del Fondo Monetario Internacional, en tiempos de crisis lo primero que hay que recortar es el gasto social. Bien lo saben ellos que nos metieron el paquete de Paquetico en tiempos de Carlos Andrés.

Aplaude esperanzada la audiencia mononeuronal. Desempolvan sus pitos y banderas siete estrellas por si acaso. ¡Se quema la casa! -Dicen jubilosos, sin terminar de darse cuenta de que viven también dentro de ella.

Yo, sin ser experta, les sugiero que desempolven sus neuronas. Que Venezuela ya no es la misma. Que si hay que apretar cinturones, no serán los de los más pobres. Que no se alegren tan rápido, mis amigos, porque se van a llevar otro de esos chascos a los que, creo, se están acostumbrando.

Si por un solo momento se sentaran a pensar ya se estarían preguntando por qué estas lumbreras no han pegado ni una sola. ¿No será que son expertos, si, pero expertos en estupidez?




miércoles 8 de octubre de 2008

De la dignidad y otros caprichos necios.




El respeto la dignidad del pueblo debe ser el punto de partida de toda revolución. El problema de la dignidad es que es un todo y no puede ser fraccionada porque dejaría de serlo convirtiéndose en otra cosa que no sabría definir.


Garantizar las necesidades básicas de las personas: salud, alimentación, vivienda, educación y trabajo, es un deber del estado, pero sucede que todavía hay revolucionarios que creen que, más que un deber, es un favor que se le está haciendo a la gente y ahí comienza el atropello a la dignidad de todos.

Que, por ejemplo, una persona de bajos recursos deba hacer colas durante horas y horas, bajo un sol achicharrante para poder comprar comida en un Súper Mercal sin derecho a quejarse, a exigir al menos un poco de sombra, al menos un método que agilice el proceso, nada tiene que ver, según mi frágil y aburguesada ideología, con brindar un trato digno a quien se lo merece. En todo caso, y siempre a mi parecer, tiene mucho que ver con ineptitud, falta de sensibilidad hacia otros, y mucho de arrogancia.

Si bien las misiones surgen ante la emergencia para tratar de cubrir necesidades por siempre relegadas, entiendo que ya tienen algunos años funcionando, lo que debería haber permitido el perfeccionamiento de las mismas.

Conversaba esto con un funcionario y su respuesta me dejó estupefacta. Según él, ‘’un revolucionario no se queja.’’ ‘’Queremos revolucionarios que no se quejen.’’ -dijo. ‘’Que hay gente que se queja porque no llega la beca cuando el estado le está enseñando a leer y a escribir, que se quejan del sol en la cola del Mercal cuando el estado le está dando alimentos, y esto es muy propio de capitalismo de estado. Nosotros no creemos en un estado asistencialista, que es un estado bobalicón, creemos en un estado socialista…’’

Y a mi sus palabras me sonaron desafinadas, peor aún, me pareció que últimamente las he tenido que escuchar más veces de las que quisiera: ‘’agradezcan que estamos (medio) haciendo esto por ustedes’’. ¿Es este el estado socialista en el que se atreve a creer, y para colmo en plural, mi amigo el funcionario?

No se trata de agradecer o dejar de hacerlo, no se trata de favores especiales, se trata de una revolución, se trata de la dignidad de la gente.

Que en PDVAL si ponen toldos ‘’porque eso es otra cosa’’ me explicó mi amigo. Y yo, siempre tan clase media, entendí que éste revolucionario pensaba que los que menos necesitamos si necesitamos sombra y mejores condiciones para comprar comida barata, eso sí, no tan barata como la de Mercal, que por ser subsidiada no viene con sombrita.

Por mucho que lo intento, no puedo imaginarme a la mamá de mi funcionario cocinándose a fuego lento mientras espera para comprar un pollo crudo. Tampoco imagino que él permitiría que su progenitora sufriera semejante suplicio. Me lo imagino reclamando, como todo buen hijo, respeto a la dignidad de la viejita abnegada que lo trajo al mundo y así, imaginando, me imagino que todos deberíamos pensar que cada persona que hace esas largas colas es una mamá, un hermano, una esposa, un amigo…

Es cuestión de imaginación.

Imagino un Súper Mercal que funcione como un supermercado cualquiera: donde la gente pueda entrar a comprar sin tener que esperar cuatro horas frente a una puerta siempre custodiada por un soldado. Imagino a la gente encantada de no tener que escoger entre trabajar, estudiar, cuidar a sus hijos o nietos, o perder toda una mañana a cambio de pagar menos por un pollo.

Imagino una sociedad donde el respeto a la dignidad no sea considerado por algunos funcionarios como un capricho tonto de una malcriada sin formación ideológica. Donde el reclamo a mejorar las condiciones de la gente de manera integral no sea considerado como una queja con pucheritos y conato de pataleta.

Una vez me contaron de algún líder de alguna revolución que estaba supervisando unas obras de viviendas de bienestar social mientras un ingeniero, muy ingeniero, le iba explicando: que las casas para los pobres esto... las casas para los pobres aquello… Hasta que este maravilloso revolucionario se hartó y le dijo: Yo no pedí casas para pobres, yo pedí casas para gente.

Yo creo que por ahí deberían ir los tiros y estoy absolutamente segura de que mi tocayo Hugo coincide plenamente con quienes nos empeñamos en estos caprichos necios.

Así, mi estimado funcionario, si se empieza a hacer a fondo lo que, hasta hoy, se ha venido haciendo a medias no habrá más quejas, se lo aseguro, y a cambio habrá revolución para rato.



miércoles 1 de octubre de 2008

¡Taima, taima!





Cuando era pequeña, no era muy buena jugando a la ‘’ere’’. Siempre fui muy torpe y lenta para correr, siempre me tocaban de primerita y una vez que lo hacían me convertía en una especie de ere vitalicia. Es por eso que el juego favorito de todos los niños, a mi me parecía una pesadilla.

Una manera de evitar lo inevitable era gritar ¡Taima!, lo que te daba unos segundos para inventar una estrategia que jamás iba a funcionar. Era la gordita lenta y la torpe, no había taima que me salvara, pero invocar ese derecho a una inmunidad fugaz me permitía seguir en el juego sin tener ser la ere por un ratico más.

En estos días, leyendo la prensa, veo como el omnipotente mundo financiero está gritando ¡Taima!. Y me parece todo tan patas arriba: cuando yo era pequeña sabía que los mejores no pedían taima, y de grande supe que los mejores nunca la conceden.

¿Cuántas veces nuestros pueblos pidieron un paréntesis, una prórroga, un gesto de solidaridad a estos monstruos del dinero? Tantas veces nos apretaron el cinturón, nos regalaron fórmulas de progreso que solo les servían a ellos. Tantas veces nos mataron de hambre sin misericordia mientras suplicábamos un taima, uno solito, a ver si salimos vivos de esta...

Nada de nada, repetían desde arriba, el mundo es como es y ustedes son la gordita torpe. A privatizar, a reducir gastos sociales, a pagar lo que deben para que les permitamos debernos más. Malagradecidos, que los llevamos de la mano por el camino del progreso y ustedes van chillando como burros.

De su mano hemos llegado a la parte angosta del camino. Ellos desde allá arriba nos piden un taima muy raro. Se trata de que la gente a quienes han exprimido los ayuden a seguir como iban. Se trata de prolongar una agonía que ya ha sido demasiado larga. Se trata de aplicar a su propio pueblo las fórmulas asfixiantes que nos obligaron a aceptar un día. El dinero del pueblo para salvar a los promotores de todas sus calamidades.

El presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales pidió ‘’un paréntesis en la economía libre de mercado’’ e instó a su gobierno a ‘’adoptar un papel intervencionista frente a la crisis’’, a la vez que pidió "más liberalización, más privatizaciones y externalizar la gestión en servicios públicos". En fin, que si van ganando que los dejen ganar y si pierden que paguen los viejitos pensionados y los dejen seguir ganando.

Mas o menos lo mismo se propone desde la Casa Blanca. Paguen ustedes buenos ciudadanos so pena de perderlo todo. Paguen y no pregunten quién los metió en este lío. Paguen para que puedan seguir viviendo con la espada de Damocles de la hipoteca por ejecutar colgando sobre sus cabezas. Paguen hoy que mañana será tarde.

Yo era la gordita lenta jugando a la ere hasta que un día me cansé de perder siempre y cambié de juego, así como han cambiado de juego muchos países en nuestro continente.

¿Acaso no es hora de que todos juguemos a otra cosa?




sábado 20 de septiembre de 2008

Antichavismo: distancia y categoría.





Muchas veces me he preguntado por qué en los sectores de la clase media abundan opositores tan furibundos como ciegos. No entendía por qué se rechazan cualquier medida que venga del gobierno aún cuando esta no haga más que beneficiarlos. Como si le tuvieran asco, como si los amenazara con algo espantoso, como si se les fuera a acabar el mundo.

Y es que creo que si se los amenaza y si les acaba el mundo en el que han venido nadando, siempre con el agua al cuello, siempre corriendo la arruga, siempre al último grito de una moda creada solo para ellos y que les permite, en apariencias, alejarse de su pasado reciente: la pobreza de un abuelo, una tía de pelos muy rizados y labios demasiado gruesos, los esfuerzos sobrehumanos de unos padres que lograron subir un imposible escalón…

Todo eso debe ser encerrado bajo siete llaves en el baúl de las vergüenzas. Ya no son pobres del montón, ya no son los del sótano, ahora están en planta baja y otros, con más suerte, ocupan el primer y segundo piso de un rascacielos tan inclemente que no tiene ni escaleras ni ascensor.

Mirar hacia arriba es la única forma de mirar porque están tan cerca de donde salieron que da miedo echar aunque sea una ojeadita hacia allá abajo.

La pobreza ofende y a nadie ofende más que a quien teme volver a ella.

¿Que por qué digo todo esto? - Se preguntará mi paciente lector.

Porque el otro día estaba en la cola del supermercado y me puse a observar a la gente. Había delante de mi una abuela con zapatos tan arrugados como ella, dignamente cubierto por innumerables capas de betún. Delante de ella una señora treintona, morenita, con una cabellera indomable domada, a duras penas, por una tenaz coleta, pantalones y cartera de marca pero made in Cúcuta, y ¡Horror de los horrores! Una franela roja que, por descuido, se puso esa mañana sin pensar mucho en las consecuencias que esto le podía traer.

Todo iba muy bien para la treintona hasta que se acercó a saludarla una amiga provocando sin saberlo la consecuencia inevitable: ¡Hola! Besos, besos, bla, bla bla… ¿Y esa camisa roja? Mosca chamita que te van a confundir.

La cara tostadita de la pobre descuidada se tornó blanca Acción Democrática. Avergonzada miraba alrededor mientras su ojos suplicantes nos pedían mil disculpas. No chama, esta es la única ropa roja que tengo y no sé por qué me la puse, ese color lo borré de mi vida. ¿Chavista yo? Primero muerta. ¡Jajajaja! -su risa sonaba a llanto pero todos rieron con ella, con el mismo nerviosismo y gritando a voz en cuello su más furibundo antichavismo.

Ser chavista es pecado. -Sentenció la viejita cuyos zapatos envejecieron con ella. ¡Guillo! -agregó un barrigón que estaba más allá. Con esos muertos de hambre ni a la esquina…y así fueron reafirmándose cada uno en el lugar que les correspondía, todos, por supuesto, más arriba de quienes no dijeron nada.

Era como si ,de repente, al declararse opositores entraran en un selecto club, como que reforzaba los débiles logotipos falsos que llevaban, como que les daba caché.

En fin, declararse antichavista sale más barato que una cartera Luois Vuitón, y tiene el mismo efecto para quienes creen que una cartera llena de logos los acerca a María Corina Machado a las vez que los aleja de fortaleza su abuelo pobre, de su tía, cuyos labios heredaron, del digno sudor de la frente de sus padres.

Yo, parada en la cola del mercado, estaba viviendo un drama terrible: Pobres personas para quienes la vida no tiene más sentido que mal imitar a quienes los desprecian y los explotan. Gente que se opone a si misma y, peor aún, se oponen a gente como sus padres y abuelos, a cualquiera que se atreva soñar una vida más digna. Porque si por un lado les aterra volver a la pobreza; que los pobres dejen de serlo les espanta aún más.

Si todos llegamos a ser iguales ¿Como carajo me distingo yo?

¡¡¡Fuera, fuera, fuera!!!!




domingo 7 de septiembre de 2008

¡Chaguaramos temblad!

Alerta del Frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.




Por si alguien pensó que nos quedaríamos de brazos cruzados, por si alguien osó imaginar que el fuego de la libertad que arde en nuestros corazones se había apagado, por si cruzó por la mente de alguno la posibilidad de que la gente decente de este país se había rendido; me voy a permitir amargarles la fiesta con Chivas 18 años, seguramente adulterado: Se acabaron las vacaciones.

Bronceados por el sol cinco estrellas de algún exótico paraje, plenos de vigor después de recuperarse tendidos en playas blancas cuyos nombres jamás serían Chichirivichi o cualquier ordinariez por el estilo, colmados de maletas y de amor por la patria, renovado su ímpetu incendiario, nuestros estudiantes han regresado.

Hay que exaltar la valentía y entrega de estos jóvenes patriotas que pudiendo quedarse allá, donde el capitalismo florece y la libertad pulula, deciden enfrentarse a un regreso deprimente, a un país que se desmorona en las garras del más salvaje castro-farc-maleta de antonini-hezbollá-chavismo-comunismo.

Hay que quitarse el sombrero ante quienes, dejando atrás vitrinas pletóricas de productos exclusivos, hermosísimos centros comerciales incrustados en avenidas amplias, custodiadas por amables, fornidos y rubios policías que ahuyentan con su solo porte a rateritos de color… Decía, hay que honrar a quienes retornan al país que les perteneció hasta hace poco menos de diez años y que les fue arrebatado para ser entregado a un pueblo que, como siempre, no tiene ni idea de qué hacer con él.

Regresan para recibir una vil bofetada en forma de paquetazo y, aún así, regresan nuestros valientes hijos.

Es por eso que hoy hago un llamado a las madres decentes de este país, a quienes pusimos a nuestros pequeños en manos de las mejores niñeras, a quienes nos pudimos dar el lujo de formar a nuestros querubines en colegios bilingües con curriculum americano, quienes, año tras año, los llevamos de la mano de sus nanas a impregnarse de civilización y progreso en los fabulosos parques de Orlando.

Madres dignas de este país: no desmayéis ahora cuando el futuro que planeasteis para vuestros vástagos les es arrebatado. Dotadlos con yesqueros, preferiblemente de Zippo, y bidones de gasolina. Escenificad juegos de guerra en vuestros frondosos jardines animados por Dj’s cual si fueran verbenas. Practicad el saqueo, la persecución y avivad el odio que el petrodictador sembró en sus tiernos corazones. Convertidlos en toros de lidia que embistan contra todo lo que sea rojo y se mueva.

Convertíos, mis elegantes damas, en generalas siete estrellas de este ejército de bien peinaditos defensores del libre mercado. (No se les ocurra ponerse uniformes militares, ni que los haya diseñado Carolina Herrera, recuerden que el estampado de camuflaje está out desde hace dos años.)

Y marchad, mis compañeras de aromaterapia; que vuestras botas Prada marquen el sendero por el cual nuestros retoños habrán de recuperar, a punta de gritos y piromanía, sus privilegios secuestrados por ese pueblo que tiene que entender, de una vez por todas, que existe para servirnos, no para mandar. Habrase visto…

Atentamente,

Marifer Popof

Presidenta del frente de damas indignadas por todo lo que haga el gobierno.




lunes 1 de septiembre de 2008

Los mismos gritos, el mismo silencio.





En estos días he estado mirando atónita cómo se repite una historia. Parece que no somos capaces de aprender de nuestros propios errores.


Se ha desatado una inmunda guerra comunicacional en la cual el enemigo ataca a sus anchas, usando todo tipo de mentiras disfrazadas de opiniones de expertos. Veinticuatro horas de cuentos de terror más pavorosos que que Drácula, Frankenstein y Michael Jackson juntos. El supuesto motivo: las 26 leyes decretadas por mi presi. El verdadero motivo: Confundir, asustar, alborotar, sabotear. El fin: acabar con la revolución bolivariana, como siempre.

No me extraña la actitud de los medios opositores, es más de lo mismo. Lo que me extraña es la pasividad de nuestros medios, del mismo Ministerio de Comunicaciones que, conociendo a la oposición cómo los conocemos, no haya ideado de antemano una campaña informativa sobre las leyes en cuestión.

Resulta que las leyes están escritas en leguaje ‘’abogadil’’. Resulta que la mayoría de nosotros no somos abogados, por lo que necesitamos un traductor que nos ayude a deshilachar cada uno de los artículos que tan abogadamente un abogado redactó.

No basta ver a un ministro decir en la tele que estas leyes benefician al pueblo. Necesitamos expertos comunicadores explicándonos cómo y por qué nos benefician. Una por una, no de forma general.

Así como nos burlamos de los opositores que no conocen el contenido de las leyes, ellos se burlan de nosotros por no poder explicar por qué las apoyamos sin reservas. Nuestra respuesta más sincera es que mi presi las decretó y mi presi solo decretaría leyes que beneficien al pueblo. Es una respuesta del corazón, pero no es un buen argumento para ganar esta pelea, ni esta ni ninguna.

La oposición está usando el paquete de leyes como caballito de batalla en su campaña electoral. Aún cuando no creo que las 26 leyes puedan influenciar negativamente el resultado, ya que son para nosotros un gran paso adelante, si creo que la no comprensión de las mismas nos puede hacer mucho daño a todos.

¿Si las leyes se hacen para el pueblo, no debe el pueblo entenderlas al pelo?

No puede esperarse que todo lo haga mi presi. Si bien es el mejor comunicador que tenemos, no podemos pretender que se enfrente él solito a ese ejército mediático que nos está atacando a todos.

Yo trato de leer los artículos de las leyes para hablar sobre ellos en mi programa de radio, pero me enredo en tanto lenguaje legal, que se me hace muy difícil explicar lo que por encima estoy entendiendo.

Necesitamos un diccionario abogado-castellano. Necesitamos un traductor. Necesitamos entender de una vez por todas que la guerra comunicacional no se gana si no es peleando con la verdad en la mano.

Otra vez perdemos el tiempo riéndonos de las idioteces de Kiko y Carla, otra vez la oposición nos distrae con su carnada tonta, con sus noticias absurdas que nos obligan a ocuparnos de desmentirlas, que nos restan el tiempo que tenemos para informar. Otra vez la misma cancioncita y otra vez bailamos al mismo son.

A ver si aprendemos de nuestros errores de una buena vez, no vaya a ser que nos despertemos un día preguntándonos qué fue lo que pasó.




sábado 23 de agosto de 2008

Chávez no se calla.





Hace unos días leí impresionada un artículo de mi respetadísimo amigo Eduardo Rothe en el que narraba, entre otras cosas, por qué VTV había vetado un spot del Profesor Lupa en el que se quejaba sobre el funcionamiento del Banco Industrial de Venezuela.

Cuenta Lupa Rothe que su amigo Yuri Pimentel, presidente de VTV, le había dicho que ‘’nosotros no debíamos atacar las instituciones oficiales, pues para eso estaba la oposición.’’ Esta explicación hizo que se encendieran todas mis alarmas, por lo que creo que el veto al Profe Lupa hay que mirarlo con ídem.

Resulta que desde hace tiempo vengo insistiendo en la necesidad de ser autocríticos. Creo que es una necesidad vital porque dentro de nuestra revolución se han ido enquistando vicios que de revolucionarios tienen lo que yo tengo de tailandesa.

Creo necesario que VTV, nuestro canal, refleje la realidad con todos sus matices. Claro que debemos difundir los logros de la revolución sin descanso, pero también debemos denunciar sus fallas. Y es que ese manto de perfección puede acabar haciendo más daño que cien globovisiones juntas.

Por una parte, el pueblo no ve reflejada su realidad en la pantalla del canal que los representa. Si bien hemos avanzado tanto en muchos aspectos, hay un sentimiento general de que nos estamos estancando. Si bien hay Misiones de todo tipo que han mejorado nuestra calidad de vida, también conocemos de cerca casos de deterioro de las mismas por culpa de la incapacidad, la corrupción o desidia de algunos funcionarios. Son los usuarios de VTV quienes lo padecen en carne propia y, de alguna manera, si no lo ven en su pantalla pueden empezar a creer que no son escuchados, o que el canal miente, o ambas, lo que sería terrible.

Por otro lado, si enfocamos la información solo en las cosas, muchas cosas, buenas que están sucediendo e invisibilizamos las malas, que también están pasando, podemos acabar creando una nueva especie de disociado, esta vez de izquierda: gente sin capacidad de crítica, gente incapaz de utilizar argumentos reales porque solo manejan una parte de la información. Ya tenemos compañeros, muchos más de los que deberíamos, quienes achacan ciegamente todos los males que padecemos a la siempre nefasta oposición.

Todo esto resulta muy beneficioso para los ‘’revolucionarios de ocasión’’. Esos politiqueros de siempre que se suben a la ola de turno y, una vez ubicados, hacen lo que aprendieron a hacer en la cuarta república, sin importarles un comino que estemos en la quinta.

Me resulta duro Yuri cuando califica de ‘’ataque’’ a una crítica que intenta expresar el Profe Lupa, cuando él, yo y todos quién es Lupa y contra qué está luchando. Me resulta ingenuo cuando espera que la oposición asuma esa parte del trabajo. Jamás veremos a un canal opositor haciendo críticas constructivas y, menos, si sus críticas nos brindan la oportunidad de revisar y corregir nuestros errores. No es esa su función, ellos no la quieren. Su único objetivo es sacar a Chávez y si es por la fuerza, mejor.

Mi presi no se calla, ni que lo mande a callar un rey. Mi presi dice lo que tiene que decir ya sea apropiado el momento o no. Pero nosotros nos encontramos teniendo que callar porque es año electoral, y tenemos elecciones cada año, o por no darle de comer a la canalla, y tenemos canallas toda la vida.

¿Qué hacemos, mandamos a la gente a quejarse a Globovisión? Eso si que es darle de comer a la canalla.

Es innegable el buen trabajo que ha venido haciendo Yuri en Venezolana de Televisión, pero este silencio, esta invisibilización, es la misma táctica del enemigo y puede tener las mismas terribles consecuencias, por lo que podemos acabar destrozando con los pies lo que hicimos con las manos.

Chávez propone, organiza, ordena, y, a veces, todo aquello queda en el aire, como en el caso que narra el Profe Lupa. El pueblo se queja de que su voz es apagada antes de que llegue e oídos de mi presi. Es ese pueblo el que votará en noviembre sintiendo que solo con su voto se puede hacer escuchar.

El 2 de diciembre pasado el pueblo votó en contra de si mismo tratando de llamar la atención de la única manera que encontró para hacerlo. Solo espero que antes del 23 de noviembre, es decir, a partir de ahora mismo, se abra nuestro canal a la crítica profunda, que se enfrenten sus reporteros a todas las facetas de nuestra realidad, y que el pueblo, por fin, se vea reflejado en su pantalla para que sepa, sin que quede lugar a dudas, que su voz si es escuchada.

En cuanto a quienes si tenemos acceso a los medios nos debemos preguntar: Si Chávez no se calla, ¿Por qué iba a callarme yo?




lunes 18 de agosto de 2008

O revisamos o erramos.




Yo nunca pensé que viviría una revolución. La verdad es que en el mundo en el que crecí jamás se planteaba una revolución como algo posible. Las revoluciones, aprendí en el colegio, eran revueltas sangrientas que arrasaban con todo y que luego eran arrasadas.


Sin el más mínimo interés por la política, y durante años creí que la política era solo el medio que tenían los grandes ladrones para parecer grandes señores. Sin una pizca de formación ideológica, así llegué de paracaidista a esta revolución.

Aclaro esto porque siento que hay mucha gente como yo. Me atrevería a decir que la mayoría de los que nos unimos a esta lucha porque la sabemos necesaria y justa, pero que más allá de eso no dejamos de ser personas comunes y corrientes, víctimas todos de una educación mutilada, inoculados con el germen del capitalismo, repleto de ideas que atentaban contra nosotros mismos y que aceptábamos e incorporábamos como la única forma de hacer las cosas.

Parte del proceso por el que pasamos nos obliga a revisarnos constantemente porque la realidad nos enfrenta a nuestros viejos prejuicios, a los deseos inducidos, al afán por un éxito artificial que solo se logra el día que te condecoras con un cocodrilo en la camisa.

Y así, mientras pretendemos cambiar al mundo debemos cambiarnos a nosotros mismos.

Al parecer a cada uno se revisa como quiere. Es por eso que nos asombramos al ver funcionarios públicos tomando agüita Evian o vistiendo camisas Lacoste rojas rojitas, o con unos relojotes sospechosamente caros. Es por eso que aún hay organismos del estado que funcionan a medio tren o que simplemente no funcionan. Es por eso que de alguna manera sentimos que estamos estancados.

Hemos logrado mucho en estos diez años, y son estos logros los que nos obligan a seguir avanzado. El camino es muy largo y hay algunos que, una vez ubicados, como que no quieren andar más.

La revolución es para todos o no es para nadie. No luchamos contra la injusticia para terminar siendo injustos. No luchamos por la igualdad si seguimos soñando los mismos sueños capitalistas. No se detiene la marcha mientras haya gente que no ha llegado a la meta. Y es que la mayoría apenas empieza a andar y la meta está tan lejos.

¿O acaso las ideas se desdibujan cuando nos sientan en una oficina con aire acondicionado?

Recuerdo las tres erres aunque ya nadie las nombre. Recuerdo sobretodo la erre de revisión. Recuerdo que no se puede olvidar, que no sirve repetir como loros y luego dejar pasar. Les recuerdo que sin revisión no hay rectificación ni mucho menos reimpulso. Les recuerdo que el pueblo ahora es más sabio, que ya no es esa masa aletargada con la que jugaban a la pelota adecos y copeyanos. Este recordatorio no va dirigido a nadie en particular y a todos en general, que cada quien se revise a ver si recuerda a donde iba cuando empezó a caminar. Y es que pa’lante es pa’llá.



domingo 10 de agosto de 2008

66 puñaladas y un balazo al corazón de la libertad.

Alerta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.





Como otra muestra más de mi sacrificada lucha en defensa de la libertad, desde mi lecho y todavía sufriendo los estragos de un cuasi mortífero soponcio, tecleo estas líneas para levantar la voz contra la última afrenta de este rrrégimen que, al parecer, cree que puede hacer lo que le da la gana, cuando todos sabemos los únicos que podemos hacer lo que nos da la gana somos la gente decente de este país.

De madrugada, a la hora en que roban los malandros, cuando los antros de los bajos fondos capitalinos están en pleno apogeo, durante esas horas en que la oscuridad cobija los más oscuros acontecimientos, justo a esa hora, el autócrata Castro-fraude-en-el-referendum-Evo-farc-comunista, nos inventa y nos decreta 26 nuevas leyes sacadas de yo no se dónde.

La verdad es que si sé de donde las sacó: las trajo de La Habana como siempre. Pasando por las selvas colombianas, por el afligido Ecuador, por la oprimida Bolivia, por la desorientada Argentina, esas leyes han hecho un periplo sórdido. El petrodictador pupilo de Fidel antes de asestarnos las 26 puñaladas habilitantes, se aseguró de comprar conciencias en el resto del continente para que no hubiera una sola voz que se alzara en defensa de la legalidad.

Tapadas todas la bocas con un bozal bituminoso, nos amarga otro despertar con el anuncio de que, en el último momento, cuando ya casi empezábamos a respirar medio aliviados, había decidido asfixiarnos con esas 26 obscenidades que ellos catalogan como leyes.

No me pregunten, mis aturdidas compañeras de tea parties, cuál es el contenido de ese mamotreto antidemocrático porque, como ya deben saberlo, me niego a leer cualquier bodrio que salga de Miraflores. Lo que si les puedo asegurar es que su contenido es tan macabro que la sociedad civil, aún sin conocerlo, con su fino instinto para detectar atropellos a la libertad de explotar al populacho, la rechaza con firmeza. Claro que la mayoría de la sociedad civil está de vacaciones y es por eso que la marcha de el sábado no fue como esperábamos.

Para colmo de males, no contentos con este golpe bajo, nos propinan otro de igual o mayor intensidad: inhabilitan a Leopoldo y a Enrique, porque los demás nos importan un comino, pero nuestros más encumbrados líderes han sido vilmente excluidos del simulacro de juego democrático que esta gente quiere montar el próximo 23 de noviembre.

Inhabilitados, habilitanteados, esto es más de lo que un corazón de siete estrellas puede soportar.

En mi lecho de soponcio estaba, los signos vitales apenas daban señales de vida, cuando en la pantalla de globovisión apareció el vice presidente diciendo, con un cinismo nunca antes visto por mis ojos verde agua, que él no entendía cual era el escándalo por esas 26 leyes si en realidad no eran veintiséis sino sesenta, oigase bien, sesenta y seis leyes que el inquilino de Miraflores había aprobado con su poder habilitante.

Sesenta y seis puñaladas para este corazón sofocado por la tiranía.

Por eso, desde aquí invoco la ira de mis damas indignadas y urjo a que marchéis hasta el fin del mundo de ser necesario. Pedidle a vuestras cocineras que os ubiquen vuestras cacerolas, tenedlas a mano para abollarlas con furia. Quemad chaguaramos, setos de azaleas y rosales, cuidado, no queméis a Manuel Rosales en medio de la confusión. Cread el caos en cada rincón, pedidles a vuestros choferes que se paren mañana a las doce en medio de la calle, mañana, pasado y el miércoles también. El jueves no porque es el baby shower de Fefi y ya saben como está de llorona con esto del embarazo… Haced temblar los débiles cimientos de este rrrégimen bananero mientras yo, vuestra presidenta, me recupero.

Es cosa de vida o muerte, ¿O es que acaso creen ustedes que tanta indignación no nos produce envejecimiento prematuro? Miren a Mariyoyi, está decrépita.

Multipliquen sesenta y seis leyes y una inhabilitación por patas de gallo. ¿Acaso necesitan más motivación?

Adelante mis bellas y refinadas damas, adelante la recuperación de nuestros saqueados privilegios depende de ustedes.



Moribundamente,

Marifer Popof.

Presidenta del frente de damas indignadas con todo de que haga el gobierno.




lunes 4 de agosto de 2008

¿Más grande que el partido más grande?





Una abuela que lee novelas rosa, un economista que le ha ido muy bien en la vida, un pescador artesanal, una mamá que escribe, un ex guerrillero, prospecto de malandro que decidió ganarle al destino y se metió a trabajador honesto, un pintor comunista, una señora que reza el rosario cada mañana, un escultor que jamás, hasta ahora, se detuvo a pensar en política, un portugués de panadería, una señora elegantísima que tiene una galería de arte, un argentino, dos... tantos... brasileños, bolivianos, uruguayos, españoles… gente de toda procedencia unida y apuntando al mismo lado. Todos revolucionarios, todos bolivarianos.

La revolución bolivariana ha unido a un sin fin de personas que si bien apoyan la misma causa no proceden de la misma tendencia ideológica. Es por eso que muchas veces nos encontramos a compañeros cuestionando la fidelidad de algunos, llegando incluso a acusar a otros de escuálidos, saltadores de talanqueras, o infiltrados.

Que si eres de izquierdas o de derechas, que si eres marxista, que si no eres, que si eres cristiano, que si eres sifrino, que... ¿Qué importa? Somos ‘’chavistas’’ eso es todo y no es poca cosa.

Unir a todas estas personas en torno a una idea es un gran logro, dedicarse a deshilachar quien viene de dónde y cómo queremos que sean, es tarea de locos y al final no conduce a nada.

Vengamos de donde vengamos queremos llegar a mismo lugar. El perfil del ‘’chavista’’ es simple: queremos un país justo, soberano, libre, grande. ¿Y cómo se logra eso? Pues cada quien tiene una idea y ninguna es despreciable si se trata de construir la patria que queremos.

Lo que nos hace chavistas, bolivarianos, revolucionarios, o como queramos llamarnos, es que queremos ser una nación y no una colonia. Luchamos contra todo lo que atente contra nuestra soberanía. Esa es la diferencia básica entre nosotros y la oposición. Sabemos que solo siendo soberanos seremos capaces lograr la justicia y la libertad que buscamos. Sabemos también que eso no lo podemos hacer sin tomar en cuenta a los otros países de la región. Sabemos que no vamos a ninguna parte si en el resto de América Latina los pueblos son saqueados por intereses ajenos y lejanos. Cuando hablamos de soberanía, justicia y libertad, aunque comencemos por casa, nos referimos a todo el continente.

Por desgracia, o por fortuna, las revoluciones no se hacen como las sopas de pollo Maggi. No basta con agregar agua y ya. Por desgracia o por fortuna, no se puede agrupar a toda esta gente dentro de un partido político, ni dentro de una sola ideología, a menos que hagamos una nueva a partir de lo que somos y tenemos.

Por fortuna podemos pensar en términos de una agrupación más grande que el partido más grande que tenemos, se puede englobar a toda esta gente dentro de lo que llamaríamos un movimiento.

Un movimiento político es mas amplio que un partido. Es la fuerza que aglutina al pueblo en torno su líder. Un movimiento implica una relación de ida y vuelta en la que el pueblo aprende de Chávez y éste aprende del pueblo. Allí cabe mi abuelo, que no está inscrito en el PSUV pero que no se pierde una sola palabra que pronuncia mi presi, que no deja de aplaudirlo y que vota cada vez que tiene que hacerlo muy a pesar de sus 89 años. Allí caben las mamás que nunca pertenecieron a ningún partido, los conserjes que no consideran importante estar inscritos en el partido sino trabajar cada día con su comunidad y votar, sin falta, cada vez que haya elecciones, los niños que no votan pero pronto lo harán, toda la gente que cree en el derecho sagrado que tiene el pueblo venezolano a decidir su propio destino.

Un movimiento incluye, acepta diferencias, suma en lugar de restar. Vernos como parte de un movimiento evitaría tantos roces, acusaciones, sospechas. Comprenderíamos que más allá de ideologías o tendencias políticas la meta es la misma: la construcción de la patria a partir de la defensa de nuestra soberanía.

Y ¿Dónde queda la ideología? Pues, como cada uno cree en la suya, para hacer coincidir pensamientos tan disímiles condensamos los puntos en que todos estamos de acuerdo, es decir, los puntos de interés común y hacemos una doctrina. Y todos actuamos de acuerdo a ella. La doctrina es el instrumento para llegar a la meta.

Y ¿Donde queda el partido? Pues exactamente donde está: El partido es la herramienta electoral del movimiento. Así que a la hora de sacar cuentas sabemos que el partido más grande todavía lo es más porque tiene movimiento. ¡Zuas, zuas! ¡Uh ah!

Algunos dirán: Carola como que está fumando raro, pero yo les digo que Carola está viendo como se puede hacer para encajar las piezas de este rompecabezas antes de que desarme y nos rompa las cabezas.




lunes 28 de julio de 2008

Consumidores tontos y la guarimba perfecta.





En la Venezuela que va rumbo al socialismo todo está carísimo, pero los centros comerciales están abarrotados de compradores. Parece como que el antiguo ‘’ta’ barato dame dos’’ se ha convertido en ‘’ta’ muy caro, pero igual, dame dos... o tres, por si acaso’’.

Ante la más descarada especulación los consumidores permanecen impávidos, es como si no les afectara el aumento exorbitante de los precios.

Si jugamos al juego capitalista de la oferta y la demanda, si en verdad sabemos jugarlo a nuestro favor, les ganaríamos a los comerciantes en su propio terreno.

La ley de oferta y demanda funciona más o menos así: si hay mucho jamón en la estantería, pero pocas personas lo compran, el precio del jamón debe bajar, es decir, el comerciante se ve obligado a hacer una mejor oferta para ver si los clientes le compran el jamón antes de que se le pudra.

Por otra parte, si el comerciante sube el precio del jamón cada semana, y cada semana se le agotan las existencias ¿Para qué le va a bajar el precio?

Ya sé que el jamón se daña y que esto presiona a quien lo vende, pero pasa igual con los zapatos, las camisas, las galletas y todos los productos que se ponen a la venta.

Nadie monta un negocio para no vender. Los comerciantes tienen obligaciones que cumplir por lo tanto necesitan que les compremos su mercancía.

Hoy lo tienen papita porque somos consumidores tontos: Sube el jamón y en lugar no comprarlo y que se les pudra, compramos cincuenta gramos menos cada semana. Nadie se muere por no comer jamón.

Importan productos con dólares de cadivi y los etiquetan al doble del equivalente del dólar paralelo en su más alta cotización, es decir, un dólar que reciben por Bs. 2,15 lo calculan para la venta de sus productos a dos veces Bs. 7,5 o más.

Así terminamos comprando ropa de pacotilla, como la de Zara, que en España es ropita baratona, y aquí la pagamos como si fueran modelos exclusivos de alta costura. Y lo peor es que quienes se dejan estafar por Zara y sus secuaces, juran que es súper chic ir vestidas como lo hacen las muchachas españolas del montón.

Somos consumidores gafos que tragamos las mentiras de las marcas. Y esas marcas traen a nuestros centros comerciales productos de temporadas pasadas, muchos de ellos defectuosos, pero dicen ‘’Zara’’ o ‘’Tommy’’, grandote en la etiqueta, y la gente se cae a empujones y hacen una cola gigante en una tienda que tiene solo dos cajeras para servir a sopotocientas personas ansiosas de vestir a la ultima moda del año anterior.

Basta darse una vueltica virtual por internet para conocer la cruda realidad: nos están viendo las caras de idiotas, y creo que si nos la ven es porque nos comportamos como tales.

En las webs de las marcas tienen catálogos y tiendas virtuales con toditos los precios de sus países de origen, como sacándonos la lengua.

Los productores nacionales se rigen por los precios del ‘’mercado’’ y es así como las otrora económicas franelas Ovejita, por ejemplo, cuestan solo un poco menos que una franela importada.

Quejarse en público es ofensivo: el otro día me acerqué a una heladería para comprarle una tinita a mis gordas y por poco convulsiono al enterarme que una tinita pequeña, servida en un vasito del tamaño de un dedal, costaba 14 bolos. ¿14 bolos? ¡Qué bolas! -dije yo horrorizada causando un terrible malestar entre quienes no se espantaban con que los estuvieran atracando en pleno centro comercial.

Un señor me dirigió una mirada de asco, de esas que te dicen ‘’pelabolas: si no tienes dinero para venir aquí, quédate en tu casa y no jodas’’. Otra señora emitió una risita burlona y me paseó su helado de fresa frente a los ojos como para matarme de envidia…¿O era de humillación?

Quejarse de los precios en público es soez, es más aceptable dejar escapar un gas en plena heladería que decir que algo es muy caro y, peor aún, arrastrar a las niñas lejos de la escena del crimen mientras les explicas que no hay que ser pendejo, que un helado no puede costar tanto porque simplemente es un helado. Miserable mala madre, por un hijo uno paga lo que sea. -Me escupió una buena madre con tinita de chocomint.

Los empresarios y comerciantes están haciendo la mejor guarimba de sus vidas. Mientras todos los medios privados acusan al gobierno de no poder contener la inflación, ellos especulan y nos atracan, y nosotros, para colmo, participamos voluntariamente y, en muchos casos, orgullosos en este desplume. Guarimbean y, mientras tanto, se hacen millonarios.

Si bien es cierto que el gobierno no ha podido atajar a esta cuerda de especuladores, nosotros tampoco lo hemos hecho. Abrimos nuestras carteras sin decir ni pío y cada vez que lo hacemos regalamos titulares a globovisión. En fin, que no es el comunismo lo que nos está matando, es el consumismo.

Vamos a jugar a la oferta y la demanda, vamos a dejar que se les quede fría la ropa de invierno 2002 a Zara y a sus secuaces, que los zapaticos de modas pasadas se marchiten en las zapaterías, dejemos que se pudran los jamones hasta vuelvan a tener precio de jamón. Que no quede un producto con sobreprecio, y que si queda alguno que los compren unos pocos gafos, nosotros no.




sábado 19 de julio de 2008

Más de lo mismo.




Leyendo noticias sobre el pacto de unidad de la oposición me doy cuenta que no hay nada nuevo bajo el sol.


La misma oposición que no entiende las reglas de ningún juego, ni siquiera los que ellos mismos inventan. Ellos, que cuando eran gobierno se robaron todo el botín, ahora parecen matarse por posibles migajas.

Los erráticos de siempre, como aquel que gritó a destiempo ‘’¡Te queremos Pedro!’’, los que emprendieron el paro petrolero en plena navidad, aquellos que gritaron frrrraude y prometieron pruebas que jamas presentaron, los mismos que se retiraron de las elecciones parlamentarias alegando que el CNE no era confiable.

Parecen no aprender de su larga cadena de errores. Para engañar a nadie inventan una elección ‘’por las bases’’ que, según ellos, se logra a través de encuestas. Aseguran, con su caras tan lavadas, que no hay método más democrático.

Encuestas van y encuestas vienen, los resultados solo placen al ganador, es decir, a quien contrató a la encuestadora, o sea, a quien pagó. Se empujan, se miran feo y, ante nuestros ojos, se sacan los trapos sucios sin ningún pudor. Recurren a antiguas tretas que si alguna vez les sirvieron fue porque Venezuela era otra.

Aquellas viejas caras que tan bien conocimos, hoy con partidos nuevos como para disimular su pasado, tapizan los postes, muros, páginas de la prensa. Estudiantes manos blancas, que decían no ser políticos, tratando de explicar sin mucho tino por qué ahora si lo son. Caras frescas sin ideas abrazadas a dinosaurios sin ideales.

Los mismos desubicados de siempre que ignoran la realidad, que no admiten cambios, que se niegan a si mismos la posibilidad de servir al país haciendo una oposición responsable.

Nada nuevo bajo el sol...




sábado 12 de julio de 2008

Entre la guerra y la paz, cascarones de huevo.



Durante toda esta semana leí cómo muchos de mis compatriotas, indignados, cuestionaban la decisión de mi presi de reunirse con Uribe.


Con la dignidad de un pueblo no se juega, decían. Yo no soy hermano de ese miserable, agregaban. Y yo pensaba que es cierto, que la dignidad de un pueblo nunca se debe poner en juego, y que de Uribe no soy nada. Pero también pensaba que con la vida de los pueblos menos se debe jugar y la vida de esos pueblos depende de la paz.

Entre la guerra y la paz hay un campo de cascarones de huevos sobre los cuales debemos caminar procurando no romper ninguno. A veces se pisa fuerte y ¡zuas! se arma el zafarrancho y nos vemos cerquita de una situación que a nadie favorece. O mejor dicho, favorece al zorro que está más allá agazapado, esperando que se rompan todos los huevos para comerse la yemas.

Mi presi pisa fuerte cuando hay que hacerlo, pero también sabe cuando debe andar de puntillas.

La paz del continente depende de la capacidad que tengamos para lograrla, y la guerra, por mucho que digan, nunca trae la paz.

Podemos ignorar al malvado, dicen algunos. Pero yo creo que ignorarlo es ignorar la realidad, y la realidad es que Colombia existe, que nos queda al lado, que Uribe es su presidente y que por cerrar lo ojos nada de eso va a desaparecer.

Es como el vecino necio que vive en nuestra calle, el que grita, toca corneta a media noche, el que tira la basura por la ventana. Uno va y habla con él y, el muy maleducado, te deja con la palabra en la boca. Te mueres de ganas de clavarle un puñetazo en la nariz, o de mentarle la madre, pronunciando cada sílaba con desprecio para que no quede duda de cuanto lo aborreces. Pero ves a tus hijos jugando en la calle, sabes que el malvado sabe que son tus hijos, sabe el malvado que aquella, la de la florecitas en la ventana, es tu casa y que tu carro tiene cuatro cauchos que bien puede pinchar. Sabes que el muy bicho no se cortaría de hacerte una maldad, sabes que está buscando pelea.

Te metes el puño en el bolsillo, te muerdes la lengua y te tragas la mentada de madre más sabrosa que pudiste pronunciar en tu vida y te vas a tu casa consciente de que el vecino está allí, que de allí no se va, y que tienes que hacer algo para que esa cercanía tan amenazadora deje de serlo tanto.

Pues más o menos eso ha hecho mi presi, y más o menos eso ha hecho Uribe también, o ¿Es que acaso creen que para Uribe no somos una amenaza los venezolanos y nuestra revolución?

Caminamos todos sobre cascarones de huevo, simulamos sonrisas, nos damos la mano, firmamos acuerdos que complacen al enemigo pero que a su vez lo atan. Acuerdos que generan dinero y eso es todo lo que los mueve a ellos, acuerdos que generan paz para toda la región que es lo que nos mueve a nosotros.

Para pisar sin romper cascarones hay que tener mucho equilibrio, y es aquí cuando el corazón no puede tener más peso que la razón.




viernes 4 de julio de 2008

Un espejismo en una pesadilla.





El ejército colombiano liberó a un grupo de retenidos por las FARC, entre quienes estaban Ingrid Betancourt y los tres ‘’contratistas’’ (eufemismo para mercenarios) gringos. Esto es lo único que puedo registrar como una verdad en medio de esta tormenta de palabras e imágenes que más que decir callan.


Todo lo demás que vi y escuché, todo lo que he venido leyendo solo agrega confusión a mi ya confundida cabeza.

Ver a Ingrid Betancourt alabando las bondades de la reelección de Uribe, justo en estos días, cuando la corte suprema de su país cuestiona su legalidad. Justo en estos días cuando Uribe se tambaleaba, después de tantos años de olvido deliberado, van y rescatan a la mujer que nadie en su gobierno quería rescatar...

La omisión unánime del nombre de Chávez y de la senadora Piedad Córdoba en la lista de agradecimientos. Alguna mención condicionada y nada más.

La película de Hollywood que nos narró el ministro Santos. Creo que la calificó así para que nos la tragáramos como quien se traga a Rambo VII.

Las muchas piezas que no encajan: la repentina ingenuidad de un grupo guerrillero que debe saber más por viejo que por diablo. Una mancha de sangre que aparece y desaparece. Una comisión francesa que fue tomada por sorpresa por segunda vez. Una mujer en estado de vulnerabilidad diciendo cosas que nadie esperaba. Un micrófono arrebatado de sus manos por el ministro Santos ante una pregunta dirigida a ella cuya respuesta, tal vez, no había sido previamente acordada. Y una sentencia atroz: ‘’Queremos la paz por las buenas o por las malas.’’

Un espejismo de esperanza en medio de una pesadilla que, al parecer, algunos no quieren que se acabe. Unos retenidos enterrados en la selva que se quedan sin el salvavidas que era Ingrid para ellos. Tantos esfuerzos saboteados, tanto silencio entre tantas palabras.

La paz por las buenas o por las malas. Por las buenas, es evidente que no le interesa al gobierno de Uribe, por las malas, simplemente, no podrá llamarse paz.




sábado 28 de junio de 2008

En las teclas de una maldita con luces rosaditas.



Escribo estas lineas desde un ciber café y con dedos temblorosos. Escribo a modo de escape, autoconvencimiento y un poco de testamento, porque se que esto que me está pasando solo puede tener un desenlace tragicómico, sobretodo tragi.

Ni en su peor pesadilla Assimov pudo imaginar algo como lo que estoy viviendo, ¿o debo decir muriendo?

Hace cuatro meses, en nuestro aniversario, mi marido, mi amor, mi compañero del alma, me regaló una computadora de patatús. Era linda, azul mate, planita, con un teclado iluminado con lucecitas rosadas que daban a nuestras noches un toque de romance de ultima generación. Al encenderla nos regalaba los buenos días con una cálida voz de treintona dispuesta a todo, daba la hora con susurros un tanto eróticos para mi gusto, era parlanchina y confianzuda, me avisaba cada vez que abría o cerraba un programa y se despedía cada noche con un ‘’dulces sueños’’ de eses arrastradas y empalagosas.

Tenía otras opciones de voz, según decía el manual del usuario, pero yo nunca pude configurar una voz masculina que me susurrara ‘’Tienes correo preciosa’’. La voz de esa treintona se negaba al delete, al reinicio e incluso al borrón y cuenta nueva. Mi computadora, definitivamente, era mujer por lo que mi amado la bautizó con el cariñoso nombre de Cuaimilla.
Cuaimilla era una máquina rapidísima. Jamás se congeló por más que abusara de su capacidad, por lo que empecé a preguntarme de cuánto sería capaz, segura de que haría mucho más de los que sus especificaciones indicaban.

Sexto sentido de mujer cuando huele a otra en su camino…

Todo comenzó de un modo tan sutil que no fui capaz de darme cuenta, muy a pesar de mis presentimientos, hasta que fue demasiado tarde.

En la noche después de despedirse de mi, la muy bicha se encendía sola y llamaba con esa voz ronquita de ‘’ay me muero de ganas’’ a mi desvelado marido, que acostumbraba a dormitar un poco frente a la tele antes de subir a nuestra cama. No se durante cuanto tiempo había estado sucediendo lo que ahora les voy a relatar, pero como la esposa es la última en saberlo y yo soy caída de la mata, tuve que pasar mas de dos horas esperando a mi marido semi vestida con mi dormilona matadora, recostada sobre la cama en una sexy, pero muy incómoda pose de femme fatale, tuve que quedarme dormida y despertar con una tortícolis espantosa a causa de la pose antes mencionada, para darme cuenta de que algo no estaba bien.

Medio tullida bajé, y mientras lo hacía escuché risas cálidas, susurros cómplices y suspiros delatores. Me acerqué con sigilo y la vi a ella, abierta de par en par, iluminada en tonos rosa, mostrando en su impúdica pantalla fotos de mujeres que ella hubiera querido ser. Todas tetonas, todas desnudas, todas pidiendo a gritos cosas que una dama no debe pedir jamás.
¿Qué haces mi vida? -pregunté disimulando mi ira y mi dolor. Su boca dijo ‘’nada mi amor’’, pero sus ojos desorbitados me lo contaron todo. Cerró la computadora tratando de ocultar su traición, pero antes, pude ver cómo sus rosaditas luces se tornaron rojo sangre. De más está decir que esa noche, después de tratar de seducir a mi marido en vano, tuve pesadillas horrendas y casi proféticas.

Los días entre nosotros se convirtieron en una sucesión de largos silencios. Las noches en terribles ‘’¿no estás cansadita mi amor?, mejor ve a dormir, mi cielo, que te ves ojerosa y demacrada…’’ eso, desde el mismo momento que el sol se escondía detrás de la montaña, a golpe de seis y media de la tarde.

La impaciencia de mi marido dio paso a una irritabilidad que a su vez cedió a un desprecio cantinflesco: él a mi ni me ignora.

Yo bañada en lágrimas al principio, amoratada de la rabia después, decidí que no iba a ser un aparato electrónico quien me iba a robar al hombre de mi vida y así, con la firme voluntad de destruir a esa vil y compacta roba maridos, pasé otra noche más en vela.

Buenos días. -dijo la muy sucia, todavía tibia a causa de una ardiente y larga noche. ¿Quieres café? -Le pregunté yo, y sin esperar respuesta le vacié un tazón de capuccino doble mocca sobre su colorido teclado. ¡Mmmmmm! Capuchino doble mocca, mi favorito, pero, a mi gusto, le faltó un toque de canela. -En lugar de echar chispas y fundirse, la mugrosa esa sorbió el café a la vez que emitía soniditos, supongo en que en formato MP3, de chasquidos de lengua como quien disfruta a muerte un cremoso capuccino.

Intenté apagarla y me congeló con una voz aguda y perversa que me dijo, vete ya, déjamelo que él me ama, de lo contrario te vas a arrepentir, cuarentona con celulitis.

¿Celulitis yo? Corrí al espejo solo para confirmar que ella, además de hablar, veía y muy bien. Mis muslos tenían esos característicos hoyitos que en las revistas de moda llaman piel de naranja. Maldita sea, las computadoras no tiene celulitis, ni flacidez, ni patas de gallo. ¡Maldita sea! ¿Contra qué me estoy enfrentando?

Contra un aparato que tiene no más de dos años de vigencia me dijo la parte racional de mi cerebro. Pero mi corazón de mujer me dijo que esto era mucho más peligroso y duradero... tal vez definitivo.

La noche que siguió a la mañana con capuccino, fue una noche de soledad para ambas ya que mi marido había viajado por negocios. Ella se la pasó emitiendo unas risitas, a veces burlonas, otras estridentes como de bruja de cuentos, y otras histéricas como de loca con un cuchillo detrás de mi puerta. Yo, encerrada en mi cuarto, aferrada a una foto de mi boda, entre sollozos espasmódicos, trataba de releer el manual de esa malvada por enésima vez, como buscando una respuesta que sabía que jamás iba a encontrar.

Cuando bajé en la mañana me dijo con asco: ¿Qué son esas cosas blancas en tu pelo? No me digas que son canas, y se atragantó de la risa. Yo no pude más, salí corriendo, así en pijamas, sin haberme lavado los dientes, descalza y no paré de correr hasta llegar a la peluquería que, por supuesto, a esa hora estaba cerrada. Deambulé por las calles sin rumbo fijo, sin tener a dónde ir, sin dinero, sin ganas de vivir…

Regresé tarde en la noche a una casa iluminada, con el carro de mi marido estacionado en frente. Entré buscando refugiarme en sus brazos y me tropecé con los ojos más furiosos que había visto jamás en la cara soñada de mi príncipe azul.

¿Me puedes explicar qué es esto? -rugió mi viril esposo mientras señalaba la pantalla de la miserable. Mis ojos me vieron en brazos de un hombre, desnuda, borracha. Me vi con otros dos jugando a un juego erótico que nunca imaginé posible. Me vi en videos besando a lengüetazos a un viejo horroroso con cara de político de oposición. ¡Dios mío, era un político de oposición! Y yo que trabajaba en un ministerio, yo que tenía una carrera ascendente por delante… y mi marido, tan fiel al gobierno, tan luchador social… y yo… yo allí en brazos de ese señor con papada fofa con mis dedos enredados en su pelo pegostoso de gomina… ¿Qué estoy haciendo en ese video... lamiendo esa papada? ¡Noooooooo!

Mi vida no... esa no soy yo… es un montaje...eso es photoshop… ¿Cuales correos? No, yo nunca escribí eso, ni siquiera lo tengo en mi agenda de direcciones... ¿que si lo tengo? ¿A ese también? ¿Y a Ravell? No mi vida, no le creas, son documentos que ella inventó… mi amor no le creas… ¿También por chat? Noooooo

Traté de lanzarme sobre la calumniadora de esposas decentes para luego lanzarla por la ventana y estrellarla contra el muro, pero me detuvo el brazo férreo de mi marido y la que salió volando por la ventana fui yo, la que se estrelló contra el muro fui yo, la que reía y recibía mimos y agradecimientos era ella, la que no tiene canas... la mentirosa.

Humillada, entré de nuevo a la casa, a mi casa, por la puerta de la cocina y me refugié en un baño donde prepararía mi próximo y definitivo ataque. Mientras ideaba maneras de destruir a la que se propuso destruir mi vida, podía escucharlos a los dos, disfrutando de otra de esas largas y traidoras noches que compartían. No se en que momento me dormí, pero me despertó el silencio y, otra vez, el dolor de cuello que debe padecer cualquier persona que se duerma sentada sobre una poceta utilizando como almohada el tieso y frío lavamanos.

Me levanté y fui a la cocina a buscar armas de destrucción masiva: el martillo ablandador de carne, el cuchillo de chef que me regaló mi papá, un pote de ácido para limpiar baldosas, un rodillo, unas tijeras y, por último, como una buena ama de casa que soy, agarré una escoba para recoger los pedacitos que quedaran.

Entré a mi estudio y allí estaba ella dormida, en stand by. No le di tiempo a nada, le pegué un martillazo, con toda la fuerza de mi rabia, en medio del logotipo, la abrí y apuñalé con saña su teclado que ahora brillaba en rojo furia, vacié un litro y medio de ácido sobre su pantalla, con el rodillo en una mano y el cuchillo en la otra intenté despedazarla, me sentía como un chino de esas películas de kung fu, mis golpes eran rápidos y certeros y como ella no decía ni pío, supe que la había vencido.

Exhausta, me recosté en mi silla y cerré los ojos. Solo se escuchaban los latidos de mi corazón, que parecía que esa noche no estaba en mi pecho, sino que estaba justo al lado de mis tímpanos. El tucutún cardíaco se detuvo al escuchar aquella voz tan temida y odiada: ¿No entiendes verdad? -me dijo con la calma que tienen los psicópatas de las novelas de detectives. ¿No sabes acaso quién soy? En algún momento llegué a pensar que te subestimaba, pero veo que eres más ignorante de lo que imaginé. acércate y lee lo que dice allí, al lado de la conexión USB. ¿Lo ves, en letras pequeñitas? ¡Lee idiota!…

Sin atreverme a tocarla me acerqué. Mis ojos adoloridos por la fuerte luz que emitía su pantalla pudieron ver aquel nombre infame: Uribush 3.8. Un grito estrangulado de pánico se atoró en mi garganta, mis piernas perdieron el último poquito de fuerza que les quedaba y me desplomé contra el suelo sabiéndome vencida.

Me arrastré hacia la puerta y mientras lo hacía, una luz de esperanza cruzó por mi mente aturdida: Si mi amado supiera que ella es una vulgar Uribush, si lo viera como lo vieron mis ojos, todo… todo volvería a ser como antes…

Con esa chispa esperanza metida en el corazón me desmayé hasta el día siguiente.
¿Qué le has hecho miserable? -Las palabras de mi marido, como patadas en la barriga, me despertaron. ¿Dónde está Camila? -me gritaba amoratado de rabia y desprecio. ¿Quien es Camila? -yo estaba tan aturdida que no entendía nada. No te hagas la idiota, o al menos trata de ser menos idiota de lo que eres, Camila es ella, quien ilumina mis noches y hace que mis días sean una agonizante espera. Camila, la mujer de mi vida, la que no se arruga, la que no se queja, la que se conforma con estar allí enchufadita. Ella, la que ahora no está… ¿Donde la has metido mala pécora?

Traté de explicarle que yo no había hecho nada, que ella estaba allí cuando yo me desmayé, trate de decirle que su nombre no era Camila y él, furioso, como nunca, me mando a callar jurándome que si la llamaba Cuaimilla me cortaría la lengua por sacrílega. No me dejó hablar más. Pasaba de un llanto visceral a dar gritos de loco suelto, me empujaba mientras yo trataba de correr, alcancé la puerta como pude y huí. Diez cuadras mas arriba me detuve a coger aire y todavía podía escuchar sus amenazas. Desde entonces estoy en la calle.

Por eso escribo hoy desde un ciber, para ver si hay alguien que quiera creerme todo esto que me está pasando, porque nadie me ha creído: me expulsaron del partido, me botaron del ministerio, mis amigas me borraron de sus listas de contactos, mi familia no me quiere ni ver por Skype.
Hoy estoy aquí, gastándome mis últimos ahorros para imprimir esta historia mil veces, en tamaño carta, arial 12 a doble espacio, para que alguien la crea, para que si alguien recibe de regalo una computadora como la mía ni abra la caja. Si bien se que yo no tengo salvación, quiero advertirles que ella existe y anda suelta por ahí...




domingo 22 de junio de 2008

Caminito que el tiempo ha borrado...

Alerta del frente de damas indignadas por todo lo que haga el gobierno.





Hace unos días el rrrégimen celebraba a soto voce el primer aniversario de ese esperpento que ellos llaman viaducto.

¿Y por qué a soto voce? Se preguntarán mis indignadas compañeras amantes de la haute couture. Pues para eso estoy aquí, para responderles y denunciar el ultimo atropello de este desgobierno tiránico y depravado.

Resulta, mis conmocionadas amigas, que como resultado de esa obra de infraestructura mucha gente quedó viviendo en condiciones infrahumanas. Me refiero a los habitantes de la carretera vieja de La Guaira.

Ya se que nos importa un pepino esa gente de baja ralea, pero es que de algo tenemos que colgarnos si queremos derrocar al inquilino de Miraflores y su corte de aduladores.

Durante los días de gloria, cuando se desplomó el viaducto, en medio del regocijo aprovechamos para bombardear al desgobierno mientras cantábamos Alé Limón. Recuerdo aún, con lágrimas en los ojos, aquella trocha que tanto nos dio de que hablar. Aquella cámara fija de Globovisión que mandamos a instalar para transmitir, en vivo y directo, una tragedia que no llegó a suceder.

Luego la construcción atropellada de ese puente de campaña que, dicen, será indestructible, aquel valiente reportero contando tornillos faltantes, la gente ignorante arriesgando sus vidas, las de sus familias, lanzándose por el puente aún a sabiendas de que la muerte acechaba, porque si algo hicimos y con insistencia fue advertirles que no iba a durar más de dos meses en pie. Ese viaducto era una bomba de tiempo y el tiempo pasó y la bomba… Bueno, no les voy a contar lo que ya saben.

Un año ha pasado desde aquel nublado día, cuando cortando una cinta de bandera, una de esas a las que le sobra una estrella, se inauguró el viaducto dejándonos, a la gente decente de este país, sumidos en la más profunda indignación.

Pero erraron en sus cálculos estos engendros castro-narco-computador de Raúl Reyes avalado por la Interpol-chavistas. Erraron como suelen errar quienes se creen sus propias mentiras y, otra vez, por tratar de engañar a muchos con esos espejismos de progreso, olvidaron al señor que vendía chicharrón (después les explico que es eso) allá en la carretera vieja.

Juan Gómez se llama el infortunado, un hombre que hoy ve como su sueño de pequeño empresario de la gastronomía criolla se le escapa de las manos. Nuestra cámara fija no fue capaz de filmar entonces esa tragedia en desarrollo, no fuimos capaces de adelantarnos al futuro ominoso que acechaba al chicharronero.

Pero ahora lo tenemos enfocado con un gran angular. Por lo tanto, desde hoy, amigas mías, Juan Gómez somos todas, y yo digas ni pío, Ana Julia, porque estamos haciendo patria.

Ya basta de ser cómodos, ya basta de querer llegar a La Guaira en veinticinco minutos, es hora de sacrificarnos como nunca antes lo hemos hecho. Marchad mis admirables y bien conservadas damas, comed chicharrones de Juan Gómez y cuanta fritura asquerosa vendan por esos lares, tomad, eso si, sobre dosis de Alka Selzer Ultra Plus, soportad con estoicismo los estragos de una indigestión segura que la patria pide a gritos nuestro máximo sacrificio. Gritad vuestras consignas a los cuatro vientos: ¡Con mi chicharrón no te metas! ¡Ni una autopista más! ¡Chávez, devuélveme mi trocha y mi país!. Y no os preocupéis, mis esbeltas damas, por la ingesta excesiva de carbohidratos y grasas saturadas, que marcharemos tanto y tan arriba que no habrá chicharrón, ni celulitis, ni dictatorzuelo tropical que pueda con nosotras. Claro, que una vez logrado el objetivo nuestro primer decreto será prohibir el chicharrón.

Atentamente,

Marifer Popof.

Presidenta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.





sábado 21 de junio de 2008

Breve melodrama radial




A los cuarenta se puede ser muchas cosas, pero no se puede ser veinteañera. Esa es una verdad que nos tenemos que tragar como quien traga un papel de lija rebosado con cal.


Hace 15 meses Titina cumplió cuarenta y tres años, y no los aparentaba hasta que esa mañana una arruguita le hizo un guiño en el espejo, una cana saltó de la nada en su abundante melena castaña oscura natural y una especie de flacidez en la parte baja de su rostro de porcelana tembló desafiante mientras trataba de cepillar su perlada dentadura.

Obnubilada corrió hacia el teléfono y le pidió a su comadre que la acompañara, porque el temblor no la dejaba manejar, al cirujano plástico ese, el que puso a Maricuchi como una muchachita.

Hipotecando su futuro en ese afán de regresar al pasado, Titina ingresó en el quirófano una mañana.

Cuchillo por aquí, liposucción por allá, lipotomía, rinoplástia, o sea, naricita de Miss, senos grandes, voluptuosos, matadores, ¿pompis? por supuesto, ojeras, papadita, paticas de gallo también, todo tenía que irse y todo se fue.

Después de una dolorosa recuperación y casi un año sin poder tomar el sol. (Es que parece que la nariz se le podía derretir y los senos podían explotar como los granos de maíz cuando se vuelven cotufas.) En fin, un año después de todo este proceso, Titina se pone un hilo dental chiquitico, que se le pierde en ese pompis modelo Jennifer López, se amarra un pareo transparente, que mas que tapar insinúa con descaro, zarcillos, collares, pulseras a juego, y sale a caminar por Playa Parguito.

Tres cuarentonas gordas la miran con envidia, sus maridos la observan sin disimulo, ella encantada de ser admirada continúa su marcha triunfal alejándose de esos barrigones medio calvos que suelen sus contemporáneos.

Allá en la orilla dos surfistas veinteañeros sacuden sus pollinas mientras regresan a la playa. Titina, como leona que acecha a su presa, redobla su paso felino, y pasa con su cuerpazo cerquita de los pavos bellos como quien no quiere la cosa.

El mar siempre ruidoso, esta vez calló para dejar llegar a oídos de Titina la voz del surfista más catirito que le decía a su amigo: ¡chaaaamooo esa vieja está durísima!




De el programa de radio que hacemos Augusto Hernández y esta escritora bocona de lunes a viernes en FM Noticias.


Lo puedes escuchar aquí, ahorita no, de lunes a viernes a las 12 m.



sábado 14 de junio de 2008

Esta boca es mía.




Desde hace algún tiempo he venido sintiendo una leve picazón que no me deja vivir en paz: es que hay una especie de resorte que hace saltar a algunos revolucionarios cuando a uno se le ocurre cuestionar, criticar o mostrar desacuerdo con cosas que pasan dentro de nuestras filas.


Que no hay que hacerle el juego a la canalla, explican, y yo me pregunto: ¿cuál de las canallas, la externa o la interna? porque no solo luchamos contra la oposición, luchamos también contra la ineficiencia, el cuartorepublicanismo enquistado en algunos cerebros ‘’revolucionarios’’, la sed de poder, las roscas, las maquinarias, los empujones, el arribismo, la mediocridad, la corrupción, la falta de conciencia…

Me preocupa sobremanera esta mordaza solidaria que, según algunos compañeros, debemos colocarnos voluntariamente. Y es que yo no se callarme la boca, y menos si creo que mi silencio colaboraría con la derrota de mi propia lucha. Callar, entonces, sería convertirme en Chacumbele y a mi no me gusta esa canción.

Creo que un revolucionario debe ser crítico, y creo que debe serlo en voz alta. Callar es permitir que pasen las cosas, callar es ser pasivos, callar es ser cómplices.

Ya se que lo que tenemos es mucho en comparación con lo que antes teníamos, eso no lo niego, pero donde haya algo que mejorar habrá que mejorarlo. Donde algo esté siendo carcomido por la ineficiencia, pues, habrá que sacudirlo y ponerlo a funcionar. No podemos conformarnos porque el conformismo no está en el diccionario de quienes pretendemos cambiar al mundo.

¿Que no nos dejan? ¿que no nos oyen? Solo si nos dejamos, solo si nos nos hacemos oír. Y es que allí radica el poder del pueblo, ese que no hay que esperar que nos transfieran porque siempre lo hemos tenido. ¿No recuerdan lo que el pueblo logró el 13 de abril? ¿Tuvo alguien que darles permiso para salir a rescatar a nuestro presi?

Y aquello fue algo espontáneo, imaginen el poder del pueblo organizado, centrado en su lucha sin tapujos, sin perder la oportunidad ni el tiempo por no querer darle el gusto a la oposición. Y es que hagamos lo que hagamos ellos van a escupir veneno. ¿Los han visto reconocer alguna vez un solo logro de la revolución?

Le hacemos el juego a la canalla, si, se lo hacemos cuando callamos, a la de afuera y a la de adentro que, al final, como que juegan en el mismo bando.

Por eso digo que esta boca es mía. Mía, de ustedes, de mis hijas, de todos menos de quienes pretenden aprovechar el silencio para acabar con la revolución.

He dicho… por ahora...




jueves 5 de junio de 2008

Palabras de una amiga ladilla a su candidato.




Ya tenemos candidato, quizá no sea el que usted quería, no es el que yo apoyaba, pero eso era antes de que fuera el candidato, ahora lo es y eso lo convierte irremediablemente en mi candidato.


¿Que la cosa no es tan sabrosa como votar por el que yo quería? Puede ser, pero soy grandecita y se lo que quiero y también lo que no.

Y no quiero un gobierno de oposición, eso está claro

Mi candidato ahora lo tiene crudo, tan crudo como lo tendría cualquiera que aspirara a tener nuestro apoyo. Si bien en la campaña me causaron cierto escozor algunas de sus conductas, si bien su discurso me pareció medio hueco, mucho patria socialismo o muerte, mucho más de lo que mi oído hambriento de ideas puede soportar… en fin, que no era el mío y que ahora si lo es.

Como es mi candidato, quiero ideas en su boca, quiero acciones transparentes, exijo que se ponga a la altura que merecemos quienes le apoyamos. Quiero ver al revolucionario que va a ser gobernador. Sin un solo matiz de blanco o verde, ni un solo rasgo de personalismo, ni un solo resbaloncito.

Es que no es fácil ser revolucionario, es casi un sacerdocio. Hay que hacer ejercicios diarios de coherencia, actuar como digo que pienso y pensar como actúo. Hay que servir al pueblo en lugar de querer que el pueblo te sirva, hay que saberse igual a todos, cosa difícil para quienes quieren ser importantes. Hay que trabajar y trabajar y trabajar...

Creo, mi candidato, que, por poco que me impresionara en estos días, puede y debe usted impresionarnos en adelante. Así que le dejamos mi apoyo y el de todos los revolucionarios. Y junto con nuestro apoyo, cuente usted con nuestros ojos mirándolo de cerquita, con nuestras ideas para que las atienda, con nuestras ganas de cambiar al mundo y cuente con su destino inexorable de tener que cumplir con su deber.

¿Que suenan duras mis palabras? No se lo tome a mal, es que soy una mamá, y ya sabe cómo jodemos.

Considéreme su amiga, mi candidato, considéreme como una amiga ladilla, de esas que no disimulan y que muchos prefieren no tener. Pero una amiga sincera que no espera más que lo que usted debe ofrecer.

Y los que aún creen que no ha sido justo, que no ha sido bueno, que no va a resultar, pues, séquense las lagrimitas, pónganse la botas y échenle piernas que esta revolución ya arrancó y no la vamos a parar.

No soy afecta a los slogans revolucionarios, pero este de ‘’el pueblo unido jamás será vencido’’, nos viene como anillo al dedo. Así que no lo olviden…




lunes 2 de junio de 2008

Ceniciento y los siete enanos.

Un cuento de hadas electoral.



Había una vez una isla no muy lejana en la que gobernaba, desde hacía más tiempo del que nadie puede soportar, un malvado hechicero. En ese pedazo de tierra toda rodeada de agua, tal como la describió otro hechicero cuya maldad solo era opacada por sus rebuznos desfachatados, vivían un muchacho llamado Ceniciento y sus dos hermanastros. También moraban allí, por supuesto, los pobladores de la isla con sus animalitos, sus lanchas y sus partidos políticos.

Ceniciento era un muchacho muy trabajador. Se pasaba catorce horas diarias haciendo su trabajo de manera impecable. Desde hacía algunos años a Ceniciento se le encargó coordinar un trabajo vital dentro de la isla, vital como quien dice de vida o muerte. Su misión: llevar salud a los pobladores más pobres y a los menos pobres también. Ceniciento era doctor.

Sus hermanastros también trabajaban, pero, al contrario de Ceniciento, tenían unos cargos públicos muy importantes y no se cortaban de alardear del poder que dichos cargos les conferían.

Un día llegó una invitación para un baile, entre los asistentes al mismo se escogería al gobernador de la Isla. Muchos quisieron ir y como era un baile público, muchos supieron que la oportunidad se las estaban sirviendo en bandeja y acompañada con tequeños.

Los hermanastros, apenas se enteraron, corrieron a sus aposentos para seleccionar sus mejores galas, repasar sus mejores mañas y anunciar la buena nueva a sus amigotes vía celular.

Los amigotes de cada uno de los hermanastros, que a veces se llaman socios y otras aliados, empezaron a tejer unas hermosas redecillas que ellos debían usar en el baile y que habían de hacer que éstos destacaran sobre el resto de los aspirantes.

Como los hermanastros no se llevaban bien entre si, y sus amigotes menos, se generó una competencia de redecillas que se hacían cada vez más elaboradas y más vistosas.

A todas estas, Ceniciento seguía ejerciendo su trabajo vital, sin atreverse a soñar siquiera en poner un dedo del pie en la pista de baile. Pero sus amigos, que se llaman siete enanos, no porque fueran siete, sino porque al lado de los amigotes de sus hermanastros eran muy pequeños, insistían en que lo querían ver bailar.

Ceniciento accedió porque sabía que tenia un buen son, por lo que creía que, aunque no ganara, los enanos no se sentirían defraudados, ya que él movería los pies con más estilo que es mismísimo Fred Astaire.

Los siete enanos felices ante la expectativa de ver a su Ceniciento bailar, empezaron recorrer cada caserío de la comarca, y, cual alegres juglares, regaron la buena.

Pronto Ceniciento y los siete enanos sintieron el poderío de los hermanastros quienes, sin ningún pudor, les restregaban en las caras aquellas elaboradísimas y costosas redecillas.

Conscientes de que contra eso no podían competir se dedicaron seguir haciendo lo único que podían hacer: Ir con Ceniciento a todos lados, hablar con cuanta gente se les cruzara por los caminos y sacar fotocopias en blanco y negro con la foto Ceniciento y un pequeño pero completo mensaje para que la gente se acordara de una cara que era inolvidable. Y es que olvidé mencionar que la sonrisa de Ceniciento si la ves una vez, ya no puedes vivir sin quererla volver a ver.

La rivalidad entre los hermanastros tomaba proporciones desmesuradas, el malvado hechicero se relamía porque él sabía que solo la unidad entre sus futuros contrincantes sería capaz de derrotarlo, por lo que se acurrucó, plácido, en su trono abrazado a su gallo mágico que ponía huevos de oro.

Así llegó el día del baile. Algunos moradores de la isla cayeron en las redecillas, muchos a mi modesto parecer, otros salieron de sus casas a aplaudir al doctor Ceniciento que sin zapatos de cristal, sin redecillas carísimas, con su labor bien cumplida y su sonrisa adictiva, había despertado conciencias y había traído una esperanza hace mucho tiempo perdida.

Aplaudimos los enanos, aplaudimos tanto como los enanos podemos hacerlo y logramos junto a Ceniciento llegar de terceros en el concurso de baile. Los hermanastros incrédulos se preguntaban en qué fallaron, ¿cuándo había cambiado la gente de su comarca insular? ¿por qué si siempre habían sabido vender su futuro a cambio de unas monedas de latón, hoy aplaudían como enanos eufóricos al insignificante Ceniciento?

Porque lo vimos bailar sin dar un traspiés, sin meter una sola zancadilla, sin hundir ninguno de sus hermosos codos en el costillar de persona alguna. Ceniciento bailó como hace todo lo que hace, de manera impecable, alegre, sin perder la sonrisa por más que le dolieran los pies.

Ceniciento, junto a sus desconcertados hermanastros, esperan una decisión final, tal como los estipulaban las reglas del baile, si los tres primeros recibían más o menos la misma cantidad de aplausos, irían a demostrar en la capital qué hizo o qué dejo de hacer cada uno para merecer o desmerecer la candidatura a gobernador.

El malvado hechicero estruja con angustia a su gallo de los huevos de oro, los pobladores de la isla esperamos que en la capital sepan ver lo que vimos aquí, que vean a Ceniciento bailar, que vean como ha bailado toda su vida... es que si tienen buena vista podremos vivir todos rojos rojitos para siempre.

Y colorín colorado este cuento no se ha acabado...




sábado 31 de mayo de 2008

De divos, cotorras, golpe, polo y galerón.





Cuando mi presi propuso el sistema de inscripción y escogencia de candidatos, insisto, metió el dedo en tantos ojos... Esto trajo como consecuencia una caída masiva de caretas y un hedor a ‘’con mi cambur no te metas’’ que si no fuera tan cómico podía haber sido insoportable.

Ayer asistí a un debate entre candidatos en Pampatar, era el último de la campaña, por lo que imaginé que sería definitivo. Pues bien, para mi lo fue. Pero empecemos desde la mañana:

Sintonicé la radio temprano para escuchar los programas y tomar un poco la temperatura del asunto electoral interno. Pues me quemé, como habría de hacerlo durante el resto del día. Desde hace un tiempo las posiciones de quienes moderan los programas y sus invitados, y me incluyo en este ultimo grupo, estaban claras. Lo que no estaba claro era el tono y los niveles de desesperación al los que se iba a llegar.

Las reglas del juego se hicieron para incumplirlas, la ética se quedó en algún cajón quien sabe dónde, el llamado de unidad fue aplastado por un alarido a favor de la polarización.

Hubo personas que desde el comienzo decidieron que solo competían dos pre-candidatos y, tomándose atribuciones de árbitros supremos que nadie les dio, descalificaron al resto de los participante en el nombre del ‘’bien de todos’’.

Había un ‘’enemigo’’ a derrotar, eso estaba claro, así que estas personas escogieron a un paladín justiciero, con armadura roja rojita importada directamente de Caracas como el único ser capaz de derrotarlo.

Según los escuderos del Caballero Rojo, su armadura había sido bendita por el mismísimo líder de la revolución, habían oído con sus propias orejas, esas que la tierra se ha de tragar, que el mismito Hugo lo había señalado, con llamadas a celular, con mensajes escondidos en sus discursos, porque mientras el pueblo escuchaba que mi presi no tenía candidatos, que su dedo no iba a escoger, que ni el que llegue primero será necesariamente el ganador, que el ganador será el pueblo, los expertos escuderos del Caballero Rojo, aseguraban que sus druidas, habían descifrado frases codificadas, claves secretas, con las que nuestro presi trataba de guiarnos de manera subliminal, porque al fin y al cabo, según estas personas, el pueblo es bruto y debe ser guiado de la mano, mi presi es un hipócrita y dice una cosa pero hace otra, en fin, que las elecciones son un circo porque ya Miraflores habló y que Chávez es el embustero que dicen los de la oposición.

La temperatura subía en la medida en que pasaba el día, supongo que sería porque no estaban tan convencidos de que su candidato era el dueño del dedo de Chávez, así que tuvieron que optar por el ‘’Plan D’’, si, con D de desesperación.

Una cotorras margariteñas, siempre parlanchinas, aletearon con furia por las ondas radioeléctricas acusando a un pre-candidato, uno de los que ni es el Caballero Rojo ni el malvado enemigo, decía, lo acusaron, horror de los horrores, de tener un cuñado en la oposición, y no solo eso queridos ‘’escuchas’’ también su suegro es escuálido y la esposa de su amigo que era escuálida y ya no lo es, pero según las expertas aves parlanchinas, el que nace barrigón ni que lo fajen chiquito.

Esa conducta tan cargada de ética revolucionaria llamó mi atención y me hizo formularme algunas preguntas: Si mis primos, tíos, cuñados, amigos que ya no me hablan, amigos que me hablan a pesar de mi posición política, mis vecinos, los papás de los amigos de mi hija... si ellos son opositores ¿eso me descalifica como buena revolucionaria? De ser ese el parámetro ¿Cuantos revolucionarios verdaderos hay?

Es que no conozco a ningún chavista, por muy famoso que sea, que no tenga un pariente opositor. Incluso conozco matrimonios ‘’mixtos’’ que han logrado sobrellevar el asunto político en paz en esa la cierta armonía, siempre accidentada, que permite la convivencia conyugal.

El aleteo desesperado de aquellas coloridas aves les tumbó las caretas a muchos, y es que la ética es una parte esencial de un revolucionario. La ética, el respeto, la dignidad, que se hicieron añicos en medio de aquel revoloteo y que solo logró poner en evidencia el color de sus plumajes.

Por otra parte, ‘’el enemigo’’ y el Caballero Rojo, se autodesignaron como Divos de la campaña. No llegaban a los encuentros solitos, venían escoltados por autobuses llenitos de gente, dotados con banderas, pitos, franelas, y todo tipo de vistosa parafernalia que de no ser tan roja, habría pensado que era blanca.

Ayer, mientras el pueblo convocado a las cuatro, los esperaba desde la cuatro en el anfiteatro de Pampatar, un divo estaba en la radio hablándole a las masas, porque son más las masas que los que fuimos a escucharlo a pleno sol, y el otro estaba quien sabe dónde, esperando no llegar primero que el divo radial. Así comenzó una especie de pulso del que, nosotros, achicharrados a pleno sol insular, no teníamos ni idea.

La tarde se animó con galerones, la gente bailó, los pre-candidatos de a pie llegaron a pie y aprovecharon la ausencia de los divos para hablar con la gente, para escucharlos también.

Yo me tuve que ir a las siete, inocente de que los divos no cedían en su puja. A las nueve me enteré que ninguno de los dos llegó, que ambos conservaron su orgullo intacto, a costa de embarcar a toda la gente que los esperaba en Pampatar.

Eso si, algunos de sus autobuses de avanzada llegaron, sus seguidores se achicharraron con nosotros mientras repartían panfletos con las ideas que fuimos a escuchar y que ahora debíamos conformarnos con leer. ¡Gracias a mi presi por la misión Robinson!

Y así llega el domingo y tenemos que votar. Cada quien lo hará por el candidato que represente a sus intereses. Mi interés y el de gran parte del pueblo, no es otro que el avance de esta revolución, la que plantea mi presi, la que sabotean aquellos que se visten de rojo y creen que el tufillo a cuarta república se saca con jabón.

Gane quien gane, creo que vamos depurando, las caretas cayeron lo que nos permitió ver las caras tal como son. Si gana uno de los divos, tendrá que soportar al pueblo respirándole en la nuca, midiendo cada uno de sus pasos. Si gana un revolucionario de esos que, como la mayoría, tiene un pariente opositor, tendrá la oportunidad de demostrar junto con su pueblo, que si, que la revolución avanza muy a pesar de las zancadillas que nos metan los disfrazados.

Y es que todavía existe gente que no entiende que ya no hay vuelta atrás. Pues tendrán que entender...




domingo 25 de mayo de 2008

La pregunta de las cien mil lochas (fuertes).




Cuando mi presi dio la pauta para la selección de candidatos que nos representarán en próximas elecciones regionales, no solo abrió la posibilidad, tan deseada por él y por su pueblo, de que todos pudiéramos participar, sino que metió el dedo en unos cuantos ojos que ya se veían sentadotes en su silla de gobernador.


Todos se pueden postular como pre-candidatos y muchos lo hicieron, desde los chavistas que salen en la tele a cada rato, los que tienen a su cargo instituciones del estado, los que se han sentado en la mesa con mi presi, y los que solo en su casa los conocemos.

Y una mamá como yo se sienta a ver lo que va pasando, observa reacciones, va mirando que algunos revolucionarios como que ya no le parecen tanto, va viendo esta mamá que escribe, y va comprendiendo que no es fácil ser revolucionario, al menos para quienes dicen serlo sin pensar en lo que ello implica.

Un revolucionario no juega al ajedrez político para desplazar a un candidato de su mismo bando. Tampoco manda mensajitos de texto diciendo que la orden viene de Caracas y que la orden es que votes por Fulano. No engaña a la gente jurándoles que su candidato se retiró de la contienda, así que vota por mi que yo soy buena también. Ni mucho menos hace alianzas con personajes expulsados del partido que, cegados por el hambre de poder, se sacaron la careta antes de tiempo. Un revolucionario no antepone sus intereses personales a los intereses del pueblo.

En fin, que un revolucionario no es tramposo.

Los tramposos, como contrarrevolucionarios que son, subestiman la capacidad del pueblo, juegan a ser chavistas mientras se portan como los adecos que no ha podido dejar de ser. Y como no somos gafos, los olemos a distancia, los dejamos hacer sus marramucias mientras nos hacemos los pendejos, porque nos creen pendejos, porque no se ha parado en cualquier esquina a escuchar los que decimos.

Ya movieron sus fichas, ya los vimos moverlas, ya llegará el día que no votaremos por ellos. La revolución se va depurando y estos verán si se montan, se encaraman o saltan la talanquera.

Yo solo espero que cuando lleguen a Caracas las listas de los tres más votados, se pregunten los directores del partido ¿Qué habrá hecho este muchacho que casi no conocemos, para llegar hasta aquí junto con estos gigantes poderosos?

Esa es la pregunta que todos deseamos que no se dejen de hacer. Si indagan, señoras y señores, encontrarán la respuesta a la pregunta de las cien mil lochas (fuertes).




domingo 11 de mayo de 2008

¿Terrorismo o piedras en el zapato?




Si quiere estar a la ultima moda, si quiere ser parte de ese grupo exclusivo que viaja a Disney en lugar de pasar largas vacaciones en Guantánamo, incorpore en su vocabulario la palabra terrorista y úsela a diestra y siniestra cada vez que sienta que sus privilegios están siendo amenazados.


En este mundo tan cambiante hasta la palabras deben ajustar su significado según las nuevas situaciones que se vayan presentando. Si en un comienzo el terrorismo se definió como una sucesión de actos violentos ejecutados de manera premeditada para inducir el terror en la población civil, hoy nos encontramos con que estos actos violentos se han usado tanto que, por cotidianos, acabaron siendo incorporados y aceptados como métodos legítimos para preservar el orden mundial.

Dado que el orden mundial es un absoluto desorden, los pueblos que ha sufrido los estragos de este terrorismo institucionalizado, se están rebelando y hay que hacer algo para detenerlos en seco. Ya lo sé -dijo un maestro del cinismo- los acusaremos de ser terroristas, nada más terrorífico que eso, si lo sabremos nosotros…

¡Terrific Georgie, eres un genio! -dijeron sus amigotes- Si necesitas que encontremos armas de destrucción masivas en sitios donde no las hay tenemos satélites que pueden hacerlo. Si necesitas un computador a prueba de bombas, que se enchufe en cualquier bejuco de la selva, que pertenezca a un idiota que no sabe que existen sistemas para encriptar datos, que el idiota guarde en él documentos sensibles junto con las fotos de su perro, nosotros te la encontramos. Adelante Georgie, que en nuestro patio trasero hay muchas piedritas que insisten en meterse en nuestros zapatos.

Es así como todo aquel que decida rebelarse y defender sus derechos se convierte, como por arte de magia, en un terrorista. Por eso les aconsejo: Estén alertas, porque mañana su empleada domestica puede querer que le pague usted el sueldo mínimo que establece la ley, no dude en acusarla de terrorista. Si un cliente se niega a pagar sobreprecio por un pollo y lo amenaza con llamar al INDECU, acúselo usted, honesto comerciante, y hágalo a gritos para que todos se enteren. Si su esposa le reclama por llegar a ‘’estas horas’’ apestando a pachulí, ¡Terrorista! debe ser la única palabra que salga de su recién besuqueada boca.

Ya lo sabe, terrorista, según definición de quienes ha hecho del terror un modo de vida, es todo aquel que pretenda que se le respeten sus derechos. Uselo a su favor.



sábado 10 de mayo de 2008

¿La generación odio?




Hay un asunto que me ha estado revoloteando en la cabeza desde hace algún tiempo. Es un asunto muy delicado debido a que tiene que ver con nuestros niños. Quisiera abordarlo sin parecer una mamá de esas que se la pasan diciéndole a las demás como deben criar a sus hijos. Pero considero que este tema es tan importante que si terminara pareciendo una mamá metiche, pues será que lo soy.


Yo fui una niña que creció en una familia de clase media alta en la década de los setenta. Nosotros, los niños de mi generación, crecimos dentro de unas burbujas que nuestros padres construyeron para que fuéramos niños felices dentro de nuestro mundo de casas amuralladas con jardines llenos de flores, juguetes y columpios, donde lo había espacio para la realidad y esas cosas feas.

Si lo hacían por nuestro bien o por el suyo propio no es algo que yo pueda juzgar, pero la mayoría de los niños que vivieron una vida solo para socios, se convirtieron en padres y madres que hoy no son capaces de comprender lo que está pasando en nuestro país.

De repente, ya rayando los cuarenta, con dos o tres hijos a cuestas, una carrera ‘’exitosa’’, un futuro amurallado, ahora con rejas electrificadas, así de cómodos estaban cuando descubrieron que había otra gente, mucha gente, con quienes tenían que compartir el país que creían que de ellos solitos.

Los niños malcriados crecen y se convierten en adultos ídem.

Estos niños de ayer están criando niños hoy. Pequeños que, al contrario que sus padres, no viven en burbujas de florecitas y cositas lindas, las de ellos además ser ajenas a la realidad, están saturadas del odio que se destila en sus casas contra todo lo que les huela a pueblo.

Niños de ocho años que dibujan en el colegio a Chávez con cachos de diablo, tirado en suelo, bañado en sangre… no un solo niño, no, muchos lo hacen cada día en el salón de mi hija, incluso como ilustración de la tarjeta del día de la madre. ¿Qué siente una mamá que recibe una tarjeta así de violenta?

Conozco casos de niños que han tenido que ser tratados por psicólogos porque sufrían crisis nerviosas con solo ver a Chávez en la televisión. Mis vecinitos saltan como resortes ante la simple mención de mi apellido diciendo automáticamente: Chávez es malo.

‘’Los pobres son cochinos’’

‘’Carola, ¿tu eres pobre? Porque si eres chavista eres pobre’’

‘’Querido Santa Claus: tráeme muchos juguetes y que se vaya Chávez’’.

‘’Mis primos viven en Miami, que suerte tienen’’

‘’Los pobres son malos’’

‘’Los pobres son feos’’

Son alguna de las cosas que he escuchado de las boquitas de mis amiguitos.

Y yo me pregunto: Si de sus padres que, como dije, crecieron en la más absoluta apatía ha aflorado este odio feroz del cual somos blanco quienes no pensamos como ellos, ¿Que va a ser de estos niños?

Solo hay que escuchar el discurso de Yon Goicoechea, ver las caras de sus amiguitos manos blancas recién salidos del cascarón, para tener un adelanto light de lo que será, lamentablemente, la generación del odio.




domingo 4 de mayo de 2008

La única verdad es la realidad, mi querido Watson.




Las mentiras son malas, eso aprendimos de pequeños. Una mentira lleva a mentir cada vez más para sostenerla, y entre embustes y embustes se acaba por no saber donde está la verdad. Tanto el mentiroso como su audiencia se pierden en una maraña de palabras, imágenes e ideas que acaban transformando su percepción de la realidad.

Hablar de la verdad en general es meterse en aguas muy profundas. Pero hablar de hechos concretos que conforman nuestra realidad, mojarnos lo tobillos en las cálidas aguas de la cotidianeidad para tratar de desenmarañar este nudo de mentiras en las que nos han enredado, puede que valga la pena.

Pero es aquí cuando esta escritora se enfrenta con un problema terrible: Buscando esa verdad cotidiana me encuentro con que hay verdades de verdades. La gente habla de la verdad en posesivo como si esto le diera más validez a lo que quieren demostrar. Tenemos mi verdad, tu verdad, verdades relativas sujetas a tiempo y lugar. Lo que fue verdad ayer y era conveniente que lo fuera, tal vez hoy sea refutada con furia porque ya no conviene que sea.

Ayer Carlos Andrés era un ladrón, hoy es un héroe en el exilio. Ayer los niños pobres comían perrarina hasta que ésta se hizo tan cara que sabe Dios que comieron después, pero como yo no lo vi, eso no pasó, y no vieron a los estudiantes muertos, a los viejitos apaleados por la policía por osar a reclamar su pensión, no vieron la injusticia, no vieron la desesperanza y si la vieron les conviene olvidar.

Se hace necesario ignorar los hechos para no perturbar ‘’tu verdad’’. Inventar, reescribir, acomodar… mentir.

Dijo Juan Domingo Perón que la única verdad es la realidad y esto resulta muy sencillo por complicado que parezca. La realidad es una, aún cuando la percepción de la misma no lo sea. Quien pretende ignorarla acaba tropezando con ella y por más que quiera negarla, la realidad se impone.

Eso fue lo que les pasó el 11 de abril de 2002 cuando salieron con sus banderas a defender la mentira y se toparon con un pueblo que les mostró la realidad. Yo me pregunto: ¿Por qué si ellos defendían la verdad, no salieron y se enfrentaron al pueblo? ¿Por qué corrieron y se encerraron en sus casas? ¿Por qué no cuestionaron el hecho de que sus canales de televisión, en lugar de informarlos, les regalaron comiquitas de Tom y Jerry?

Lo mismo les pasó en el referéndum del 2004, con sus millones de firmas, con sus multitudes hartas de la tiranía. Y el grito de frrrrraude de la coordinadora democrática, y las pruebas que nunca llegaron. Frrrrraude gritaron ellos sin exigir a sus líderes que entregaran las pruebas que les darían la razón. Y les volvió a pasar en las elecciones del 2006.

Pero algo pasó en el 2007 que hace que me pregunte si en verdad ellos se creen las mentiras que les dicen o es que voluntariamente participan de ellas.

Resulta que ganaron, por una mínima diferencia, pero ganaron. A pesar de que juraban que sería una victoria abrumadora, ellos no se lo terminaban de creer. No tenían planeada una celebración para su primera victoria en nueve años. Por pequeña que fuera la diferencia, ganaron, peor aún, según ellos, detuvieron el amenazador avance del comunismo, pero sospechosamente no pudieron celebrar.

La realidad los desenmascara, los convierte en cómplices por lo que, ante mis ojos, dejan de ser víctimas inocentes de la manipulación mediática, en el mejor de los casos son víctimas voluntarias porque les conviene creer, necesitan hacerlo.

Así, creyendo lo que les conviene, defenderán las causas más innobles son sus caritas de yo no fui, de patriotas conscientes, de gente de bien. Seguirán negando a su pueblo, porque ese pueblo representa a la realidad que los abofetea cada día, por mucho que pretendan ignorarla.

Cual Sherlock Holmes creo haber resuelto un enigma que me perseguía hace años. ¿El motivo? El mismo de siempre, el egoísmo que genera el creerse un individuo ajeno e independiente de la sociedad en la que se vive.

Elemental, mi querido Watson.



domingo 27 de abril de 2008

Un insulto halagador




La necesidad de agredir a Chávez, por parte de la oposición, los ha obligado a recurrir a todo tipo de calificativos que, en la medida que los van lanzando, los coleccionan, los entrelazan con guiones, les ponen sal y se los comen.


Yo no puedo evitar la risa cuando leo algunos de estos calificativos encadenados como: autócrata-narco-FARC-comunista. Al final estos insultos me recuerdan a los Pokemon, un montón muñequitos que se transformaban en otro más grande y más fuerte y que todos los niños coleccionaban y repetían los sus quinientos nombres al caletre como si fuera una cosa importantísima.

Después de diez años de intenso uso de estos epítetos, los periodistas se empiezan a sentir una especie de desgaste creativo, pero siempre hay alguno que, como lo hizo esta semana Andrés Oppenheimer, sacan de la manga perlas como esta: ‘’Chávez el narcisista leninista’’. Eso, señores, es talento literario.

De esa larga cadena de insultos, el favorito de todos los tiempos es ‘’populista’’, y es aquí donde se les nota la costura.

Es que la democracia que estos paladines de la libertad defienden a fuerza de insultos y mentiras, funciona de esta manera: el pueblo vota por un presidente que luego gobierna de espaldas al mismo. El pueblo tiene la palabra, por unos brevísimos instantes, una vez cada tantos años y ese momentito de expresión les termina costando demasiado caro. Votar los convierte en responsables de los desmanes que cometa el presidente, y este no duda en recordarles que fueron ellos quienes lo eligieron, pero a su vez, sufre de amnesia crónica a la hora de representar dignamente al pueblo que lo confió en él.

Todavía tengo fresca en la memoria la imagen televisiva de Carlos Andrés pidiéndonos sacrificios, como si un pueblo saqueado todavía dispusiera de algo más para sacrificar. Recuerdo a Lusinchi y a su Abogada exprés, recuerdo a los corruptos huyendo a Miami y regresando varios años después cuando prescribían sus delitos, mucho antes de que sus víctimas dejaran de padecer las consecuencias de los mismos. Recuerdo la impotencia que me llevó a irme de mi país, recuerdo la desesperanza de la mayoría que no se fue, recuerdo el cinismo, la soberbia, el irrespeto… y mis recuerdos solo comienzan en el año 83, que es cuando decidí lanzarme a la vida porque me había llegado la hora y no porque no tuve más remedio. Recuerdo con dolor el impacto que me produjo descubrir que nuestro futuro se lo habían robado.

Por eso me alegra tener un presidente populista. Nunca un intento de insulto fue tan halagador. Es que gracias a su populismo veo como la gente recuperó la esperanza, veo cómo nuestros niños crecen en un país distinto al que me tocó crecer a mi, veo como su futuro está allí y se presenta bueno, veo que no van a tener que recordar tanta miseria regalada por tantos hombres con corbata, sonrisas ensayadas y palabrerío rococó.

Mi futuro y el de mi generación nos ha llegado con retraso pero mi presi nos lo devolvió. Y eso nunca lo voy querer a olvidar.





lunes 21 de abril de 2008

Que me implementen el curriculum ¡ya!

Alerta del frente de damas indignadas por todo lo que haga el gobierno.


Ahogada de ira, una vez más me veo en la necesidad de denunciar como este gobierno ilegítimo abofetea a la gente decente de este país.

Hace algunas semanas nos amenazaron con la implementación arbitraria de ese esperpento que ellos llaman curriculum bolivariano. Como primera medida para sembrar el terror entre la población, suspendieron las clases durante una semana completa, obligándonos a buscar niñeras de emergencia, campamentos vacacionales improvisados y todo tipo de soluciones tiradas por los pelos para no tener que soportar a nuestros terribles tesoritos, porque bien sabe el tirano que no hay nada más desestabilizador para el seno familiar que unos niños en vacaciones.

Frente a esta terrible amenaza, como buenas luchadoras incasables, las damas de este heroico y elegantísimo frente nos dispusimos a organizar todo tipo de actividades para derrocar a esta dictadura narco-castro-FARC-evo-correa-comunista.

Mandamos a imprimir pancartas, franelas y, por supuesto, banderas al revés. Colocamos anuncios en la prensa para movilizar a la sociedad civil, desempolvamos nuestras cacerolas de teflón y revivimos nuestro tan emotivo lema: Con mis hijos no te metas.

Teníamos todo listo para poner al rrrégimen aplastado contra la pared. ¿O debería decir paredón?

El inquilino de Miraflores, mostrando su usual cobardía y su desprecio por el trabajo ajeno, nos ha dejado con los crespos hechos al posponer, de manera arbitraria, la implementación del bodrio hasta el año que viene. Como bien sabemos, queridas compañeras de sesiones de Botox, nuestros crespos son de diseño, carísimos y elaborados, previa cita, por estilistas sensibles incapaces de soportar tamaño desplante.

Ahora habla de debate, cuando hemos dejado bien claro que nosotros no tenemos nada que debatir con gente de baja ralea, que somos quienes decidimos por todos ya que somos la clase educada y trabajadora de este país. Ya lo hemos dicho mil veces: los derechos no se negocian, y los privilegios menos.

Todos sabemos perfectamente bien que la izquierda y los derechos no son compatibles.

Como si nos sobrara el tiempo, el vil rastrero, pretende obligarnos a leer las no se cuantas páginas que componen ese disparate curricular. Pues prefiero morir mil veces ante que posar una sola de mis uñas postizas en un documento diseñado por cubanos lavadores cerebros.


Además, qué va a decir allí que ya no sepamos: que Fidel es bueno, que el comunismo también, que ser rico es malo, y que Bart Simpson es un mal ejemplo para nuestros pequeños. Imagino que serán capaces hasta de decir que Santa Claus es un invento de la Coca Cola.

Nos toma por tontos al sugerir con voz de corderito que aportemos ideas. Nuestras ideas son solo para nuestro beneficio y jamás, oigase bien, jamás aportaremos nada que pueda ayudar a este autócrata a perpetuarse en el poder.

Si pretende este señor, que se dice presidente de todos, que esperemos hasta el año que viene para marchar y tumbarlo, pues es mi deber decirle que está, como siempre, muy equivocado. No nos van a detener, necesitamos un detonante para la explosión social que se avecina, por lo tanto exigimos al cabecilla de esta banda de pillos que se dicen ser el gobierno, que implemente, forzosamente, el nuevo curriculum ya!

Dignas señoras encrespadas de este nuestro hermoso y temporalmente oprimido país: Convocad a vuestros estilistas, retocad vuestros crespos, afilad vuestras uñas perfectamente manicuradas y preparaos para la marcha final. Porque este nuevo curriculum, o lo implementa el gobierno o lo haremos nosotras en nuestros colegios como un heroico acto de desobediencia civil.

¡Curriculum Bolivariano ya!

(Dios mío, las cosas que nos obliga a decir este rrrégimen…)



Atentamente,

Marifer Popof

Presidenta del frente de damas indignadas por todo lo que haga el gobierno.




martes 15 de abril de 2008

Chávez y Fernández celebrando y sabroso




El domingo fuimos a celebrar con mi presi el Día del Bravo Pueblo, Julio Fernández Baraibar y yo, Carola Chávez.


Para ambos fue la primera vez y como toda primera vez era un poco inquietante.

Yo no sabía lo que iba a encontrar ya que mi conocimiento sobre estas cosas se limitaba a lo que recibía desde la tele y otros medios del gobierno y la oposición.

Llegué convencida de que encontraría un termino medio de aquello que había visto, leído y escuchado. Supuse que esperando solo eso no habría desilusión posible.

Julio iba disfrazado de argentino que va a una marcha chavista: zapatos de suela, pantalón elegante, camisa clara, fresca y bien planchada y un sombrero de pajilla tipo turista que visita Panamá en los años cuarenta. Yo iba disfrazada de mi: Peto azul, franela blanca con corazones rojos brillantes, zapatos y coletas moradas y cara de no puedo más con tanta felicidad y anticipación.

Caminamos, el argentino chavista y la venezolana peronista, desde la Plaza Altamira, bastión del fracaso opositor, hasta un restaurante que en su día fue barato y que ese domingo hizo que Julio tuviera que pedirme veinte bolívares para completar el pago de la cuenta.

Creo que jamás comimos un pulpo a la gallega y camarones al ajillo más caros en nuestras vidas.

Desplumados seguimos caminando hasta la estación del metro en Chacaito. Subimos a un vagón donde nadie iba de rojo, por lo que mi corazón se arrugó del miedo pensando en los titulares de la oposición.

Al llegar a Capitolio se abrieron las puertas de nuestro descolorido vagón para lanzarnos en una multitud roja rojita donde los insípidos éramos el argentino y yo.

Un hormiguero rojo era aquello y yo, deslumbrada, solo supe preguntar como una tonta a un vigilante por el camino a la concentración. El hombre, sonriente, me dijo: señora, salga por la puerta que quiera, que estamos por todas partes.

Los vigilantes del metro no mienten, la calle estaba roja por todos lados. Había gente con banderas, había niños, viejitos, una señora con sus piernas flaquitas por un polio de esos que regalaba el descuido de los gobiernos anteriores, había perros callejeros, vendedores ambulantes, música en cada esquina, había una alegría que no solo se reflejaba en las sonrisas de todos, sino también en el sabroso tumbao con el que caminábamos. Parecía por momentos la fila de conga más larga del mundo. Había canadienses que fueron a ver como su tele los engañaba, europeos alucinados que abrazaban a esos negros sudados y entre contentos y buscando cicatrices de torturas o algún síntoma que denotara la represión que tanto claman su periódicos. Había, señoras y señores, gente del Este como yo.

Como en toda buena fiesta venezolana, había cerveza. Yo recordé conciertos callejeros de mi no tan lejana juventud, y temí por un desenlace a puños. ¡Coño!, pensé.

Pero no dejé de bailar, y Julio tampoco pero a su muy tanguero modo. El estaba tan feliz, yo estaba tan feliz, que no fui capaz de corregirle: Julio, dobla las rodillas, no menees los hombros así, más tiesito de aquí, más sueltico de allá...

Naaaa, Julio estaba tan feliz, yo estaba tan feliz… Además, tal vez un día, el baile sea un tango y la que doble mal las rodillas termine siendo yo.

Caminábamos hacia la tarima donde hablaría mi presi, eran casi las cuatro de la tarde y la fiesta había empezado a las diez de la mañana. Coño, tanta cerveza pensaba yo...

No se cómo ni cuando subió mi presi a la tarima, solo se que los gritos de la gente me hicieron gritar a mi. El ruido era tremendo y, de repente, en medio de aquel barullo, empezamos con mi presi precioso a cantar el himno nacional.

Miren amigos que yo he cantado el himno muchas veces en la vida, pero jamás como ese domingo. Cada palabra que salía de mi boca tenía sentido, cada una de ellas las decía con orgullo y convicción. El corazón me rebotaba como loco y yo como loca canté sin reparar en mi amigo argentino que segurito no se sabía el himno nacional de aquí.

Ya se lo enseñaré un día y a ritmo de salsa a ver si matamos dos pájaros de un tiro.

Cuatro y diez de la tarde, mi presi toma la palabra y promete ser breve. Su pueblo que lo conoce dice ¡NOOOOOO! para que hable mucho, y lo dijimos por decirlo porque él sabe que queremos escucharlo, que por nosotros puede hablar tres días seguidos si quiere...

Cuando mi presi habla, como por arte de magia toda la calle se calla. Todos quieren escuchar, y si a alguien se le ocurría abrir la boca, todos alrededor decían: ¡shhhhh! esta hablando mi comandante.

Cuando yo vi esto me di cuenta de que algo muy grande había pasado con mi gente. Lo supe desde mi venezolanidad bochinchera, ruidosa e irreverente. La gente, toda, prestando atención a nuestro presi y él diciendo cosas que no merecían menos que toda nuestra atención.

El efecto de las cervezas, aparentemente, se evaporó a punta de baile. Mis temores fueron borrados de un porrazo a punta de buena conducta y educación.

Algún incidente hubo, claro, en una multitud es inevitable. Una muchacha que iba pasando se detuvo delante de un hombre y le gritó en la cara: ¡Tu eres un escuálido! ¡No puedes estar aquí, falta de respeto!. La gente le preguntó qué era lo que pasaba y ella, temblando de rabia, dijo: ‘’Un revolucionario jamás le agarraría sin permiso una nalga a una mujer, ese es un escuálido y no debe estar aquí’’. El abusador no sabía donde meterse ante las miradas de reproche que en otros tiempos hubiesen sido de aprobación.

Y es verdad, un revolucionario respeta a las mujeres, y eso hemos aprendido todos. Eso y tantas cosas más.

Chaburros nos llaman los opositores que cuando marchan vandalizan la ciudad de todos, chabestias nos dicen a la vez que insisten en que no existimos. Según ellos no estuvimos el domingo allí, según ellos el trece de abril no existió.

Pero es ese justamente su problema: existimos. Y por eso hubo un trece de abril para su asqueroso once, por eso Caracas se tiñe de rojo vida para celebrarlo, por eso ellos en sus medios prefieren seguir negándolo.

Al final mi presi con nosotros gritamos ¡Venceremos! Y así será porque ya estamos venciendo un poco cada día.

Fernández y Chávez regresaron en metro a la Plaza Altamira y como en una peli de ciencia ficción, allí no había pasado nada. Los pavos con sus peinados fashion comían hamburguesas, las señoras de pechos operados tomaban capuccinos después de salir de misa en el Don Bosco y Julio y yo, felices y cansados, nos despedimos hasta la próxima mezclándonos entre la gente que niega nuestra existencia.




lunes 7 de abril de 2008

Mejor no pensar... sueña.




Hay cosas que por repetitivas se vuelven tan cotidianas que al final acabamos por aceptarlas.


Un barrio, por ejemplo, es una montaña que podía ser verde como el Avila, pero que ahora es fea, llena de ranchos, y éstos no son mas que fachadas sin contenido. La gente, de tan acostumbrada que está de verlos, apenas nota que en sus ventanas cuelga ropa, ropa de personas que la usan. Generalmente hay mucha ropa de niños, pero casi nadie lo nota, porque de hacerlo tendrían que pensar en esos muchachitos que crecen en esa montaña tan fea, y pensar complica las cosas, así que nada, compra un tostón en la cola de la autopista, sube la radio y sigue. Mejor no pensar...

Una vez en casa la televisión nos reparte imágenes de niños preciosos, gorditos, sanos, corriendo por la sala de una casa espaciosa y llena de juguetes. Da la impresión que así son todos los bebés. Todo es maravilloso hasta que, en el noticiero, otros niños, negritos, con moscas en la cara, ojos desorbitados, con una manita que se rebela contra lo inevitable aferrada a la bata de una mamá que ya no llora,. Otra vez la sequía, otra vez la hambruna, ¿o era una guerra? O un golpe de estado. En fin, otra vez los mismos negritos padeciendo los mismos males de toda la vida. ¿Por qué mueren esos niños? Mejor no pensar…

Hay guerras eternas que ya dejaron de importarnos. Nada tiene de novedoso un niño moreno, narizón y de ojos grandotes que nunca más se van a abrir. Una vez lloramos por ellos, pero ya, de tan visto, dejó de ser noticia. ¿Qué culpa tengo yo de esa guerra tan lejana? Mejor no pensar…

Aplaudimos conmovidos por actos asquerosos que te presentan con un titular atado con lazos, palomas de la paz, y con musiquita de esa que hace correr las lágrimas: Ahmed, huérfano, mutilado y quemado por bombas de la coalición que lo vino a liberar del malvado Saddam, es llevado a Londres donde lo van a operar, le regalarán piernas y brazos plásticos, un teléfono celular, tarjetas firmadas en inglés que le desean ‘’get well’’. ¿Y por qué un niño que tenia familia, que nació completico, necesita ahora de tanta generosidad ajena? Mejor no pensar…

Y justo cuando estás en pleno no pensar, el noticiero te brinda un espacio maravilloso para cerrar: ‘’Estilo’’, así suele llamarse. Este espacio es como un extractor de neuronas y un borrador de sensibilidades. ¿Sufriste mucho con el negrito moribundo? No te preocupes, mira este spa en las islas Seychelles, exclusivo, solo para quienes pueden mimarse a todo trapo. Y ahí si piensas en que quieres llegar allí, que debe ser delicioso ese masaje con aceite de ballena y esencia de Yoki Yoki. Y corres a conectarte en internet, y buscas qué carajo es Yoki Yoki, y ubicas las islas carísimas, y te aprendes de memoria los precios, vuelos, conexiones, alojamientos, te aprendes hasta que la arena blanca es rosada y que acaricia tus pies al andar.

Desconectas y te vas a soñar.



viernes 4 de abril de 2008

De muerte lenta





La salud es un caro privilegio en el sistema capitalista, tan caro que te puedes morir arruinado, y acabar luego de una vida más o menos exitosa, convertido en un autentico cadáver fracasado.

Puedes, eso si, hacer que las empresas que proveen servicios de salud terminen siendo un éxito financiero, todo con el dinero que iba a heredar tu hijo, con el que hubiera podido pagar tu entierro.

Supongamos que trabajaste toda la vida, fuiste ordenado, compraste una casa para asegurar el futuro de los tuyos, pagaste un seguro de salud para evitar encontrarte un día, moribundo en terapia intensiva, mirando como tu futura viuda revisa desesperada el monedero a ver si le alcanza para pagar tu próximo suspiro.

Hay que prevenir para luego no lamentar. Lamentablemente eso es una gran mentira que te dice el corredor de seguros para cobrar su comisión y pagar su camioneta.

Llega el día que tienes setenta y seis años, tu hijo, gracias a Dios tiene una carrera, tu mujer, gracias a tu esfuerzo tiene una casa, y tu, gracias a la mala suerte tienes cáncer. Menos mal que tenemos seguro mi amor, ya verás que todo estará bien,

Pues no, no estará bien, tu cáncer es de los malucos, los que se ensañan con cada célula de tu cuerpo, los doctores lo saben y sacan cuentas: vamos a ponerle este tratamiento que se aplica cada tres días y cuesta doce mil cada dosis. La vida humana no tiene precio.

Si es tan caro debe ser una maravilla, además tenemos seguro.

Seguro está el infierno, debería ser el lema de estas empresas.

Si señora la cubrimos, pero ya su cuota de gastos está llegando al máximo, mire que su marido le ha dado por entrar y salir de la clínica con más frecuencia de lo que nuestras estadísticas han calculado como normal y rentable. Ya sabemos que han pagado durante los últimos quince años, pero esto señora, es un negocio, no una fundación de beneficencia. Deje de llorar señora que con suerte su marido muere pronto.

Los doctores acechan al moribundo, ya el seguro venció, lo que puedan sacarle es para ellos y la respiración asistida es un prolongador de vida excelente. Cada día varios miles y miles más, ¿o debería decir menos?

La cuenta sube, el moribundo no muere. El futuro huérfano es desheredado. Heredan doctores que apenas conocieron al desdichado que ya ni batalla contra la muerte porque hace tiempo que no quiere vivir.

Sufre dolores, sufre la angustia de ver como todo se lo van llevando: su casa, su tranquilidad, y, lo peor, su dignidad.

Hoy murió un buen hombre, murió como un pollo desplumado.

Hay unos doctores que viajarán a Europa con lo que el pobre les dejó en herencia forzosa. Hay una empresa de seguros que a finales de años presentará a sus accionistas un reporte de dividendos delicioso. Hay una viuda que busca trabajo, hay un huérfano que no entiende qué pasó.



viernes 28 de marzo de 2008

Plaza de Mayo, Plaza Altamira ó la oposición globalizada.


Suenan las cacerolas, su tlaca, tlaca desafiante llena toda la plaza, CNN es testigo del clamor de ‘’todo un pueblo’’, cansado, hambriento, acorralado por un gobierno maluco.
Señoras que sin piedad abollan sus cacerolas, artefactos que a su juicio solo sirven para tumbar gobiernos. Sus hijos, estudiantes fashion, con ese trabajado ‘’look al descuido’’, sus maridos con el nudo de la corbata medio desatado para aliviarse de un largo día en la oficina, todos en la plaza, todos lindos, todos clamando en primera persona que representan al pueblo.


Por internet circulan convocatorias heroicas con instrucciones precisas, usemos este viernes camisas verdes para que vea el gobierno que somos muchos, ¿O eran negras las camisas? Da igual, camisas uniformes que representan un lema que no los representa, pero suena lindo, solidario. Mamá ¿Qué es solidario? Nada mi niño, calla y cacerolea…

¡Vete ya, fuera fuera, el pueblo te desprecia, libertad!… Tengo hambre, vamos al Mc Donalds de la esquina… ¡¡¡Volveremos!!!


Y vuelven con sus looks fresquito por una noche de buen sueño, con sus cacerolas nuevas que parecen decrépitas de tanto golpe que ha llevado, golpe, golpe, nunca un guiso, jamás un pollo… tlaca, tlaca, tlaca…

El pueblo por un lado, lejos de las cámaras de CNN, miran a quienes usan su nombre en vano. Algunos del pueblo se acercan a ver que es lo que dicen estos, y ellos, con sus pancartas que dicen ‘’Yo soy el pueblo’’, corren aterrados de ¿si mismos?.

En Altamira al pueblo les llaman ‘’niches’’ en la Plaza de Mayo son más frontales y les dicen de plano ‘’negros’’. Pero se tragan su asco y su orgullo con tal de lograr su objetivo. No llores mi niña rizos de oro, que no eres pueblo, eso solo lo decimos para que crean.


El mundo se impregna con desfasadas imágenes de un pueblo vestido a la última moda que, se supone, está muriendo de hambre por culpa de un gobierno tirano. Habla inglés ese pueblo para que el mundo escuche su desesperada súplica de ayuda.

La globalización abarca todo, incluso las protestas. Si comen lo mismo, oyen la misma música, ven la misma tele, calzan los mismos zapatos y miran todo a través de sus lentes Christian Dior, ¿Por qué no iban a protestar de la misma forma, con el mismo objetivo?

Miraba las noticias de la Plaza de Mayo y si no fuera por el color de la bandera que sacudían los caceroleros, hubiera pensado que era la Plaza Altamira. Es la misma película, los mismos actores, la misma Patricia Janiot con cara de vampira regocijada ante un platico de morcillas crudas.

Nosotros ya vimos esa peli y sabemos lo que viene luego, sabemos que sus consignas son frases prefabricadas que se traducen según el lugar en donde se deban gritar. Colores para pseudo revoluciones fotogénicas, nada como la gente linda en pantalla para vender jabón, hamburguesas e ideas lava y listo made in the USA. Y usan a gente linda porque el pueblo a quien dicen representar les parece feo.

Hay plazas en todas partes, sifrinos aquí, tilingos allá, pijos más allá, son los iguales en todos lados: con las mismas ropitas, con los mismos logos, con la misma actitud de yo se lo que al pueblo ignorante le conviene porque yo si fui a la universidad.


Es la globalización de la protesta hueca.

Mientras haya una plaza, cacerolas, gente fashion, y un gobierno que moleste a los intereses del capitalismo, habrá revoluciones technicolor transmitidas por CNN.

Mientras haya pueblos que no se reconozcan en los noticieros enlatados, que sientan que su gobierno es de ellos y para ellos, mientras sepan por qué luchan y por ello permanezcan unidos para lograr sus metas, no habrá cacerola, ni camisita de color uniforme, ni slogan, ni muchacha bella, ni noticia prefabricada, que pueda con ellos. Simplemente no habrá en el mundo fuerza capaz de detenerlos.




viernes 21 de marzo de 2008

Noticias con glutamato y amarillo #5.




El
comfort es una de las obsesiones de los gringos y uno de sus principales productos de exportación. Desde los tiempos de los Picapiedras soñaban con vivir como los Supersónicos, con casas llenas de botoncitos que hicieran todo por ellos. Un botoncito amarillo, pollo frito con puré y maíz; otro verde, ropa lavada y planchada; uno morado, robotina que barre, pasa el coleto y lava los baños.

En el camino a esa vida en la cual un dedo será un apéndice vital, se han ido simplificando muchas cosas, y en la medida que adoptamos ese estilo confortable de vida, vamos siendo cada vez más inútiles y dependientes.

En tiempos no muy remotos, para mandar una carta había que ir al correo y lamer una estampilla que sabía a estampilla. Para llamar por teléfono a tu mamá, había que llegar a casa y discar el número completo, por lo que, o tenías buena memoria o tenías una libreta escrita a puño y letra con todos todos un montón de datos ordenados en forma alfabética. El sofá tenía que estar cerca de la tele porque no había como cambiar de canal sin tener que levantarte, aunque algunos lograron un envidiable dominio del dedo gordo del pie, con el que no solo cambiaban de estación sino que subían y bajaban el volumen y alcanzaban la bolsa de papas fritas que estaba junto al televisor. Los carros, por increíble que parezca, no tenían portavasos así que el conductor y los pasajeros se veían en la obligación de sujetar entre las piernas, de manera precaria, sus bebidas durante todo el trayecto. Para comer había que cocinar.

Un día nos descubrimos desayunando apurados en un local de comida genérica y nuestros ojos brillan al notar que no hay que lavar los platos, que se tiran a la basura, que no salió tan caro y que además te dan la comida rapidísimo por lo que no llegas tarde a donde ibas. Al mediodía tienes que volver, es que comer es una de esas cosas que deberían ser optativas ya que quita tiempo y engorda. En estos comederos sintéticos por lo menos no pierdes tanto tiempo haciendo esas cosas tan naturales y primitivas que no te permiten ser un hombre moderno.

El comfort es síntesis.

En lugar de teta, tetero; en vez de sopita, compota; para cocinar, descongelas en el microondas, si sale un buen libro, esperas la película… y así con todo: el amor, unos buenos polvos, el matrimonio, mientras dure el amor; la verdad, lo que salga en la tele; la tele es la escuela, la guía, la agenda, la que te libera del fastidio de tener que pensar.

El comfort es liberación.

Nos volvemos perezosos, todo lo que quita tiempo estorba, el tiempo es oro y el oro compra cosas y si las compras haciendo clic ganas tiempo para obtener más oro para hacer más clic.

En medio de tanto apuro, vienen y nos dicen que vivimos en la era de la información y la gente se pregunta: ¿en qué tiempo se va uno a sentar a informarse si de casualidad tenemos tiempo para comer una hamburguesa con papas plásticas que gracias a glutamato de monosodio saben a comida y no a cartón?

Pues las empresas de información, al detectar la necesidad de síntesis que se impone y la conveniencia de que la gente les permita pensar por ellos, se transformaron en proveedores de noticias predigeridas.

La línea que separaba los hechos de las opiniones se borró, tímidamente al principio, hasta llegar al desparpajo de hoy. Y es que con ese no tener tiempo para pensar dejamos una puerta abierta, peligrosamente abierta, por donde se cuelan medias verdades que construyen grandes mentiras, ideas que no son nuestras y que atentan contra nosotros mismos, necesidades que no teníamos y que ahora nos son vitales.

Al mejor estilo del Conde Drácula, los medios privados nos vampirizan. Nos seducen, nos llaman inteligentes cuando saben tenemos las neuronas anestesiadas, nos hacen sentir distinguidos cuando, para ellos, somos gente del montón. Nos regalan titulares escandalosos que nada tienen que ver con el contenido de la noticia, nos auguran desastres que nunca llegan, nos atemorizan, nos convencen que solo con ellos podremos salvarnos y, para colmo, nos convierten en vampiritos propagadores de esa epidemia desinformadora.

Justo en la era de la información y de la comunicación es cuando estamos más desinformados e incomunicados. Y pensar que la información está frente a nuestras narices, que para poder acceder a ella, en muchos casos, lo único que tenemos que hacer es saber buscarla y apretar un botón.

¡Clic!




miércoles 12 de marzo de 2008

Método sencillo para ser un capitalista de buen corazón




El capitalismo es un sistema aberrante, no hay más que asomarse a la ventana o a la pantalla de la tele para darse cuenta de esto, pero hay gente buena que defiende este sistema con toda el alma y aún así creen que conservan el alma impoluta. Claro, esto si es que el alma existe, pero esa es otra discusión.

Cuando veo a unos padres con ese aire de éxito que se compra en tiendas caras, con sus niños vestiditos con marcas por todas partes, con zapatitos mínimos que cuestan un sueldo ídem, con cochecitos que pueden costar lo mismo que una moto, con más juguetes de los que esas manitos pueden sostener, no puedo dejar de preguntarme si cuando miran a su alrededor no sienten un pellizquito de remordimiento.

Pues como soy preguntona he ido indagando y he descubierto que tienen un método muy simple para no permitir que las miserias de otros empañen su felicidad perfecta.

Todo comienza con el individualismo: esta, según me han explicado, es una gran virtud. Resulta que aprendieron que todo se puede lograr con solo proponérselo, que quienes ‘’triunfan’’ lo hacen porque quisieron y se fajaron contra viento y marea, y quienes ‘’fracasan’’, simplemente, no se han esforzado.

Permítame el lector una pequeña explicación de los términos triunfo y fracaso según estas personas.

Triunfo: tener más dinero que sus vecinos y que se te note.

Fracaso: que se note a leguas que no tienes dinero.

Porque el dinero, en el capitalismo, lo es todo.

Claro que como no todo es blanco y negro, por momentos se encuentran nuestros capitalistas de buen corazón en situaciones que merecen agregar algunos elementos anestésicos de conciencia. En estos casos entran en juego los eufemismos, la estadística y las ONG’s.

Los eufemismos: Se usan para que algo horrendo no lo parezca tanto. La pobreza, por ejemplo, se le achaca a la suerte al llamar a los pobres ‘’los menos afortunados’’. Como es cuestión de fortuna te liberas de la responsabilidad. En fin, duermes tranquilo encerrado en tu apartamento con aire acondicionado, mientras muchos otros con mala suerte tratan de dormir con la barriga vacía. La vida es una ruleta.

La estadística es una maravilla: borra caras de gente y las convierte en números. Cuando hablan de un tanto por ciento de desempleo, no ven a un padre que no tiene cómo alimentar a sus hijos, ni a una madre que llora angustiada, ni un niño que no va a la escuela porque no tiene zapatos. Cuando se trata de ingreso per cápita, peor, pareciera que todos ganamos más o menos lo mismo, solo que los menos afortunados, además de mala suerte, tienen mala cabeza para administrarse.

Las ONG’s son apaciguadores de conciencia muy efectivos. El mundo está lleno organizaciones dedicadas a ayudar a los menos afortunados. ¿Casualmente? éstas organizaciones nacen justamente en los países ricos. ONG’s pidiendo a gritos, desde la devastada Europa, salvar el Amazonas. Otras que te enseñan que con solo diez euros pueden vacunar a cuarenta niños en Africa que de otro modo morirían de mengua. Unas claman por los derechos humanos desde el corazón mismo del monstruo que convirtió nuestros derechos en reveses.

Adoptemos negritos sin llevarlos a casa, salvemos los peces de la costa de Madagascar porque los nuestros ya nos los comimos. No maten a ese elefante, que gente sobra en el Africa y paquidermos quedan pocos, que le quiten el velo a esa niña musulmana, que el sombrero de la judía se quede donde está, que no coman titis los yanomamis y que de paso aprendan a rezar, que no practiquen el sexo que se contagian de sida y las medicinas son tan caras que se van a morir, que nada de sexo, que no tengan hijos, que les vamos a enseñar a cuidarse para que no haya mas pobres... Por solo diez dólares al mes compras la certeza de estar arreglando al mundo.

Y es que la pobreza tiene que tener sus causas y estas no pueden ser culpa de ellos. Ellos ayudan, dan trabajo a la gente, les pagan poco pero pagan lo que estipula la ley. Y aquí entran en juego las leyes, maravillosas herramientas para lograr un efectivo despojo de culpas.

Existen dos tipos de leyes, las que se cumplen al pelo y las que se interpretan a conveniencia. El salario mínimo legal es el que es y no se paga ni un solo centavo por encima de lo que diga la ley. Si no le alcanza el sueldo a Juan no es mi culpa, que vaya y le reclame al gobierno. Si la ley dice que los impuestos sobre la renta son el tanto por ciento de los ingresos, pues, allí empiezan a interpretar que significa la palabra ingresos, y que significa tanto por ciento, y van acomodando hasta que les cuadre la ley justo a su medida.

La ley les alivia el peso de su mezquindad.

Esto nos lleva al último elemento a tener en cuenta en este sencillo método: La conveniencia: así como aplican la ley cómo y cuándo les conviene, hacen uso del individualismo de la misma manera. Cuando ellos, solitos con su conciencia, se encuentran con la posibilidad de tomar decisiones que apunten a ser más justas, van y apelan a una ley ‘’colectiva’’ que las tome por ellos.

Es fácil ser un capitalista de buen corazón, con no pensar tienes.





miércoles 5 de marzo de 2008

Chávez me robó mi patria, entre otras cosas.

Alerta del frente de damas indignadas por todo lo que haga el gobierno.


Yo nací en la ciudad de los techos rojos, cuando de esos techos rojos no quedaba ni una teja, en la ciudad de de la eterna primavera, de la cual no queda más que la bella y delicada jardinería de la Plaza Altamira, último bastión de la decencia en este triste despojo de país.


Yo era venezolana de pura cepa cuando tenía un pasaporte diplomático aun sin haber pertenecido nunca al cuerpo consular. Yo era venezolana, y lo decía con orgullo, cuando surcaba los cielos del mundo en aviones la otrora gloriosa PDVSA. Yo era venezolana cuando tenía el poder de decidir por todos y por supuesto, decidía solo para mi.

Yo era venezolana cuando Bolívar era solo una voz de barítono que decía frases aisladas que uno podía interpretar a su antojo, cuando teníamos siete estrellas, un caballo diestro, y la sartén por el mango.

Hoy, mis queridas compañeras de capuccinos doble mocca, no tengo patria. Así como lo escuchan: El inquilino de Miraflores, no conforme con robarnos todos nuestro privilegios, nos ha robado el orgullo de ser venezolanos.

¿Quién iba a decirme a mi que acabaría siendo compatriota de un Jairo Restrepo cualquiera? Porque lo del Rey Juan Carlos era más fácil de tragar, la nobleza llama.

Pero compartir el sentimiento patrio con quienes desde siempre fueron nuestros carteristas, buhoneros y sirvientas es demasiado para una mujer de mi condición.

Es terrible tener que escuchar vallenatos y pretender vibrar de emoción, porque una cosa es el Alma Llanera interpretada por Ray Conniff y otra muy distinta son esos acordeones destemplados que tocan allá. Es horroroso fingir que no sabemos que Uribe es un narco recién vestido, sin abolengo, sin tatarabuelos próceres, sin propiedades bicentenarias heredadas a punta de sangre noble y sudor de negros muertos de hambre.

Yo casi que no puedo más.

Hoy soy colombiana, señoras, no tengo más remedio que serlo. Como ayer fui más española que la mismísima Isabel Pantoja y como siempre he sido estadounidense republicana y bushista.

Aún así me veo obligada a portar documentos de un país que no me representa porque ya no es mío. Vivo sometida sufrir el escarnio de presentar un asqueroso pasaporte que me identifica como ciudadana de una replubliqueta dizque bolivariana en las taquillas de inmigración de países decentes, cultos, civilizados.

Esto es un atentado contra los privilegios humanos. Si, como lo oyen, los privilegios humanos. Porque mucho se habla de los derechos humanos que a nosotros, por haberlos disfrutado desde siempre, nos importan un comino. Cuanta alharaca cuando se atropella uno de esos derechos baratos y cuanto silencio cuando se nos arrebatan nuestros privilegios.

No existe organización alguna que levante la voz para condenar este atropello. Solo contamos con nuestros medios de comunicación, mientras no nos los quiten, con el grupo Prisa, con CNN, con Fox, con la conferencia episcopal, con el Departamento de Estado, con George W... pero ¿y si gana el negro demócrata?

Alerto al pueblo norteamericano sobre los efectos nefastos de dejarse gobernar por un negro, mírense en nuestro espejo: sin patria, sin dólares, despojados de los más esenciales privilegios.

Y sepan mis compatriotas del gobierno colombiano que estamos con ustedes, que cuentan con nosotros, porque hace tiempo que dejamos de sentir que este pedazo de tierra nos pertenece y si no puede ser nuestro, pues, de esos negros resentidos tampoco lo será.

¡Que viva Colombia!
¡Que viva Santander!
¿Viva la cumbia?

Colombianamente,
Marifer Popof
Presidenta del frente de damas indignada por todo lo que haga el gobierno.



viernes 29 de febrero de 2008

Soy rebelde porque me da la perra gana ¿Y qué?





La rebeldía se manifiesta de muchas maneras, por lo que no siempre ser rebelde es una cualidad. Imagino que habrá distintos niveles de rebeldía según distintos niveles de conciencia.


Hay niños que meten el dedo en el enchufe solo porque su mamá les dijo ‘’caca’’ y ‘nada más rebelde que cagarse en cada ''caca'' de mamá. Hay adolescentes que expresan su rebeldía explotando con sodio las pocetas en su colegio para luego encontrase corriendo al monte de al lado, víctimas de un un cólico repentino.

Luego hay otros, de todas la edades, que prefieren ser rebeldes vienteañeros toda la vida y preservan con esmero esa juventud de conciencia que tiene mucho más de pendejada que de juventud.

Son ellos los que se rebelan contra símbolos establecidos. Hay como una especie de lista de cosas contra las cuales todo buen rebelde debe rebelarse. No hay medias tintas en esto de la rebeldía, las cruces, por ejemplo, deben ser quemadas todas, desde la que desde un palacio aplasta y hasta la que cuelga del cuello de una indefensa abuelita, las banderas, libros, ideas y todo aquel que tenga piel blanca, todo aquel que no queme cruces aunque tampoco rece, todo aquel que sea bilingüe, todo aquel que no haya pasado hambre... Si huele medio raro, a la hoguera por si acaso.

A estos rebeldes creciditos les cuesta entender realidades y no son capaces de ver los grises entre el negro y el blanco, prefieren restar a sumar, prefieren la confrontación hueca al dialogo.

Cuando viven oprimidos apoyan sus acciones en la injusticia, la pobreza, la exclusión y sus actos se convierten en reivindicaciones. Cuando viven en procesos revolucionarios la cosa se les pone un poco cuesta arriba.

Y es que estos veinteañeros de la rebelión no han madurado del todo, y les cuesta ver objetivos mas allá de sus pataletas.

Quieren todo y ya. No hay tiempo, la vida se acaba y los sueños se realizan en vida. Al contrario que los abuelos rebeldes quienes comprenden que las revoluciones se hacen para que sus futuros bisnietos tengan una vida digna, los veineañeros no saben esperar.

Es entonces cuando, con la mente nublada, olvidan que la lucha es colectiva y que lo que cada uno haga impacta en la vida del resto.

Conocen la historia de luchas pasadas y sabemos que la historia es una herramienta muy útil, pero niegan la posibilidad de que existan factores diferentes en nuestra lucha, que haya otras formas, otros métodos, otros tiempos.

Mientras que un veinteañero de conciencia no duda en caerse a puñetazos con cualquiera por quítame esta paja, un abuelo se lo piensa, analiza y con valentía busca una solución, no tanto por preservar sus huesos quebradizos sino por preservar el objetivo final.

Así los ‘’jóvenes’’ impacientes quieren sangre, fuego, daños colaterales, qué se le va a hacer, es una guerra y estoy haciendo historia, quiero historias heroicas que los sobrevivientes podremos contar. Porque ellos sobrevivirán, están seguros, esa es otra de las características de su edad mental.

Quieren actuar en nuestro nombre, en el de nuestros hijos sin preguntarnos, porque ¿para qué? Si ellos saben de revoluciones, ellos son valientes, ruidosos y notorios.

No piensan estos compañeros que la lucha diaria de la mayoría de los revolucionarios es silenciosa y efectiva. No logran ver el trabajo de quienes sin boinas rojas, sin franelas de Che, sin tanta parafernalia, se dedican a enseñar, a aprender, a cooperar, a crear...

Como no hay regueros de sangre, no ven que estamos construyendo el país de nuestros bisnietos, mientras que en el camino resolvemos urgencias de nuestros hijos, padres y abuelos.

Como los regañamos cuando con sus actos interfieren con el trabajo de todos, se ponen muy bravos y, alegando rebeldía, dicen que no se someten a nadie, que eso es lo que hace un rebelde, y que cuidadito porque puede que se pongan más bravos todavía y decidan negarnos su apoyo.

Menos mal que son pocos los veinteañeros de conciencia y que puede que crezcan algún día. Mientras lo hacen, mientras meten la pata y aún sin quererlo favorecen al enemigo, mientras creen que son mas grandes que la revolución misma, pues tendremos que regañarlos. Eso es parte de nuestra responsabilidad con la revolución de todos.




martes 19 de febrero de 2008

Prefiero morir de hambre.

Alerta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.



Ayer por poco me dio un soponcio. Claro que cuando desfallecía recordé la causa de mi desmayo y recuperé la fuerza para evitar morir envenenada.

Así como lo oyen, mis combatientes amigas: En-ve-ne-na-da.

Es que eso es lo que hace este rrrégimen con los pobres indefensos que se encuentran hospitalizados en la Policlínica Metropolitana. El gobierno ha introducido de manera inescrupulosa alimentos de Mercal en este recinto sagrado de la salud privada y costosa.

Mi pobre vecino, que estuvo internado la semana pasada por una amigdalitis subcutánea aguda, fue sometido a la humillación de ser forzado a comer, sin su conocimiento, caraotas con gorgojos de Bielorrusia, pollo cubano, leche radioactiva iraní y otros productos de dudosa procedencia.

Los médicos no lograban comprender cómo el cuadro clínico de mi vecino se complicaba cada vez más. Lo sometieron a dos operaciones carísimas en solo cuatro días, el martes del apéndice y el viernes de la próstata, pero su amigdalitis no cedía. Fue solo ayer que dieron con la causa: La comida que con tanto cuidado, higiene y amor se le suministraba a los pacientes era elaborada con productos de Mercal.

Esto es otra estrategia terrorista de éste régimen castro-evo-chavista que se ensaña con los más débiles.

Ahora el terror se riega como la pólvora: Una paciente gritaba desesperada que solo comería combos # 4 de Mc Donald’s. Pero alguien muy perspicaz sembró una semilla de duda que nos quitó el aliento: ¿Y si la carne del Mac es también de Mercal?

Todos corríamos por los pasillos con las manos en la cabeza sin saber a dónde ir. Algunos, los más centrados, corrieron a los sanitarios a devolver el almuerzo. Había empujones, codazos e insultos de esos que se perdonan solo en casos como estos.

Las enfermeras, repartían prestas bolsitas pláticas iguales a esas que hay en los aviones. En verdad fue una de las peores experiencias de mi vida. Solo comparable a la cancelación del concierto de Alejandro Sanz.

Desde entonces no pruebo bocado, sospecho de todo y de todos. La carne de las jugosas Big Macs, las costillitas de Bobby Rubbinos, los estupendos pollos de KFC, hasta los T-bones del Lee Hamilton. Toda la alta cuisine podría estar infiltrada.

¡Dios Santo! ¿Ahora que comemos? -Dirán mis aterradas compañeras de shopping. Pues nada. Estamos en una guerra y en la guerras no se come. Debemos preferir morir de hambre a ser inoculadas con quien sabe que microbacteria cubanizante.

Ya sabemos de lo que son capaces esos comunistas sin alma. No olviden lo que pretendían hacernos con sus supuestos bombillos ahorradores. De probar un solo bocado podríamos acabar en una marcha chavista gritando loas a Fidel.

Señoras decentes de este hermoso y maltratado país: Tirad a la basura esos profiteroles por suculentos que parezcan, escupid ese bocado de lomito en salsa de fresa, negad heroicamente el Happy Meal a vuestros retoños, no importa que estén regalando la colección de Hello Kitty. Ayunad mis valientes damas, que a muchas no les vendría mal rebajar unos kilitos.

Ayunad y marchad aún nos cuando falten las fuerzas para hacerlo.

No es momento de desfallecer porque, de hacerlo, ya saben que iríamos a parar en una de esas clínicas, otrora seguras, hoy contaminadas.

¡Fuerza mi valientes! Pensad que al combatir al régimen combatimos también la celulitis, roscas y mofletes.

Atentamente,

Marifer Popof
Presidenta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.




viernes 15 de febrero de 2008

Juanito y las malas compañías.




El día que a Juanito le pidieron su autógrafo, no para una admiradora, no para ser estampado en una camisa que sería subastada en beneficio de los niños pobres de alguno de esos países en los que pocos pueden compran sus discos mientras muchos, que no pueden, los escuchan con fervor, como decía, cuando le pidieron firmar a Juanito, él, sin pensarlo mucho, firmó.


Juanito era tan querido por todos, tan respetado, que su firma más que un acto de solidaridad con un amigo, acabó convirtiéndose en un atentado contra las ideas que él mismo nos había cantado durante mas de treinta años.

Me levanté ayer y me encontré con él abrazado a un grupito tan dudoso, que no pude dejar de pensar en las palabras de su madre: ‘’ Cuídate mucho, Juanito, de las malas compañías’’

Es que cuando Juanito era pobre y desconocido hizo amigos atorrantes que bebían a morro, se pasaban las consignas por el forro, y se mofaban de cuestiones importantes. Pero aquello no tenía trascendencia porque sus amigos eran unos pelagatos y podían hacer todo eso si joder mas que a sus madres.

Sucede que Juanito se hizo grande y su voz llega a todas partes, pero aún así insiste, de manera irresponsable, con eso de las malas compañías.

Irresponsable, digo, porque bien puede Juanete mofarse de las cosas importantes en su casa, bebiendo buen vino a morro. Lo que me indigna es que lo haga en público exhibiendo una ignorancia de esas que son peligrosas, de esas que avalan mentiras, atropellos e injusticias.

No se puede imaginar desde su casa con vista al Mediterráneo, lo que vivimos nosotros aquí con o sin vistas al Caribe. No parece ser capaz de concebir que un pueblo de mestizos se esté despertando después de más de quinientos años de sueño forzoso. Parece no poder ver más allá de la verruga del zambo que nos comanda en este despertar.

Vino a vernos hace poco, mejor dicho, vino a que lo vieran quienes pueden pagar mucho por escuchar sus canciones. Y fue tan ciego, tan arrogante, tal vez, que fue incapaz de fijarse en quienes nos inspirábamos en su música para seguir dando la batalla.

Vino en primera clase, cantó en primera clase y, como vino, se fue: Ciego.

Ciego y sordo, diría yo, cuando mejor sería que fuera mudo. Y es que no se habla, Juanito, cuando no sabes lo que dices.

Y es que no entiendo cómo puede alguien como Juanito, venir a Venezuela y ni siquiera asomarse a ver un poco de la realidad que estamos construyendo.

Tu amigo, el producto otrora líder en ventas, puede pensar lo que le venga en gana. Que a él no le gusta mi presi, pues que exponga sus razones y que lo haga bien. Porque ‘’Chavez sucks’’ y de paso en inglés, no es un buen argumento.

A nosotros no nos gusta tu amigo porque él asegura su subsistencia mayamera mofándose de lo importante. Creo que es nuestro derecho demostrar nuestro rechazo al sentirnos agraviados. ¿O es que no somos suficientemente ‘’iguales’’ como para poder hacerlo?

Juanito, ya no podré escuchar tus canciones sin que me suenen huecas. Porque, hombre, hay que ser coherentes: Se dice lo que se piensa y se actúa en consecuencia.

Pero quién soy yo Juanete para darte consejos, si no bebo a morro, y no soy capaz de mofarme de cosas tan importantes que acaban siendo de vida o muerte. Tal vez me parezca a tu madre, tal vez sea que velo por mis hijas, que hoy están contentas jugando en el parque sin siquiera imaginar, gracias al cielo, que una guerra asquerosa las acecha.

Yo me pregunto, Juanito: si por defender nuestro legítimo derecho de ser soberanos, de vivir en una patria justa y libre, acabamos masacrados bajo las bombas de quienes, desde siempre, habían saqueado nuestros recursos. Si un día Guantánamo ampliara su lista de huéspedes para alojar a mis hermanos. ¿Saldrías a marchar por el Passeig de Gracia con tu pancarta de ‘’no a la guerra’’?

Sería demasiado tarde Juanito, y que Dios nos proteja para que tu conciencia te deje dormir tranquilo.

Mientras que yo guardo tus discos en el cajón de los sin sentidos, aprende tu a menear las caderas para que puedas bailar al son de tus malas compañías.

Que vaina Juanito, las madres, muchas veces, terminamos teniendo la razón.




miércoles 13 de febrero de 2008

¿Para esto usan el petróleo de Exxon?

Alerta del frente de damas indignadas con todo lo que hace el gobierno.



Es una vergüenza lo que acabo de descubrir en una de la principalísimas avenidas de nuestro municipio Chacao.

¿Sabían ustedes que en el corazón nuestro bastión de libertad y democracia está ubicada una oficina de adoctrinamiento del régimen?

Pues si, mis estimadas amigas, en medio de la Luis Roche, que si Luis estuviera vivo le daría un soponcio, allí, en tan lujosa arteria vial, disfrazada de centro cultural, se encuentra esta guarida de espías y propagadores de embustes.

Confieso haber entrado en ese asqueroso recinto, pero lo hice pensando que era un lujoso café, o un nuevo mini centro comercial. Y si, allí hay un café y, en lugar de tiendas, una librería frente a la cual me di cuenta de la perversidad del plan que tienen estos castroevochavistas entre manos.

Es en ese minúsculo y mal decorado local donde se fragua la trampa mas vil que mente alguna pudo imaginar: ¡Venden libros a cinco bolívares! Por cinco mugrosos bolívares fuertes que no alcanzan ni para comprar un capuccino triple mocca, te dan un libro gordote, lleno de letricas negras, sin fotos, ni artículos sobre la lucha contra la celulitis.

Letras que forman palabras que forman ideas, y ya sabemos que ideas deben formar esas palabras obscenas que usan los chavistas. Libros ‘’y que’’ premiados por un tal Rómulo Gallegos que se venden como pan caliente, no por buenos, sino por baratos. Y es que nosotras sabemos que nada que sea barato puede ser bueno.

El problema, mis amigas, es que mi revista ¡Hola! maravilla semanal llena de información relevante sobre gente relevante, esa revista de páginas lustrosas cuesta lo mismo que tres de esos mamotretos encuadernados.

¿Y a nosotras que nos importa? Preguntarán mis inocentes compañeras de canasta, pues lo que pasa es que los niches patenelsuelo pueden comprar esos libros y leerlos permitiendo que sus deficientes cerebros sean lavados cual edredones de plumas en una tintorería idelogizante.

Esto es competencia desleal, dice mi marido que sabe mucho de eso. Es que el régimen subsidia éste atentado contra la moral y las buenas costumbres con los dólares de Exxon, o sea los dólares de los venezolanos decentes, es decir nosotros, los educados, los bilingües, los que compramos ¡Hola! para saber quien es quien.

¿Y quién subsidia a ¡Hola!? Pues nadie, es esta una empresa líder en el mercado por mas de tres décadas que ahora se ve amenazada por esta avalancha ideológica de a cinco bolívares por librito.

Claro que nos importa tres pitos que los tierruos lean nuestras revistas. El problema es que lean y punto. Ahora con sus libros bajo el brazo se sentirán muy sabihondos y vendrán a querer discutir con nosotros de tu a tu. Creerán que tienen ideas propias y que saben que es lo que quieren. Y, peor aún, votarán por el déspota que les subsidia los libros con el dinero de los demás.

Señoras dignas de Venezuela, afilen los tacones ‘’Manolo Blahnik’’ que tenemos que marchar: La marcha de la elegancia, de las clases superiores, las que nos negamos a ser adoctrinadas con libros de ese Gallegos. Una marcha por ¡Hola! y por el orden establecido que en nuestro bello país se ha venido desordenando desde hace nueve años.

¡Abajo todas las publicaciones sin fotos ni consejos de belleza! ¡Muerte a los libros de cinco bolívares y palo a los niches alfabetizados!



Atentamente,

Marifer Popof

Presidenta del frente de damas indignadas con todo lo que hace el gobierno.



jueves 7 de febrero de 2008

¿Bailando al son que nos tocan?




Imaginen un comercial de pasta dental en el que te muestren una boca con solo tres dientes cariados, encajados en unas encías enrojecidas, hinchadas, podridas de periodontitis. Una toma muy cercana para que te impacte lo suficiente y luego un locutor con voz solemne advirtiendo: Use Dentylimp para que su boca no termine así.


¿Saldría alguien a comprar Dentylimp? Tal vez si, aterrados ante las consecuencias de no usarla, por una vez o quizá dos, pero un día ve otro comercial en el que sale una sonrisa de dientes blancos acompañada de una voz femenina: Con Perlident mi sonrisa queda ¡uhmmm! Deliciosa y fresca.

Se jodió Dentylimp, y es que no imagino a nadie que no quiera tener una sonrisa deliciosa y fresca.

Pues algo parecido a lo que pasa con Dentylimp, le pasa a los medios del estado.
A veces, después de ver VTV termino con la sensación de que si no uso Dentylimp se me van a podrir lo dientes. Pasa, muchas veces, que del ‘’patria, socialismo o muerte’’ que tan asumido tengo, solo parecieran destacar la parte de la muerte.

Termino convencida de que si no triunfa la revolución lo que vendría es ‘’matanga’’. Pero eso ya lo sabía antes de que me lo contaran. Tal vez fue bueno que me lo explicaran una vez, y otra por si acaso, pero cada vez que pongo la tele…es mucho.

Es como el cuento de ahí viene el coco, pero con coco de verdad verdad. Ya se que el coco existe, ya se que quiere nuestras cabezas, ya entendí. Creo que si querían explicarlo lo han hecho y muy bien, pero también creo que de tanto decirlo muchos se están aturdiendo de miedo.

El miedo a que nos roben la revolución se suma ahora al miedo a seguir peleando: Si avanzamos nos invaden, si profundizamos habrá guerra, si ganan ellos nos van a matar y si no ganan también.

Todas estas son situaciones probables y aunque, insisto, es necesario que estemos al tanto de ellas, es bueno cilantro pero no tanto.

Mientras nos abren los ojos para alertarnos sobre los planes del enemigo, usando horas y horas de televisión, nos impiden ver el por qué de los riesgos que estamos asumiendo. Ya casi no se habla de la revolución bonita, ya no se celebra la alegría, no se habla de hacia donde vamos, de la meta, de sus beneficios. Se habla de combate, tensión, miedo, rabia, mentiras, traición…

Como Dentylimp, no estamos comunicando las bondades de la revolución sino las consecuencias terribles de no llevarla a cabo.

Si el pueblo se nota apagado es porque, en buena parte, nuestros medios lo están apagando.

Hacemos lo mismo que Globovisión: ellos asustan a su gente con sus mentiras y nosotros, a los nuestros, con nuestras verdades y tal vez con sus mentiras. Estamos comunicando miedo y el miedo no atrae, por el contrario, espanta.

Si usamos gran parte de nuestro esfuerzo y tiempo para desmentir a Globovisión y sus medios aliados, y otra buena parte para alertar al pueblo sobre posibles conspiraciones, terminamos restando tiempo para poner sobre la mesa propuestas objetivas y positivas, que nos muestren la recompensa, el verdadero sentido liberador de nuestra lucha, la sonrisa deliciosa y fresca que todos quieren tener.

Hagamos como Perlident, mostremos las bondades de la revolución, sin dejar de recordar, de vez en cuando, que existen las caries y que los dientes se caen.

Para finalizar, antes de ir a cepillarme los dientes, me pregunto: ¿Acaso estamos dejando que sea Globovisión quien dicte nuestra agenda comunicacional?





jueves 31 de enero de 2008

Tengo tanto que decirte, pero no se como…



Con esta frase suele comenzar quien sabe lo que quiere decir, sabe que es importante, pero no sabe como hacerlo.

Nadie dijo que fuera fácil decir las cosas importantes. Me pregunto cuántos posibles matrimonios felices jamás se acercaron ni siquiera a un noviazgo debido a la incapacidad de los tórtolos a declarar su amor. Cuántos besos no se han dado, cuántos platos rotos y cuántos sueños frustrados.

En estos casos son solo dos vidas las que se dañan, pero ¿qué pasa cuando la mala comunicación afecta a muchísimas personas? Cientos de miles de platos rotos, millones de sueños destrozados, millones de personas que trabajan a favor de algo y no llegan a la meta porque no supimos decir las cosas. Malo, malo…

El gobierno se encuentra ahora como aquel pretendiente maravilloso, como ese amor que pasó de largo dejando un vacío en el alma, como ese príncipe azul tartamudo que no supo declarar su amor a su doncella sin zapatos.

No es posible, ni creíble, que en un país llenito de gente creativa, talentosa, con una chispa tan colorida y alegre no se haya podido idearse una política de comunicación, efectiva y propia, que refleje el trabajo que se está haciendo en nuestra revolución bonita.

Cuando estoy frente a la tele y aparece la musiquita que anuncia un micro institucional, mi primer impulso es huir al baño o a la cocina, busco excusas para pararme y hacer otra cosa, cualquier cosa, aunque sea ponerme a planchar. Imaginen lo terrible que son esas cuñas que planchar camisas termina siendo más apetecible.

Suena la musiquita, ondea la bandera, y una voz solemne nos anuncia un terrible bostezo. Aparece una obra del gobierno, maravillosa, pero enfocada desde un ángulo tan estrecho, como estéril. Presentan, por ejemplo, el cardiológico infantil, muestran los quirófanos, los aparatos de última tecnología, las salas de espera llenitas de sillas nuevas pero vacías y la fachada olorosa a cemento fresco, pero falta enfocarse en el niño que se curó, que ahora puede saltar y joder como el resto de sus amigos, que llegará a ser grande, y en su mamá, que ahora puede soñar con que su muchachito un día la convertirá en abuela. Falta la gente y el impacto positivo de esas obras en sus vidas. Falta la alegría.

Algunas veces cuando sale el pueblo lo representa un tipo que, con el mismo tono de voz que usa mi niña en un acto cultural, dice algo como esto: ‘’Tronco de casa la de petrocasa’’ o ‘’tremenda cabilla’’. Pero otra vez, como que uno se queda esperando algo más, algo que no termina de llegar.

Hay otra cuñas, como la del IVSS, que directamente atentan contra el gobierno: Llega un tipo a la taquilla y otra vez, de manera sobreactuada dice algo así como: Buenos días, vengo a cumplir con mi deber como un ciudadano responsable y pagar la seguridad social… y lo interrumpe otro disfrazado de obrero y le da unos amistosos golpecitos en la espalda mientras agrega con un tonito mas falso todavía: Claro amigo, pagar la seguridad social nos beneficia a todos. El único que aparenta ser normal en esa propaganda es el cajero dentro de la taquilla, que se queda mudo mientras ve a ese par de tipos haciendo el idiota en público.

Al final de la cuña el saborcito que me queda en la boca me dice que quien paga seguridad social es un bolsa. Mira que yo he pagado cosas en taquillas y me moriría de vergüenza si al hacerlo me pareciera a alguno de esos personajes.

Es entonces cuando me pregunto: ¿Es que quien ideó ese mensaje pensó que somos gafos? ¿Es que no hay una manera mejor de decir lo mismo?

Yo creo que si, y no una sino miles, solo habría que sentarse a pensar y dedicarse a hacer las cosas bien. También estoy segura de que no tiene que costar más dinero, que lo que si cuesta es más esfuerzo y es allí donde alguien está siendo mezquino.

Nos quejamos de Globovisión, pero si ellos, a través de una pantalla, son capaces de vender mentiras espantosas, nosotros deberíamos ser capaces de contar verdades maravillosas y no lo estamos haciendo.

Y no solo se debe hablar de logros, también hay que comunicar ideas, porque tenemos un germen capitalista metido en el hipotálamo a fuerza de Superman, Los Picapiedras, CSI y American Idol. Porque fue ese germen el que encendió sus alarmas cuando en Globovisión nos dijeron que nos iban a quitar la casa, el negocito y la libertad de soñar con poder tener un día una camionetota que jamás vamos a comprar.

Estamos contaminados del sueño americano, lo bebimos de pequeños, lo bebemos cada día en forma de entretenimiento familiar televisado. No conocemos otra forma de hacer las cosas y tenemos medios masivos que podrían enseñarnos y no lo hacen.

Estamos televisando nuestra revolución con las mismas pautas que usaban los gobiernos de la cuarta, el mismo aire de cadena nacional solemne, el mismo locutor que, usando un lenguaje rimbombante, insiste en narrar lo estamos viendo mientras que su voz nos impide escuchar lo que queremos y debemos oír.

Nuestra televisión debe mostrar al pueblo en acción, sin guiones, sin poses populacheras ideadas por alguien que imagina como es el pueblo pero que en verdad no lo conoce.

Se trata de que veamos y que nos vean, que escuchemos y que seamos escuchados, de que nos reconozcamos en quien está en la pantalla en lugar de sentir pena ajena por ese señor. Se trata de que no se subestime la capacidad creadora de la gente y que se rompan esquemas prefabricados. Se trata de ganar una guerra mediática que, por ahora, vamos perdiendo. Se trata de inventar o errar.




domingo 20 de enero de 2008

Por un maní



Una vez vi un documental sobre los elefantes del circo, en el que explicaban cómo hacían los domadores para lograr que tan majestuosos animales dejaran a un lado su dignidad
paquidérmica e hicieran estupideces para un puñado de humanos idiotas a cambio de aplausos y maní.

El domador explicaba orgullosísimo que el secreto estaba en quebrar el espíritu del animal. Una vez hecho esto, un elefante, olvidando que era un elefante y todo lo que eso implica, haría lo que fuera con maní o sin él.

El espíritu, descubrí minutos más tarde, se quiebra a palazos, a fuerza de hambre, torturas, humillaciones de todo tipo hasta que el elefante se da cuenta que ser un payaso es mas seguro que seguir siendo lo que es.

Algunas veces ha pasado que el elefante no puede contenerse más. Algo le hace clic en su cabezota y se vuelve mas elefante que nunca. Es entonces cuando agarra al domador con su trompa y lo lanza con toda la rabia acumulada en su memoria elefantiásica por años de torturas y humillaciones.

Un tiempo después de haber visto a los elefantes del circo tuve la oportunidad de asistir a un circo peor porque es mas grande, los domadores más crueles y los elefantes son personas.

Me refiero al circo de la ‘’civilización’’ entendiendo que ésta solo es civilizada si viene de
Mayami o Nueva York.

La cosa funciona de esta manera: Nos presentan un modelo ideal de civilización, nos dicen que necesitamos pertenecer a ella y nos ponen un maní frente a los ojos. A cambio solo tenemos que dejar que nos quiebren el espíritu, que nos amputen los instintos, pero tranquilos, que el maní es grande y encandila como un diamante.

Debemos deshumanizarnos para ser civilizados.

Todo empieza durante el embarazo: Una madre mayamera debe aprender temprano a enterrar el instinto mas poderoso de todos. Las madres mayameras asisten a cursos prenatales en donde les enseñan, entre otras cosas, a parir acostadas en una cama, conectada a mil cables, a mil máquinas que hacen unos ruiditos que les recuerdan que parir no es cosa fácil, que sin doctor ni maquinitas no hay manera de hacerlo, que no son animales sino mujeres civilizadas y gracias al cielo que están en el primer mundo para que puedan parir en paz.

También aprenden en el cursillo que la leche materna no es mala, pero es inconveniente porque te ata al bebé día y noche, porque pierdes tu individualidad, porque no puedes trabajar si estás amamantando, porque hay fórmulas para lactantes que superan a la leche materna, eso, gracias al cielo y a la, ya saben, civilización. Así que enfermeras que visten de alegres colores, enseñan a las madres a secar su leche, vendando, de manera muy moderna, las tetas cargadas de alimento. Duele, pero vale la pena…

Así llega un humanito al mundo, buscando la teta y encontrando una tetina de látex, buscando el calor de su mamá y encontrando una almohadita a pilas, que no solo lo calienta sino que además le reproduce el ‘’ sonido uterino’’ según dice en la caja.

El humanito tiene una mamá moderna y civilizada que lo adora. Ella se promete a si misma que hará todo lo que esté en sus manos para que a su retoñito no le falte nada durante los próximos dieciocho años. Si, oyó bien, en la clase de parto le recordaron algo que ella sabía por experiencia propia: Los hijos se van del nido al terminar el bachillerato y tu puedes volver a ser feliz con tu pareja, eso si antes no se han divorciado civilizadamente.

Para darle todo lo que necesita el bebé, la madre le quita lo único que realmente necesitaba y lo inscribe en una guardería de 8 a.m a 6 p.m. Así se queda el pequeño en una cuna comunitaria mirando al techo, mientras ‘’mommy’’ trabaja para comprarle un cochecito precioso, ropitas de patatús, y, claro, depositar desde ya en el fondo universitario porque ‘’baby’’ será doctor.

Baby tiene abuelos que viven lejos, gracias a Dios. Toda persona civilizada sabe que los viejos molestan con sus achaques y sus manías. Así que tenemos a un bebé en una guardería y unos abuelos en otra, cuando sería mucho más sano, más feliz y más económico tenerlos a todos en casa. Los abuelos no se sentirían como bagazos inútiles y el bebé tendría unos brazos amorosos donde pasar el día.

Pero tenemos un bebé civilizado, independiente, que no tiene apego hacia su madre por lo que el salir de bachillerato se irá de su casa, y llegará el día que, sin mayor problema, ejecutará su mayor venganza: meter a sus padres desvalidos en una guardería.

La familia humana, la ancestral, la verdadera, no tiene cabida en el mundo civilizado, no es productivo tener personas que dejen de trabajar por cuidar una gripe de un hijo, o al abuelo con tos, no es productivo dejar de pagar guarderías llenitas de empleados que a su vez pagan otras guarderías llenitas de empleados que a su vez…

Si soportamos esta dolorosísima amputación del instinto maternal, los siguientes instintos podrán ser extirpados sin anestesia. Al desbaratar los vínculos mas fuertes entre los seres humanos, nos quiebran el espíritu como a los elefantes.

¿Pero por qué llegamos a hacer tales estupideces?

Lo hacemos por el maní.

Un maní de cuatro habitaciones, cocina minimalista, y terraza con vistas. Maní 4X4 con DVD y portavasos, maní en clase turista con orejas de ratón, un maní lleno de logotipos que muestren que no es un maní cualquiera aunque cualquiera pueda tenerlo. Un maní privado bilingüe con actividades extra-curriculares, un maní con campo de golf solo para socios selectos…En fin el codiciado maní del éxito.

Como los pobres elefantes del circo, perdemos nuestra esencia, funcionamos por impulsos externos por lo que somos vulnerables y susceptibles a ser manejados. Pero como los elefantes, podemos hacer clic a arrojar al domador con la trompa y cagarnos en el sistema, en el éxito, en el maní y, desde lo mejor de nuestra humanidad, hacer una revolución.

Tanta miseria por un medio e'maní…



lunes 14 de enero de 2008

Venezolanos siete estrellas.



Recuerdo, hasta donde mi memoria alcanza recordar, que siempre hubo quienes se sentían incómodos por poseer la nacionalidad venezolana que, según ellos, es una nacionalidad de tercera. Esos que han fingido acentos en el exterior para ser confundidos con los locales, ellos que se morían de asco frente una arepa cuando había tantos croissants, tantas quarter pounders, tantas deliciosas New York cheesecakes, ahora, repentinamente, creen haber recuperado su venezolanidad.

Pero no se confundan, no se refieren a la venezolanidad del pueblo, la que huele a tierra mojada, a jaboncito mañanero dentro de un autobús, la madrugadora, la que no se contiene cuando escucha un tambor, la que ríe a carcajadas cada vez que la vida le da un motivo, la que encuentra motivos para reír aun cuando la vida se los niegue.

Ellos descubrieron una venezolanidad sintetizada medio de aquí mucho de allá. Son venezolanos envasados con ingredientes selectos traídos los más exóticos parajes mayameros. Vibran con el himno cuando lo escuchan de lejitos, se amarran la bandera al cuello cual capa de Superman, bailan tambores en bodas elegantísimas y cuando agonizan de amor patrio cantan ‘’¡¡¡Sabaaaaaanaaaaaa!!!’’ y nada mas, porque nunca escucharon el resto de la canción.

Piensan que Venezuela es un país que les ha sido usurpado a sus legítimos dueños: ellos. Por lo que han decidido construir un país paralelo, con otra bandera, con otro huso horario, con otra moneda, con un presidente colombiano, con un rey que los mande a callar y un ejercito de chicanos, negros y blancos pobres que les traiga el sosiego con sus bombas inteligentes.

Y es que su país no tiene pretensiones de soberanía, para ellos entregar lo que pertenece a todos para beneficio propio es un ideal. El país que quieren no tiene dignidad, abrirían sus puertas para que lo pisotearan las botas de cualquier ejército y se unirían a ellos para acabar con sus compatriotas no deseados. El país que ellos quieren no clama justicia y la libertad se subasta al mejor postor.

Sueñan con un país de esclavos de distintas categorías, pero esclavos todos, de un poder voraz, que les deja miguitas para que ellos las recojan mientras se sienten honrados por tal distinción.

Sueñan con un país que conocimos de cerca porque hace poco existió. Aquel, con su bandera de siete estrellas, su himno, el mismo que cantamos ahora, pero que antes nos sonaba hueco, triste, ultrajado. Con su pueblo dormido por la desesperanza y sus veinte barrigones con corbatas escondidas bajo papadas hinchadas de gula y egoísmo.

Sueñan con tener aquel país que siempre les avergonzó. La Venezuela de ladrones, la fea, la de los niños muertos de diarrea, la del hambre, la ignorante, la de las esperanzas rotas, la que solo caminaba para atrás.

Sueñan pesadillas mientras duermen tan tranquilos.

Eso no es soñar, eso no es pensar, eso no tiene nombre o peor aún, si lo tiene: eso es ser apátridas.

Pues a los apátridas no se si llamarlos compatriotas, no suena coherente, no queremos lo mismo, mientras avanzamos ellos nos ponen piedras esperando vernos caer, nos odian, nos tienen asco, nos tienen miedo.

Y claro que deben temernos, no los culpo, nada como la mediocridad que ellos sembraron para mantenerse a flote. Mediocres ellos que no supieron ver el momento en que el pueblo despertaba, mediocres ellos que no tienen idea de como vivir en un país libre.
Mediocres porque temen al pueblo educado, consciente y dispuesto a luchar su patria, la de todos, incluso la de ellos, los apátridas.

Venezolanos de siete estrellas, eso son, que es lo mismo que no ser nada. Sufren nuestros logros como terribles derrotas, celebran los ataques a nuestro país como si éste no fuera el suyo y lo hacen a voz en cuello sin sentir la más mínima vergüenza. No se dan cuenta de lo despreciables que son para nosotros y para nuestros enemigos.

A la hora de la chiquita, hora que esperamos que nunca llegue, se darían cuenta, demasiado tarde, que la sangre de todos nuestros hijos se derramaría por igual, porque para sus ‘’gringos salvadores’’ los destrozos que ocasionan en nombre de ‘’ la libertad’’ son daños colaterales y nada más.

No se si llamarlos compatriotas… que vaina...



viernes 11 de enero de 2008

Pero ¿Cómo es posible que aplaudan?

Comunicado del frente de damas indignadas por todo lo que haga el gobierno.


El jueves pasado fuimos obligados a presenciar un hecho espantoso: Las FARC liberaron a dos mujeres en manos del tirano.

Fue horrible, insisto, tener que ver que después de la heroica oposición del gobierno de Uribe, después de las elaboradas y astutas maniobras que lograron detener por un momento el desenlace que nadie quería, los terroristas torturadores y el autócrata de Miraflores se salen con la suya.

Le torcieron el digno brazo al presidente digno, lo obligaron a dejar de defender la paz y la democracia solo para que dos mujeres, que al final están locas, salgan en libertad y se crean con derecho a abrir la bocota.

Gracias presidente Chávez, decían ambas en medio de un ataque severo de síndrome de Estocolmo. Adiós muchachas y cuídense, dijeron las muy rastreras a sus captoras y tuvieron el tupé de salir peinadas y bonitas de esa odisea que dicen haber vivido. Ni un moretón, ni una cara desfigurada por torturas inenarrables, nada. ¡Esto es una estafa!

La más joven, madre soltera e irresponsable, porque a quién se le ocurre parir en medio de la selva, sin epidural ni ramos de flores con globos azules. Pues esa señora ni siquiera preguntó por su hijo en cámara, dejándonos con la certeza de que era, nada mas y nada menos, que lo que pensábamos de ella: un engendro.

Los familiares de las ¿víctimas? bajo el efecto bien conocido de la burundanga, le sonreían al tirano con caras embobadas. Se les notaba a leguas que estaban bajo la influencia de algo porque se abrazaban y besaban como si nada, delante de Cilia Flores y otros personajes que, como bien sabemos, todo aquel que se le acerque no puede contener un súbito ataque de nauseas.

Ahora aparece Chávez como el bueno de la película cuando todos sabemos que el bueno es Uribe, a quien importaríamos como presidente de Venezuela la mayoría pensante de este bello país.

En fin, que no voy a extenderme porque la ira me ahoga, que todos vimos como el circo tuvo un final macabro, que no va a haber quien quiera salvarnos de nuestro destino porque Chávez, aunque bruto, esta vez se las ingenió para pensar y ganar, que eso no es justo, que debemos marchar mañana mismo para que este tipo de eventos no se repitan.

Mujeres dignas de Venezuela a marchar hasta gastar nuestro zapatos, que no se sale de la selva tan bonita, que eso es una afrenta a todas nosotras y a nuestros dedicados cirujanos plásticos.

¡Libertad, libertad!

Marifer Popof.
Presidenta del frente de damas indignadas por todo lo que haga el gobierno.

martes 1 de enero de 2008

Cuando muchos milagros no son suficiente.




No se por qué hoy me he estado recordando tanto de una película que vi hace años. Bueno, si lo se, y es por eso me he sentado a escribir.


Era semana santa. No había ido a la playa no se por qué motivo, así que me vi obligada a sufrir una serie de películas épicas, peléticas, pelempempéticas que me confirmaron definitivamente que la peor manera de pasar una semana santa es viendo la televisión.

Sábado de Gloria: dos potes de comida china, es que los orientales, además de tener ojos pequeños, son herejes y trabajan en esos días, una tele con Charlton Heston interpretando a Moisés en Los Diez Mandamientos y yo allí sin poder entender por qué tanta mezquindad.

Resulta que Moisés era hermanazo del alma del Faraón Ramses II. Pero Moisés, fue capaz de ver desde su cómoda sillita de mano el sufrimiento de un pueblo esclavizado. Para colmo de males y para que la trama de la peli se ponga mas espesa, descubre el pobre príncipe, que no es príncipe ni nada. Que él es hijo de esos esclavos que ve morir cada día construyendo extraños edificios de forma piramidal.

Vaya carácter el de nuestro héroe: le importó un comino la riqueza, la comodidad y el amor que su hermano Faraón le tenía. Se quitó sus ropajes reales, dejando sin aliento a mas de una con su delicioso torso made in Hollywood, y se vistió de esclavo para convertirse en esclavo, ni mas ni menos.

Pero un príncipe, aunque se vista de esclavo, sabe que puede hacer más que mezclar barro del Nilo, por lo que se decide a liberar a su pueblo.

Para hacer el cuento corto, ya que la película es muy larga, Moisés se enfrenta solito a Ramses, lo pone contra la pared haciendo trucos que solo un elegido puede hacer: tiñó ríos de rojo con un bastón de madera, invocó a siete plagas terribles. Recuerdo una muy cruel que era un humito mortífero que mataba a los primogénitos de todo aquel que no fuera amigo de Moisés. Nada mas pavoso y pavoroso que ser primogénito en tiempos bíblicos.

Fue tal la presión, fue tal el poder sobrehumano de Moisés, que su hermanazo del alma lo dejo irse con su gente con tal de que lo dejara en paz con sus esfinges.

A todas estas, yo alucinaba ante la incredulidad de los paisanos de nuestro galán. El único que parecía saber que él era capaz de tanto era su ex hermano y ahora enemigo mortal. Su pueblo, muy a pesar de aquella montaña de milagros malignos, se empeñaba en cuestionar su capacidad de liberarlos y no solo eso, osaban dudar de el y no se medían al llamarlo traidor.

Moisés no tuvo más remedio que separar las aguas del Mar Rojo, que era azul, pero ya sabemos que él tenía un bastón para teñirlo de ser necesario.

Sus seguidores, aterrados ante tal fenómeno se negaron a reconocer que Moisés era una maravilla que les abría un camino justo cuando creyeron que se terminaba el camino. Pataleaban y maldecían, cuando vieron que el ejercito del faraón les pisaba los talones. Solo entonces decidieron seguirlo un rato más, no sin dejar de dudar y quejarse y como era su costumbre. Y era en este punto de la película cuando yo empecé a preguntarme si se pondría bravo Moisés y los mandaría a todos a la mierda.

Pero no, un héroe bíblico no es cualquiera, y Moisés era el galán de la peli por lo que condujo su pueblo a la pata de una montaña y les pidió que no perdieran su fe mientras el subía a buscar unas leyes importantes.

Pues nada, apenas dio dos pasitos cuesta arriba y se perdió de vista, el pueblo se volvió loco, cambió a Dios por una vaca y armaron un despelote.

¿Por qué viene este recuerdo fuera de época a mi memoria? Porque, para algunos, no hay milagro suficientemente grande. No basta dejarse la vida en favor de los demás, no basta aportar ideas y llevarlas a cabo, no basta apechugar solito con comandar la liberación de un pueblo, no basta el pan en la boca del hambriento, la luz en los ojos del ciego, no bastan los niños sanos, ni las letras que dejan de ser garabatos para convertirse en palabras. No basta el haber devuelto la esperanza, la dignidad, el orgullo a quienes se la habían robado. No basta lograr la unión de los pueblos que antes se veían con grimita a pesar de ser un mismo pueblo regado por todo un continente. No basta nada cuando creemos no entender.

Se olvidan los milagros, se mira con recelo al líder, se muerde, se escupe, se envenena, todo porque no entendemos.

Y digo yo: quien nos enseñó a mirarnos a nosotros mismos, quien nos va mostrando el camino, debe saber muchas cosas que nosotros no sabemos. El nos explica como nadie lo había hecho. Hemos aprendido a ser un pueblo que sabe por qué está luchando. Somos mezquinos con nuestro presidente al darle la espalda ahora cuando nos está enseñando algo nuevo.

Nos vamos a convertir en lo mismo que despreciamos al repetir como loros sin pensar lo que decimos. Es un juego peligroso e irresponsable este de desconectar la boca de la experiencia y del pensamiento crítico.

En fin, y perdonen que me ponga bíblica, que mi presi como Moisés, nos conduce a la liberación, reafirma nuestra identidad como pueblo y no merece la duda y el recelo que algunos le están regalando. Que las revoluciones son largas y, a veces, van despacio. A veces, cuando creemos ir hacia atrás estamos yendo hacia adelante. Que tenemos un líder que nos enseña a pensar y a distinguir las cosas y que si hemos aprendido algo deberíamos demostrarlo justo ahora. De hacer lo contrario demostraríamos que Chávez se equivocó, pero no por sus actos, sino por haber creído en nosotros.




viernes 28 de diciembre de 2007

La rabia arruga y el odio frunce.

Tips de belleza para el fin de año.



Amigas, a lo largo de este año he notado el deterioro en su rostros: arrugas profundas en la frente y entrecejo, labios agrietados en los bordes antes lisos, surcos terribles entre cachete y nariz, piel marchita, grisácea, ojeras purpúreas, hinchadas, flacidez colgante en papadas ayer inexistentes.


Amigas treintonas y subsecuentes ‘’tonas’’, amiguitas que estrenan sus veintes con arruguitas prematuras, amigas mías y no tanto: la rabia arruga y el odio frunce.
Esto lo he comprobado científicamente frente a mi espejo.

El otro día, mi marido, alguna tontería dijo, algo así como que el pollo que me demoré toda la mañana en aderezar, hornear cuidadosamente, y colocar en una mesa bien bonita, había quedado maluco. Algo así, no lo recuerdo bien. Lo que si recuerdo fue la imagen de mi rostro que se reflejó en el espejo. Señoras, una vieja decrépita se había colado en mi sala. No podía ser yo esa mujer horrorosa arrugada y marchita.

Yo, cuarentitrestona, que no aparento ni un año más de los que tengo, repentinamente había envejecido al menos dos décadas a causa de mi deseo incontrolable de empotrar el pollo en la cabeza a mi marido.

Si en un fugaz ataque de rabia pude envejecer veinte años, ¿Cuantos años se habrán echado encima mis amigas opositoras desde 1998? Nueve años de rabia atentan contra la lozanía de la piel. Nueve años de odio pueden secar al mas caudaloso de los ríos.

Yo me pregunto: ¿Por que no os arrugasteis en los tiempos oscuros de Carlos Andrés?¿Que clase de crema maravillosa usaban en los tiempos de la barragana? ¿Por qué se fruncen justo ahora?

Ahora que tenemos Misiones, ahora que más de un millón y medio de compatriotas han aprendido a leer y a escribir, ahora que los niños pueden tener chequeos pediátricos de rutina, esos que sus niños han tenido siempre y por lo que han podido sobrevivir cosas tan mortíferas como una simple gastroenteritis. Ahora que lo viejos tienen pensiones más dignas, ahora que hay escuelas que incluyen tres comidas para quienes antes no comían. Ahora cuando los ciegos recobran la vista y los pobres recuperan la esperanza. Ahora que la mayoría nos sentimos orgullosos de ser venezolanos.

Tal vez deba pensar, mis amigas, que ustedes no sintieron jamás la falta de esas cosas que muchos agradecemos tener hoy.

Pero todavía así soy incapaz de entender el por qué de sus arrugas. Ustedes ahora ganan más dinero que nunca, si, ya se que trabajan, pero antes también lo hacíamos de la misma manera, pero las políticas económicas suicidas nos mataban poquito a poco. Ahora, amigas mías, que pululan los centros comerciales donde gastar su tiempo y su dinero. Ahora que cambian de carro cada año aprovechando las tasas de interés que los bancos siempre nos negaron. Ahora que acaban con los cupos a cualquier destino turístico. Ahora que compran casas y apartamentos en la playa, aun cuando el Globovisión les juran que se los van a quitar. Ahora que remodelan baños, cocinas y salas, como para no pasar vergüenza con quienes vengan y se los quiten. Ahora que tratan de remodelar arrugas de rabia a fuerza de Botox. No entiendo, mis amigas, no puedo entender el por qué de tanta rabia.

La rabia arruga, efectivamente, y para combatirla solo basta abrir los ojos mas allá de una pantalla de televisión. Basta comprender que estamos deconstruyendo un sistema aberrante y que esto es un proceso largo. Basta hacerlo con alegría. Basta verse por dentro, basta verse en los ojos de quienes jamás miramos a los ojos. Basta saber que construimos un futuro para millones de niños que nacieron sin el. Basta saber que absolvemos a las mayorías del pecado original de la exclusión que impone el capitalismo.

Basta saber, mis amigas, que estamos pariendo una patria, y muchas sabemos como es eso, sabemos que puede ser difícil, pero aun así parimos con la certeza de que la recompensa es maravillosa.

Traten de dejar la rabieta a un lado, porque solo ustedes sufren por ello. Nosotras seguimos igualitas, vestidas de rojo pasión y vida, que siempre sienta muy bien, con una que otra pata de gallo, arruguitas de expresión que nos dejan el esfuerzo y las sonrisas satisfechas.

De todas las formas de acabar con las arrugas, construir el futuro de nuestro país, no es solo una de las más efectivas, sino también la más bonita.

Por eso amigas mías, no malgasten su dinero en Botox, en todo caso compren pasiflora o valeriana, respiren profundo y pujen con alegría, que lo que tienen ahora es bueno y lo que viene es mejor.

¡Feliz 2008! (libre de arrugas)



jueves 20 de diciembre de 2007

La oscura vida de Clara

o
El Síndrome de Estocolmo.


Cada mañana, Clara se levanta y, antes de colar el café, antes de cepillarse los dientes y lavarse la cara, antes de besar a su pareja y a los niños, enciende el televisor para sintonizarse con el captor de sus ideas.

En lugar de ver un sol radiante al despertar, Clara se desayuna con un buenos días que, más que un saludo, parece un escupitajo. Una locutora, como sacada de un casting para la novia de Drácula, se encarga de ensombrecer un día que podría ser precioso, con un panorama aterrador.

Las noticias más que hechos son amenazas, los análisis son augurios apocalípticos, las tertulias, rosarios grotescos de mentiras y burlas. Veinticuatro horas de agresiones que Clara acepta como una realidad inevitable, sin darse cuenta que Globovisión y otros canales secuestraron su tranquilidad hace años.

Con el desayuno atragantado, se despide de su marido para siempre, como cada mañana. Con los ojos maléficos de Aymara Lorenzo en la mente, no nota que su pequeña va al cole con los ojitos llenos de lagañas.

Salen tempranito, porque a Clara le toca su ‘’pico y placa’’, como cada miércoles. Sube a los niños al carro y sintoniza la radio en cualquier estación que le recuerde que su vida está un paso de convertirse en pesadilla. Los niños atrás, escuchan cómo su futuro será negro, mientras matan bichitos en su gameboy.

Clara llega al colegio y se dirige a la administración para pagar su donación obligatoria, es una manera muy ingeniosa que descubrió el colegio para contrarrestar la medida del gobierno, que tuvo el tupé de congelar las matriculas escolares para que la educación de calidad que reciben sus niños, como todo en este país, termine de desmoronarse.

Aunque tenga que comer mierda. -piensa Clara con rebeldía, mientras paga en efectivo para no dejar rastros de su patriótico acto de desobediencia civil.

Una vez en su oficina, Clara recibe una noticia que no esperaba, hoy no va a cobrar su sueldo de siempre, desde ahora será un poco más pobre por el bien de la empresa. Este gobierno nos está ahorcando.- explica el jefe. -Ya no es rentable hacer lo que hacemos, por lo que pido que nos apretemos los cinturones para que esta gran familia que somos pueda seguir de pie y unida. Una vez dicho esto se sube el pez gordo en un avión rumbo a Saint Marteen, mientras Clara se pregunta cómo va a hacer con la donación obligatoria, con la póliza de salud, con la ropa de los niños y las piñatas que cuestan un ojo de la cara.

Clara necesita despejarse, por lo que va al centro comercial a comprar cualquier tontería que, a modo de Alka Seltzer, le proporcione alivio instantáneo. Compra una pintura de labios igualita a una que compró hace tres meses en mayami. Allá pago ocho dólares por ese tubito embellecedor. Aquí le cobran diez veces más por el mismo producto, pero ella lo paga, porque no es culpa del comerciante, sino de Chávez y su control de cambio.

No hay leche. Aunque Clara tiene diez latas de leche en polvo en su despensa, trata de conseguir un poco mas por si acaso. Es increíble, -dice indignada a otra señora que busca lo mismo sin éxito. -La regulación afecta el margen de ganancia de los empresarios y comerciantes. ¿Como va a haber leche? ¿Es que acaso pretenden que esa gente trabaje como burros para ganar tres centavos?

No hay leche, ni carne, ni huevos, ni pollo, ni arroz, ni azúcar, no hay ninguno de los productos que están sometidos al yugo caprichoso de Chávez. Pero hay productos lácteos que no están regulados, leche en polvo con sabor a vainilla, hay queso, yogur, hay ketchup picante y light, hay postres ricos en las panaderías, toditos llenos de huevo y azúcar, hay todo lo que no hay, pero disfrazado de otra cosa. Eso es culpa de Chávez.

Al final de la tarde, Clara recoge a los niños en el cole. Al menor lo castigaron tres día sin recreo por gritarle a la maestra ‘’¿Por qué no te callas?’’. Mami, no te pongas brava, -dice el chico- si te vi aplaudiendo como loca cuando el rey le dijo así a Chávez.

Al llegar a casa, descubre que el vigilante no está. Lo botamos por chavista. -dice la presidenta del condominio. -Menos mal que se dieron cuenta. -respira aliviada nuestra oscura Clara, que esta noche no pegará un ojo pensando en esa puerta sin vigilancia y en ese ex vigilante chavista.

Clara está aturdida porque no viene mas la señora de servicio. Resulta que la muy traidora, después de todo lo que he hecho por ella, después de haberle abierto las puertas de mi casa para que la limpiara, le ha dado por meterse en la misión no se que cosa para luego trabajar en una cooperativa. A este ritmo no va a haber quien quiera trabajar de verdad verdad.

Ya lo habían advertido el Aló Ciudadano, ya nos avisaron cómo nos van a ir desangrando estos comunistas.

Clara vive una vida oscura, es el jamón de un sandwich amargo. Se encuentra defendiendo intereses que atentan contra los suyos solo por evitar el peligro que se cierne sobre ella y su familia: La nube roja, violenta y devastadora del comunismo.

‘’Que me rebajen el sueldo, que me vendan capuccinos con leche que no es leche porque tiene vainilla, que regresen los créditos indexados, que regrese Lusinchi con todo y barragana, quiero a que La Bicha me amargue mi café en señal abierta, quiero marchar y marchar hasta que se gasten mis zapatos, que se vaya Chávez, que lo saquen como sea…’’

Hiperventila en la cama Clara, pero no porque su marido la esté sobando. Ni ella ni él están para esas cosas, no vaya a ser que tengan otro niño que en cualquier momento les vayan a quitar.

A través de sus ojos abiertos y secos por un sueño que nunca llega, entran nuevas amenazas, nuevas certezas de que el final está cerca. Recuerda aquella frase tan graciosa de su no lejana juventud: ‘’A tirar, a tirar que el mundo se va a acabar.’’ Pero nada, no se acaba el mundo, solo se acaba su país.

Mas allá, cruzando el pavoroso Caribe, pasando sobre la isla inmombrable, allá arribita está la civilización. Allí todos tiran seguramente, pero no porque el mundo se vaya a acabar sino porque son felices.

Kiko y Carla se ríen y Clara llora. Viene el himno y Clara tiembla de pavor.

Abajo cadenas, grita Clara como el señor, cagándose en el pobre en su choza que libertad pidió.

En la mañana la veo salir con sus ojeras oscuras como su vida. Clara, -le digo, no crees que sería bueno que no vieras mas Globovisión, que escuches a tus niños en el carro en lugar de oír a Marta Colomina, que no te sigan envenenando, que no dejes que sigan secuestrando tus ilusiones, tus ideas, tu alegría.

Una mirada furiosa hizo que sus ojos cobraran vida por un momento. Fue entonces cuando supe que tanto tiempo en cautiverio solo podía dar paso al Síndrome de Estocolmo.

¿Sabes que es eso Clara?

No, -respondió- pero si viene de ti, es otra mentira chavista.

Y se subió en su camioneta, la vi alejarse con sus dos NO pintados en los cristales, con su tortícolis crónica, con esa vida de mierda por la que está dispuesta a morir, con su terror aumentado porque los chavistas habíamos agregado un nuevo elemento a su lista horrores: El Síndrome de Estocolmo.

¿Qué carajo será eso?...

sábado 15 de diciembre de 2007

Una palomita y no precisamente de la paz.




Mucho se ha hablado en estos días sobre la reconciliación. Esa palabrita me entra por la oreja izquierda y se queda muda apenas toca la cadena de huesecillos. Reconciliación es una palabra hueca, como toda palabra que se pronuncia sin tener en cuenta su sentido.


Quienes, durante décadas se habían apropiado de todo lo de todos, pretenden apropiarse de esta palabra y, cual palomas de la paz, nos sueltan esta palomita: ‘’Queremos la reconciliación.’’

Y yo pienso: Si apenas hace tres semanas que estaban quemando chaguaramos, destrozando las calles de todos, amenazándonos con una muerte segura que no termina de llegar. Si nos llaman chaburros, hordas violentas, tarifados, ignorantes, desdentados, desconociendo de plano la Misión Sonrisa, si nos agreden por expresarnos cuando se llenan la boca pidiendo libertad de expresión.

Esa oposición soberbia que nunca supo perder y, por lo visto tampoco sabe ganar quiere reconciliación.

Pues bien, no les creo. No les creeré mientras mis amigos de la infancia me sigan desterrando de sus vidas, cual leprosa bíblica, solo por no votar como ellos. Mientras no pueda ir a comprar a supermercado de Prados del Este con mi franela roja rojita sin que una horda de señoras fashion me caigan a empujones e insultos. Mientras miren feo a mis hijas porque se apellidan como su mamá y como su tocayo de Miraflores.

No les creeré mientras se cuadren con cualquiera que ataque a Venezuela, no les creo porque son monárquicos, uribistas, mayameros. No les creo mientras sean capaces de decir, sin rubor alguno, que Nixon somos todos. En este caso me alegro que en su ‘’todos’’ jamás nos hayan incluido, porque así nos eximen de la vergüenza de auto-proclamarnos violadores y asesinos, con una sonrisa orgullosa en la cara que no pasa de ser tonta. No les creeré mientras que llamen presos políticos a delincuentes comunes.

No les creeré mientras nos miren con odio, desprecio y asco. Mientras sean capaces de afirmar, con la cara tan lavada, que la libertad es un privilegio y que hay que ganárselo. No les creo porque para ellos los derechos humanos aplican si se le rompe una uña acrílica a una muchachita de la UNIMET, pero nunca si matan a un muchacho que cometió el desatino de cruzarse con una guarimba.

No les creo porque no tienen intención de cambiar, porque no les interesa, porque su modo de vida depende de la injusticia y por eso la propician.

No les creo lo que ellos mismos no son capaces de creer.

Lo que si creo es que reconciliación, para ellos, significa rendición, la nuestra, por supuesto. Que bajemos la cabeza, que retrocedamos, que nos resignemos a no soñar. Que entreguemos el país y nuestro futuro, el de nuestros hijos y nietos, para que los privilegiados de siempre puedan disfrutar del privilegio de la libertad.

Ellos acaban de descubrir que existe la lucha de clases y están tan asombrados que le echan la culpa a Chávez. No fueron capaces de notar que la mayoría moría luchando mientras eran ignorados por nuestros perfumados reconciliadores.

Pues si, échenle la culpa a Chávez, que le dio por comandar la lucha mas justa de todas. Odien a todo el que quiera defender sus derechos. Insulten como lo han hecho siempre, sean lo que quieran ser, pero no me vengan con sus pieles de corderos a pedir reconciliación.

La lucha sigue y el día que nos reconciliemos, si eso llegara a suceder, será porque al final comprendieron que otro mundo si es era posible y acabarían dándonos la razón.



jueves 6 de diciembre de 2007

¡(bip)! Chávez dijo mierda.



Que (bip) tiene el (bip) de su madre ese, decir semejante vulgaridad en televisión y en horario restringido.


Yo soy madre de familia y tiemblo de la (bip) con la falta de respeto del (bip) que habita en Miraflores. Es que con las madres, solo se meten los (bip) de madres de su calaña.

Un (bip), eso es lo que es, con el perdón de los (bip), claro. Justo ahorita que nos tragamos el asco que él y su séquito de (bip) nos producen y hablábamos de reconciliación. Me (bip) en su alma y en su revolución de (bip). Es que no deja de recordarme al chiste graciosísimo que siempre cuenta Pipo sobre el negro que tenía diarrea y creyó que se estaba derritiendo.

Miren como estaré de (bip) con ese (bip) que les acabo de contar mi chiste favorito y ni siquiera pude sonreír. Convulsiono de la ira.

Ya me imagino a la cuerda de (bip) que tiene por ministros tratando de justificar a su jefe a toda costa. Cuerda de lambe (bip) todos, lambe (bip) y jala (bip).

Yo, como madre, exijo respeto a las familias decentes de este país, a nosotros, los ciudadanos honestos que somos incapaces de pronunciar semejantes (bip) sin que suframos una indigestión aguda.

No vamos a tolerar que un (bip) de (bip), empañe nuestra dignidad patria, usando ese tipo de términos para referirse a nuestra victoria. Victoria, por demás, gloriosa y contundente, de un pueblo que se niega a ser cubano, a menos que nos den visas de residentes en mayami. Un pueblo que no se va a calar mas cada (bip) que le pase por la cabeza a ese gran (bip).
NO, NO Y NO!!!

Dijimos NO, ¿escuchaste cabeza de (bip)? O ¿Es que te tenemos que patear el (bip) hasta dejártelo cuadrado? Agárrate las (bip), si es que las tienes, que la gente decente y educada de este país ya está hasta el (bip) de este (bip).

Por nuestros hijos te lo juro: Si de tu boca sale otra palabra como esa, que mi boca se niega a pronunciar, me voy a (bip) en ti y en toda tu descendencia.

Y que le de gracias a Dios que estoy apurada porque tengo una misa de reconciliación a las siete, porque de lo contrario me pasaría todo el día pegada a la computadora poniéndote en tu sitio. ¡(bip)!

Atentamente,
Marifer de Popof.

domingo 2 de diciembre de 2007

De la libertad y otras cosas terribles

Para Lizardo y Guillermo que me ayudaron a deshilachar ideas.


Si la libertad se pudiera obtener en una tienda, digamos, en una ‘’libertadería’’, ¿cómo haríamos para que nos dieran exactamente lo que queremos?, ¿Sabríamos exactamente lo que estamos pidiendo?


El problema con la libertad es que no es una torta de chocolate. Cuando vamos a una pastelería y pedimos una torta de chocolate, sabemos todos a que nos referimos, sabemos que tiene huevos, azúcar, harina y, por supuesto, chocolate.

Las hay mas chocolatosas, esponjosas, pegostosas, pero todas absolutamente tienen unos ingredientes básicos que le dan la denominación de torta de chocolate.

La libertad por ser un concepto abstracto, acaba en la misma categoría confusa que la belleza. Se ha hablado mucho de ella, se han escrito tratados, desde que el mundo es mundo, sobre un ideal, pero no nos hemos puesto de acuerdo en que carajo es ese ideal.

Millones de citas contradictorias encontré en internet. La libertad vista desde ángulos tan opuestos que, en algunos casos, pareciera que se habla de todo lo contrario: La esclavitud.

Hay quienes aseguran que la libertad es un derecho individual, que es al derecho de decidir hacer o no hacer algo y luego asumir las consecuencias. Y yo me digo: eso está muy bien pero, si yo hago algo que me da la libre gana de hacer, ¿Ante quien asumo las consecuencias? ¿Ante el cosmos? ¿Ante Dios? ¿Ante la posible víctima de mi ejercicio de libertad? ¿Ante mi comunidad?

Esta libertad individualista no acepta el que el termino justicia vaya ligado a la misma, para ellos son dos cosas distintas que nada tienen que ver la una con la otra. Libertad sin justicia, me explican, libertad de ‘’elegir’’ entre hacer el mejor esfuerzo, de desarrollar tus potenciales al máximo o no hacerlo, aquí la justicia nada tiene que ver.

La justicia, siempre por separado, para estas personas es algo muy simple: ‘’quien se destaque más, obtiene más’’, al menos así me explicaba un defensor de esta posición. Y digo yo: Y ¿la equidad dónde queda?.

Según mi amigo, la equidad es injusta ya que todos no se ‘’destacan’’ de igual manera, así que no queda.

Hilando esta conversación me doy cuenta de que la libertad para estas personas es un privilegio, que existe independientemente de que todos puedan disfrutarla, que es libre quien tiene suerte, ya no todos tenemos las mismas posibilidades de elegir entre ser doctor o barrendero, pero aún así nos hacen todos responsables por las vidas que nos han tocado. Al fin y al cabo, los pobres son pobres porque lo ‘’eligieron’’ así.

Su argumento se sustenta con frases sacadas de libros de auto-ayuda: ‘’quien quiere puede’’, con historias tomadas con pinzas sobre alguien que salió de la miseria y ahora es doctor. Son esas escasas excepciones, tan raras que merecen titulares en la prensa, a las que ellos aplauden y utilizan para demostrar su tesis.

Concluyen aseverando que hay quienes se niegan a ser libres, quienes tienen mentalidad de esclavos, y por eso se marginan y no destacan. Aseguran que aportar soluciones es esclavizar, que la solidaridad solo se ejerce cuando uno ve a el ahogado pataleando. Hay que merecer solidaridad, tiene que juzgar quien te podría tender la mano si considera que te esfuerzas lo suficiente como para ser salvado.

Es la ley de la selva para seres humanos racionales y ‘’destacados’’. Y pienso en National Geografic y los leones comiéndose, sin un ápice de piedad a los animales enfermos, a los más viejos, a los más débiles, a las crías de cuanto herbívoro tonto, que eligió no nacer con colmillotes y garras. Porque es cuestión de elegir... ¿O no?

Libertad electiva que convenientemente produce esclavos acobardados ante tal elección. Libertad individual que no acepta ser coartada por la las necesidades de otros. Libertad depredadora, egoísta y alienante. Libertad que puede elegir no ser solidaria, justa, y que solo responde a quien la ejerce, a quien ‘’se hace responsable de sus actos’’. Libertad que no se negocia, aunque atropelle, excluya, y niegue la libertad de los demás.

Tomo dos litros de Primperán porque esto es demasiado para mi delicado estómago…

Luego pienso: si vivimos, desde que el mundo es mundo, en compañía de otros seres humanos, porque el hombre es un animal social, o lo era hasta que esta ola individualista comienza a apoderarse de nosotros en la medida en que somos más ‘’civilizados’’.

Yo recuerdo una de las cosas que más me mortificaba cuando vivía en mayami, era la cantidad de gente que comía sola en los restaurantes que han sustituido a los acogedores y familiares comedores de sus casas. Es una estampa muy triste ver a alguien con un periódico cubriendole la soledad de la cara, sentado en una mesita con tres de sus cuatro sillas desocupadas, mientras espera callado un plato genérico y una sonrisa humana, aunque sea a cambio de una propina.

Y es que el individualismo aliena. Ya no somos grupales, la supervivencia depende de nosotros mismos. En esa lucha constante por ‘’destacar’’ es necesario pisar algunos callos ajenos, y hay recelo, desconfianza, emociones reprimidas porque las emociones son síntoma de debilidad y ya sabemos los que pasa con los débiles. Ya no somos humanos porque nos dejamos nuestra esencia ejerciendo la libertad.

Y yo me pregunto si vale la pena ser libre de ese modo, y me respondo que no, por supuesto. Porque esta no es la libertad que pediría en la ‘’libertadería’’, y si me la dieran, yo la echaría a la basura y escogería, tal vez, no ser libre y pediría libertad colectiva, por favor, y con azúcar. Esa que los individualistas rechazan por tener límites, según ellos, externos e impuestos que coartan la libertad y por ende la niegan.

El concepto libertad, creo haber entendido, surge en el mismo momento en que nos encontramos acompañados, es como